22.2.16

Libros necesarios


Recuerdos  del mundo nuevo

En “Ritos paralelos”, el activista poético Miguel Grinberg comparte su diario metafísico de la temporada que pasó en el paraíso de la contracultura norteamericana de los años 60.


Diego Oscar Ramos . para Diario Z (2014)



Medio siglo puede no ser nada, si leemos con sensibilidad del más puro presente el libro “Memoria de los ritos paralelos”, un diario de viaje poético místico que el inclasificable Miguel Grinberg realizó a mediados de la década del 60 y recién publicó este año. Y es que, a diferencia de muchos escritos de pensadores o artistas que publicaron sus apuntes personales de lo que vivían en tiempos de una contracultura universal que se pronunciaba contra lo más deshumano que ofrecía el mundo occidental, el texto del poeta argentino no se pierde en descripciones alucinadas de trips mentales o devaneos emocionales de una generación que enfrentaba con arte al poder más reaccionario. Uno de los aspectos más valiosos del libro es la forma en que el creador de la revista “Mutantia”, pionera en difundir en los tempranos 80 un ideario ecologista que incluía tanto el ambientalismo como la evolución espiritual, comparte con el lector actual una especie de boceto lúcido y apasionante de su obra entera. Puede decirse que esta figura esencial de la cultura argentina, uno de los primeros intelectuales en interpretar el valor cultural del primer rock nacional con su mítico libro “Como vino la mano”,  ha usado la mayor parte de su vida creativa, como difusor de arte o pensador, para generar ampliaciones de la conciencia en sus lectores u oyentes de sus programas radiales.
“Es un libro de alta densidad poética, de la experiencia de la soledad en una metrópolis y al mismo tiempo, de  mi intento de formar un movimiento internacional de poetas,  en contacto con toda la vanguardia norteamericana, en el 64, un año excepcional donde no sólo debutaron los Beatles sino que se consolidó el movimiento pacifista por la guerra de Vietnam”, resume Grinberg y asegura que hubo más de una causalidad que confluyó para que se editara, desde un viaje a Campinas, donde vive parte de su familia política, para recuperar distintos papeles de un viejo altillo, hasta un encuentro con una periodista que supo de la existencia del manuscrito y terminó haciendo el vínculo con los editores (Caja Negra). “Es un regalo que me ha hecho el destino, porque normalmente hay que esperar que el tipo se muera y la heredera publique los diarios íntimos completos, pero me tocó hacerlo en vida y me siento bien porque es una obra única, de una potencia expresiva muy grande”, comenta el autor, que por aquel entonces llegó a Estados Unidos en el contexto de su trabajo como difusor de la poesía más americanista, incluyendo no sólo los latinoamericanos más revolucionarios estéticamente, sino también los norteamericanos más vanguardistas, pero rechazados por la intelectualidad sudamericana de izquierda. “Para mí no había otro interés que la esperanza, el amor, la justicia”, sentencia con cierta ternura el escritor, llegando a lo esencial de un tiempo donde tuvo fuerte contacto con figuras adoradas como los beatniks Allen Ginsberg o Leroi Jones o el místico Thomas Merton. En todo el diario, precisamente, se respira una búsqueda tan estética como espiritual, que confiesa que le ha traído más de un problema en algunos círculos intelectuales. “Cuando quería llevar el concepto de lo sagrado, la gente marxista o anarquista se ponía mal conmigo, por prejuicio”, comenta Grinberg y aclara: “La religiosidad emana de una percepción de la realidad que se acerca a la sacralidad o lo que en los libros religiosos se llama la divinidad, que no depende necesariamente de una estructura religiosa, aunque haya gente que cree que es lo mismo”.

Finalmente, acepta el poeta, toda su vida se vio marcada por una militancia de la más profunda libertad: “Las raíces del poeta son el universo, no es ni la secta ni la patota, para eso está el fútbol, porque la poesía es la vivencia de lo eterno, lo ilimitado, ya sea con dolor o con placer”. Desde que escribiera su diario, en una máquina de escribir prestada que debía devolver cada mañana donde transcribía pensamientos, sensaciones, angustias, reflexiones, aventuras, éxtasis de ideas o vivencias, Grinberg siente que hay puntos que unen toda su labor. Así, en la publicación de más de 50 libros, propios o traducidos, además de la edición de revistas claves como “Eco contemporáneo” o la creación de grupos de meditación, ha perseguido un objetivo fundamental: “La idea principal, que sigue siendo un desafío de la humanidad, es la creación de una sociedad tolerante y equitativa”. Quien no haya leído al escritor, bien puede sumergirse en este diario, una muestra potente de su identidad.



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