14.10.09

Amanda Guerreño

Compositora argentina

Reconocida por su obra musical de temática americanista y de compromiso social, sus composiciones incluyen la experimentación sonora. 



Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2009






   La imagen bien valdría una escena cómica y simbólica de una película, pero es bien real que en su tempranísima juventud, cuando las relaciones de pareja sabían de presentaciones familiares y compromisos aprobados por los padres, a Amanda Guerreño su vocación por el piano le alejaba los pretendientes. “Decían que no querían tener una mujer pianista en la casa porque si se casaban era para que la mujer fuese ama de casa, pero ahí ya no entraban más, nunca me dejé convencer por ninguno”, cuenta con gracia la mujer cuya determinación y curiosidad la llevó a ser formada en musicalmente en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de la Plata por grandes maestros como Alberto Ginastera y Francisco Kropfl, dos hitos musicales argentinos cuyas diferentes concepciones acabaron confluyendo en la personalidad compositiva de Guerreño, mundialmente conocida por obras de inspiración latinoamericanista y apasionada por una tecnología que le proporciones fuentes de investigación que pueda incorporar a su identidad artística.
   “Siempre traté de hacer algo propio, una creación única, sin importar los medios tecnológicos o las tendencias del momento, sino algo que sea mío”, comenta la creadora del Via Crucis Latinoamericano, una pieza encargada, para los 500 años de la llegada europea a América, por la Conferencia Episcopal Alemana. En esa obra supo darle música a pinturas de su esposo, el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, donde la pasión de Cristo se veía enmarcada en la realidad socioeconómica latinoamericana. “Lo viví de una manera muy fuerte, cada escena me hacía volver al Evangelio para impregnarme de la historia, para poder ser lo más fiel posible lo que podía haber pasado en ese momento Jesús, fue una época muy fuerte”, resume hoy la autora y define el papel que para ella tiene el componente social dentro de su creación: “No se puede mirar al costado cuando se ven las carencias y las cosas que pasan, no nos podemos componer en el vacío, sin tener motivaciones, se podría hacer técnicamente, pero no tendría inspiración, no diría nada”.



La obra y la vida

     Otro de los trabajos que surgieron del clima social y espiritual surgidos por trabajar mano a mano con su esposo, fue la obra Tierra Nuestra Libertad, basada en poemas de Dom Pedro Casaldáliga, Obispo de Sao Félix do Araguaya, una región de la Amazonia brasilera. “Me enamoré de sus poesías y más aún estando en el mismo lugar donde las hizo, el lugar donde trabajaba con los indios tapirapé, esa obra me inspiró, se me aparecían todo el tiempo cosas para hacer, de allí surgió una obra coral muy inspirada”, comenta la pianista, en cuya biografía deberíamos ya destacar un período previo a estas composiciones, cuando sintió la necesidad de cursar la carrera de Enfermería Profesional en la Cruz Roja, ejerciendo la profesión por años en los que nunca abandonó sus composiciones. Toda esa experiencia de estar cerca del dolor de las personas, tuvo su marca en las creaciones con ecos humanistas, pero también en la manera en que recomienda accionar siempre teniendo en cuenta lo que siente el otro, tanto en el padecer como en el goce. “Uno tiene que tener en cuenta al público, cuando compongo me tiene que gustar lo que estoy haciendo, tengo que sentir algo, porque si no lo siento va a pasar lo mismo con el público, por eso me preocupo por el oyente”, dice Guerreño y asegura que suelen ser las personas con menos tradición de escucha musical erudita quienes hacen más conexión con sus obras: “No sólo lo dicen con el aplauso, sino cuando se acercan y me comentan algo que tenía que ver exactamente con lo que yo quise hacer, lo que me pasó mucho con el Vía Crucis en vivo, con gente que, entre la música y los cuadros, sintieron que estaban viviendo esa pasión”.
     Hoy, esta mujer que supo oír más a su vocación que a muchos profesores que por su condición femenina no la estimulaban a que estudiase Composición, que decidió dedicarse más a crear obras musicales que a dar conciertos de piano cuando tuvo ya tres hijos, hoy dice sentirse tan libre que pide que no la etiqueten ni siquiera por su talento para haber generado una obra latinoamericanista por la que es reconocida internacionalmente. “Todavía no conocen mi faceta electroacústica, que es más abstracta, como formada por una orquesta de sonidos desconocidos, una obra que me fascina y que cuando la escucho no puedo creer que yo la hice”, cuenta entusiasmada Guerreño y confiesa que, así como la ennoblece que pronto pueda escucharse la interpretación de una nueva obra suya por la Orquesta Sinfónica Nacional o que esté ya viajando para estrenar una sinfonía coral en Galicia, pocas cosas la hacen tan feliz como cuando logra sorprenderse con sonoridades y estructuras generadas en su hogar con los más avanzados programas digitales. Esa es la Guerreño que no todos conocen y que saldrá a la luz, cuando sienta que sus exploraciones musicales han llegado a un punto ideal, ese en el cual alguna conmoción la invade y la deja saber que esa música nueva ya nació. Y merece conocer el mundo. 



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