27.1.10

Ramón Ayala






“Asombrarse de las cosas es el hallazgo”

Músico, pintor y poeta, el artista misionero es un hombre que exalta la belleza desbordante de la vida.



 Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2006



 Impactado desde niño por la naturaleza, su arte transmite esa magia que ve en la selva, los ríos, sus amadas cataratas y los habitantes del litoral. Ha creado himnos del folclore argentino como Posadeña LindaEl cosecheroRetrato de un pescador, El jangadero o El Mensú, obra de tal fama que le dio el apodo por el que lo conocen mundialmente. Lo han cantado artistas que van de Mercedes Sosa y Los cuatro de Salta a Los Nocheros y Liliana Herrero. Posee un notable don de retratar personajes arquetípicos, en palabras, melodías o colores, que lo llevó a recorrer el país y el mundo. Maravillado y siempre creativo, inventó un nuevo ritmo, el gualambao, para contar musicalmente la majestuosidad del paisaje de su tierra. Vive en una constante gesta hacedora y en su hablar cuidado se puede percibir esa forma suya de situarse en la existencia, gozando cada momento, con la brújula constante del asombro.
  
La actitud

- ¿Cuando percibe que se inició en su vida ese estado de asombro permanente del que usted suele hablar como algo muy valioso?
- Uno se da cuenta de que todo está lleno de magia cuando uno empieza a abrir su alma a la vida, porque somos parte de ese asombro, de ese mecanismo astral por el que andamos en el espacio. Ahí  empezás a asombrarte de vos mismo, de lo que significa la criatura humana. Te ves reflejado en todo y comprendés que esas partículas habitan en vos, que por nuestras venas están transitando el estaño, el cobre, el hierro, el magnesio, la tierra está transitando por tu sangre. Y cuando tenés adentro el virus de la creación, la palabra, la metáfora, el color o la música, ves que todo es maravilloso y por única vez pasa por tu vida.

- ¿Por eso debemos ocuparnos de esta vida sin distraernos en el pasado o el futuro?
- Claro. Ya tendrán tiempo otros de ocuparse de sus vida, si llegan a darse cuenta, porque eso es lo triste, en este momento hay miles de personas que andan por la calle y no saben quiénes son. Miran el documento, dicen soy fulano de tal, pero no saben cuál es su carnadura, qué hay en su cuerpo, qué maravilla son. Por eso se da en nosotros la indiferencia, la abulia, cuando cada ser humano nace de miles de espermatozoides. Te tocó a vos y venís a este mundo a aburrirte! Lo mínimo que debería saber es quién es él.

- ¿Cómo era de niño?
- Era caprichoso y travieso. Cuando uno tiene una mente un poco precipitada la emplea para mil cosas dentro del arte y la vida. Me empeñé con la guitarra, después fue el color, el dibujo, tenía una gran condición. Iba al colegio y cuando tenía que hacer un problema de cuántas monedas tendría si llevaba diez y perdí cuatro, dibujaba un cuerno de oro, con las monedas dispersas en una mesa, una zorra que se metía en las profundidades de una mina, con lámparas en la cabeza de los que iban a buscar el oro. Trataba de conjugar lo mineral, lo telúrico, con la mente del hombre, que subordina todos sus placeres a un simple metal. Lo importante es el oro de la vida.

- En sus cuadros y canciones siempre está el tema del trabajo.
- Porque es fundamental, te ayuda a vivir, te enseña. Pero el trabajo fecundo, no estar en la selva sacando la yerba mate, muriéndote con la maraña y los sudores para beneficio de otro.

- ¿Eso siempre le generó pesar?
- Me generaba mucha pena y sentido de reivindicación, de justicia. Hubiera sido un justiciero si hubiera tenido el ímpetu, la audacia de serlo. Un hombre trabaja para construirse, para proyectarse hacia un futuro, para su bienestar, no para ser un déspota.

La sabiduría

- Y el asombro del que siempre habla se ve en todo lo que usted hace.
- Es que asombrarse de las cosas es el hallazgo. El abúlico, al que todo le resbala, no vibra, no siente nada, es una piedra, con respeto de la piedra. El hombre es  un misterio. No sabemos cual fue el primero, ni cual será el último, de dónde vino o dónde va. Todo lo que se ha escrito es para justificar su estadía sobre la Tierra, ni todas las religiones juntas pueden dilucidar el origen.

- ¿Será que tendremos que vivir más y preguntarnos menos?
- Es bueno preguntarse, porque es ahondar en uno mismo, es empezar a conocerse. Pero lo importante es vivir, en armonía con la naturaleza y con vos mismo, en vibración con el  milagro. Es el secreto de la vida. Cada día es el eslabón de la cadena del tiempo, que no regresa nunca más. Hay que vivir, es el capital inalcanzable y no se debe dejar escapar.

- ¿No le parece increíble que esa sabiduría no la enseñen en el colegio?
- Nunca me han hablado del día en el colegio. Sí me hablaron de religión, matemática, geografía, pero no de lo fundamental del hombre, de qué está formado, por qué debe proteger la Tierra. Hay que formar maestros que todas las semanas tomen lección de la vida a los alumnos. Si fuera director de Cultura lo primero que haría sería cuidar la mente del niño.

- ¿Cuáles son los valores esenciales que transmite con su arte?
- Soy un hombre que ama la paz, la concordia, la armonía universal. Por eso todos los valores tienen que tener ese clima de conocimiento, del asombro y valoración de las cosas.

- ¿Qué fuentes toma para llegar a la riqueza de sus obras?
- La vida misma, porque cuando uno anda sin anteojeras se fija en cómo uno ha experimentado todas esas cosas, tenés presentes esas imágenes, hacés una metamorfosis interior y la trasmutás en poesía, música o pintura.

- ¿Qué siente que le dio el arte a su vida?
- Me ha dado felicidad, bonanza, paz, reflexión, luz, color, filosofía, profundidad, la música del aire, del viento, de los pájaros. Qué más puedo pedirle a la vida.

- ¿Y usted qué le ha dado al arte?
- Le he dado una esclavitud, porque cada oficio requiere horas y horas de trabajo intenso. Para ser un cantor hay que conocerse a sí mismo, saber cómo funciona el diafragma. Quien no canta con el diafragma puede llegar a quedarse afónico, quien no ve el arco iris pinta gris, quien escribe y no ve el duende oculto en la metáfora es un prosista sin poesía. Todo tiene su misterio y razón de ser. Todo tiene la necesidad del conocimiento.

- ¿Y que lugar le da al sentimiento?
- El conocimiento sin el sentimiento no sirve, es nada más que escolástico. Es un libro frío y eso que hay libros que de tan calientes se te queman en las manos. Pero al libro si no le ponés la vibración no dice nada. Hay músicos que son grandes ejecutantes, pero no transmiten.

  
El placer

- Quería que me hablara del placer que siente con la palabra
- En el artista pensante se produce una metamorfosis interior montada sobre la voz y un poco en el concepto. El placer es sentir que la mente va transitando por imperio de la idea, por bosques, llanos, ríos, viajando a través de ese requerimiento de expresar un concepto. 
 - Como una canoa que navega sobre un río de ideas.
- Muy bien dicho. Estás trabajando sobre un preciado elemento del hombre, haciendo una síntesis. La palabra es el vehículo maravilloso de la comunicación y está llena de exaltaciones, de flores, de caminos. Es la forma de expresión de uno, si bien tiene resonancias o gestos, sonoridades de otros a quienes  amás, está dicho por tu pensamiento, enriquecida por otras sonoridades, maestros, fuentes de inspiración, imanes que te atraen.

- Otra gran pasión de su vida es la pintura…
- Es que con la pintura estás trabajando con el arco iris. Dimensionar esto es un estremecimiento. Por siglos los pintores de Europa, como Rembrandt o Velásquez, han pintado color betún, casi negro, porque no habían descubierto la luz.

- ¿Y redescubrir la luz puede implicar descubrir el propio arco iris interno?
- Exactamente. Si tenés el arco iris interno tenés el asombro y la búsqueda. Si no lo tenés sos un tipo a oscuras. Es como si tuvieras unos ojos extraordinarios y usaras anteojos negros. Ves todo oscuro teniendo el sol. Hay que buscar siempre. Nada está quieto, todo se mueve y se transforma.



 Las palabras

- Me gustaría que hablara de su amada selva.
- Mas allá de la maraña, mas allá del peligro hay un misterio en la selva. Es lo impredecible, no sabés lo que hay detrás de la inmediata muralla de verde, te tiene siempre en tensión. Vas a encontrar un puma, una anaconda o un duende. Empezás a andar y si sabes leer el paisaje estás viendo la voz de los árboles, esos grandes abuelos, parados como columnas de la Tierra.

- ¿Que diría sobre la mujer?
- Para mí la mujer es como la tierra, está intacta, quieta, hasta que llega el sembrador, el hombre, que le pone la semilla de la vida. La mujer es la creación, la que pare la vida, nunca el amor del hombre hacia el hijo puede ser como el de la mujer, la buena madre, que da la vida por el hijo, tiene el rostro de la verdad.

- ¿Y sobre el hombre?
- El hombre es la fuerza, es la idea, el organizador de las cosas, es el padre, el hermano, el amigo. Y es Dios también, porque él va con el hombre por el paisaje. Y el hombre conciente de su actitud humana es aquel que está en lo profundo, el que con un abrazo podes sentir que es un amigo.

- ¿Qué palabras le daría a Dios?
- Bueno, Dios es la medida del infinito. Podrán llamarle padre eterno o el gran hacedor, pero para mí es el misterio. Sabemos que alguien ha dado a luz esta maravilla que nos circunda.

- Y ¿qué es para usted la música?
- La música es el pájaro, el viento, es Dios, es el rumor de la sangre, es el amor, es el sentimiento que brota por los poros y que el hombre quiere expresar de forma mejor que la palabra, entonces la obvia y viene el ángel, el duende, la magia, que es la música. 


ÉPICO GUALAMBAO

 "La mayoría de las regiones del litoral se visten de chamamé, un ritmo muy agradable pero de un color silvestre, de laguna del Iberá, de rancho, de polvareda, de andar a caballo, pero sin la magnitud de la selva, de las cataratas del Iguazú. ¿Cómo vas a decir a la catedral del agua o las ruinas de San Ignacio con un chamamé? Tenés que decirlo con otra hondura y el gualambao es el ritmo para eso. Es un poco el tambor, el latido del monte, el vuelo de la garza, el remo en el agua, esa sutileza de la naturaleza. Te permite una gran melodía, casi sinfónica. Es un ritmo único en Latinoamérica, porque todos, el chamamé, la samba, la cueca, el malambo, el gato, la chacarera, la huella, son de 6 x 8, pero este es de 12 x 8, doce corcheas. Se produce un ritmo muy particular por su armadura de clave y sonoridad. Con él quiero representar la selva. Y su coreografía tiene una médula: la conquista del amor. En el desplazamiento hay una  forma de verse, acompañarse por la cintura, girar, evitar el beso, huir, ir a una rueda general, ofrendar el mundo a ella o a él, hasta bailar juntos, al final. Es la danza del amor”.

(* Testimonio obtenido en 2002 junto al documentalista e investigador argentino Daniel Rojas, realizador de La savia del algarrobo, film sobre el músico Sixto Palavecino).



Un día en tu vida

Soy nada más que un granito de arena
Nada más que una ola del mar
Nada más que una hoja caída
Del árbol de la eternidad.

Soy sólo un día en la luz de tu vida
Un pequeño eslabón sideral
He venido a quemarme en tu sangre
Y perderme en la noche total.

Víveme!
Ahora que por fin me tienes
Víveme!
Antes que la sombra llegue.

Ramón Ayala

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Recuerdo una peñita que tenia en la calle Corrientes. Yo era amiga de Julieta su hermana. Un dia fue de visita y me escribio en una libretita una cancion que se llamaba un dia en tu vida. Nunca la escuche cantarla. Y hoy la vi escrita en su pagina. Mi admiracion a todos los exitos que lo hacen inmortal!!! Alicia Taibo (raicesargentinas.net)

Diego Oscar Ramos dijo...

Muchas gracias Alicia por compartir esta historia, lo mejor para usted. Una buena parte del sentido de estos trabajos en Internet es poder encontrar estos intercambios de informaciones, historias y esencialmente emociones. Mis saludos!