14.10.11

Propuestas escénicas



Nuevos caminos para el teatro aéreo

Con Hombre Vertiente, el grupo Ojalá de Pichón Baldinú ofrece una experiencia de inmersión sensorial, con imágenes de gran potencia y un relato de ciencia ficción con resonancias metafísicas y ambientalistas.


Diego Oscar Ramos


Quien desde mediados de los ´80 haya seguido con placer la producción de grupos teatrales vanguardistas como La Organización Negra o De la Guarda, seguramente estará expectante ante cada creación realizada desde ese lenguaje escénico que supo hacer del espacio aéreo y la provocación de los sentidos un lenguaje en sí mismo. Y si La Negra pudo hipnotizar multitudes con sus rituales tribales en las paredes del obelisco porteño tanto como fascinar con imágenes novedosas en un escenario tradicional como el del Teatro San Martín ya durante los tempranos `90, lo que hoy propone Ojalá parece dar un paso hacia el futuro, con pies en lo ya conseguido, incluyendo la apuesta más adrenalínica y lúdica que convirtió a De la Guarda en un éxito internacional a principios de este siglo. Y es que hoy Pichón Baldinú – uno de los fundadores de aquellas ya míticas agrupaciones, pone todas las fichas en una propuesta que une impacto sensorial con uso de textos, ocupando tanto el espacio de un escenario como la totalidad de ese galpón que a los fines de su teatro aéreo construyera De la Guarda para su épico show Villa Villa en el Centro Cultural Recoleta. En esa misma sala, Hombre vertiente es la puesta en escena de un relato de ciencia ficción con toques metafísicos y ambientalistas que muestra las peripecias de un ser que en la búsqueda de sí mismo debe combatir todo tipo de monstruos y aprender a dominar poderosas energías internas que podrían llevarse su vida en caso de no lograrlo.
Para contar ese cuento Ojalá tiene al agua como centro del conflicto y su elemento estético más notable, al usarla con ese mismo efecto arcaico que se veía en La Negra al poner al público en contacto directo con uno de los elementos fundamentales de la vida. Pero más impactante al convertirla en fuente de imágenes misteriosas, de una belleza salvaje, mítica y también futurista. El niño que todos fuimos disfrutará de ver los chorros de agua saliendo de las manos de los actores, como si fuesen súper héroes de historieta que pueden controlar una energía que brota de su cuerpo. Claro que ese disfrute deberá aguantar el paso por dilemas desesperados, laberintos intrincados, caminatas por cuerdas sobre abismos y luchas con variadas alimañas. En ese camino, además de exponerse al agua y el poder de las imágenes, el espectador tendrá de aliada a la música épica de Gaby Kerpel, con un tribalismo electrónico que estallará al final del relato, en una guerra colectiva contra enormes demonios que evocan la estética carnavalesca puneña. En este punto, luego de unos cuantos puntos de desequilibrio perceptivo diseñados con destreza por Baldinu y su equipo, el público será invitado a quedarse bailando. Y lo hará con ganas, porque quién no va a querer celebrar el haber dominado esas fieras que llevamos dentro. 

"Hombre vertiente" tiene funciones: miércoles y jueves a las 21, viernes a las 20.30 y 23, sábados a las 20 y 22.30 y domingos a las 17 y 19.30. En la sala Villa Villa del Centro Cultural Recoleta. Acceso por Azcuénaga y Pueyrredón.

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