Con destreza instrumental e improvisación
permanente, el grupo aporta riesgo a su mezcla de tango, folclore y jazz.
Diego Oscar Ramos - Crítica de la Argentina - Julio 09
Todos
tienen currículum ejemplar en Cuartoelemento,
seleccionado formado en 2003 por el flautista Rubén Izarrualde, el guitarrista
Néstor Gómez, el bajista Matías González y el baterista Horacio López. Entre
todos han pasado por grupos como Anacrusa, tríos de Vitale, el mítico MPA, La
Sonora del Plata, La Barraca o músicos como Herbie Hancock, Paquito D’Rivera,
Atilio Stampone, Dino Saluzzi, María Creuza, Rada o Gismonti. Pero además de
poder armar una enciclopedia de música popular, su juego está en que cada
presentación divierta y los divierta. Es habitual
que se rían mucho cuando tocan, más cuando su mecánica parece funcionar como
quieren. O simplemente para festejar ocurrencias o precisiones en la
improvisación. Así puede pasar que una melodía de los Jackson Five quede ideal
en una chacarera, que un jazz de Charlie Haden mute hacia la emotiva “Zamba de
Argamonte” de Leguizamón y Castilla. O que otro clásico del Cuchi como “Juan
Panadero” parezca nacido para candombe. “Nuestra música es comunicación,
riesgo, diversión, emoción, la dinámica se parece a un partido de fútbol y es
lo que el público recibe, cuando hay goles y cuando la tiramos afuera”, comenta
Gómez, quien une aquí su legado santiagueño con el gusto por el jazz de Django
Reinhardt. Para Matías González, músico de estirpe jazzera y amante de los
bajos que hacen melodía, dice que tienen “una comunicación a niveles muy
sutiles”, lo que Izarrualde, uno de los más respetados flautistas del país,
confirma: “Hay una cuestión circular que no es nada común”. Sin director obvio,
a pesar de que todas las miradas busquen por costumbre la batuta en el
flautista, el líder de Cuartoelemento es el juego con estrategias movedizas.
Así lo explica el guitarrista: “La improvisación tiene un rol preponderante en
nuestro sonido porque es lo que hace que los temas puedan sonar de mil maneras,
todos nos alentamos a la experimentación porque es lo que nos divierte”. Claro
que siempre mantienen una raíz. “Los temas son casi una excusa para tocar y lo
hacemos desde nuestra tierra, nuestro barrio”, dice González y remata:
“Nosotros tocamos en castellano”. Izarrualde festeja la ocurrencia e ilumina
otra característica: que puedan pasar por el jazz sin quedar atrapados en sus
patrones: “Nunca estudié improvisación, pero sé por dónde voy, conozco los
acordes, las escalas, a diferencia de otros, que improvisan siempre
igual”.

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