4.8.11

Pedro Aznar


El viaje interior

Está girando por todo el país presentando su disco A solas con el mundo, un registro de sus conciertos unipersonales como intérprete de canciones de otros artistas. Antes de salir a Latinoamérica, ya está componiendo nuevo material.


Diego Oscar Ramos - Diario Z


De Pedro Aznar suele hablarse del virtuosismo con que toca todo tipo de instrumentos, su talento como productor, compositor e intérprete. Y de su historia como miembro de Serú Girán o músico de Pat Metheny. Eso sí, pocos lo imaginarían como ferroviario. Pero así se vio a sí mismo en entresueños y de  allí surgió la tapa de A solas con el mundo, el disco en vivo donde versiona en plan unipersonal a artistas como Joni Mitchell, Cuchi Leguizamón, Cazuza, George Harrison o Andrés Calamaro. “Me vi como un ferroviario de 1880, en un pueblito que está como recién construido, estoy en la hora del almuerzo, tocando mi guitarra”, cuenta en su casa de Belgrano, donde poco suele vérselo realmente estos días, en que sigue adelante con una gira de más de 50 funciones por todo el país y ya se prepara para girar por Latinoamérica. 

-  ¿A solas con el mundo no habla necesariamente de soledad, es asi?
- En realidad, el título no se refiere necesariamente a la soledad, sino más a la intimidad que crea este espectáculo unipersonal y a la función del intérprete, que es que es a lo que me aboqué en este trabajo. El intérprete es el que le pone el cuerpo a esas historias que han escrito estos actores en soledad, pero lo hace ante la mirada de todo el mundo. Se crea una especie de paradoja:  son canciones que hablan de algo muy íntimo. Y el intérprete es el parche que está vibrando frente a todo el mundo, que está transmitiendo esas ideas que fueron concebidas en soledad. Por eso el título habla un poco de esa paradoja. Estás a solas, pero ante la mirada de todo el mundo.

- ¿Por qué elegiste a esa imagen para la tapa?
- La soñé la imagen, me desperté con ella en la cabeza. No sé si es correcto decir "soñarla", sino que la vi cuando me desperté, lo que me pasa muy frecuentemente. En ese momento entre el sueño y la vigilia aparecen ideas de alguna cosa creativa y les presto mucha atención. Son momentos en los cuales la mente consciente está en un impasse, no está en control de lo que pasa y estás en más contacto con el inconsciente o como lo queramos llamar, con ese lado más brumoso. Y es un lugar que está repleto de imágenes. Y muchas veces son imágenes arquetípicas, cosas que tienen que ver con realidades muy poderosas y muy interiores. Y esta imagen la vi tal cual y le pedí a Diego Ortiz Mugica, gran amigo y un extraordinario fotógrafo que viene trabajando conmigo en varios conciertos. Le expliqué lo que había visto, le dije que teníamos que buscar una estación de tren que fuera así. Se la dibujé, le hice un croquis de lo que había visto y cómo lo había visto: "Se ve la cenefa del techo de la estación, que es de las estaciones inglesas antiguas, hay unos árboles en el costado y me vi como un ferroviario de 1880, en un pueblito que está como recién construido, estoy en la hora del almuerzo, tocando mi guitarra, hay un par de chiquilines que están jugando por ahí, escucharon que estaba tocando, se acercaron, les dio curiosidad y se quedaron escuchando, con él". El me dijo que tenía la persona perfecta, una productora de publicidad. Yo le describí a los chicos, el nene debía rondar los 9 o 10 años y la nena los 5, se nos ve a los tres vestidos de época y ellos están como de vestidos de domingo,  podrían ser los hijos de una familia pionera. Al rato me mandó las fotos: eran sus propios hijos. A los pocos días me mandó fotos de estaciones, dos o tres eran casi perfectas, quedamos en ir a verla y encontramos una idéntica. 
  
- Como si hubieras sacado la foto...
- Exacto, como si mi sueño hubiese sido una premonición. Y fue notable la onda que pegamos con los chicos, que son tremendamente musicales. Les pregunté qué les gustaba que tocara. Pensé que me iban a pedir algo de chicos, como Piñón Fijo. Y me pidieron que tocara Ray Charles, se sabían Hit the road. Después me pidieron tocar temas de Jack Johnson. Fue muy mágico.

- ¿Y con qué asociás a la imagen?
Cada uno de los  elementos de esa fotografía está lleno de significado. Es probable que tenga que ver con mi infancia, con la magia que para mí siempre han tenido los trenes, con lo que implican, de salir al mundo, con la magia de los pueblos chicos. Soy de un pueblo pionero, el barrio de Liniers, que lo construyó el ferrocarril. Y siempre lo sentí como un refugio cálido, lejos del ruido de la Buenos Aires del centro. Está en el borde y tiene aún hoy una cosa de frontera. Y el centro me quedaba tremendamente lejos y tampoco me atraía demasiado. Me parecía y me sigue pareciendo un loquero. Me mudé a Belgrano hace 25 años. Tiene una cierta cosa de pueblo, acá estaba la quinta de Juan Manuel de Rosas, esto estaba lejos de la ciudad, desconectado,  luego Buenos Aires se lo tragó.
  
- Este era un lugar de descanso.
- Sí, un lugar de quintas. Y creo que se ha ido dando una constante en mi vida, de buscar una periferia tranquila, una mirada que aunque se refiera al centro no esté en el medio del ojo de la tormenta. Y lo de la estación de trenes tiene que ver con eso, los chicos tal vez tengan que ver con mi infancia, porque tengo una única hermana, éramos una familia con dos hijos, aunque las edades están cambiadas, mi hermana es mayor que yo. Está lleno de simbología y de significado para mí el  hecho de imaginarme como ferroviario, una profesión que me hubiese fascinado. Un ferroviario que tocaba la guitarra en sus ratos libres, para él. Tiene que ver con mi viejo, que fue un músico semi profesional: nunca se dedicó específicamente a la carrera de músico, era violinista y tocaba el violín para su propio placer, con otros miembros de la familia que eran músicos, para divertirse y animar las fiestas familiares. Y este ferroviario está haciendo una cosa por el estilo. 
  
- ¿Alguna vez la profesionalidad te hizo perder el placer por la música?
- Es un riesgo. Fijate que no quería profesionalizar mi oficio de escribir poesía porque quería conservar un lugar de expresión artística que no fuera profesional, como la música. Tenía un prurito de decir que quería quedármelo para mí, no quería que se haga muy público y se comercialice. Después me di cuenta y los amigos me terminaron convenciendo. ¿Por qué no mostrarlo, no publicarlo, ni hacer de la poesía un oficio en sí? No tenía que temer a profesionalizarlo, no iba a perder el don. Era un prejuicio tonto. Pero en relación a la música, ha sido 100 por ciento mi profesión, hubo momentos complicados y en los que la vorágine de la profesión me tragó. Y en esos momentos se pierde de vista qué es lo que te llevó inicialmente a estar ahí y hacer eso. Pero nunca lo perdí mucho tiempo de vista, siempre quedó un alerta en mí, que me avisó.   

- ¿Cómo productor has tenido prejuicios?
- Prejuicios no, elección sí. Un prejuicio es algo que te hace negar algo a ciegas, porque sí. Y una elección tiene que ver con tus gustos, tu placer, con las cosas que sabés que te hacen bien o a las que sentís que les podés hacer justicia. No me metería a producir una música que no me atraiga, porque no sólo no me causaría placer sino que no podría honrar esa música. Si no me gusta, ¿cómo voy a hacerle bien a eso?

- ¿No estamos en una época más propensa a tener menos miradas cerradas de antemano?
- Me parece bien que se haya dispersado esa nube de prejuicio, porque no hay cosas tan tajantes. Y hay cosas que son tremendos éxitos comerciales y que tienen gran valor artístico. Entonces ponerse en la vereda de enfrente, con el dedo acusador.

- ¿Cómo viviste la recuperación de Charly en relación a la ayuda que le dio Palito Ortega, cuando alguna vez se los pudo ver en veredas estéticas opuestas?
- Creo que los dos maduraron como artistas y personas al punto de poder hacerse grandes amigos. Y eso es algo para celebrar, que gente que pudieron haber estado en veredas opuestas y mirándose con recelo uno a otro, la vida los terminó poniendo en un lugar en el cual se extienden la mano mutuamente y eso es algo para celebrar. Creo que Palito ha sido tremendamente generoso con Charly. Lo que he visto de su parte me parece loable, es un tipazo, le ofreció su casa durante un año. Le dejó a disposición su estudio de grabación para que grabara lo que quisiera, íbamos los amigos a verlo, nos pasábamos la tarde con él, después nos íbamos a grabar algo. Todo eso a título de su generosidad y su amistad. Me parece loable.

- ¿Te sorprendó como persona?
- Yo no lo conocía, pero realmente me pareció que tuvo un gesto que solamente tiene una gran persona.

- Te he escuchado hablar de cómo en las etapas más fuertes de él en sus ataques de ira, cuando vos aparecías, de alguna manera se le borraba el personaje colérico y aparecía cierta ternura con vos. ¿Tenés una capacidad para amansar la fiera del otro?
- (Se ríe) No se trata de ninguna capacidad mía, sino de su amor. Yo no hice nada para eso, solamente ser su amigo. Y no hay nadie que amanse a nadie, se trata simplemente de una relación entrañable de hermanos. Me he enojado seriamente con él y él también ha estado enojado conmigo, hemos tenido peleas de no hablarnos por tiempo, pero como se pelean los hermanos, que nunca dejan de quererse. Después te ves con el otro y te derretís, porque lo querés. Me acuerdo que en una de esas peleas, o distanciamiento de largo tiempo, le escribí un poema y se lo llevé. Y eso fue una manera de romper el hielo. Nos queremos entrañablemente.

- Sin que reveles la intimidad del poema, ¿podés contar alguna imagen que le llevabas?
- Lo que le decía básicamente es: no puedo evitar quererte, no importa lo que pase. Y eso solamente se lo decís a un amigo.


- ¿Qué te sigue entusiasmando de expresarte musicalmente?
- Que es un lenguaje que llega más lejos que ningún otro, comunica cosas que la palabra no puede. La poesía sí, pero con la prosa no llegás nunca. La música  es una poesía que canta. Y nos va directo al corazón.





Misteriosa Buenos Aires




- ¿Cómo es tu relación con la ciudad?
- La ciudad de Buenos Aires es un lugar… (piensa y se ríe) con el que tengo una relación de amor y de fastidio. Me fastidia el ruido, el humo, lo intolerantes que nos ponemos, lo impacientes que somos, estamos todos chiflados porque estamos en una ciudad colapsada, demasiado grande. Cuando vas a un lugar más chico te das cuenta que a la vida le gusta tomarse el tiempo. Es medio inhumano meterse en ciudades que son como hormigueros, te tenés que buscar un rinconcito como este, que está en un contra frente, con un arbolito en frente, para que no te invada la monstruosidad de ruido que es la ciudad. Y me fascina que su gente es elegante, que se toma el laburo de vestirse bien para salir a la calle y a pesar de la locura reinante todavía sonríe, tiene gestos amables. Me gusta que haya panaderías para comprar algo lindo a la tarde para tomar el té y ochocientos millones de restaurantes con todos los tipos de comidas. Me encanta que sea una ciudad que vive mucho de noche, porque es fascinante, el ritmo nocturno tiene un encanto muy hermoso.

- ¿Estas más en diálogo con lo inconsciente?
- Sí, es un gran momento para la creatividad. Pero creo que en las ciudades uno busca instintivamente el lugar de la noche porque es el más tranquilo. Este mes estuve en una ciudad muy chiquita al lado del mar, componiendo para el próximo disco. Y trabajé siempre de día, ver todos los cambios de la luz es una maravilla. No tuve que buscar la noche y me hizo enormemente bien. 

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