Pájaro Canzani, compositor
uruguayo radicado en Francia, puso en marcha un proyecto para recrear la
hermandad de la Argentina y el Uruguay, herida por el conflicto de las
papeleras. Con un apoyo económico europeo en proceso de obtención, la
iniciativa tiene a la cultura y la música como sus ejes de acción.
Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - mayo 2010
“El
juego de intereses de las grandes empresas y la manipulación de todo tipo de
rumores e informaciones ha ido deteriorando en parte el tejido socio-económico
de la región, pero soy consciente que los lazos de nuestra historia se
mantienen intactos y saldremos todos airosos del conflicto, porque se está
construyendo un continente con nuevos valores comunes, todos somos habitantes
del río”, expresa entusiasmado, desde su casa en París, Carlos Canzani, un
creador que viene
trabajando hace décadas por encontrar lazos entre culturas diversas del mundo. Conocido como Pájaro por todo amante de
la música popular de raíz latinoamericana, ha sido parte del mítico grupo
chileno Los Jaivas, tocó su guitarra
con Jaime Roos y recorrió el mundo con sus mezclas propias de murga, candombe,
rock, funk en canciones donde la palabra también hermana lo diverso. En ese
impulso, el músico radicado en Francia desde hace tres décadas, ideó Puentes sobre el río, una manera de poner
en juego lo que la música le dio para sanar los conflictos sociales que se han
desarrollado en nuestros países desde la instalación de fábricas de pasta de
celulosa en inmediaciones de Fray Bentos, donde nació el artista.
“Es un proyecto internacional de
intercambio y formación cultural basado en el fenómeno de
descentralización cultural en la región litoral del Río Uruguay para probar que
la cultura, vista como elemento de integración regional, es capaz de crear
empleos en las capas jóvenes de la sociedad”, explica el compositor, que
como primer aspecto ideó la reconstrucción del tejido social a través del arte,
para ir luego por la reintegración regional. “La idea es permitirle a gente
joven que su visión de realizarse a través del ejercicio del mundo del
espectáculo no es sólo un delirio de chicos soñadores, sino más bien una manera
de construirse una carrera. Porque lograr integrarse al mundo laboral a través
de las artes y las profesiones del espectáculo vivo debe ser reconocido como
algo tan normal como el aspirar a hacer una carrera convencional”, completa
Canzani y avanza hacia el objetivo global: “Al mismo tiempo, el lanzar una dinámica
de mercado de trabajo del espectáculo vivo posibilita crear una red de
intercambios de oportunidades, en una serie de ciudades litoraleñas, un
circuito de escenarios, eventos, con un público regional que tendrá la
oportunidad de valorar a sus artistas, técnicos y productores locales”. De esta
manera, a través de la reactivación de las fuentes de expresión estética vistas
como profesión es que las orillas deshermanadas pueden empezar a recomponer sus
vínculos de siempre.
Centro y periferia
Uno de los primeros
puntos fue revisar la centralización
cultural, para que las regiones litoraleñas recuperen primero su presencia como
gestadoras de cultura. “Yo, que soy nacido en Fray
Bentos, me tuve que ir solo a Montevideo a los 17 años, a hacerme adulto con el
desafío de lograr construirme una carrera artística, si no iba a la capital, aún
andaría por las calles de mi ciudad intentando encontrar oportunidades, eso es
consecuencia del centralismo absoluto en nuestras sociedades urbanas. Cada vez
que volvía de Paris a Uruguay o a otros países de América Latina, veía
esos magníficos teatros municipales y diversos escenarios al aire libre en las
ciudades, cayéndose a pedazos, mal gestionados y escasamente
utilizados y fue en una de mis giras que decidí adaptar las distintas
visiones europeas, adaptados a la realidad de la región”, detalla el
músico, quien gestó el proyecto para reutilizar esos espacios con el fin de que
puedan ser utilizados por toda la red de actores culturales. Así, el emprendimiento se orientó a unir inicialmente ciudades de ambos márgenes del río
Uruguay mediante el reacondicionamiento de teatros y salas para espectáculos,
además de la formación de técnicos para promover un circuito de espectáculos en
la región. Para lograrlo, se está
gestionando un apoyo económico por parte de la Unión Europea que llegaría al millón de euros. “Este
proyecto fue evaluado positivamente desde Europa, la gestión de desarrollo del
proyecto se hará a través de los gobiernos locales de una red de ciudades,
originalmente se había establecido un acuerdo con 4 ciudades de cada lado
del Río, nos hemos dado cuenta que lanzarlo simultáneamente en 8 ciudades es
muy pesado en el manejo. La capacidad de administrarlo localmente es
muy desigual entre las ciudades, por lo tanto vamos a replantear ciertos
elementos técnicos. Eso significa reducir la cantidad de ciudades socias a
dos en Argentina y dos en Uruguay, ya que consideramos que las
condiciones óptimas no están reunidas para largarlo”, detalla el gestor del
proyecto.
Desde
hace más de un año, ya se han estado llevando a cabo algunas experiencias,
trabajando con jóvenes en varias ciudades. “Me gusta
el contacto con la gente, intercambiar con los jóvenes y ellos saben que yo
mismo, como cualquier artista del tercer mundo, soy la prueba de que la
utopía puede abrir puertas. En Fray Bentos hice una serie de talleres musicales
basados en la música afro sudamericana con jóvenes de todo nivel, estilos
musicales y edades. Para ello pedí el Teatro Municipal a la
intendencia. Se ocupó ese espacio para creación y taller artístico y luego hice
un espectáculo para 4 mil personas en el teatro de verano, donde invité a
músicos locales a compartir escenario y luego tuve una charla con ellos,
donde les sugerí crear una organización independiente de músicos locales para
desarrollar proyectos de espectáculos callejeros, en plazas, playas y otros
lugares, que funcionara en forma cooperativa. Como consecuencia de ese encuentro,
ellos decidieron crear OMI (Organización
de músicos independientes) y ya están desarrollando un calendario de
actividades en común, cosa que los potencializa y les permite avanzar”, cuenta
contento Canzani, seguro de estar también reafirmando algunos lazos internos:
“Creo que ser músico y sentirse socialmente útil como ser humano es un doble
regalo de la vida, he tenido el privilegio de aprender a conocerme viviendo
durante años en comunidad, donde compartir valores, deberes y obligaciones por
el placer de construir algo en común con gente que no es de tu familia, abre el
espíritu”, dice el artista y cita de inmediato la frase de Todos Juntos, la popular canción de Los Jaivas: “Si este mundo es uno y para todos, todos juntos vamos
a vivir". Rápido, lanza una conclusión categórica: “¿Ves? Es eso, o la
extinción del género humano”.
En
el medio de ese gran proceso en el que la ecología se empieza a trabajar desde
los valores humanos, Canzani recupera su propia historia, dice que su voluntad
de hermanar ya estaba presente cuando se hizo músico, cuando descubrió que
tenía similitudes espirituales con grupos de Brasil como Os Novos Baianos, en Perú como El
Polen, en Chile como Los Jaivas, en su Uruguay como El Kinto y en Argentina La
cofradía de la flor solar o Almendra.
“Las cosas siguen evolucionando y los encuentros se van haciendo evidentes en
el viaje de la vida. Simplemente hay que aprender a hacer la diferencia
fundamental, entre mirar y ver”, expresa desde el alma Canzani. Y traza con
agudeza su panorama del sentido y las posibilidades de transformación
engendradas en Puentes sobre el Río:
“Lo que se ha logrado es, fundamentalmente, el contagio de una visión, la necesidad
de hacer algo en común por encima de fronteras y puentes momentáneamente
cortados, en lo físico y en las mentalidades. A fuerza de compartir mi vida
profesional y gran amistad con tantos argentinos, siempre repito lo mismo:
No hay dos países en el planeta con tantas razones para querernos y admirarnos
mutuamente como lo son Uruguay y Argentina”.



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