18.11.09

Carlos Nuñez

Explorador celta






Carlos Nuñez es considerado el más virtuoso gaitero del mundo. En su último disco, el español investigó en sus raíces americanas y encontró huellas celtas en la música brasilera.





Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2009


    Alcanza con escuchar su gaita transitando épica las notas de la canción brasileña Asa branca, un capítulo esencial del ADN de la música popular del país vecino, para imaginar con el cuerpo la fuerza del momento que para Carlos Nuñez inaugura ese encuentro de culturas que hoy homenajea en Alborada do Brasil. La escena transcurre en el año 1500, cuando de un enorme barco, pisando por primera vez el suelo de un país que se llamará alguna vez Brasil, baja un hombre europeo con un extraño instrumento con el que llenará de sonidos el nuevo paraíso. “A los indios les gustó mucho la gaita, se tomaron de las manos y empezaron a danzar”, cuenta desde sus oficinas gallegas uno de los máximos exponentes mundiales de la música celta, cuyo relato se basa en la Carta del descubrimiento que Pero Vaz de Caminha le envió al rey de Portugal. “Es preciosa la carta, ahí queda claro que la gaita fue el primer instrumento que llegó de Europa a Brasil, lo que acontece es que desapareciendo poco a poco, pero su alma y su espíritu quedaron en la música brasilera, se fue transformando”, agrega el músico, que llegó al documento en medio de una búsqueda personal que lo tuvo más de año por Brasil.
    Necesitaba responderse un enigma que lo acompañó desde niño, saber por fin qué había pasado con un bisabuelo suyo que, al principio del siglo XX, dejó de darles señales de vida, luego un viaje a tierras brasileras. “Era el único músico que teníamos en la familia, siempre se había dicho que lo habían matado por celos amorosos o profesionales y se vivía como un gran misterio, pero desde pequeñito era una historia donde me parecía que había gato encerrado, entonces nos pusimos a la aventura y su búsqueda ha sido el leimotiv de este disco”, cuenta el explorador celta, que generó un álbum donde se junta con un seleccionado verde amarelo de primer nivel con músicos como Carlinhos Brown, Lenine, Adriana Calcanhotto, Jaques Morelenbaum, Dominguinhos o la Escola do Samba Beija Flor  para dar cuenta de encuentros musicales entre Europa y América de los que ya bien sabía su bisabuelo. “La gran sorpresa fue que lo encontramos, había abrasilerado su nombre, José María Nuñez, y se convirtió en José Nunez, siguió viviendo no en Belén do Pará, como nos habían dicho, sino en Río de Janeiro, donde tuvo mucho éxito y grabó discos”, dice el gaitero, revelando de inmediato una nueva sincronía, el sello discográfico que dio trabajo a su pariente misterioso, con los subsiguientes pasajes de firmas es el mismo que hoy apoya sus investigaciones sonoras.



Pulsión de integración

     Y así fue que, además de darse el gusto de interpretar en su disco el máximo suceso de su bisabuelo, también pudo darle más cuerda a su disfrute de investigador. “La otra sorpresa ha sido encontrarnos con una realidad tapada, que no había llegado al resto del mundo, el hecho de que Brasil no sólo es afro, sino que, sin ningún tipo de complejos, te diría que tiene un componente celta en su música”, desafía Nuñez y aporta datos a su teoría: “Toda la música del interior de Brasil, el sertao, Minas Gerais, el interior de Bahía, se parece mucho más a la música celta que a la bossa nova o el samba, al acordeón se lo llama sanfona en el norte porque es el nombre de un instrumento medieval que seguramente llegó de Europa”. La data lingüística da pie a una serie de correspondencias entre los orígenes mismos de lo celta en la península ibérica, con toda una serie de desplazamientos y adaptaciones, desde la antigua Gallaecia, un territorio celta inmenso que ocupaba gran parte de la península actual, donde la gaita era reina y el gallego una lengua que brotó de sus  entrañas. Para Nuñez el Brasil está repleto de huellas de ese antiquísimo territorio céltico y la propia lengua portuguesa que se habla allí permite que su intuición tenga donde aferrarse. “Cuando Portugal llega a Brasil era más medieval, era más cercano en su lengua el gallego, por eso nos encontramos allí con un portugués que se parece más al gallego, nos entendemos mejor con los brasileros que con los portugueses”, revela el hombre nacido en la ciudad de Vigo en 1971, enamorado de las maneras en que las manifestaciones humanas van tomando nuevas formas. Y es que hasta charlando con artistas como la gaúcha Adriana Calcanhoto, se sorprendió con el conocimiento que tenía de cuestiones poéticas mediterráneas y le alcanzó para percibir aún más algo que hoy vive como certeza cuando escucha lo mejor de la música popular brasilera. “Los cantantes brasileños son los herederos de nuestros trovadores medievales galaico portugueses, toda esa lírica medieval está viva en Brasil, sólo que son trovadores burgueses urbanos, que viven en ciudades y cenan sushi, pero en el arte de sus poemas con melodía, son los continuadores de todo eso”, lanza con goce catedrático Nuñez y da un paso más en su viaje estético y temporal, para pensar ahora cuál es esa nueva alborada que estaría ingresando al mundo entero por la música. “En Brasil encuentras nuestro pasado y nuestro futuro, porque ha tomado la bandera de la mezcla y ha hecho un motivo de orgullo nacional y puede ser  un buen ejemplo para que la misma Europa se reencuentre con sí misma y deje de pensar que es pura, blanca y monocolor, cuando sabemos que aquí mismo, en la España de la Edad Media ya había negros y que en la orquesta de Alfonso X El Sabio se juntaban músicos cristianos, musulmanes, judíos, ya existía la mezcla de culturas”, explica el músico y redobla la apuesta integradora: “Somos el resultado de mezclas milenarias, me llama la atención que los vascos, los catalanes, los gallegos buscan sus diferencias, mientras Brasil tiene la obsesión por ser un solo país”. Esa pulsión de integración la experimentó a lo largo del tiempo de viajes y grabaciones por Brasil y lo llevó nuevamente a su revaloración del viejo espíritu galaico. “Uno de sus grandes poderíos es el de no poner fronteras a las cosas, te encuentras en una cena un músico, un poeta, un futbolista, un político, un militar y todos saben de música, esa capacidad de interactuar en el fondo es muy galaica, eso de no poner principio y fin a las cosas, la idea de que está todo interconectado, como el símbolo de la pescadilla que se muerde la cola, hace que Brasil sea la realización, contemporánea y mezclada de nuestra forma de ser gallega, como una Galicia soñada en las cantigas medievales, antes de partirse España y Portugal, una cultura de la Gallaecia que percibo viva en Brasil, donde creo que está la música celta del futuro”, expone con brío Nuñez. Y antes de cualquier posible celosía de hermano, se adelanta: “Ojo que cuando hablo de Brasil tengo cada vez más el sentimiento de que Argentina no está tan lejos, es como si hubiese quedado del lado español y Brasil del lado portugués, pero el fondo es lo mismo, sois parte de la misma aventura”.



Unión de músicos


Carlos Núñez es un erudito de la música celta. Sus investigaciones siguen básicamente dos líneas relacionadas entre sí: el origen de la música celta y su fusión con las músicas del mundo actuales. Su interés por el tema le ha llevado a recorrer el globo y a relacionarse con músicos y artistas de los países que ha visitado, para luego plasmar sus conocimientos y experiencias en su prolífica discografía. Ha colaborado con todo tipo de músicos, tanto en la grabación de sus discos como en sus actuaciones. Ha colaborado con artistas como Joan Manuel Serrat, Vicente Amigo, The Chieftains, León Gieco, Jackson Browne y Ry Cooder.

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