El director argentino expone en la valiosa obra teatral Aún el viento, una mirada en clave chamánica sobre la violenta irrupción europea al continente americano.
Diego Oscar Ramos
Fruto de una mirada curiosa e investigadora sobre sobre la
cosmovisión integral de culturas originarias americanas como los Wichi, la puesta en escena que Máximo Salas creó
para la obra Aún el
viento. El nudo de sangre (Espacio Cultural Pata de Ganso - Zelaya 3122, Buenos Aires, lo sábados 20.30 hs) expone una mirada muy personal sobre lo que
por mucho tiempo se ha llamado la conquista de América. Antes que quedarse en
la denuncia histórica de un proceso de aculturación vivido con extrema violencia,
la obra se adentra con valentía estética sobre un universo cultural americano
precolombino donde los viajes en el tiempo y el diálogo con entidades
espirituales ligadas a fuerzas de la naturaleza formaban parte de la vivencia concreta de lo real. Viejo conocido de quienes se hayan acercado al teatro a lo largo de
estas décadas para buscar sensaciones e ideas que puedan despertar
preguntas, vale
mencionar trabajos de Salas como la dirección de La Metamorfósis (Frank Kafka), con Lorenzo
Quinteros o Tal como gustéis (William Shakespeare) con Pompeyo Audivert. Y serán apenas dos puntos visibles de una trayectoria que incluye, además de todo tipo de obras vanguardistas a nivel estética y temática, la creación
de proyectos de arte y teatro para personas con capacidades diferentes y
alteraciones psico sociales. Con esa experiencia expansiva sobre el arte escénico, Salas ha puesto en práctica con su puesta teatral Aún el viento sus certezas éticas y estéticas acerca de la posibilidad de impactar al espectador con un arte que puede modificar para mejor la realidad humana.
- ¿Podría contar el proceso de gestación de la obra?
- La mayoría de las veces una obra se va
gestando sin que uno lo sepa. Ideas sueltas, sensaciones y hasta imágenes
parecen ir a un lugar y quedar como en suspenso, a la espera. Mientras tanto
uno dice no tengo ningún proyecto. En mi caso sino hay una idea-fuerza y un
mundo posible a descubrir no me pongo a ensayar. Sino aprendo algo, sino se me
revela algo no tengo proyecto. Con Silvia Kalfaian queríamos volver a hacer una
obra, yo la dirigí a ella y a Lorenzo Quinteros en Metamorfosis de Kafka en el
Teatro San Martin. Con Silvia nos reunimos varios eneros y en uno de ellos
hablamos sobre nuestras experiencias sobre Chamanismo, dijimos entonces tenemos
una idea y un mundo a descubrir. Pero también susurramos, será posible llevar
este mundo al teatro? Bajo que condiciones, sobre todo de espacio-tiempo,
porque este es como un huevo donde todo se da a parir, lo posible y lo
imposible juntos. Nos miramos como si estuviéramos viendo por afuera nuestro y
concluimos; será durante la conquista española, el trabajo que hicieron ahí los
chamanes. Ese encuentro fue muy fluido, fue como nuestro primer viaje por el
tiempo, es como si hubiésemos sentido el llamado de ese mundo. Y es así, se
puede sentir a diario, hay mundos que te llaman para que hagas algo con ellos.
Los tomas o los dejas. Nosotros ya estábamos 300 años atrás, y aun hoy desde
luego, en medio de los chamanes del pueblo Wichi. Creo que así nos iniciamos en Aun el viento.
- No es mi primera obra sobre los pueblos
originarios de América. En 1985 dirijí con Ricardo Holcer “América Macbeth”,
sobre Shakespeare, fue muy bien criticada por la prensa, una especie de obra de
culto para el público. Creo que el mundo de los chamanes pone a prueba toda
estética, más bien la hace encontrarse con líneas de todo tipo;
micro-percepciones, devenires animales, devenires infantiles, danza, viajes,
alianzas etc. Eso que ocurre a cualquiera de nosotros sin que nos demos cuenta,
para ellos es el único mundo posible, donde habitan todas las transformaciones,
las convenientes y las inconvenientes. En este sentido no hay estética para los
chamanes, sería como un juicio a priori, hay pruebas y trabajos, objetos de
poder y nombres, pues en realidad toda forma de ser, de poder ser está en
continuo cambio, no sabemos lo que puede tal persona en tal momento. Ni
siquiera sabemos cual es nuestro nombre propio cuando amamos u odiamos, no creo
que sea el mismo. El mes pasado la televisión inglesa nos mostraba a una
anciana “muy inglesa” que desbarató a paraguazos el robo a una joyería. He aquí
un objeto de poder, una boca que grita, un nuevo cuerpo, quizás un nuevo
nombre. El filósofo Gilles Deleuze llama a esto “estética en fuga” un continuo
salirse de los límites del yo, una constante búsqueda de superación para
sentirse vivo. Pienso que en esta estética en fuga de los chamanes también
hay lugar para el disparate, la carcajada para con uno mismo, la sana locura
que dialoga con la enfermedad y le ordena o le explica como debe salirse. Todo
puede verse como un juego de niños, lo imposible es su objeto exaltado y
afectivo.
- ¿Siente como una apuesta teatral de riesgo el haberse centrado en concepciones chamánicas para relatar la transición entre la América previa a la llegada de los conquistadores y la posterior?
- No se puede concebir el teatro sin riesgo.
Ahora creo que el mundo del arte, del espectáculo, como está hoy, como lo
soportamos hoy, está lleno de falsos riesgos. Los conflictos de la mass-media familiar
dominan la escena teatral con su temática de derrumbes, abandonos,
homosexualidad y adolescentes embarazadas. Y de ahí no salen como los peores psicólogos. Es cierto que el único riesgo que nos queda por jugar es el del
amor, pero al amor hay que buscarlo abriendo la vida y no quedándonos
chapoteando en el pozo del resentimiento y la mala conciencia. A esto ya lo
mamamos desde pequeños. Los riesgos en “Aun el viento” eran justamente como
sobrepasar el resentimiento y la mala conciencia entre dos culturas, la europea
y la americana. En la obra, la esposa de un comandante español se enamora de un
esclavo indio. El comandante los encuentra y fusila al amante. De seguido, la
blanca, embarazada del indio, huye con su vieja mucama wichi y esta la lleva a
parir a una cueva sagrada. Alli, cuando pare, la madre muere. Y los indios se
quedan con el pequeño mestizo destinado por los dioses para ser el primer jefe
mestizo de la tribu. Sin embargo pronto todo cambia. La madre muerta resucita y
busca a su niño, cree que lo han raptado. Sin embargo el chamán empieza a
entender qué está pasando, y nosotros con él, a ella la están preparando, la
están iniciando para ser hechicera. He aquí entonces el nudo de sangre entre
estas nuestras dos culturas. Nudo de amor y de barbarie que llega hasta
nuestros días. El paradigma del amor se abre, antepasados de una y otra cultura
intervienen como sombras, como sueños y pesadillas, todos tienen algo que decir
y todas son posibles alianzas. En realidad, nos creemos que estamos solos, pero
somos cada uno una cultura y una comunidad de afectos y sentimientos a la hora
de tomar una acción, de darnos una idea. Luego está el riesgo de cómo llevarlo
a los cuerpos, de cómo hacer que los actores devengan chamanes y parteras, y no
hacerlos sucumbir en los planos del naturalismo o realismo. Como meter a los
espectadores en la cueva sagrada, como integrarlos como otros tantos espíritus
y no dejarlos en sus butacas para que se identifiquen o busquen, una vez más,
sentirse representados. Eso sí que sería triste.
- Desde el punto de vista de esas concepciones mágicas o místicas, ¿cambia radicalmente la idea de derrota o conquista que pobló muchos relatos sobre esta transición histórica?
- Buena pregunta. Creo que eso lo tienen que
contestar los espectadores. Recuerdo que era Nietzsche el que decía que
esclavitud y dominación son ante todo estados internos. En todo sentimiento de
triunfo o derrota siempre hay algo de amor y algo de dolor. Los europeos que
triunfamos no dejamos de ser esclavos, lo que nos da a pensar que toda guerra
de dominación es una guerra entre esclavos como escribía Foucault. Con Aún el
viento quisimos agitar la memoria, la deuda que tenemos todos con los pueblos
que nos precedieron y sobre pasar el pensamiento que nos dice “pobre gente”,
“sí, que terrible que fue eso, chau buenas noches”. Y la única forma es llegar
a la emoción, a la locomoción del corazón, solo allí puede haber futuro y no
pasado de lo mismo. Creo que el espectador asiste también a una iniciación en
su forma de pensar y de sentir, porque hay en toda la cultura chamánica un modo
de pensar y sentir que tal vez esté en el futuro de esta modernidad perezosa.
Creo que esta cultura ancestral nos enseña que entre triunfo y derrota hay un
cúmulo de situaciones intermedias que hacen que una o la otra no tengan
demasiado sentido ni alcanzan la verdad. Lo que si siento es que estas grandes
deudas sobre vuelan cada vez más nuestros actos, porque toda deuda es un cuerpo
vivo que respira y recorre las ciudades, son como aullidos y cantos de niños
que claman por un mejor lugar. Median en nuestros deseos y en nuestro sueño,
están en nuestros zapatos. Nada está en la memoria sin tener presencia en acto.
- ¿Qué piensa sobre la famosa previsión maya del 2012 de la que tanto se habla desde hace unos años? Me interesa saber qué opina globalmente sobre este tema, tanto desde la visión más plana que habla del fin del mundo como las lecturas espiritualistas que mencionan la llegada progresiva de un cambio de conciencia colectiva.
- Ah sí, está esa predicción de los mayas. La
verdad que no tengo opinión. Lo que si me parece interesante de los mayas es su
concepción de la muerte y del fin del mundo. Hay una hermosa obra de ficción de
Liliana Bodoc, La Saga de los Confines donde la autora se acerca a ese
pensamiento. Ella plantea, como otros, que los mayas se fueron de esta tierra a
través del fuego en un momento del cielo determinado por sus hechiceros
astrónomos, que por ese agujero en el espacio-tiempo viajo la mayoría del
pueblo. La concepción de la muerte y del fin del mundo
de estas culturas dista mucho de la nuestra, ya podemos ver en ellos que la
muerte es un pasaje, una puerta o un túnel, o bien que lo que llaman fin del
mundo es la terminación de una era, en cambio para nosotros es el terror
apocalíptico. Se ve esto también en la educación y formación de los niños.
Tocar el frío de un cadáver daba coraje y determinación para la vida. En
cambio, en mi caso, cuando murió mi abuelo paterno, yo tenía 8 años, y mis
padres creyeron conveniente que no asistiera a su velatorio. Consecuencia de
esto, tuve pesadillas en que mi abuelo salía como un zombi desde su tumba y me
mostraba cómo estaba. De seguro que esto plantó mi miedo a la muerte. Hay que
ver que toda nuestra sociedad está construida sobre el miedo. El miedo es
dinero, capital que se mueve constantemente en armas, medicamento, consumo
masivo, y es por supuesto estado interno de cosas que nos asfixian. Creo que
sin embargo hay un cambio en la conciencia colectiva, y esto a mi entender
habría que buscarlo en los terremotos que sacuden a las grandes religiones que
da a lugar a nuevos caminos espirituales, aun dentro de esas mismas religiones.
Y esos caminos espirituales son como aire fresco que llega a la ciencia, a la
educación, al arte y a los proyectos sociales. Para mi la conciencia colectiva
se abre cuando la muerte camina junto a nosotros, como un doble nuestro, porque
vemos que si la rechazamos ella se agranda como un fantasma y va a nuestra
espalda. Entonces todos nuestros actos de creación tienen su sello.
- ¿Podría explicar qué es lo que le interesa más del chamanismo americano? ¿Cuál es su historia en sí con estas concepciones mágico espiritualistas de la vida?
- Hace unos años, con la psicóloga Haydé Romero y otros
profesionales, hemos formado la Asociación Entrelazos. Nos dedicamos a la
creatividad en los vínculos, el trabajo y los talentos. Hemos investigado mucho
un tema que hace cientos de años que ha sido dejado de lado; los cuatro
elementos, la tierra, el agua, el fuego y el aire. Tema que en ciertas culturas
americanas es decisivo a la hora de curar, alimentarse y predecir
acontecimientos. Pensamos que la Creación del Todo a terminado y esto es un
error. La Creación está viva y de continuo tiende a expandirse. Cómo? A través
de las creaciones de todos los seres vivos. Y que comunica la Creación del Todo
con las nuestras? Los cuatro elementos. Porque ellos son medios y están en todo
lo creado. Hay en ellos una ecología dramática de la creatividad. Sentimos que
hay una rueda de los elementos en cada uno de nosotros, rueda que permite que
pasemos de un elemento a otro fluidamente, espontáneamente. Los problemas de
creatividad sobrevienen, esto lo sabían los chamanes y casi toda la antigua
cultura oriental, cuando un elemento domina en exceso y obstaculiza el paso de
los otros. Imaginemos una dominancia de fuego que crea acciones de ira y
desesperación, o una dominancia de tierra, con sus nostalgias, depresiones,
fobias y ocultamientos. Los otros dos elementos son los que pueden hacer saltar
la dominancia y volver a girar la rueda. Esto es posible sentirlo y registrarlo
tanto interna y externamente vía respiración y bio-energía. Nuestra idea actual
de Ecología aun está en términos de Naturaleza y no aun de creación. Sin
embargo sabemos que la Naturaleza, incluidos por supuesto nosotros, somos todos
una comunidad de seres de creación, y de esto depende la expansión del Todo.
Para quien le interesa el tema pueden entrar a la pagina web de Entrelazos.
- ¿Siente que hoy el teatro puede ser un lugar de transformación humana? ¿Y considera que su trabajo a lo largo del tiempo ha estado vinculado a ideales de este tipo?
- Ah sí, dalo por hecho. La prueba está que cada
vez más personas hacen teatro, y por distintos motivos. Siento que esto se debe
a que el teatro abre las puertas a la auto-afirmación y la confianza, y por
otro lado nos permite sentir todos los personajes que puede haber dentro
nuestro. Hace años que trabajo teatro y danza en personas con necesidades
especiales, en la Asociación de Padres de Hijos Especiales, APHE, de Bernal.
Son jóvenes y adultos con discapacidad física y mental. Esto fue una prueba
para mi, una hermosa prueba que cambió mi vida otra vez. Cuando me llamaron
para ver si quería hacer un taller de teatro en un Centro de Día contesté que ni
loco, que no sabría ni por dónde empezar. Claro, yo estaba dirigiendo teatro
profesional producido por Carlos Rotemberg, otro mundo. Sin embargo la sorpresa
fue enorme con estos jóvenes, ya que todos disponemos de una capacidad de
teatralización que está a la espera, como dormida, y vasta que la pongamos en
acción para que se despierte. Hoy los padres pueden ver y hablar sobre lo que
el teatro les dio a sus hijos. Hacemos funciones y salimos de gira. A su
vez hay otra cosa, el escenario. El poder del escenario es algo colosal. Algo
elevado y suspendido entre la tierra y el cielo hace vibrar la energía desde
otro lado, y la sentís. Por eso podés tocar a los espectadores.








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