23.4.14

Cuerpo, arte, concientización

Arte consciente y participativo

En sus talleres abiertos, la coreógrafa y bailarina Blanca Rizzo crea conciencia colectiva sobre males sociales como la violencia de género.


Diego Oscar Ramos - Diario Z (Diciembre 2013)


Las palabras deberían poder convertirse en cuerpo como para transmitir el poder que tiene cierto arte del movimiento, para transmitir un mensaje sanificador ante problemas sociales como la violencia de género. Y es que el trabajo que realiza la coreógrafa Blanca Rizzo en talleres libres dependientes de la Red de Centros Culturales en Barrios y para todo tipo de público, se anima a trabajar sobre temas como las formas cotidianas de maltrato que viven las mujeres en nuestra sociedad, vinculando con destreza el arte, la política y nuestra corporalidad. Durante noviembre, en ocho encuentros, se realizó el taller “Mujer, violencia y capitalismo”, donde la coreógrafa trabajó sobre temas como el aborto clandestino, el femicidio, la trata y el sistema prostituyente, gestando con los asistentes una mirada lúcida sobre las imbricaciones existentes entre la violencia simbólica y la material. La frase “Cuando una mujer dice no es no” fue usada en distintas acciones corporales, lo que hasta habría provocado impactos terapeuticos en algunos talleristas. “Cuando nos juntamos para hacernos una devolución del proceso, una de las participantes contó que hacía 10 días se había animado a decirle NO a su pareja y que se había podido separar luego de haber sufrido muchísima violencia, ella sintió que ese NO fue tan convincente que no hubo peleas, ni discusiones, él entendió y se fue”, cuenta Rizzo orgullosa. En estos talleres, donde llega gente de toda edad, sexo y formación, se opera sobre este tipo de formas de concientización sobre comportamientos, luego de muchos ejercicios para lograr autoconciencia corporal integral.
Y es entre todos como se van generando los materiales que luego la coreógrafa terminará de ordenar. En este caso, la tarea conjunta terminó en una performance grupal en el obelisco el 8 de noviembre último, donde el proceso creativo fue llevado por sus 25 protagonistas a la calle, para comenzar a gestar cambios a través de mensajes claros, expresados con un compromiso total, no sólo verbal sino plenamente corporal. “Esta performance me hizo dar cuenta de que hay temas que atraviesan a la sociedad de una manera transversal y muy dolorosa a la vez y que muchas personas que toman conciencia necesitan encontrar herramientas para poder expresar lo que les pasa”, reflexiona la coreógrafa y asegura que se movió un gran caudal emocional entre las cerca de 40 personas implicadas, entre fotógrafos, ayudantes y músicos. “Creo que realizar un proceso en arte y política a los que más les sirve, en principio, es a los mismos participantes, porque el cuerpo se convierte en signo y antes que estar representando, nos estamos presentando”, detalla Rizzo como una posible conclusión de su acción estética en un espacio público. Y agrega un pensamiento sobre el cambio que provoca el participar de estas acciones colectivas: “Cuando uno pone y expone el cuerpo para decir, como lo pusimos y lo expusimos, es muy fuerte la marca que nos queda para toda la vida. Es posible que luego aparezca una gran necesidad de saber más sobre los temas que sintió con su propio cuerpo”.


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