21.1.08

ALFOMBRA MAGICA



 Diego Oscar Ramos - Revista Trip (Brasil) Diciembre 2007


Fotos: Claudia Jakszyn


Andamos a 30 kilómetros por hora y los rieles casi no se ven. Parece que vamos volando por sobre la mata crecida y siento en todo mi cuerpo una sonrisa de niño viajando en una alfombra voladora. Miro a Lalo, que conduce la zorra que él mismo refaccionó e hizo funcionar y veo la misma sonrisa, enorme, como la de todos los que viajamos en este vehículo de hierro que despierta tantas imágenes de dibujos animados y películas mudas. En el centro mismo de la zorra esquivo algunos arbustos, me protejo de algunas ramas y me cubro de un placer de contacto directo con las cosas, aquí, en esta vía que alguna vez sirvió para que trenes cargueros lleven leche desde los campos hacia La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Una pareja de perros corren delante nuestro, sienten la bocina, pero siguen su carrera amorosa, bajan finalmente por los campos sembrados y nos miran casi con el mismo gesto de sorpresa que tienen las personas que nos saludan desde sus autos, en la ruta, donde alcanzan velocidades mayores pero sin el viento sobre la cara o el pasto cortado por las ruedas pegándose a la ropa, ni los olores fuertes de las plantas o del sol sobre la tierra, contenta de ser surcada por cuerpos felices de aventura. Claro que no todo es deslizarse, porque hay que limpiar algunos trayectos de la vía, sacar piedras y hasta esperar que se corran unas vacas de este camino abandonado por muchos años y rescatado hace pocos por el deseo férreo de gente como Lalo y otros socios del Ferroclub Argentino, que luego de meses vuelven a juntarse con una pasión que se vuelve destino turístico para quienes quieren mirar la vida desde lugares nuevos. Bajamos a una antiguo almacén de pueblo, Rosa nos vende su mejor carne y cuando un abrazo de árboles se convierte en túnel aconchegante, paramos para cocinar uno de los asados más sabrosos de mi vida. Las caras que veo son de satisfacción, por la buena comida y el cuerpo saciado de sensaciones e imágenes que sólo puede dar andar en zorra en el medio del campo. Todos tenemos historias, ocupaciones y edades diferentes, pero en este ritual de fuego y alimento estamos unidos por un inmenso placer de ferrovías. Después de comer volvemos a andar, salimos del túnel vegetal y cuanto más avanzamos, más van cambiando los paisajes, los colores de los sembradíos parecen de una paleta distinta. El trigo nos saluda con el viento de su lado, vemos árboles habitados por pájaros color arco iris, nutrias, cuices, zorros y alguien dice ver una iguana, allá a lo lejos. Pasamos arroyos, calles de pueblo con pocas casas, hacemos decenas de cambios de vías, una gallina pasa corriendo por debajo nuestro y sale ilesa, unos niños que viven en la antigua estación Bavio nos regalan su presencia y hasta encontramos una familia, al final del recorrido, andando en otra zorra. Los saludamos, juntos damos vueltas los vehículos de fierro para emprender el regreso. El sol está cayendo. Y nuestra alegría sube, se eleva, asciende. Iluminando los rieles, al atardecer.


O motorista


Tomás Lalo Ferreira tem 46 anos. Sempre gostou dos trens. Desde criança. Ele trabalha com sistemas de freios e faz dez anos que é parte do Ferroclub Argentino. Ali achou material antigo, locomotoras a vapor e antigas zorras, que començou a concertar, a prova e erro, tentando com diferentes motores, ate que um de carro Citroen foi o ideal para facer andar as zorras. E antigas trilhas abandonadas foram o sitio ideal para tentar usarlas. Foi assim que ele, e outros apaixonados do club, començaram a trabalhar forte para que as trilhas ficassem livres de terra, mata ou lixo. “Limpiamos casi 50 kilómetros de vías, paleando, desmalezando, fue un trabajo de dos años, veníamos los fines de semana, arrancamos diez y terminamos siendo 40”, diz nosso motorista da viaggem que, asociados a Intihuasi, uma jovem empresa de turismo, que faz pouco mais de um ano que organizase para turistas com sede de aventura. “El promedio de velocidad es de 30 kmts por hora, que hasta si llegara a descarrilar no pasa nada, tenés tiempo frenar si ves un animal, podes ver si adelante hay un palo o un alambre, da tiempo a reaccionar”, conta Ferreira e diz que muitas pessoas que fizeram a viaggem ficam muito contentes e ate escribem para ele tempo depois sobre a importancia que teve para eles a experiencia. “El que quiere andar en bote los tiene por todos lados, el que quiere volar puede ir en avioneta o en parapente, pero en lo nuestro no hay”, expressa Lalo, contente de poder compartilhar sua paixao mais triste pelo destino de povoados como os que passamos com a zorra e pelas políticas de fechar grandes trajetos de vias na Argentina das últimas décadas. Isso nao aconteceu en Brasil, fala, onde “la carga pesada va casi toda por ferrocarril y son muy pocos los ramales que han desafectado, se le dio mucha importancia al transporte de carga, lo tienen muy desarrollado, muy arraigado”. O que fez sentido para ele e continuar com seu trabalho, alem de que cuando començou muitos falaram que era loucura. “A algunos les gusta jugar al fútbol, remar o andar en parapente, pero no me sacás del suelo ni a patadas, son gustos”, conta, asegura que sair com pessoas com a zorra e um sonho feito realidade e deixa um sorriso de presente, o mesmo que tem cuando dirige a zorra.