Bicicletas para el cambio
Diego Oscar Ramos - Uno Mismo . Fotos: Felix Busso
El mundo puede
cambiar en un segundo, como en un big bang, cuando se reúna la energía precisa. Y a esa transformación, podemos alumbrarla apenas
sumándonos con nuestra bicicleta a rituales lúdicos de encuentro humano. Eso
acontece con La MasaCrítica, un evento masivo que se inició en San Francisco, Estados Unidos, en
1992, cuando una media centena de personas se juntaron para disfrutar de las
calles con las bicicletas, como disfrute grupal y respuesta a la creciente contaminación por el uso del petróleo como combustible. El
fenómeno se comenzó a extender por varias ciudades norteamericanas y en menos
de un año ya eran 500 los ciclistas que inundaban avenidas y calles, con la certeza de que tenían tanto o más derecho que los automovilistas a
ocuparlas. Primero se llamó a estos grupos, Commute Clot, pero pronto se adoptó el nombre actual, puesto por
el diseñador George Bliss, quien se basó en un hecho observado en China, donde
abunda el uso de bicicletas y se aumenta la seguridad en
los cruces sin semáforo al esperarse entre los ciclistas para llegar a ser una
cantidad que haga que juntos no tengan riesgos para cruzar.
Ese mismo
sentido de generar una masa que brinde un cambio es lo que hizo que el concepto,
proveniente de la Física para explicarla forma en que se
logra mantener una reacción nuclear en cadena, haya sido usado para dar nombre
a estas reuniones que se fueron expandiendo por el mundo, pero que no buscaron
nunca convertirse en organización política o social como solemos conocerlas. “MasaCrítica no es una
organización. Es una coincidencia no organizada, es un movimiento de bicicletas
en las calles, un paseo mensual para celebrar el ciclismo y para afirmar los
derechos del ciclista en las calles. Es una idea y un evento. Es gratis. No es
una carrera. Es sólo por diversión. Sucede cuando muchos ciclistas se reúnen en
el mismo lugar, a la misma hora y deciden pedalear juntos el mismo recorrido por un rato. A menudo los participantes disfrutan mucho este
paseo y deciden encontrarse nuevamente en el mismo lugar y a la misma hora el mes siguiente e invitar a sus amigos ciclistas a compartir
el siguiente paseo”, puede leerse en uno de los tantos sitios donde se van
explicando las pautas centrales de este evento descentralizado que tiene
adeptos en distintas ciudades de países como Estados Unidos, Alemania, México,
España, Dinamarca, Suiza o Noruega, por mencionar algunos de los que tienen más
registro de las actividades. En la Argentina existe, desde hace aproximadamente dos años, en ciudades como
Buenos Aires, Pinamar, Rosario, Mar del Plata, Mendoza y Santiago del Estero,
cada una de las cuales cuenta con su sitio de Internet para compartir
experiencias, consejos, fotografías y relatos de una experiencia que, en su
mayoría, suelen mencionar como divertidas y transformadoras.
Bicicletas porteñas
En su segundo
aniversario de salidas, el obelisco tuvo el primer domingo de septiembre cerca
de 500 ciclistas que partieron desde el símbolo máximo de lo porteño, para
llegar a diferentes sitios de la ciudad, andando siempre en grandes grupos y sin una planificación
específica, lo único que suele saberse es el punto de salida y la hora, pero luego será la propia colectividad la que deje emerger un destino y un punto final. De ese medio millar, Felix
Busso, de 30 años, supo desde su primera salida que era lo que estaba
precisando para su vida. “Necesitaba de un grupo heterogéneo, con la mente abierta a poder
compartir algo sin preguntar quién sos, por qué estás ahí o con exigencias de
ningún tipo, sólo se trata de pasear y disfrutar, al mismo tiempo de reafirmar
mi derecho a poder circular por las calles con más espacio, respeto, y
paciencia”, comenta antes de hallar vínculos ecológicos: “La bici se mueve gracias
a nuestra propia energía física, sin consumir otro recurso más que calorías,
emanando sólo dióxido en vez de monóxido de carbono, además no genera ruido ni
el sobrecalentamiento generado por la misma temperatura del motor del auto, el
colectivo o la moto y los gases contaminantes que estos emanan. ¡La bici es ecología!”.
Para Busso, hay un potente valor humano implicado. “Podés charlar en el camino
con un desconocido que va por la misma ruta, elegir un camino, lo que no pasa
con el auto, que es una cápsula que te aísla de todo y de vos mismo”, dice el
ciclista, para quien esta verdadera aventura, que lo deja soltar miedos y
fluir, es sobre todo una fuente de alegría.
Para Sergio
Pérez, desde que se unió a La Masa, al ver un folleto en un negocio, sintió que la vivencia le aportaba la percepción corporal de la fuerza humana positiva. “Somos una fiesta rodante, andamos gritando,
cantando, sonriendo, transmitimos felicidad”, asegura y destaca que se respeta
siempre un ritmo común. “Nadie gana ni pierde, algunos tienen súper bicis,
otros unas muy hermosas, pensamos todos muy diferentes, pero vamos todos a
ritmo de paseo, sin distinción de rendimiento físico, edad o sexo”, comenta y
teoriza el valor ambiental: “Este medio de movilidad no genera ruido, ni
polución, ni necesidad de petróleo para moverse, ocupa menos espacio y genera
tranquilidad por donde pasa”. En ese aspecto, Leo Fishman, a sus 41 años,
utiliza todos los días la bicicleta y es ferviente creyente en los cambios que traería el que cada
vez más personas lo adoptaran como su vehículo. “Es menos contaminante, no emite gases tóxicos ni de efecto
invernadero”, asegura y revela el inicio de la red porteña.
“Hace dos años una chica de Austria, Nadine, convocó a la gente para relanzarla
y desde entonces venimos pedaleando el primer domingo de cada mes”, relata
Fishman y agrega: “Todos nos llevamos bellos momentos y experiencias, tanto
como la gente que ve pasar
tal variedad de personajes y bicicletas, que se transforma en
un espectáculo inesperado”.
Recuperación social
“Creo que hay
un cierto consenso en el reclamo de las bicisendas y también en el objetivo de
ser cientos de miles de bicicletas yendo en masa, que se van cumpliendo mucho
más rápidamente de lo que pensábamos hace tan solo 2 años”,
indica Fishman, dice quela ciudad muestra
tolerancia, más allá de algunos enojos de algunos automovilistas o accidentes
menores, que se vuelven detalles pequeños al lado del apoyo general que
encuentran por donde pasan. Sobre este aspecto, Martín Malamud, de 53 años,
escribió un texto dedicado a los automovilistas, donde les dice: “Queremos
recordarle que nuestro modo de trasladarnos es más sano, más sustentable, más
ecológico, más respetuoso del medio, cuidadoso de los recursos, silencioso y
feliz que el suyo; así que sería bueno que empiece a pensar quién es el que
molesta”. En su carta, asegura que el automóvil es una droga dura, por lo que
se muestra paciente a larecuperación social de los
conductores, pero les hace varios pedidos para que se vayan adaptando a tiempos
futuros donde reinarán las bicicletas: “No abra la puerta sin mirar hacia atrás,
no se adelante para doblar cinco metros después y cerrarnos, pásenos a una
distancia prudencial y no invada ni estacione en las bicisendas”. Para que se
comprenda más el valor de esta cultura de las dos ruedas, este adepto a la masa porteña desde sus inicios, cuando eran menos de 100
personas, destaca el hecho de que es un medio que no contamina sonoramente el
ambiente, colabora con la salud humana por el ejercicio
implicado y es además, una herramienta convivencial, como lasupo definir el sacerdote y
pensador vienés Iván Ilich. “Hay otro modo
posible”, reza el ciclista y deja en claro lo que lo mueve a pedalear cada
domingo junto a cientos de personas: “La heterogeneidad y la falta de jerarquías”.
En la próxima salida, seguramente podrá encontrar, si el destino lo permite, a
Fran de Vedia, de 31 años, cuyo disfrute por la masalo hace hacer volantes, que reparte o pega donde se
le va ocurriendo. Además, tiene una bicicleta que se pliega en dos, la que lleva hasta en el subte, con un cartel que dice
“Un auto menos”. Cartel andante de este colectivo, su pasión nació de la mano de un autor francés,Guy Deboard, quien en “La sociedad del
espectáculo” propugnaba en los 70 el concepto de deriva como forma de
liberación mental, corporal y filosófica. La Internet llevó
al ciclista argentino, en actos de deriva virtuales, a movimientos como “Reclama
las Calles”, que quiere recuperarlas como zona de intercambio humano. Sus
pasos dieron pronto con La Masa, donde halló “una gran bocanda de libertad mensual” y se siente
reconfortado por la compañía de gente que quiere vivir mejor. Un acto concreto para lograr
un gran cambio, asegura, sería que grandes masas usaran la bicicleta todos los días. “Compartir una fiesta colectiva es hermoso,
pero pedalear todos los días hace el cambio en cómo vivimos”. Aunque parezca
muy lejana la disminución de autos, siente que es posible ir operando cambios
psicológicos profundos: “Si cada vez más gente pedalea van a surgir masas
realmente espontáneas y la presencia en la calle de las bicis va tener existencia en el imaginario de muchos
automovilistas, que parecen no ver a la bici como la verdadera energía alternativa, mucho más que
el biodiesel”.
Links
http://masacriticabsas.ning.com/
http://masacriticabsas.blogspot.com/
http://www.masacriticabsas.com.ar/
http://masacriticabsas.blogspot.com/
http://www.masacriticabsas.com.ar/
Alto Rendimiento
"Mi tesis sostiene que no es posible alcanzar
un estado social basado en la noción de
equidad y simultáneamente aumentar laenergía mecánica disponible, a no ser bajo la condición de que el consumo de energía por cabeza se mantenga dentro de
límites”, escribió el teórico Ivan Ilich en Energía y equidad, texto
de 1974 inspirado en la crisis
energética y propulsor del ciclismo como un vehículo de gran eficacia económico
energético. “En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que
el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías por kilómetro que éste.
El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más
que 0,15 calorías. Con la bicicleta, el
hombre rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal
evolucionado", escribió el teórico, para quien el verdadero cambio social
llegaría pedaleando: “El socialismo exige para la realización de sus ideales un cierto nivel en el uso de la energía: no puede venir a pie, ni puede venir en
coche, sino solamente a velocidad de bicicleta”.









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