8.6.13

Fernando Samalea

Elegancia, baile y sofisticación

En su nuevo disco, el músico puso a jugar al bandoneón en una obra instrumental homogénea, virtuosa y bailable, con referencias al jazz romántico orquestal de principios del siglo XX. 

Diego Oscar Ramos - Diario Z

Por suerte, no sólo genera humor el poner elementos conocidos en un contexto contrastante, sino también un arte amigo de la sorpresa. Eso acontece con “A todas partes”, el disco de Fernando Samalea, un músico cuya obra entera parece estar jugando este mismo efecto. Porque si bien muchos lo siguen conociendo como un baterista histórico del rock argentino, por haber aportado su talento rítmico en distintas etapas  creativas de artistas icónicos como Charly García o Gustavo Cerati, Samalea se las ha arreglado para expandirse hacia caminos siempre diferentes pero todos confluyentes en una identidad musical marcada por la curiosidad poderosa y la mirada viajera. En esa línea, luego de haber desarrollado en ya una decena de discos un género propio donde convive su pasión por el bandoneón con sus investigaciones percusivas de alcance universal, el actual registro sonoro del músico ofrece una alternativa más para marear cualquier intento de ubicarlo en una batea única. Y regala una obra instrumental de gran belleza donde su bandoneón siempre expresivo se vuelve el anfitrión de una celebración musical que tiene el centro compositivo puesto en el jazz orquestal de los años 30.  “Imaginé hacerles un guiño a los discos que mis padres escuchaban en el Winco durante la niñez: Glenn Miller, Benny Goodman, Harry Hames, Liza Minelli, Frank Sinatra. Sin ánimo de compararme, me tentaba jugar con ese halo de jazz de vieja escuela hollywoodense y neoyorkina, de salones elegantes, fracs, vestidos y modales sofisticados”, dice entusiasta Samalea, que compuso las melodías en base al bandoneón y el vibráfono y fue completando, paso a paso, su idea junto a otros talentosos como el pianista Matías Mango, quien perfiló con él los primeros arreglos. Luego llegó Alejandro Terán, amplificando la armonía con sus aportes de saxo y clarinete, parte de la sofisticación llegó con las cuerdas pergeñadas por Herman Ringer y la calidad de músicos como Iride Mockert (oboe), Eduardo Rodriguez (fagot), Miguel Tallarita (trompeta y flugelhorn) y Angeles Eusebi (flauta traversa).

La pequeña orquesta, como la define Samalea, se completó con el aporte esencial del contrabajo de Javier Malosetti y las voces de Rosario Ortega, que aportan melodía y cierto misterio romántico sumamente femenino. Además, se trata de un disco tan atractivo para el oído como para el cuerpo, con su estímulo y homenaje al jazz más bailable. “El baile ha estado y estará muy presente en las grandes composiciones de todos los tiempos. Es una opción diferente a la creación erudita, pero no por eso menos importante. Es una manifestación del pulso de la vida y está muy cercano al amor”, define con gracia el compositor, que realzó el efecto rítmico evocativo de tiempos idos usando una batería inglesa de los años 50. El efecto sonoro global, dulcemente retro pero nunca antiguo, puede extrañar a quien esperara apenas una reformulación de “Primicia”, el disco con el que ganara el Premio Gardel 2010 al Mejor Álbum Instrumental-Fusión. Pero si desde el título el músico pide que su arte sea percibido desde la más libre expansión de sus ideas, así explica su motivación principal: “Me movilizó el darme el gusto, simplemente. Soy roquero desde el vamos pero puedo animarme en otros estilos, que además suelo escuchar a menudo, ya que soy muy abierto a la hora de apretar play o levantar la púa. Me encantan esas músicas de antaño orquestadas en plan romántico y sentí que ésta era la oportunidad de incursionar en ellas con mi bandoneón, en una especie de banda sonora woodyallenizada con tintes porteños”.


Imágenes
Retratos Samalea: Dina Cantoni
Tapa "A todas partes"Marcello Capotosti (foto) & Patricia Curi (collage).


Extended Play 


- ¿Qué fue lo más notable, lo más curioso, lo más emocionante del proceso creativo que llevó al disco?

- Fui buscando a pura pasión y también abandonando el objetivo por momentos, entre muchas otras actividades que me gusta hacer. Pero la emoción estuvo siempre. Escribí las melodías con el bandoneón y el vibráfono y también grabé mis baterías: una antigua Premier inglesa de los 50s, registrada con solo tres micrófonos, como la ocasión ameritaba. El pianista Matías Mango me ayudó muchísimo a perfilar los arreglos primitivos. Se trata de un disco acústico ya que no tiene teclados, guitarras eléctricas ni programaciones. Y pude contar con sonidos nada habituales para mí como el del oboe, fagot, flauta y demás. Aprendí un montón en todo el proceso. Alejandro Terán aportó sus clarinetes y saxos, abriendo las armonías de forma inigualable. Y Herman Ringer organizó pentagramas y grabó cuerdas y maderas para lograr ese carácter de pequeña orquesta que estaba en el plan. Conté además con Javier Malosetti en contrabajo -todo un lujo-, más Miguel Tallarita, Angeles Eusebi, Eduardo Rodriguez e Iride Mockert. El toque particular lo puso Rosario Ortega, con sus magistrales voces armonizadas. Gracias a ella quedó ese aire femenino encantador a lo largo del disco instrumental. Con toda esa información sobre los canales, culminé mezclando el disco con Nelson Pombal en su simpático hábitat duplex de Bernal.

- Sé que fuiste pasando por varias ideas previas antes de llegar al título final, ¿Por qué te decidiste por "A todas partes"?
- Es un deseo que lleva implícito principios de libertad. Ir a todos lados, descubrirlo todo. Lo interpretaría de forma literal, casi...

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