“Todos necesitamos
reírnos y contar nuestras cosas”.
Su humor
reflexivo e irónico ha pasado por radios, teatros, televisión y libros de
cuentos. Hoy se muestra tan sensible como inteligente. Y asegura que es en la
radio donde mejor se siente.
Diego Oscar Ramos - Uno Mismo
Si hay algo a lo que Sebastián
Wainraich parece no tener temor alguno es al silencio. Puede quedarse callado
los segundos que precise para contestar alguna pregunta por la que prefiere
reflexionar, antes que apenas hacer uso de esa velocidad mental por la que más
se lo conoce. Y es en ese tiempo, cuando sus ojos se relajan y dejan de
escrutar con precisión de cirujano al interlocutor, que aparece como cuidadoso,
delicado en sus ganas de llegar al centro exacto de sus sensaciones o ideas.
Así dirá, antes de comenzar la entrevista en el estudio radial donde todas las
tardes conduce su programa Metro y Medio,
que se siente una persona dispuesta a las decisiones y que nunca calcula antes
de hacer cambios fundamentales. Lo comenta en relación a haber dejado, luego de
cuatro años, la conducción de un programa exitoso, como Televisión Registrada. Pero también recuerda que irse a vivir solo,
luego animarse a la convivencia y finalmente haber tenido un hijo, fueron
hechos que se dieron sin que su mente le dictase cuándo tenía que hacerlo.
Habla de su hija de tres años, entonces, y no disimula su goce de la
paternidad, aunque revela que algunas preguntas de la niña lo suelen dejar sin
palabras. Una de las últimas fue acerca de Dios, lo que lo dejó mudo, a pesar
de que son sus diálogos con él una de las secciones de su programa más
celebradas por los oyentes. Y una buena muestra de su estilo levemente ácido,
pero nunca cruel, para jugar con todo lo que ofrece la vida.
- ¿Qué valor le das
al humor y especialmente la ironía?
- Más que valor le doy uso. Es una de las
primeras herramientas que tengo para comunicarme. Todo eso está. Pero después
te volvés más sensible con las noticias trágicas, cuando le pasa algo a
alguien. Sobre todo a un chico, porque te ponés en el lugar del padre. Tal vez
antes era un insensible (se ríe). Antes
me pegaba, pero teniendo un hijo mucho más.
- Antes de ser padre, ¿qué lugar le dabas a lo irónico,
a la acidez? ¿Tenías límites con su uso?
- No sé si llamarlo
límites. Me parece que hay cosas que no me causan gracia. Hacer humor negro
porque sí, sólo para provocar, no me interesa. Puede aparecer algún chiste de humor
negro, pero también me da miedo. Primero, molestar a alguien, porque no me
parece bien. No me gusta que incomode desde ese lugar de la provocación.
- ¿Podés estar incomodando para darle visibilidad a
algo, algún comportamiento, por ejemplo?
- ¡Sí! Pero no para
reírme de las desgracias. Y sí de las dudas, de las angustias que tenemos
todos. Pero si hay un manco en la sala, hacer chistes sobre mancos, no sé. No
hay reglas. Hace unas semanas estuvimos en la playa y uno de mis compañeros de
la radio hizo un monólogo donde apareció un chiste de humor negro, sobre un
tema doloroso. Y en ese momento me reí, lo sentí como un alivio. Ahora capaz
que me pregunto qué pasó, pero no en el escenario y con la naturalidad con que
se dijo. A veces reírte es un método de curación. ¡Es muy autoayuda esto! (Se ríe, suavemente). Igual me gustan los
comediantes que se meten con todo tipo de temas.
- ¿Qué tiene que tener un buen acto de comedia?
- Bueno, si me hace
reír ya está bien. Después analizo porqué me hizo reír. No estoy con la lupa,
para ver cómo armó la estructura. Después me pongo a estudiar, porque soy un
trabajador de todo esto. Me interesa saber los trucos. Y después te das cuenta
de que siempre te reís con las mismas cosas, las que finalmente te interesan. Me
resulta siempre interesante la parodia, el replanteo de lo que es cotidiano, la
vida de pareja. Hay cuatro o cinco temas, nada más: el amor, el sexo, el poder,
el dinero, la religión, la muerte. No sé que otro más. Y después parodiar a
otros, como hace (Diego) Capusotto con el mundo de la música. Eso te hace reír,
porque te está mostrando lo ridículo que son otros que pretenden ser serios. Tal
vez lo son, pero está bueno reírse de la solemnidad. Me gusta cuando se le baja
el volumen a lo solemne.
- ¿Lo solemne hace que aparezca la dureza, lo rígido?
- Claro, lo solemne
parece forzado. Y también soy un poco cursi a veces. Hay una gran película que
se llama El cómico de la familia, con
Billy Cristal, que tiene un costado sensiblero que me llega. Es como con el
humor, siento que está bien hecho. Pero primero me llega, luego veo porqué. Eso
pasa seguramente porque tiene coherencia con la historia que cuenta, no es un
golpe bajo porque sí, para hacer llorar.
- ¿Abrirte a cierto lugar sensible podría desarmar
estereotipos o imágenes que se tienen de vos?
- Yo estoy tratando
de romper con todo eso. Y me parece que en esta radio (FM Metro) estamos como sin miedo, no nos da vergüenza mostrarnos
como sensibleros, o decir que algo nos puedo emocionar. Y también reírnos. Las
dos cosas. Ya pasó la adolescencia, no da mostrarse como rebeldes. Buscamos una
coherencia con el mensaje, ampliar el horizonte, no abrazarnos a un discurso
porque sí. Me parece que pasa por no avergonzarnos de lo que somos.
-¿Hay algo central que quieras decir como comunicador y
artista?
- No sé qué decirte.
Me parece que si me vas a ver actuando podés sacar tu propia conclusión. Lo
mismo que me pasa como espectador me pasa cuando trabajo. O cuando hago todo
esto que no sé si es un trabajo. No es que digo: “Voy a hablar de esto”, sino
que me sale naturalmente hablar de lo que hablo. Lo más interesante es que debo
trasmitir cosas que no sé, que no me doy cuenta. El otro día me puse a escribir
un monólogo y comprobé que estaba repitiendo temas. Es natural, un poco me
alegra. Por un lado me digo que tengo
que trabajar más, pero por otro siento que está bueno, porque estoy siempre
alrededor de lo mismo.
- ¿Lo ves como un lugar de identidad?
- ¡Sí! (es muy expresivo, eleva la voz). Siempre
estoy detrás de lo mismo. Y es también como te decía: hay cuatro o cinco temas.
Y cada uno se las rebusca para contar qué le pasa con esas cosas.
- ¿Siempre tuviste interés, desde chico, por los
decidores? Me refiero a relatores de fútbol, conductores de radio, hombres de
la palabra hablada, en resumen.
- Sí. Hasta los 12
no hablaba. No es que estaba callado, pero era tímido. Y me gustaba la radio,
que es un lugar de decidores, como decís, de gente que habla. Escuchaba a Víctor
Hugo, a Dolina, a la vieja Rock & Pop, a Lanata. Me gustaba mucho escuchar
los domingos, en las transmisiones de fútbol, sobre todo “la previa”, que me
parecía radio pura. Eso me gustaba. Me acuerdo del placer de escuchar, me
divertía, me entretenía. Me parecía una actividad solitaria en la que estás
acompañado. Fue el primer paso para todo este camino.
- ¿Y la radio, como hacedor, sigue siendo un lugar de
placer?
- Sí. No quiero ser injusto con los demás
trabajos que hago, pero la radio son tres horas, todos los días, donde me
siento muy relajado, muy auténtico. Hago, deshago, me equivoco, me corrijo,
digo, me contradigo. Se puede hacer de todo, hablo de todos los temas, puedo
invitar a una actriz, a un filósofo. Todo es muy flexible. Hacer todo esto me
parece milagroso. Disfruto poder vivir de eso, me gusta hacerlo, vengo contento
todos los días.
- ¿Qué otras cosas te dan una alegría tan potente como
esta?
- La relación con
mi hija. Y pequeñas cosas, que tal vez son momentos cortos, como ir a comer.
- ¿Qué aportó a tu vida la paternidad? ¿Te hizo ver de
otra manera partes tuyas? ¿Te modificó en relación a la sensibilidad?
- Todos los lugares
comunes que se dicen acerca de la paternidad son ciertos. Creo que ahora soy
mejor, menos egoísta, más paciente. Y con una clara razón para vivir.
- ¿Cómo fue pasando la timidez?
- No sé cómo fue.
Fue pasando. No hubo un suceso que me provocara dejar la timidez para empezar a
hablar, fue de a poquito. Y la timidez no sirve para muchas cosas, no está
bueno ser tímido, es mejor comunicarse, hablar.
- Solés hablar también de la vergüenza en tus
monólogos.
- La vergüenza es algo
que aparece una vez que ya hiciste algo. Y yo tengo esa vergüenza todavía, no
es que no la tenga. A veces estoy parado en el escenario, haciendo un monólogo
y me pregunto cosas mientras lo hago, la cabeza se me divide en ochenta cosas: el
monólogo que estoy haciendo, con quién voy a ir a comer después, o lo que quiero
comer esa noche. Eso pasa distinto cada noche. A veces estoy muy metido y a
veces no tanto. Otras me da vergüenza. Digo: “¿Qué hago parado acá, ante 500
personas, diciendo estas cosas?, ¿qué es todo esto?”. Pero es un ratito.
- ¿Y qué pasa cuando un chiste no causa la gracia que
pensabas?
- Dalia (Gutmann),
mi mujer, dice que en todo esto hay que estar preparado para la frustración.
Puede pasar. Pero hay que seguir adelante, buscar el otro chiste y ver qué hicimos
mal.
- ¿El escenario es un lugar de conquista?
- ¡Sí! (de nuevo su afirmación entusiasta). Y
más en este género (el stand up), que
es de respuesta inmediata. O se ríen o no se ríen. Es así, cruel, pero cuando
ganás sos un campeón. Y cuando venís tres noches a carcajadas y en la cuarta sólo
se ríen, sentís que pasó algo. Hay gente que no es tan explosiva. Como
espectador, me suele pasar que un show me gustó, aunque por ahí no me reí
tanto. El que está en el escenario está expuesto. Somos inseguros, estamos
haciendo algo desde nosotros, antes que desde un personaje.
- ¿Y la construcción de la comicidad en este género,
tiene en general que ver con exponer las propias debilidades? ¿Lo que podría
causar dolor se pasa a otro lugar?
- Casi siempre, sí.
Totalmente. La comedia podía ser drama o tragedia tranquilamente, hay que ver
el tono que se le da, la actitud que se le pone. La mayoría de los textos
cómicos se pueden convertir en trágicos. Y viceversa.
- ¿Es sólo un cambio de perilla?
- ¡Sí! Es una
actitud. Una puesta.
- ¿Sentís en la propia vida esa posibilidad de cambiar
de circuito?
- ¡Sí! En una
fiesta de casamiento se puede hacer una tragedia y en un velorio se puede hacer
una comedia. Entonces ahí está todo. Estamos todos locos (se ríe).
- ¿Solés usar este mecanismo para enfocar las cosas que
vivís?
- ¡Sí! A mí me
funciona naturalmente la cabeza. Tampoco es algo que me propongo, sino que me
surge. Yo digo algo y me lo imagino en ficción después. Siempre me pasa eso, anoto
cosas.
- Además de ficcionalizar vivencias, pensaba en esa
facilidad de desdramatizar las cosas que tal vez tengas.
- Desdramatizo,
pero también dramatizo. Muchas veces uno se angustia.
- Ser comediante, entonces, ¿no puede ser fácilmente
visto como una cura para las angustias?
- Muchas veces sí.
Pero también uno se angustia por cosas que después no lo puede creer. Uno también
es débil.
- ¿Donde ubicás una debilidad fuerte?
- Hablé de la
ansiedad en mis últimos monólogos. Me juega un poco en contra, muchas veces.
- ¿Y el psicoanálisis es una buena ayuda para controlarla?
- Sí. Ayuda también
para hacer monólogos. La terapia es un tema clave. Me parece un buen lugar para
charlar cosas, para plantear. Ahí no tengo vergüenza, voy con todas mis
miserias juntas. Llevo todo. Porque es alguien que te escucha, está para eso.
- Tener vergüenza ahí sería antiterapéutico.
- Sí, pero hay que
luchar también contra eso. Uno a veces no tiene ganas de hablar de ciertos
temas, porque pueden provocar dolor, molestia, incomodidad. Pero decís: “Si no
lo hablo acá, ¿cuándo lo voy a solucionar?”.
- ¿Hay cosas que llevas ahí que no van a los monólogos
o puede ir todo?
- Puede ir todo. Pero
hay cosas que no llevo. Porque no quiero, no puedo o no le encuentro la vuelta
graciosa. No es que todo sea un chiste.
- ¿Sentís que la palabra ha sido una gracia para vos?
- Esa pregunta es
muy psicoanalítica. Sí, también soy un obsesivo de la palabra, de las frases
hechas, las que decimos todos los días como si estuvieran bien dichas. Muchas
veces tenemos construcciones que entendemos porque vivimos todos en esta ciudad
y que un extranjero no entendería. Todo eso me parece gracioso.
- ¿Las frases hechas, algunas construcciones, te
molestan si ya son un espacio vacío de sentido?
- ¡No! (tajante).
- No tenés entonces una mirada dramática, como la de
algunos intelectuales, que se inquietan por ciertos usos de la palabra.
- Bueno, según en
qué situación. Pero en lo cotidiano no tanto, cuando se usa un lugar común para
bajar línea, ahí joroba un poco más. Cuando alguien quiere lucrar un poco más
con eso, me es más molesto. Pero en general me parece más divertido que otra
cosa.
- Recién usé la palabra gracia y le viste un sentido psicoanalítico.
También puede tener uno religioso. ¿Cómo vivís en sí las creencias, la
religiosidad?
- Algo hay. Sin
duda. Muchas veces con los chicos de Metro
y medio hablamos de religión, de Dios. Nos interesa hablar con un rabino,
con un cura, hay un querer investigar por qué tanta gente cree en eso, qué es
lo que tiene. Debe ser como una droga. Y también me parece que es algo para
parodiar. La religión te la deja picando: que un tipo ayune una vez por año o
que vaya caminando muchos kilómetros
para algo religioso, es para agradecerle a Dios. Alguno va a decir que falto el
respeto, pero no es eso. Es para parodiar.
- Fuera de lo parodiable, ¿encontrás algún diálogo con
ese misterio?
- No.
- En tu programa, de forma humorística, solés tener
charlas con Dios.
- Pero hablo en la
radio, fuera de la radio no.
- ¿Qué le dijiste a tu hija cuando te preguntó por
Dios?
- En seguida le
cambié de tema. (Se ríe). Le dije: “No
sé muy bien qué es Dios”. Igual tiene tres años. Creo que me escuchó hablar con
Dios en la radio y eso le queda. Supongo
que más grande me hará más preguntas, pero cuando crezca. Creo que vamos a ir
hablando de igual a igual. Y vamos a poder compartir las dudas.
- ¿Podés ir vislumbrando qué le dirías?
- No mucho más. Lo
que algunos presentan que es Dios. Puedo decirle que venimos de la religión
judía y cómo lo presenta la religión.
- ¿No la estás haciendo vivir los rituales religiosos
judíos?
- Muy poco. El Año Nuevo
y la Pascua judíos, esas cosas. Pero no locamente.
- ¿Lo mejor que te dio la tradición judía está en una
forma de trabajar y hasta hacer un culto a la palabra y el humor?
- Sí, una forma de
acercarme a los escritores, a los comediantes. Tal vez si no fuera judío
también me acercaría, pero así siento que hay lazos más cercanos. Me veo
representado en muchas cosas.
- ¿Cómo explicás esa forma judía de hacer humor?
- No sé bien cómo
definirlo con palabras. Supongo que es agarrar la religión, como un trapo,
sacarle agua todo el tiempo, para que vayan saliendo muchas cosas. Y después
reírse de lo que es la costumbre familiar. Todo eso. Tiene mucho que ver con
cuestionarse, preguntarse, dudar.
- ¿Igual que con el psicoanálisis?
- Sí, totalmente.
- ¿Y tanto el humor, como el psicoanálisis, te han
ayudado a aliviar esa angustia de la que hablabas antes, esa ansiedad?
- Sí. Todos
necesitamos reírnos, contar nuestras cosas. De eso se trata la comedia y el
psicoanálisis.
- ¿Qué sentís con la palabra felicidad?
- La palabra felicidad
me parece demasiado grande. Uno dice demasiado esa palabra. Uno puede decir
“Estoy feliz”, “Estoy contento”, pero me parece que la palabra felicidad es
algo impuesto, una meta. Como cuando te dicen: “Pasala bien, eh”. Pero me estás
amenazando así, voy a tratar de pasarla bien, pero no me pongas esa presión.
- ¿Como vivís esta época que entroniza la salud, el
bienestar?
- Sí, hay una cosa
acerca de las cosas que están bien y las que están mal. Pero, a la vez, veo que
todo el tiempo se lucha contra eso, muchos se rebelan. Me parece que es una
época interesante, donde muchas cosas tambalean. De ahí siempre sale algo.
- ¿Qué cosas no te gustaría que tambaleen?
- No, que todo
tambalee. Y vuelva a quedarse quieto. Todo es circular.
- ¿Caos y orden?
- Sí. Todo el
tiempo.
Biografía
1974: Nace en Villa Crespo el 23 de mayo. Hasta
la actualidad vive en el barrio.
1990: Ser inicia su trabajo en radios
alternativas, trabajando por dos años un programa sobre el Club Atlanta, del
que es hincha confeso. Trabajaría como productor en Rock & Pop y al final de
la década conduce un programa de culto, Mamá
Paga.
2000. Es productor por tres años de El parquímetro con Fernando Peña. Con él llega a
escribir obras teatrales del actor, como Mugre
o La burlona tragedia del corpiño.
2005. Gana un Martin fierro como revelación por
su trabajo en el ciclo Indomables, como notero y creador del sketch “Kitsch TV”. Conduce Wanna Be en X4. Participa del espectáculo teatral Cómicos Stand Up, el que hará por varias temporadas seguidas, junto
a Peto Menahem, Martín Rocco y Diego Reinhold, entre otros. Publica su primer
libro: Estoy cansado de mí y otros cuentos.
2006. Conduce junto a Gabriel Schultz Televisión registrada, ciclo en el que trabaja hasta 2010. Participa
hasta 2008 en Duro de domar, también con Pettinato.
2007. Conduce Metro y ½
por la Fm Metro, ciclo que sigue hasta el presente.
2008. Sale su segundo libro:
Ser feliz me da vergüenza y otros
cuentos.
2010. Participa de la ficción Ciega a citas, como actor.








1 comentarios:
Muy bueno el articulo, no lo habia leido hasta que vi tu comentario al enlace de la revista "Uno mismo". Lo fui a ver en el 2007 en un viaje a Bs. As. en una presentación que se llamaba stand up 3 (creo) y me mate de risa. Saludos. Alejandro (Cogo)
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