
Química alucinatoria
Utilizando la ayahuasca para inducir alucinaciones, un equipo de psiquiatras y químicos argentinos han indagado en el origen neuroquímico de esta enfermedad usualmente vista sólo desde el aspecto psíquico. El objetivo es abrir la puerta a tratamientos farmacológicos eficaces.
Diego Oscar Ramos - Más allá de la ciencia - 2009
El objetivo de
un psiquiatra debería ser lidiar contra la pérdida de la razón, es decir,
recuperar para la persona lo más valioso, lo que nos distingue como especie”,
asegura en su consultorio de Buenos Aires el psiquiatra Jorge Ciprian Oliver,
secretario científico de la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica, ex
presidente de la World Federation of Societies of Biological Psychiatry y uno
de los máximos responsables de una investigación inédita en el campo de la
psiquiatría. Junto a varios eminentes químicos orgánicos, ha dado un paso más
en el estudio de la esquizofrenia como consecuencia de problemas más
metabólicos que psíquicos. Lo especial de su estudio es que para ello ha
utilizado la ayahuasca, una bebida enteógena de origen amazónico, en la investigación
de la química cerebral de las alucinaciones. Tras décadas de trabajo, Ciprian
Oliver ve un avance teórico que podría abrir la puerta al descubrimiento de una
cura farmacológica para esta dolencia. Al haber descubierto el funcionamiento
de la neuroquímica cerebral en ciertos fenómenos alucinatorios, la posibilidad
de acceder a medicamentos que frenen la evolución de la esquizofrenia está más
cerca. Según estadísticas de la Federación Mundial de Psiquiatría Biológica, el
1% de la población mundial padece esta forma de psicosis, caracterizada por
alucinaciones, delirios y una progresiva desconexión de la realidad. Ciprian
Oliver la describe así: “Es una enfermedad que produce tal sobrecarga de
información que el cerebro se atrofia”.
METILADOS NO EXÓGENOS
Para comprender mejor la investigación del equipo argentino debemos remontarnos
al descubrimiento de la sinapsis neuronal y de los neurotransmisores, las
moléculas que trasmiten información de neurona a neurona. A finales de los años
cuarenta del siglo pasado la psiquiatría se vio revolucionada por estudios con
sustancias alucinógenas, como la mescalina o la psilocibina, que vinculaban los
efectos de estas a los síntomas de ciertas psicosis. En 1952 se asoció las
alucinaciones a la presencia en el sistema nervioso de productos metilados, “un
grupo molecular formado por un carbono y tres hidrógenos que modifica la
conducta de toda molécula”, explica Ciprian Oliver. En sucesivos estudios sobre
la metilación se descubrió este tipo de elementos en pacientes esquizofrénicos
no medicados, lo que significaba que no solo podían tener un origen exógeno,
generado por drogas, sino que, como sucedía en el caso de estos pacientes, el
propio organismo los puede producir. En Argentina el doctor Edmundo Fisher
comenzó a estudiar la presencia de sustancias alucinógenas en la orina de los
enfermos de esquizofrenia. Ciprian Oliver tomó el testigo y siguió la
metodología de este “ilustre químico”, como lo define el psiquiatra. De este
modo halló grupos metilados en cerca del 40% de los pacientes esquizofrénicos
estudiados. Varios equipos
de médicos y químicos siguieron esta línea de trabajo, lo que hizo que en los
ochenta fueran identificadas dos moléculas muy activas en la función
neurotrasmisora: la monoaminoxidasa y la catecol-O-metiltransferasa. La primera
transporta los compuestos metilados y la segunda los elimina, algo que no
funciona bien en los esquizofrénicos, quienes, como explica el doctor Ciprian
Oliver, “presentan una hiperactividad metilante y una hipoactividad inhibidora
de los metilos”.
PODER CURATIVO
Pero ¿cómo hace su aparición en esta historia la ayahuasca, bebida milenaria de
uso ritual en las culturas indígenas del Amazonas? Durante varias giras
académicas de Ciprian Oliver por Ecuador, Perú y Paraguay en las que hablaba de
estas disfunciones neuronales, algunos colegas le indicaron que su descripción
de lo que definía como “proceso de transmetilación patológica” presentaba
semejanzas con los resultados de estudios sobre la mente de los que tomaban el
brebaje chamánico. El instinto investigador del psiquiatra le dictó que debía
comparar el proceso mental de los usuarios de ayahuasca con el de los pacientes
de esquizofrenia. “Me introduje en una de estas comunidades y sus chamanes me
dejaron traer muestras de la liana y del arbusto con los que se prepara la
ayahuasca, así como la bebida ya preparada, que en la mayoría de las tribus es
tomada únicamente por el chamán y sus discípulos, quienes interpretan la
alucinación que produce como una manifestación del espíritu maligno que está
enfermando a la persona y así ejercen sobre él sus poderes curativos”, cuenta
el médico. Entre finales de los ochenta y principios de los noventa Ciprian
Oliver viajó en varias ocasiones a distintos poblados de Brasil, en cuyas
ceremonias participó. Su integración con los nativos le permitió llevar la
sustancia a Argentina. La bebida combina dos plantas que contienen dimetiltriptamina
y arminas, estas últimas inhibidoras naturales de la monoaminoxidasa, que es a
su vez una metabolizadora de la serotonina. La química cerebral que produce el
brebaje se corresponde con el proceso alucinatorio esquizoide. Ciprian Oliver
decidió entonces colaborar con un equipo de profesionales del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), un prestigioso organismo
oficial de investigación argentino, para profundizar en su trabajo.
A cargo de
ese equipo estaba el químico Alberto Vitale, quien aceptó la utilidad del
modelo. “En la investigación científica se busca aislar el problema y con los pacientes
esquizofrénicos hay muchos factores que estudiar, mientras que en la
esquizofrenia alucinatoria de los bebedores de ayahuasca los efectos son
fáciles de aislar”, comenta. Y detalla: “Buscábamos en la orina de los
pacientes la dimetiltriptamina, y eso fue lo que encontramos”. El trabajo duró
más de una década e incluyó una minuciosa selección de pacientes
esquizofrénicos aún no medicados –los hallaron en casos incipientes de
leñadores de la selva–, así como el análisis riguroso de cientos de muestras de
orina de bebedores de ayahuasca novatos y veteranos. Tras verificar a través de
la técnica cromatográfica que en ambos grupos se registraba un exceso de
metilos en la orina, faltaba saber con exactitud cómo actuaban estas sustancias
alucinatorias. “Entonces comenzamos a trabajar con dimetiltriptamina marcada
radiactivamente. Se la inyectábamos a conejos grandes, a los que se les hacía
una tomografía computerizada para ver cómo actuaba”, recuerda Vitale, que
completa con humor la historia: “No podemos saber si el conejo tiene
alucinaciones, pero sí que la sustancia va a la parte del cerebro más rica en
receptores de serotonina”.
DEMOSTRACIÓN
PRIMERA
“Es una molécula apasionante”, opina por su parte Ciprian Oliver refiriéndose a
la dimetiltriptamina, fascinado por poder ver la química cerebral. “La barrera
hematoencefálica es muy celosa en el cumplimiento de su función, pero esta
molécula entra y sale como quiere de ella”, detalla el psiquiatra. “Si se la
bloquea a tiempo, las neuronas no se deteriorarán, como sucede en el curso de
la esquizofrenia”, explica. A esto se adhiere sin duda Vitale, que a la vez toma partido en la disputa
existente entre la psiquiatría tradicional y la que se fundamenta en factores
biológicos. El químico asegura que han logrado demostrar que la esquizofrenia
es una enfermedad metabólica en lugar de una dolencia psíquica. Para ello
describe el proceso neuronal sano y el enfermo. Normalmente, en la
neurotrasmisión se envía serotonina como señal química, que interactúa con el
receptor de la neurona siguiente a través de la sinapsis y la señal sigue su
camino. Para que el proceso de comunicación se lleve a cabo la monoaminoxidasa
“limpia” cada receptor, al tiempo que sintetiza la serotonina. Pero ¿qué pasa
si la monoaminoxidasa está inhibida? Los receptores se saturan, no reconocen a
la monoaminoxidasa pero sí dejan actuar a la dimetiltriptamina. Este proceso,
comprobado experimentalmente, lleva a Vitale a augurar la aparición de
tratamientos revolucionarios. “Lo que padece un enfermo esquizofrénico es un
problema metabólico: en lugar de serotonina genera dimetiltriptamina. No se lo
puede tratar como a un loco porque de chico tuvo un problema psicológico. El
propio Freud dijo que algún aspecto metabólico tenía que haber. Y es este”.
“Quizá haya que probar 10.000 moléculas hasta hallar la que contrarreste ese
efecto, y eso puede costar millones de dólares, como pasó con el AZT, lo cual
sobrepasa a cualquier laboratorio público”, advierte Vitale. Por el contrario,
Ciprian Oliver se muestra más optimista: “Creo que puede aparecer un gran laboratorio de la industria farmacológica que
asuma la generación de un bloqueador de la dimetiltriptamina”,un fármaco que
sería fundamental para tratar este tipo de psicosis. Aferrado a los puros datos
químicos, aunque seducido por el alcance filosófico y médico del trabajo
realizado junto a Ciprian Olivier, el doctor Vitale reflexiona: “Hay tres
problemas que tienen mucha difusión popular: la locura, la gordura y la vejez.
Pero de los tres solo se esconde a los locos. La gente no le tiene tanto miedo
a tener un infarto como a volverse loco. Se le tiene un auténtico terror”. El químico ve una esperanza: “Quizá esta investigación sea el punto de partida
para que finalmente la esquizofrenia sea tratada como un simple problema de
salud crónico, como el colesterol alto”. Trasladarla al territorio de lo
metabólico puede acabar, por tanto, con los fantasmas y los tabúes relacionados
con las enfermedades de la mente.
QUÉ ES LA AYAHUASCA: Droga
chamánica

El término “ayahuasca”, de origen quechua, significa “soga que une el mundo de
los vivos con el de los muertos”, lo que delata el uso religioso que esta
bebida ha tenido en países como Perú, Ecuador, Colombia y parte del Amazonas
brasileño desde tiempos incaicos. La bebida se prepara cociendo, de forma
ritual, dos plantas diferentes y es usada por curanderos y chamanes para
practicar sanaciones espirituales y físicas. También varias religiones la
tienen como centro fundamental de sus prácticas, sobre todo en Brasil, donde es
legal desde 1987. No sucede lo mismo en la mayoría de los países, donde está
prohibida por ser una droga alucinógena y solamente se permite su uso
terapéutico y como objeto de investigación. En todo caso, ha sido básicamente a
través de la exportación de los modelos religiosos brasileños como se ha ido
expandiendo mundialmente el consumo ritual de esta sustancia.
LA EXPERIENCIA DE CIPRIAN
OLIVER
...y la renuencia de Vitale.
Durante el trabajo sobre la ayahuasca y la esquizofrenia, Jorge Ciprian Oliver
consumió esta droga. Asegura que la experiencia le aportó una mejor capacidad
de comunicación con sus pacientes: Me aportó un valiosísimo instrumento
semiológico para entender los signos de lo que le pasa a un paciente
esquizofrénico”. Ahora siente que tiene más herramientas para intentar
atraerlos hacia la realidad. Sin embargo, Alberto Vitale asegura no haber
experimentado nunca con sustancias de este tipo: “Los químicos nunca tomamos
nada. Somos muy conscientes de lo que hacemos. Te forman así porque vas a
trabajar durante toda tu carrera con cosas peligrosas y en química un error
puede ser el último”.
GRUPOS METILADOS, SUEÑO Y ......genialidad

Jorge Ciprian Oliver eligió su profesión a los 16 años para intentar resolver
profundas dudas: “Era un gran lector de filosofía y no encontraba respuestas
existenciales”. Las buscó entonces en el estudio de la mente: “Creía que podía
haber algo en la locura que no estuviera en la cordura, aunque a veces la
primera roza la frontera de la genialidad”, explica el psiquiatra, que menciona
al filósofo Friedrich Nietszche como ejemplo. Asimismo, apunta la idea de que
todos presentamos grupos metilados en las neuronas en ciertos momentos. “Estas
moléculas, que se producen en muy pequeña cantidad de forma natural,
probablemente juegan un papel específico en la función del sueño, aunque
todavía no se ha comprobado”.
¿DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE LA ESQUIZOFRENIA?
La esquizofrenia es una enfermedad mental, perteneciente al grupo de las psicosis, que se caracterizan por que en algunos momentos los pacientes pierden contacto con la realidad y sufren alucinaciones, sensaciones o percepciones sin una base material, y delirios, ideas erróneas sobre la realidad basadas en trastornos sutiles del pensamiento.
Para comprender mejor la investigación del equipo argentino debemos remontarnos al descubrimiento de la sinapsis neuronal y de los neurotransmisores, las moléculas que trasmiten información de neurona a neurona. A finales de los años cuarenta del siglo pasado la psiquiatría se vio revolucionada por estudios con sustancias alucinógenas, como la mescalina o la psilocibina, que vinculaban los efectos de estas a los síntomas de ciertas psicosis. En 1952 se asoció las alucinaciones a la presencia en el sistema nervioso de productos metilados, “un grupo molecular formado por un carbono y tres hidrógenos que modifica la conducta de toda molécula”, explica Ciprian Oliver. En sucesivos estudios sobre la metilación se descubrió este tipo de elementos en pacientes esquizofrénicos no medicados, lo que significaba que no solo podían tener un origen exógeno, generado por drogas, sino que, como sucedía en el caso de estos pacientes, el propio organismo los puede producir. En Argentina el doctor Edmundo Fisher comenzó a estudiar la presencia de sustancias alucinógenas en la orina de los enfermos de esquizofrenia. Ciprian Oliver tomó el testigo y siguió la metodología de este “ilustre químico”, como lo define el psiquiatra. De este modo halló grupos metilados en cerca del 40% de los pacientes esquizofrénicos estudiados. Varios equipos de médicos y químicos siguieron esta línea de trabajo, lo que hizo que en los ochenta fueran identificadas dos moléculas muy activas en la función neurotrasmisora: la monoaminoxidasa y la catecol-O-metiltransferasa. La primera transporta los compuestos metilados y la segunda los elimina, algo que no funciona bien en los esquizofrénicos, quienes, como explica el doctor Ciprian Oliver, “presentan una hiperactividad metilante y una hipoactividad inhibidora de los metilos”.
A cargo de
ese equipo estaba el químico Alberto Vitale, quien aceptó la utilidad del
modelo. “En la investigación científica se busca aislar el problema y con los pacientes
esquizofrénicos hay muchos factores que estudiar, mientras que en la
esquizofrenia alucinatoria de los bebedores de ayahuasca los efectos son
fáciles de aislar”, comenta. Y detalla: “Buscábamos en la orina de los
pacientes la dimetiltriptamina, y eso fue lo que encontramos”. El trabajo duró
más de una década e incluyó una minuciosa selección de pacientes
esquizofrénicos aún no medicados –los hallaron en casos incipientes de
leñadores de la selva–, así como el análisis riguroso de cientos de muestras de
orina de bebedores de ayahuasca novatos y veteranos. Tras verificar a través de
la técnica cromatográfica que en ambos grupos se registraba un exceso de
metilos en la orina, faltaba saber con exactitud cómo actuaban estas sustancias
alucinatorias. “Entonces comenzamos a trabajar con dimetiltriptamina marcada
radiactivamente. Se la inyectábamos a conejos grandes, a los que se les hacía
una tomografía computerizada para ver cómo actuaba”, recuerda Vitale, que
completa con humor la historia: “No podemos saber si el conejo tiene
alucinaciones, pero sí que la sustancia va a la parte del cerebro más rica en
receptores de serotonina”.
El término “ayahuasca”, de origen quechua, significa “soga que une el mundo de los vivos con el de los muertos”, lo que delata el uso religioso que esta bebida ha tenido en países como Perú, Ecuador, Colombia y parte del Amazonas brasileño desde tiempos incaicos. La bebida se prepara cociendo, de forma ritual, dos plantas diferentes y es usada por curanderos y chamanes para practicar sanaciones espirituales y físicas. También varias religiones la tienen como centro fundamental de sus prácticas, sobre todo en Brasil, donde es legal desde 1987. No sucede lo mismo en la mayoría de los países, donde está prohibida por ser una droga alucinógena y solamente se permite su uso terapéutico y como objeto de investigación. En todo caso, ha sido básicamente a través de la exportación de los modelos religiosos brasileños como se ha ido expandiendo mundialmente el consumo ritual de esta sustancia.
LA EXPERIENCIA DE CIPRIAN
OLIVERDurante el trabajo sobre la ayahuasca y la esquizofrenia, Jorge Ciprian Oliver consumió esta droga. Asegura que la experiencia le aportó una mejor capacidad de comunicación con sus pacientes: Me aportó un valiosísimo instrumento semiológico para entender los signos de lo que le pasa a un paciente esquizofrénico”. Ahora siente que tiene más herramientas para intentar atraerlos hacia la realidad. Sin embargo, Alberto Vitale asegura no haber experimentado nunca con sustancias de este tipo: “Los químicos nunca tomamos nada. Somos muy conscientes de lo que hacemos. Te forman así porque vas a trabajar durante toda tu carrera con cosas peligrosas y en química un error puede ser el último”.

Jorge Ciprian Oliver eligió su profesión a los 16 años para intentar resolver profundas dudas: “Era un gran lector de filosofía y no encontraba respuestas existenciales”. Las buscó entonces en el estudio de la mente: “Creía que podía haber algo en la locura que no estuviera en la cordura, aunque a veces la primera roza la frontera de la genialidad”, explica el psiquiatra, que menciona al filósofo Friedrich Nietszche como ejemplo. Asimismo, apunta la idea de que todos presentamos grupos metilados en las neuronas en ciertos momentos. “Estas moléculas, que se producen en muy pequeña cantidad de forma natural, probablemente juegan un papel específico en la función del sueño, aunque todavía no se ha comprobado”.
La esquizofrenia es una enfermedad mental, perteneciente al grupo de las psicosis, que se caracterizan por que en algunos momentos los pacientes pierden contacto con la realidad y sufren alucinaciones, sensaciones o percepciones sin una base material, y delirios, ideas erróneas sobre la realidad basadas en trastornos sutiles del pensamiento.








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