21.2.15

Desbloqueos creadores


¡Música, maestro!


En la Inglaterra donde vive e imanta el paladar anglo con pizzas argentinas en su restaurant, el músico argentino Warhol Oliveira saltó el desierto de un período alejado de las musas, cuando se encontró con un libro de poemas de Alejandro Jodorowsky. Y sintió que podía transformar en canciones algunos de los mensajes espirituales del artista chileno. 


Diego Oscar Ramos


       Que un libro de poemas haya transformado un tiempo de sequía creadora de un músico en decenas de canciones que lo estimulan pronto a moverse por el mundo para presentarlas, ya puede ser una buena muestra de la potencia de un mensaje estético que no teme expresarse como espiritual. Y si ese libro es de Alejandro Jodorowsky, un artista multidisciplinario cuyo centro de sus acciones ha sido desde hace décadas el campo de la conciencia, la historia comienza a tener un atractivo particular. Y eso sabe transmitir el músico argentino Warhol Oliveira, radicado en Londres, donde fundó el Argentinian Pizza Supperclub, un restaurante de Londres donde cocina y hace música, cuando cuenta la manera en que el libro "Poesía sin fin" le dio un nuevo ímpetu a su búsqueda expresiva, luego de un autodeclarado bloqueo de catorce meses sin componer, para crear con velocidad unas también 14 canciones, que pronto se convirtieron en 22, un número con obvias connotaciones del tarot amado por Jodorowsky. 
       Poco antes de su presentación en Buenos Aires del primero de ellos,  el músico que estudiara canto lírico con el maestro argentino José Luis Sarré da cuenta en esta entrevista de la influencia del trabajo integral del chileno en su desempeño como artista y en su camino como ser humano. 


- ¿Qué implica existencialmente la obra de Alejandro Jodorowsky en tu vida? ¿Y específicamente sus poemas?
- La obra de Jodorowsky es para mí una inspiración. Todo el tiempo en que me relaciono con ella me anima a ser yo. Ese es el valor supremo que le rescato.  Es una obra honesta en ese sentido: no te pide otra cosa más que ser vos mismo. Eso es sagrado. Sus poemas me re-conectaron con la poesía. Investigando, das una con una esencia poética muy hermosa y potente chilena: Stella Diaz Varín y Nicanor Parra conviven con Jodorowsky, y sólo para nombrar dos grandes poetas.

- ¿Cómo viviste ese vacío creativo que has mencionado y la aparición de esta idea que terminó conformando el disco?
- Si me fijo en todo lo que me rodea veo ciclos. Los días en sí mismos son el ejemplo más perfecto de esto: algo nace y algo muere todo el tiempo, y en el medio estamos nosotros. El bloqueo creativo que vivencié fue un ciclo bajo, energéticamente hablando, que se caracterizó por un montón de producción artística fea. Esto es una sensación personal, claro está. Nada de lo que hacía en esa etapa me gustaba. Por ende, nada de lo que cree en ese ciclo perduró. Excepto una sola canción que le escribí a una chica de la cual me enamoré, en la que hablo de sus ojos y le pido que me sirva café con ellos. Atendía una cafetería en Nneukölln, Berlín. El amor siempre queda. Haberme encontrado con el libro de Jodorowsky y sentarme a escribir canciones con ellos lo vivencié como un proceso natural, si lo analizo en perspectiva. Fue parte de un proceso más amplio de dejar de quejarme por algo y comenzar a hacer, a empujar los asuntos hacia el lugar en el que me gustaría que estén. Comenzar a aceptar. Por un lado, estaba realmente saturado ya de leer libros en inglés. Quería leer algo en español, por eso terminé en Foyles, la librería más grande de Londres, donde terminé comprando el libro. Yo quería leer algo de Jodo y en español pero Poesía sin fin era el único libro de él que tenían. Así empezó. Lo que vino después se dio armónicamente. De repente, me estaba gustando lo que yo mismo hacía. Esa parte fue muy bonita. Las canciones que compuse me gustaban y mucho. Me hacían sonreír.

- ¿Cómo fue dialogar con el libro? ¿Qué hubo que superar, transformar, indagar, en vos mismo para llevar a cabo ese diálogo creativo?
- Siempre tenemos lo que vivimos y al mismo tiempo lo que intelectualizamos. Si yo lo pienso hoy, la respuesta es de otro orden, comparado con lo que viví. Pero si me pongo a pensar el asunto, tendría que decir que lo que cambió fue el enfoque de mi situación, cómo me percibía a mí mismo y el tipo de pensamientos que quería tener. Cuando comencé a cambiar el enfoque, comencé a aceptar más lo que me rodeaba y ahí, creo, doy con las canciones, una cosa fue de la mano de la otra, muy armónicamente. Para sentirme cómodo con lo que hacía tuve que cambiar mis expectativas y mis demandas. Sin demandas, todo es goce. Con demandas, todo es sufrimiento. Dialogar con la poesía de Jodorowsky para ponerle música fue asombrosamente fácil. Los textos tienen una estructura muy amable para ser convertidos en canción. De hecho, piden a gritos ser musicalizados. Por suerte los encontré y nos divertimos juntos.

- ¿Qué preguntas guías aparecieron para diseñar las músicas?
- El acto creativo en sí mismo escapa toda racionalización. Cuando lo hice, lo hice. Sucedió. Entré en esa frecuencia y luego estaba la obra realizada... la verdad, no lo pensé. Para nada. En algún momento, creo yo, de manera inconsciente, surge la pregunta: ¿de qué habla esta letra, este poema? Eso puede incidir en qué grupo de acordes uno elije, por ejemplo. La forma de componer las canciones fue tomar la guitarra y abordar la canción desde el canto y la improvisación. Yo estaba ahí, guitarra en mano, cantando sin saber hacia dónde ir, con los textos como guía, se podría decir. Y desde ya que los versos tienen métrica y eso se traduce en un cantar que hay que descubrir o re-interpretar. Cada nueva estrofa era, en general, una nueva parte de la canción. El tono lo definía el texto quizás, si era más reflexivo, quizás eran tonos menores, si eran versos exaltadores, eran acordes mayores, rocanroles. Poder hacer un rocanrol con una poesía metafísica de Jodorowsky fue el placer más grande.

- ¿Tuviste alguna devolución de Jodorowsky sobre tu trabajo? ¿Tenés alguna expectativa al respecto de sus sensaciones?
- Sí. Fue un momento muy fuerte, emocionalmente hablando, cuando Alejandro me dijo que gracias a la sinceridad con la que cantaba sus poemas, él los estaba redescubriendo. Tengo expectativas. No voy a mentirte. Pero quiero verme sin ellas. Quiero sacarme las expectativas de encima y que suceda lo que la corriente me traiga. Yo voy a ir a Chile próximamente y bueno, el Arte nos une, y eso es todo lo que me quiero decir a mí mismo en este momento.

- ¿Cómo creés que ha afectado al campo de tu conciencia este trabajo? 

- Creo que lo que más afectó mi consciencia y mi autopercepción como ser humano fue toda la obra de Jodorowsky en su conjunto. Su obra y toda la otra obra que se conecta con la suya, con la que él dialoga, estoy hablando de magia, tarot, alquimia, escrituras sagradas, etcétera. Me ayudo a conectarme conmigo desde un nuevo lugar. Y luego, claro, en una forma particular está su poesía. En versos aparece concentrado todo su espíritu. Yo soy poeta, empecé con la Poesía, así que la Poesía me nutre y me conmueve. El hecho de estar con las canciones me hizo prestarle más atención a toda su obra y a los diálogos de esta con otros autores, por ejemplo, y todo en su conjunto me proporcionó un marco hermoso donde poder experimentar conmigo mismo: verme en nuevos espejos, reflexionar, desprenderme de algunas cosas e incorporar otras. La palabra sanación, como camino, es bastante apropiada para esto que quiero decir sobre mi trabajo y mi persona. Creo que estas canciones me ayudaron a sanar y a mover hacia el próximo nivel. Por último, creo que Jodorowsky apareció en mi camino cuando tenía que aparecer. Me acuerdo que vivía con una chica y ella estaba leyendo "Psicomagia". En ese momento no le podía entrar a ese material, estaba en otra frecuencia. Llego a Jodorowsky por Gurdjieff y por mis investigaciones en esoterismo, mística y obra sagrada. Eso es lo más bello que tiene Jodorowsky, está plantado en un lugar donde la búsqueda te lo acerca, él tiene algo que decir y lo comparte. Y es coherente. Por eso es un buen maestro. Pero el recorrido es de todos y citemos a Buda: si encuentras un Buda en el camino, ¡córtale la cabeza!





Para escuchar el disco: 

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