Fue
el creador e impulsor de la fusión de la cocina oriental con la latinoamericana
y puso el primer restaurante japonés y sushi bar de Alta Cocina en Argentina,
donde se formó con el famoso Gato Dumas. Adempas, es ITAMAE, maestro
especialista en artes culinarias de la Cocina Japonesa, título que insume 20 años de aprendizaje.
Diego Oscar Ramos . Playboy (México) . 2007
Como Chef Ejecutivo y astro televisivo, Kamiyama viaja por el mundo dando clases y cocinando para quienes buscan en él a un generador de sabores únicos. Premiado por sus conocimientos e innovaciones, el chef argentino da unos cuántos secretos y asegura que se viene el tiempo del sushi latino.
- ¿Qué implica ser Itamae?
-
En Japón es el maestro en las artes culinarias japonesas. El significado
literal es “el hombre que está por delante de la tabla”, el que dirige la
cocina. Claro que en Japón no empezás a cocinar. Pasás dos años lavando platos,
copas, sartenes, baños y pisos, para vivir lo que es limpiar para no ensuciar.
Luego se pasa a la cocina de producción, limpiar la mercadería, acomodarla,
pelar papas, zanahorias. Trabajos muy básicos que de 100 cocineros que recibo
sólo cinco conocen bien. Después de tres años te dejan tocar algunos productos
para cocinar al personal, que siempre se queja. Es una prueba que dura dos
años. Recién después se pasa a ayudante de cocina y pasan veinte años. Recién
con diez de profesión sos cocinero. Cocinás por áreas, pescados, carnes o
mariscos, luego vegetales, pastas y después de quince años, el Itamae, que es
tu jefe, si te ve condiciones y tuviste actitud, te empieza a enseñar Sushi. Cuando
aprendés te toma 10 años más, primero aprendés a limpiar los pescados, después
aprendés mirando, hasta que un día tenés todos los pasos registrados en tu
cabeza. Eso es Itamae, más que un título, una carrera. Para entender más
la gastronomía trabajé de mozo dos años. Ahí aprendí el conflicto entre la
cocina y los mozos. Hay que entender de todo. En Japón el que tiene un cargo es
porque es una persona capacitada. Se respetan mucho las jerarquías, al mayor y
al que sabe. Está tomado de los samuráis, la relación del maestro y el alumno.
- En esta generación se dio la unión de la moda con
la cocina. ¿Cómo siente, como parte de este movimiento, esta época mediática?
-
Puntualmente en América Latina la palabra cocinero tenía otro sentido, no era
una profesión que tuviera jerarquía. En cambio, en Japón un maestro en artes de
cocina suele recibir tanto respeto o más que un abogado, porque es un artista.
En Francia hasta tienen una personalidad muy arrogante. En los últimos diez
años se empezó a jerarquizar en América Latina. La nueva generación, a través
de la escuelas, va a la cocina porque le gusta. Ahora vas a encontrar que el
hijo del presidente estudia cocina y empieza a haber cocineros con formación
académica.
- ¿Qué le aportó lo mediático al arte de la
cocina?
-
Cuando empecé a cocinar mi sueño era que todos en América Latina conocieran la
cocina japonesa. Era muy difícil que en un país de la carne comieran pescado y
encima crudo. Cuando empecé en la televisión había en toda Argentina cuatro
restaurantes japoneses. Ahora hay más de 400 y la gente pide sushi por
delivery. Es una cocina más. La televisión me permitió mostrar seriamente mi
cultura.
- ¿Cómo se distingue la calidad de los restaurantes
de cocina japonesa?
-
Hay una respuesta muy simple. Si vas a comer comida italiana y no hay italianos
en el restaurant algo está mal. Si vas a comer comida japonesa y no hay
japoneses algo está mal. Si no ves un solo oriental no vayas.
- ¿Hay conocimientos intransferibles?
-
Mi generación era muy celosa de los conocimientos. Hay cocineros que no
enseñan, no dan secretos. Eso es inseguridad. Yo digo todos los secretos todo
el tiempo por televisión y me dicen que el día de mañana van a ser mi
competencia. Pero si alguien te da un curso y no está enseñando no es un
profesional.
Volver a América
- Un concepto: ver cosas que
otros no ven. En la Argentina la carne es fabulosa. En México no podés
dejar de comer unos tacos. Son cosas únicas. La cocina es regionalizada. Con el
sushi, la pregunta es simple: ¿para qué voy a usar un producto que tengo que
importar, pagando mucho más caro y sin la misma calidad porque no es fresco? Si
lo hago con productos autóctonos voy a conseguir calidad, frescura y algo que
la cultura está acostumbrada a utilizar. Si estoy en Perú haría uno olvidándome
del salmón chileno, allá está la cebolla colorada, fabulosa. Si voy a México le
pondría aguacate, unos buenos jalapeños, le pongo un habanero. Para la salsa,
además de la soja, puedo agarrar chiles de árbol, con un poquito de jugo de
limón, cilantro, le pongo frutas. ¿Cómo vas a ponerle fruta al sushi? ¿Por qué
no? ¿El aguacate no es un fruto? A veces una persona, por tradición, nunca
comería algo, hasta que un día dice que es rico y otro que bien vale pagarlo.
Yo digo basta de sushi norteamericano, me tienen cansado, mejor el sushi
latinoamericano.
- ¿Qué le aportó al mundo la cocina
latinoamericana?
-
La cocina de América es más naturista, no hay tantas cocciones, está más cerca
del concepto asiático que del europeo. Se sabe que los americanos vienen de
Asia. Incluso hay más de 400 palabras incaicas, mayas y aztecas que tienen el
mismo significado que en japonés y se pronuncian igual. Hasta los rasgos
aborígenes de América son asiáticos. Yo soy de origen japonés pero latino.
Cuando todo el mundo se va yo me quedo acá, porque me gusta mucho la calidad
humana. Japón es muy lindo, pero aquí todavía existe el concepto de familia.
Los cocineros somos muy sensibles y apasionados. Necesitamos palpar a la gente.
Nos gusta estar en una cantina, frente al mar, probar cosas, compartir una
comida en una montaña, o bajar un fruto de un árbol.
- ¿El buen cocinero es como un pintor que improvisa
con sus colores?
-
Exactamente. Un cocinero verdadero jamás te va a hacer un plato igual a otro.
Nunca, como pasa con un músico que toque una pieza siempre igual, es imposible.
Porque somos personas muy sensibles. Y si estás enojado o de mal humor lo vas a
transferir a lo que cocinás. Por eso es importante tratar bien al cocinero. La
cocina es un acto de amor. Si uno está feliz el plato va a ser mejor. Si el
cocinero está contento y el comensal le dice que comió fabuloso, van
interactuando. La cocina es una de las pocas profesiones del mundo que unen a
la gente. Uno comparte una mesa o una comida para cosas buenas de la vida.
- ¿Hay algún lugar donde no comería?
-
No. Soy de comer en todos lados.
- ¿Fast food también?
-
Sí. Siempre me fijo es si es limpio el lugar. Nada más. Viajo mucho por mi
trabajo, para cocinar, dar clases, asesorar. Y generalmente la gente me lleva a
lugares muy ostentosos. Me gusta la comida sencilla pero bien hecha. Esa comida
que a uno le cocina la abuela de uno con cariño. Si estás en Acapulco no podés
no ver el mar, es el lugar perfecto para una comida perfecta. No tiene por qué
ser el mejor restaurant de Acapulco. Lo que hago siempre es mirar la
presencia de los cocineros. Si son limpios, ordenados. Si la persona es limpia
en su presencia va a ser limpia en su cocinar. Si veo la cocina limpia me quedo
tranquilo.
- ¿Le dedicó alguna creación a gente querida?
-
Todo el tiempo. Una vez mi hija me dijo que yo no la quería, porque siempre
cocinaba para los grandes y nunca para los niños. Le hice un roll que en lugar
de sushi tenía arroz con leche de coco, relleno con mango, que le encanta, lo
envolví y le puse chocolate. Quedó feliz.
- ¿Daría un consejo para ser feliz con la cocina?
-
Es muy simple. Cuando terminé hace quince años un curso de cocina para mujeres,
sus maridos terminaron regalándome cigarrillos, botellas de whiskie. Me dijeron
que antes sus mujeres cocinaban por obligación, discutían y ahora era un
momento de compartir en familia o en pareja. Hasta se llevaban mejor. Ese día
me di cuenta de que la cocina une. Es un momento de felicidad.









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