28.1.09

Ramiro Musotto


Batucada High Fi


El músico argentino radicado en Brasil, produjo a los mayores astros de la MPB y rediseñó el sonido del carnaval de Bahía. Después de tocar con suceso en festivales europeos y a punto de grabar un nuevo disco, cierra en Buenos Aires la gira de Civilizaçao & Barbarye.

 
Diego Oscar Ramos - Crítica de la Argentina - 2009 - Foto: Ariel Sabatella


       “Tuve muchos encuentros este último tiempo”, dice Ramiro Musotto, tomando un café con leche con un tostado, comenzando un relato como el de cualquier argentino de visita, en este caso de un Brasil donde vive hace casi 30 años. Claro que en esos encuentros puede aparecer Naná Vasconcelos o Mercedes Sosa, a los que menciona con respeto absoluto y el más calmo desapego. Al igual que irá comiendo tranquilo mientras habla. Esa destreza precisa y relajada es marca de estilo en la música que grabó en 2006 en Civilizaçao & Barbarie, su segundo disco, festejado en 2008 en festivales europeos como el francés Transmusicales, donde más sorprendió su cóctel escurridizo entre dance, tribal, mash up, ambient o el arte político. Porque la voz del subcomandante Marcos en verba indigenista puede ser una textura tan bailable como un coro de niños guaraníes o una narración sobre héroes históricos brasileros por la forma desprejuiciada y cuidadosa con la que Musotto plantea su universo sonoro multiétnico. Por algo la revista especializada Mondomix, gratuita y de distribución en toda Europa, lo clasificó en su sexto continente. “Eligen siempre los cinco mejores de cada continente y me pusieron primero donde entran los que mezclan, como yo, que soy de Argentina y Brasil, que tengo temas con pigmeos o un iraní”, cuenta Musotto y agrega que una crítica francesa - más temida que el estricto Ego de Ratatouille - tuvo elogios que abrieron aún más puertas a su Orchestra Sudaka para tocar en escenarios alternativos donde surgieron Bjork o Beastie Boys.
        En estas ligas juega ahora el bahiense que a los 18 viajó a Brasil para ser percusionista, encontró profesores en San Pablo y trepó a Bahía para bañarse en aguas negras, donde se dedicó tanto al berimbau que terminó dando clases en la universidad pública, luego fue uno de los inventores junto a Carlinhos Brown del sonido axé del carnaval baiano, poco antes de ser músico o productor de una camada enorme de músicos que van de Daniela Mercury o Caetano Veloso a Marisa Monte, Gal Costa o Sergio Mendes. Finalmente, después de trabajar en más de dos centenas de grabaciones, se dio el gusto de lanzar su carrera, esa que ahora se consolida en giras mundiales y un protagonismo total en los conciertos organizados por el gobierno brasilero, desde Juegos Panamericanos a eventos del Ministerio de Desarrollo Agrario o el de Cultura. “A pesar de no ser brasilero, muestro bastante el país en un estilo híbrido, con elementos tradicionales y una propuesta para el futuro, lo que es el sueño de los ministros”, dice el músico, confesadamente poco gustoso de autoanalizar las causas del rumbo que van tomando sus cosas, pero rápido para hallarlas.


Trance artístico


      En uno de estos eventos organizados por el gobierno brasilero, un festival que oficializaba el reconocimiento profesional a los mestres de Capoeira, es donde Musotto se encontró con el pernambucano Naná Vasconcelos, uno de los más respetados percusionistas del mundo y un pionero en independizar al berimbau de su origen capoeirístico, un legado que el argentino ha retomado al llevar al instrumento a nuevas posibilidades armónicas orquestales. “Naná estuvo muy generoso en llamarme, yo estaba ahí, tocando y me preguntaba si realmente estaba pasando, no lo podía creer”, cuenta Musotto y dice que todo está en Youtube. Lo cuenta calmo, como despegándose de cualquier mitificación del momento. Y eso también es como sus creaciones sonoras, que se pasean por estructuras, instrumentos, timbres o cánticos de base ritualística, sin que suenen necesariamente como fuente de trance. “Para los que vivimos en Salvador es una cosa muy específica, que llega mediante el candomblé y los que tocan son oficialmente inmunes”, cuenta el músico y redefine el cauce de las ideas: “Prefiero hablar de ese punto donde estás tan concentrado que te olvidás, cuando abrís los ojos y estás en un lugar impensado del escenario, en un estado de entrega, algo puro, donde vale todo pero tenés siempre un pie en la tierra, ese es el estado artístico”. Dice que eso vivió con Mercedes Sosa en la reciente Cumbre de las Américas: “Cuando abre la boca es para cantar, es una entrega total, por eso es bueno acordarse de grandes mestres cuando vas a tocar, para poner siempre los huevos sobre la mesa”. Lo dice con ganas, las mismas con que ahora puede terminar lo que queda del café con leche, en silencio, calmo, antes de ir a ensayar, para que todo suene como quiere, este mismo sábado.


Nuevo disco


       “Tengo una carpeta enorme con varias ideas, temas empezados y otras vacías, con el título”, revela discretamente Musotto sobre el disco que planea empezar en marzo, el que imagina como doble. Uno solamente con berimbaus, ensamblados armónicamente y otro más en la línea de lo que ha hecho en sus dos trabajos editados. “Uno será más calmo, más el día y otro la noche, con más beats”, cuenta el músico, que adelanta que está experimentando con ritmos como la chacarera, hasta ahora inéditos en sus exploraciones. Quizás hasta termine un candombe que está en pañales, pero la verdad, comenta, la tendrá el propio disco cuando cobre identidad: “Siempre es un misterio, no se puede planear mucho, es él quien te lleva para algún lugar, empezás un viaje y no podés predestinarlo demasiado”.


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