10.4.16

Arte y Chamanismo

Lazos indisolubles

En nuestras sociedades desritualizadas, el artista tiene una función sagrada que lo vuelve esencial al traer  una energía renovadora que exalta los sentidos y enriquece el mundo interior. Eso explica el psicólogo junguiano Alvaro González Olascuaga, en una extensa entrevista donde traza paralelos entre el arte y el chamanismo y da cuenta de los riesgos psíquicos que pueden estar implicados en algunas prácticas y concepciones del artista occidental que se lanza sin red socioafectiva a la exploración de la conciencia y el alma. 


Diego O. Ramos 



        "Más allá del título Shaman del disco de Carlos Santana de 2002, en que el músico mexicano homenajea la figura  del chamán, no siempre es evidente su posible paralelismo con el rol que el artista tiene en la sociedad que le tocó nacer. Aunque también tiene sus diferencias trágicas a nivel psíquico", asegura Álvaro González Olascuaga, psicólogo especializado en análisis junguiano, amante del cine, la música y todo arte que sepa hablar del alma humana. Por sus lúcidos trabajos en análisis simbólico de películas, sus investigaciones en áreas como la filosofía oriental, la alquimia, el hermetismo occidental, además de su experiencia terapéutica es que su figura se vuelve más que valiosa para analizar un vínculo no siempre rescatado en profundidad: los lazos entre los procederes místicos de los chamanes en muchas culturas mal llamadas primitivas y algunas formas en que el arte en Occidente ha buceado en esos universos espirituales al trabajar con el trance y la expansión de la conciencia, a través de todo tipo de técnicas psicocorporales o la ayuda de sustancias psicotrópicas. Alcanza con pensar en músicos como Jim Morrison, quien jugó con la autoimagen de chamán sensual, para analizar de qué manera el bucear en los poderes del arte pasional que abre las compuertas de salida a la lógica racional puede verse o no como un acto de tipo espiritual que sirve a la comunidad entera. Y también, si acercamos la lupa sensible a la vida en sí de músicos como Syd Barret, fundador de Pink Floyd, o Brian Wilson, el alma más exploradora de los Beach Boys, ambos afectados seriamente en su equilibrio emocional y psíquico, veremos cómo se han manifestado en unos cuantos aventureros de la conciencia expandida, creadores de entrega absoluta, algunas disonancias mentales que mucho parecen tener para decirnos acerca de los cuidados que deben tenerse en los viajes de la mente y el alma. Y también del alma.  

- ¿Cuál dirías que es la acción del chamán en el universo?
- El chamán -o la chamana- es un operador místico con el mundo de los espíritus en sociedades tribales de todo el planeta. A diferencia de los sacerdotes, no ofician como transmisores intelectuales y morales de una tradición religiosa, sino que interactúan concretamente con fuerzas mágicas y divinas, espíritus de la naturaleza, ánimas de los ancestros y por medio del trance producen sanaciones individuales, correcciones colectivas o de la naturaleza. La curandera mexicana María Sabina realizaba curaciones milagrosas en un trance producido por la ingesta de hongos alucinógenos repitiendo oraciones cristianas en un marco sagrado y reverente. Ella sólo se consideraba el artífice para que fuerzas espirituales operasen en la materia. Pero el chamán es un ser excepcional y no puede ser producido, se nace con una predisposición innata para tal función. Tampoco está su misterio en el trance en sí. Cuando los jóvenes hippies occidentales invadieron México para consumir hongos emulando las novelas de Carlos Castaneda, María Sabina se sintió devastada: habían profanado una vía reservada a una comunicación amorosa con los espíritus, nunca concebido por la naturaleza para un mero fin recreativo o egoístamente exploratorio.

-  ¿Creés que todo el mundo tiene posibilidad de accionar como un chamán en su vida cotidiana?
- Los occidentales solemos tener una arrogante pretensión de que nuestra ciencia ha echado por tierra las  supercherías mágicas de los "primitivos", pero con esto sólo abusamos del mecanismo de defensa de la negación, de modo no muy distinto a cuando una mamá dice a su niño que los espíritus no existen y con eso se pretende conjurar cualquier fenómeno inexplicable.  Por tanto, resulta hasta difícil señalar en los hechos las dimensiones en que se mueve un chamán. Un rato después de que yo ofreciera una conferencia sobre tradiciones místicas, un hombre muy escéptico y racional que ya conocía se acercó para atacar la validez de la magia. De pronto, tornándose confesional, me contó que en una misión diplomática en un país africano había asistido a una ceremonia tribal. "Y puedo asegurarte -me dijo con ojos bien abiertos- que durante el frenesí de los tambores, vi a uno de los oficiantes levitar, elevarse unos centímetros del suelo". Por tanto, quizá el ejemplo ayude más que el argumento académico para poder afirmar porqué en rigor no podemos hablar de ser chamanes aquí y hoy, salvo que se dé una predisposición innata unida a una congregación de corte chamánico.

- ¿Qué vínculos tiene el arte con el chamanismo?
- Para las naciones reverentes de la naturaleza y de lo sagrado, el chamanismo y el arte son intrínsecamente indisolubles, porque ambas son expresiones de la comunión con el creador y de la admiración por las enseñanzas que la belleza de la creación genera. Mismo para nosotros los occidentales, durante la antigüedad y hasta el renacimiento, el arte excluía el ego individualista del artista, pues la única pretensión de la creación artística era canalizar una expresión sobrehumana para mejor honrar a Dios. Ese reflejo sobrehumano en el arte implicaba que el artista redujese su orgullo al máximo y rezase con devoción para que una inspiración de esferas elevadas diese un toque de perfección imposible de concebir para el hombre.  Por tanto, aunque no en la forma, en espíritu podríamos atrevernos a relacionar al artista antes del Renacimiento europeo con una búsqueda chamánico de comunicarse con los planos espirituales y encarnar así belleza trascendente, o incluso sanación si nos remitimos a alquimistas como Paracelso como operadores del así llamado Arte Real.

- ¿El artista tiene posibilidades de entrar desde ventanas transversales a los dominios del chamán?
-  En una inspirada charla TED, la escritora Elizabeth Gilbert plantea precisamente el quiebre psicológico que supuso para el artista occidental pasar a partir del Renacimiento a dejar de ser un artífice de una creación colectiva con espíritus y musas en honor a Dios, para pasar a firmar sus obras de arte y por tanto, sostener todas las presiones internas y externas de lograr perfección artística en base a su ego y su frágil psiquismo. La autora denuncia el grado epidémico de neurosis, psicosis e incidencia de suicidios entre los artistas porque ahora lo sobrehumano es exigido a una personalidad de por sí sensible y que no recibe normalmente una red de contención por parte de la sociedad. Entonces, contestando a tu pregunta, claro que el artista ingresa a dominios del chamán, en el sentido que está receptivo a corrientes psíquicas en un entorno de aislamiento en busca de un trance en este caso algo más profano. Pero sin poder comandar el barco y con riesgos de naufragar. Porque no tiene ni tradición, ni red social, ni siquiera la valoración genuina de quienes lo admiran, que quieren al ídolo y no a la persona.
  
- ¿Cuáles pensás que son los aportes que el arte puede brindarle al chamanismo?
- Aclaremos ante nada que la función del artista es sagrada aún en una sociedad desacralizada. Su papel es el de traer a un mundo psíquico colectivo normalmente empobrecido por la rutina y la mediocridad una conexión con una energía renovadora que exalta los sentidos y enriquece el mundo interior. Ahora bien, supongamos que dos almas de igual condición naciesen una en un pueblo chamánico y la otra en una ciudad industrializada. En ambos casos notaremos una personalidad frágil por no adaptarse fácilmente a la realidad material, mantener una nostalgia por el plano espiritual y sentir una vocación de ser puente entre ambos. La diferencia es que la comunidad toda y el concejo de ancianos en particular cuidarán con reverencia el proceso formativo del potencial chamán. En algunos casos antes de tornarse chamán, pasa por algo que parece un brote esquizofrénico, iniciación durante la cual recibe la alianza con sus ancestros espirituales. Luego regresa y el clan lo hará miembro especial de una red fraternal social firme. En cambio, el alma urbanizada que no es formada en una tradición espiritual, buscará a su propia suerte encontrar su lugar en un mundo endurecido que no comprende. Sin reconocimiento de su papel en la comunidad, navegará a veces entre incomprensiones, desprecio, internaciones policiales o psiquiátricas hasta exhibir una obra que genere un reconocimiento o quizá no a su tiempo. Pintamos aquí el panorama de modo trágico, pero no es nada inusual tampoco. El hecho es que una personalidad que tiene dificultades para fortalecer su yo y su pertenencia al mundo material, que normalmente necesita aislarse como protección para sí y para crear, es en definitiva alguien en una posición muy vulnerable. Dado que la sociedad no lo asiste ni lo valora más allá de usarlo como medio de enriquecimiento industrial y comercial, entonces la vida del artista que dedica su vida toda al arte y no como hobby después de ocho horas de trabajo, es francamente triste y desamparada. Por supuesto que el arte puede aportar al chamanismo. La humanidad también conoce hoy extraordinarios progresos a nivel mental, psíquico y cultural. No podemos despreciar toda nuestra actualidad e idealizar las tradiciones ciegamente. Pero sí debemos aprende a valorar el papel esencial que el artista como el chamán tiene en la sociedad para que ésta no quede estancada en un empobrecimiento interior que hoy provoca muchos flagelos psíquicos como la angustia y los ataques de pánico. No cuidar al artista refleja el desprecio a nuestra propia alma, y sin la elevación de conciencia que produce el arte, nos vamos acostumbrando a relacionarnos en la mera animalidad de la jungla urbana.

- ¿Es peligroso de alguna manera, entonces, que cualquier artista se ponga a jugar con ciertos procedimientos digamos chamánicos del arte?
- Ante nada tenemos que insistir que relacionar chamanismo con el arte hoy es una licencia poética que nos concedemos aquí. De lo contrario sería tan disparatado como afirmar que un folklorista es un médium espiritista porque evoca las raíces culturales de su pueblo. Dicho esto, debemos explicar que una práctica de trance es agotador para el aparato psíquico. Aún maestros chamanes consumados como María Sabina realizaba sus contactos con el otro mundo muy esporádicamente porque era a costo de todas sus energías psicofísicas. Por tanto, salvo que el "rito" del artista sea pintarse la cara y hacer una performance estética, entrar en técnicas sin el contexto tradicional y el sostén comunitario es jugar al aprendiz de brujo y exponerse como mínimo a una descompensación psíquica por el derrumbe de los mecanismos de defensa y el consiguiente caos mental y emocional.

-  ¿En qué artistas pensás como trabajando en su arte dentro de los territorios posibles del chaman?
- Los artistas que lindan con la función del chamán son aquellos que producen obras que se tornan "de culto" porque una mística inexplicable se ha introducido sin intención consciente. El propio artista suele manifestar admiración por haber sido artífice de un efecto excepcional del que no se siente responsable. De algún modo, el artista que linda con el chamán suele ofrecer su creación en agradecimiento o admiración por una Unidad trascendente, en las antípodas de la búsqueda del efectismo comercial. Resulta injusto mencionar apenas un puñado de ejemplos contemporáneos, y confío que cada cual confeccione su propia lista de acuerdo a su experiencia. Desde la cuna idéntica de chamanismo afrobrasileño con arte hay que mencionar a los músicos populares bahianos de la vieja y la nueva generación. En el terreno de la animación y enraizado en este caso en el poder del folklore celta irlandés me sorprende el joven realizador Tomm Moore creador de las películas "El secreto de Kells", "La canción del mar" y recientemente partícipe de "El Profeta de Khalil Gibrán". Las películas de Ron Fricke como "Baraka" o "Samsara" se inscriben en una indiscutible mística entre estética fotográfica y trance religioso.  A veces lo reconocemos por el efecto hipnótico que produce, pero en otras porque despierta un hondo sentimiento de comunión espiritual como en el corto "14e arrondissement" de Alexander Payne en "Je t'aime Paris". En definitiva son obras que nos provocan la inmediata sensación que detrás de la fachada del aislamiento difícil de este mundo material no hemos perdido nunca nuestra pertenencia a un orden sagrado y eso es un consuelo existencial firmísimo.    

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