6.4.10

Enrique Pinti


“Si tenés humor para reírte de vos mismo se sobrellevan todos los problemas”

Reconocido por sus talentosos monólogos, es uno de los más lucidos humoristas argentinos de nuestra historia. A sus 70 años, hoy celebra la salud de su memoria, a la que dedica un nuevo espectáculo.




Diego Oscar Ramos - Revista Uno Mismo -Marzo 2010

Fotos: Gaspar Kunis

         Esperaba, calmo, en una oficina del teatro Maipo. Y aunque alcanzó con sugerir una palabra para que su destreza verbal se encendiera, en ningún momento de la entrevista alcanzará las velocidades con que suele sorprender a los argentinos desde hace décadas. Y la que primero estimula la verba generosa de Enrique Pinti en el encuentro será la palabra memoria, término que bien podría resumir su talentoso trabajo teatral de cuatro décadas en el arte del monólogo socio político, donde ha hecho recordar hasta momentos de la historia que han querido olvidarse. De su agudeza para retratar personajes y comportamientos humanos ha hecho espectáculos, escrito guiones para él mismo o para artistas como Antonio Gasalla. Y ha generado numerosas columnas periodísticas y hasta obras infantiles, lo que aumentan las ganas de prestarle mucha atención a todo lo que su mirada curiosa pueda decir sobre la memoria. Esa que hoy, habiendo cumplido 70 años, tematiza en Antes de que me olvide, una obra que une su habitual crítica política a una reflexión sobre las etapas de la vida donde hasta exorciza ese olvido que puede traer la edad.

- ¿Ve alguna relación entre la memoria y el aprendizaje?
- Directa, total. La memoria es la mejor manera de aprender, memoria y aprendizaje son un solo cuerpo, aprender y recordar lo que uno aprendió, pero no es lo mismo que estudiar de memoria, porque se te va la información a los cinco minutos. Y es lo que las sociedades hacen muchas veces, por eso los políticos y los gobernantes tienen discursos, que se aprenden de memoria, quedan cuatro o cinco slogans en la cabeza de la gente y con eso los manejan. Pero, la verdad, si uno aprovecha la experiencia de vida y sabe quién es quién, qué hizo, cuando lo hizo, cómo lo hizo, si se vuelve a presentar la misma persona.
        Pinti deja un segundo de hablar y luego suelta una conclusión basada en una situación cotidiana, para que la entendamos de inmediato y podamos cotejarla con una experiencia personal. Si el concepto es el valor de la memoria, qué mejor entonces que traer la historia de un plomero que hizo un arreglo deficiente de una cañería, a quien si anotamos su nombre y si lo recordamos con el tiempo, ese dato será esencial para no cometer un error nuevamente. “Con la mala o buena experiencia aprendés”, dirá pronto y dará un salto a la política, para mostrar cómo la memoria suele usarse de forma selectiva, como si nos gustara a los seres humanos volver a cometer errores y confundir nuestras propias percepciones al disfrazar de nuevo lo que ya conocemos porque lo vimos o hasta padecimos antes. Sobre esos misterios de la conducta se basan muchos de sus monólogos y también esta entrevista.

- ¿Donde siente que tener memoria ha sido vital en su vida?
- Para todo. Uno hace un viaje, lo estructura mal, lleva más cosas de las que necesita, va a lugares donde hay conflictos. Tenés que aprender, esa es la experiencia. Vas al lugar donde tenés que ir, no tenés problema, viajás con lo que necesitás. Yo lo uso para todos los actos de mi vida. Después están los errores que uno comete. Vamos a hablar de la salud: uno puede tener memoria de lo que le pasó por no hacer  lo que el médico dijo, pero a veces es más fuerte que uno.  Ahí  viene el equilibrio entre lo que debo y lo que quiero hacer, para mantenerme vivo, lo más sano posible. Si he visto morir a unas diez mil personas de cáncer de pulmón y sigo fumando, evidentemente la adicción no me deja valorar mis experiencias de vida. Las adicciones no se enfrentan con memoria, se enfrentan con toda una serie de cosas para poder salir.

- ¿Se siente una persona con fuerza de voluntad como para poner freno a las adicciones?
- Regular. Pude dejar de fumar, pero con la comida subo y bajo, ahora estoy manteniéndome bastante bien. No tengo problemas de colesterol, de lípidos, pero me tengo que moderar. Igual siempre diferencio. El problema de las adicciones al alcohol y las drogas es que se desparraman sobre los demás, tu responsabilidad es doble, por eso ahí hay que tener el doble de voluntad. Esas adicciones, gracias a Dios no las tuve nunca, pero debo decir que a la comida me cuesta limitarla, desde los 8 años estoy con tratamiento, tratando de mantener bien la salud.

- Ha contado este tema de la obesidad en su infancia en sus monólogos. ¿Pasarlo a la escena sirve como alguna forma de exorcizar el tema? ¿Cómo vive hoy ese recuerdo?
- La naturaleza es sabia, borra lo malo, remarca lo bueno y si tenés humor para reírte de vos mismo, que no sé de donde se saca, si es de fábrica o si uno lo adquiere, creo que se sobrellevan todos los problemas. Se pueden ver con una claridad, con una falta de dramatismo, con una diafanía que realmente es impecable. El humor te salva, el exorcismo del problema en un monólogo humorístico es muy liberador, porque uno hace partícipe a los demás. Y lo peor que puede hacer una persona cuando tiene un problema es ocultarlo. Si hablas del caso específico de la obesidad, hay personas que intentan disimularla, poniéndose ropa negra o barba si tienen la cara redonda. Lo mejor es asumir la cara de galleta, es más simpático. No quiero decir que la gente no tenga derecho a embellecerse, pero hay quien se quiere disfrazar de flaco y cuando ya revienta los trajes, empieza a decir: “No sé lo que me pasa, porque yo no como”.

- ¿Hay un momento donde el posible cuidado estético se puede convertir en máscara?
- De la gente que esconde, que quiere mostrar otra cosa de lo que es. Sea un gordo, un colérico, un violento, creo que hay que mostrarlo todo. Hay que asumir que uno tiene momentos de violencia o de debilidad. No es fácil, porque primero uno no se ve a sí mismo, uno tiene la visión de lo que uno cree y lo que le devuelven los demás con el comentario. Uno no se ve completo, uno no sabe hasta qué punto es generoso, egoísta,  cobarde, valiente, tiene doble discurso. Y so pretexto de la educación, uno dice: “Yo no soy quién para decirle que habla mal, que tiene olor a transpiración”. Y de verdad uno no es quien si no conoce a alguien.

- Quizás decir las cosas sin herir sea más sano como hábito cultural.
- Pero es muy difícil decir sin herir ese tipo de cosas a la gente que no conocés. Entonces hay un límite, que es la educación. Cuando se trata de cosas más serias, hay gente que en su círculo de amistades o relaciones tarda mucho en sincerar situaciones y gente muy necia que jamás va a sincerar sus errores. Cuando le preguntás a la gente cuál es su peor defecto, te dicen: “Soy demasiado bueno, me creo todo lo que me dicen, soy demasiado generoso, no me doy cuenta a quién le abro la puerta de mi casa”. Siempre son víctimas. Los supuestos defectos siempre son victimizaciones de actos fantásticos, de generosidad absoluta. Cuando te hablan de defectos, son la Madre Teresa. Ni que hablar de virtudes, ahí son San Martín.


- ¿Y puede tener entre su círculo cercano a ese tipo de personas?
- No, a esta altura de la vida, no. Pudo pasar por los 20 o 25 años, después uno ya no tiene excusas, ha vivido lo suficiente. Si has estado como anacoreta en una torre, si has sido cura, si estuviste metido en un retiro espiritual hasta los 35 años, está bien, pero los que hemos vivido la vida, ya los vemos venir. Y también a la gente con la que no nos vamos a llevar bien. No es que no de oportunidades, pero en general, trato de pasar por la vereda de enfrente.

- ¿Esta percepción es corporal?
- No, son actitudes.  No creo nunca en eso de “No me fío de la gente que no mira de frente”. Porque hay gente que tiene la costumbre de no mirar, no es que sea falsa ni nada por el estilo, es un tic, que andá a saber de dónde viene.

- No compraría un manual de lectura veloz de gestos.
- No. Para nada. No puedo condenar a nadie por portación de cara. La sociedad, argentina y mundial, por la violencia, por el odio, está muy dispuesta, hoy en día más que nunca, a creer que el problema está en los negros, en los judíos, en los nazis… (Hace una pausa, de fracciones de segundo)…en los árabes. Soy absolutamente enemigo de ese tipo de cosas, lo cual no quiere decir que si veo una persona que viene con signos de borrachera o totalmente drogada voy a decir “Hermano, te voy a dar la mano”. Cruzo de vereda, pero no me baso es en la tipología exterior para juzgar a nadie.

- Cuando hacía la mención de posibles estigmatizados sociales, se frenó al mencionar a los nazis.
- No, claro, se me prendió la lamparita. La gente que preconiza teorías donde la tolerancia no está no puede exigir tolerancia. Tolerancia se puede tener con la gente que no piensa como uno, con quien es más de izquierda o de derecha, pero no con teorías que parten de la intolerancia.

                La conversación comienza a vestirse con climas habituales de sus reflexiones periodísticas, habla de malas políticas, aquí y en el mundo, que traen problemas de discriminación y violencia. Y los caminos de la memoria lo retrotraen a sensaciones de su infancia, cuando asegura que había mayores oportunidades de elegir destinos de vida. Se interna en recuerdos de infancia, cuando vivía en un petit hotel entre Parque Patricios y Constitución, siendo, como dice, quizás el chico rico de la cuadra, lo que nunca generó separatismos, ya que compartía lo que su familia había generado desde que un abuelo italiano había llegado al país ya con una posibilidad de hacer negocios con el azafrán y los vinos. En su casa podían ir todos sus amigos e hizo la primaria en una escuela pública, donde recuerda al patio y las aulas como un espacio de integración social, el valor que más recoge de aquellos tiempos. “Eran bien conservadores mis padres, pero me enseñaron a compartir, a no discriminar y a integrar, eso es fundamental”, dice Pinti y trae al presente una anécdota del colegio. Cuenta que en su aula había cuatro chicos judíos, quienes no eran obligados a asistir a las clases de religión católica, una materia más de la escuela pública de otras épocas, pero uno de ellos, un día, tuvo una actitud que lo sorprendió. Le pidió a la maestra si podía quedarse, porque como se hablaba de la Biblia, a él también le interesaba.

- Recuerda ese gesto como algo muy significativo.
- Sí. Porque por más que los nazis estaban refugiados acá, había una especie de integración y tolerancia, que creo que partía del hecho de la oportunidad. Todo el mundo trabajaba. Algunos en el taller, otros en la oficina, otros tenían consultorio, otro tenía la librería, todo el mundo laburaba.

- ¿Y cómo nace la elección del teatro?
- A los cinco o seis años fui a ver una película de Nini Marshall, una película de Catita, Yo quiero ser bataclana. No sabía ni lo que decía, porque la mayoría de los chistes tenían deformación del lenguaje, decía “tengo los moluscos de las piernas bien desarrollados”, no entendía bien el chiste, pero era irresistible. A los ocho años vi una película de piratas, con Tyron Power, El cisne negro. Y me dije, “Yo quiero subir ahí también”. Todos los chicos tenían delirios, pero generalmente deportivos y algunos querían ser veterinarios, porque le gustaban los animalitos. Pero yo le contestaba a todo el mundo, artista.

- ¿Que implicaba ese concepto de artista?
- Laburar, ser actor, cómico, dramático, atlético, hermoso, gracioso, bailar, cantar. Me daba lo mismo El rancho 'e la Cambicha  que La Traviata. Yo escuchaba a los cantantes de chamamé, discos de Caruso de mi abuelo, y quería hacer todo. Asi que no hubo manera de sacármelo de la cabeza. Uno cree en las cosas genéticas, porque no fue hereditario, en mi familia solo había habido un locutor de radio, Roberto Marasco, y mi tía abuela Rosita, su madre, que había hecho teatro en 1918. Mis padres decían que lo mío era un gen enfermo.

- ¿Qué conversación tiene hoy con ese niño?
-  Me está reclamando por qué no me cuidé un poco el físico, como para poder haber hecho de Tyron Power, ya que tenía facilidad y plasticidad.  ¿Por qué no estudié baile y canto realmente?
- ¿Y hoy cuál es hoy el valor mayor que rescataría, como artista y ser humano?
- Sigo siendo integrador y tolerante. Sigo creyendo en todas esas cosas con las que me formaron en mi escuela y en mi barrio. Evidentemente, mucha gente se olvidó. En aquella época, la época peronista, en mi casa eran antiperonistas y cuando se hacían barrios obreros, en mi casa estaba el comentario de que rompían el parquet para hacer asado. A los 9 años decía que por un bruto que hiciera eso, había cien que por primera vez pisaron un parquet. Todavía sigo insistiendo que el mal que nos ocurrió, es haber ido perdiendo, poco a poco, esas cualidades, habiendo privilegiado la especulación por sobre el trabajo.

- ¿Dónde focaliza las salidas?
- En la recuperación de esas cosas. Porque la gente dice los argentinos no quieren laburar, que los alemanes son laburantes, pero eso es porque se les explotó el país y no tenían más remedio que poner piedra sobre piedra. Pero no hay que olvidar que ellos también produjeron a Hitler y los campos de concentración. Yo no me caso con nadie. Creo que en la medida en que se regenere el tejido social, va a haber menos violencia, menos odio. No es una utopía, a esta altura de la vida, es un trabajo muy largo que hay que hacer, pero alguna vez hay que empezar.

- ¿No siente, como ese chico judío de su clase que tomó la decisión de integrarse, que hay una posibilidad personal de movilizar fuerzas internas como para generar eso?
- Por supuesto. Las revoluciones, los cambios, se hacen de a uno.
              

   
BIOGRAFIA

1939. Nace el 7 de octubre en  Buenos Aires.
1957. Debuta teatralmente en Queremos que venga.
 1967. Premio mejor actor del año por La chinche, con Pepe Soriano y Ulises Dumont.
1969. Escribe guiones para TV (La Botica del AngelCasino, La luna de Canela) y para la historieta El Mono relojero.
1973. Comienza a realizar unipersonales, con gran suceso, como Historias recogidas I y II y El Show de Enrique Pinti. Durante el resto de la década escribirá guiones para obras de Gasalla y Jorge Luz. Y actuará en televisión junto a Niní Marshall.
1981. Actúa en Sentimental, de Sergio Renán, con elogiosas críticas.
1982. Estrena Pan y Circo.
1983.  Estrena Vote Pinti.
1985 Estrena "Salsa Criolla", reseña musical de la historia argentina, resulta su obra más exitosa de su carrera y el espectáculo récord en el teatro de habla hispana. Ganó numerosos premios Por "Salsa Criolla" Pinti ha ganado los premios (Estrella de Mar, Prensario, Argentores, ACE) y superó los 3 millones de espectadores en 10 años. Actúa en otro hito de la comicidad, la películaEsperando la carroza.
1973. Estrena El Show de Enrique Pinti.
1987. Graba un disco con monólogos. Los años siguientes filma un especial de TV dedicado al teatro argentino, edita videos basados en sus monólogos, un disco junto a Charly García y Pedro Aznar y un libro de conversaciones.
1990. Filma la película Flop, de Eduardo Mignona.
1991. Comienza a editar columnas periodísticas en Clarín. Al año siguiente tiene un micro en Radio Mitre y un programa en canal 9. 
1993. Filma el policial Perdido por Perdido, por la cual obtiene el premio mejor actor de reparto en el Festival Internacional de Cine de La Habana.
1998. Estrena Pinti canta las 40 y el Maipo cumple 90.
2000. Estrena Pericon.com.ar. Durante esta década pasará a escribir para La Nación y la revista Noticias. Además de tener una columna en el programa de Magdalena Ruiz Guiñazú.
2006. Protagoniza la premiada y exitosa Los productores, junto a Guillermo Francella.
2008. Actúa en la comedia musical Hairspray.
2010. Estrena su obra Antes de que me olvide.

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