29.6.15

Alfredo Rosso

Pensador rocker

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Para el periodista especializado en rock, histórico miembro de  míticas revistas como ‘El Expreso Imaginario’ y referente radial en programas musicales, la bicicleta ayuda a expandir la conciencia tanto como los mejores discos.


Txt: Diego Oscar Ramos | Fotos: Ariel Sabatella -  La Guía BAiker (enero 2015)


Es parte de mi vida integral, que a esta altura ya no puedo concebirla sin bici”, dice Alfredo Rosso, uno de los más informados y pasionales periodistas de rock del nuestro país. Y lo expresa con ese entusiasmo con que habla de los discos que ama, desde programas históricos como La casa del rock naciente (12 años al aire en Rock & Pop) o en el más reciente La trama celeste (AM 750). Y así como sabe desde la niñez, en que escuchó Sgt. Pepper de Los Beatles, que en una obra musical puede haber claves para transformar nuestra forma de vivir, tiene la certeza de que en la bicicleta hay una fuente intensa de estar vivo. “No puedo hablar por todos los rockeros que usan bici, pero los que conozco son personas que tienden a utilizarla como una cosa natural, no para exhibirla o hacer paseos a un lugar determinado. Antes que dedicarle un día a la bicicleta, le dedican a la bicicleta sus días”, comenta Rosso y da una de esas carcajadas que marcan su satisfacción ante una idea que le cierra en todos sus detalles. Esa misma claridad tendrá para comparar, después de contar que regresó a las dos ruedas hace 21 años, cuando puso una disquería en la multicultural galería Bond Street, las semejanzas de la cultura rock con la ciclística. “Creo que el músico, tanto como el periodista creativo, necesitan mantener abierta la capacidad de asombro y la bici es un fenómeno ideal porque genera amplitud de mundo; tenés que ser muy insensible para que eso no te pase”, comenta Rosso.


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Confiesa que no sacó el registro aunque sepa conducir y se lanza a pensar cómo la bicicleta puede representar una contracultura tan potente como el rock: “Es contracultural en relación a la cultura del auto que ha creado en la sociedad moderna una situación más de extremo stress”. Rápidamente aclarará que no tiene fobias injustificadas con la tecnología automotriz.  Dice que deja que su mujer lo lleve en auto junto a sus hijos en variadas oportunidades y señala que ha visto ciclistas que se muestran tan estresados como los conductores de autos e, incluso, tienen conductas que no le parecen evolucionadas en relación a la apertura de conciencia que cree que puede traer la bicicleta: “Si hay una bicisenda ¿por qué vas a ir por el medio de la calle en vez de usarla? Eso puede ser una rebeldía en el vacío.” La imagen servirá al pensador del rock para reflexionar sobre la idea de transgresión, en otros momentos, un eje rocker distintivo. “Ya no usaría esa palabra, pero sí hablaría de la música como un vehículo para adoptar una posición dentro del esquema social, porque tenés que ser lo suficientemente lúcido como para darte cuenta de que el rock no es un escalafón, no vas a subir a la cima de nada, tenés que ver si querés empezar como ‘cadete del rock’ para llegar a ser gerente, en lugar de expresarte porque así estás reproduciendo la lógica de lo que te escapaste, el trabajo de 9 a 5”, desafía Rosso y extiende hábil la idea: “Así como elegiste una bici y no un auto, atrevete a sacar tu propio disco. Es un desafío más que una transgresión, es afirmar que tenés una personalidad propia, que sos un individuo irrepetible que quiere tomar las riendas de su vida, de su arte y de su transporte”.
“Uno trata de acomodarse en la existencia, como si la trama humana fuese un gigante rompecabezas donde vas tratando de encontrar tu lugar”, continúa el periodista, amante confeso de ir a grandes recitales con su bici para no tener que lidiar con el problema de volver en transporte público, antes de extender aún más un pensamiento que sus ojos entusiastas evidencian como central en el encuentro: “Creo que es bueno estar en el entramado social pero sin depender de otros ni tener temor reverencial de ciertas figuras que te digan dónde tenés que ir y qué hay que hacer”.
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En contraste con muchas leyendas rockeras cuyos universos personales los aislaron de la realidad, en algunos casos de manera extrema, Rosso aclara que siempre hay que tener en cuenta la realidad que nos rodea, manteniendo viva eternamente la capacidad de disfrute y sorpresa. Eso le pasa al explorador musical cuando se monta en su bici, escuchando generalmente música que ya conoce cuando tiene recorridos fijos y desconocida cuando su pedaleo es exploratorio, de rumbos inciertos, que en más de una andada le generan conceptos enteros para alguna nota. Claro que dirá que no recomienda esta práctica en quienes usen auriculares que los aíslen del exterior y para quienes el arte sonoro los lleve a evasiones fatales, que los distraigan de cruces de calles o puertas de autos que se abran inesperadamente. Con su bici de 18 cambios, “sin nombre pero con alma”, Rosso goza de unificar sus placeres: “Descubrir un sendero nuevo se equipara con la aparición de un artista nuevo”. Citando con mirada respetuosa pero nunca pomposa el “mañana es mejor” de Spinetta, el periodista que aún hoy realiza los arreglos de su bici en la vieja bicicletería de su adolescencia, dirá que pocas cosas hay como estar atento a lo nuevo. “Mucha gente vive con una idea que viene de una deformación religiosa, de que nos hemos caído de un estado de gracia ideal del rock del que no se puede volver, pero eso es mentira porque vivimos un momento de gloria del rock nacional, con gente joven y despierta”, expresa enfático Rosso. Y regala una aclaración, que suena como el regreso de algunas melodías iniciales en los discos conceptuales: “Además, muchos de estos músicos son ciclistas”.


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A Alfredo lo podés leer en distintas publicaciónes y también lo podés escuchar en La Trama Celeste los sábados de 18 a 21 hs por AM 750 u online acá www.radioam750.com.ar

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