6.2.08

Mintcho Garrammone



Pachanga sin fronteras 


Especialista en cavaquinho, bandolim o guitarra baiana, además de miembro estable de la banda de Ramiro Musotto, el argentino Mintcho Garrammone vive en Brasil, donde tocó con Chico César, Ná Ozetti o Peninha y recibió la bendición musical de Altamiro Carrilho, máximo exponente vivo del choro carioca. Su música tiene una rica mezcla de ritmos americanos y europeos de impresionante pulso danzante. 


  Diego Oscar Ramos - Fotos: Pablo Castagnola 


     A Mintcho Garrammone le gusta hacer bailar y en los últimos años Buenos Aires tuvo el gusto de moverse con él en las cada vez más frecuentes presentaciones de su hermano musical Ramiro Musotto, improvisando con el combo percusivo La Bomba de Tiempo y en plan solista con invitados pachangueros ilustres como Kevin Johansen, a lleno total en conciertos underground de anuncio mayoritario de boca a boca, o mail a mail. Nadie quiso perderse esos choros, valses, milongas, sambinhas, frevos, tarantelas y cumbias, con todas sus posibles intersecciones, tocadas con gusto musical y placer festivo. Algunos de los músicos de su banda ya lo habían acompañado en su Dolores natal, subidos a un improvisado trío eléctrico, para llevar a las calles bonaerenses ritmos originales del carnaval brasilero que poco se escuchan en una Bahía dominada por la música axé.as
      Ese es Mintcho, el mismo que confiesa dormir con sus instrumentos preferidos para ampliar una comunicación necesaria para que canten con él y hasta se unan a sus movidas más jugadas, como cuando invitado a tocar choros en Río de Janeiro por el flautista prócer del choro carioca Altamiro Carrilho, no sólo no le tembló el pulso para tocar con swing, precisión y velocidad clásicos como Brasileirinho o Delicado. Además hizo sonar a su cavaco como extrañísimo violín, tocándolo con un pequeño arco, como hacen en Santiago del Estero con la sacha guitarra. La sonrisa del maestro octogenario, la mirada curiosa de sus músicos y el aplauso del público carioca - puede verse en youtube - certificó un golazo de media cancha para un músico que llegó doce años atrás a Brasil como bajista con dotes para la guitarra o el acordeón, tocó luego jazz en Sao Paulo y se enamoró del cavaquinho cuando le apareció de sorpresa, como pago de clases de acordeón. Esas cosas le acontecen a Mintcho, como que el cd que grabara en una portaestudio, Valsas y otras cositas más, terminara siendo la banda de sonido perfecta para una película italiana sobre fútbol: Sogni di cuoio. El tema del balón lo puede, como a todo sudamericano, por algo uno de sus estribillos más festejados aquí sea “Argentina le ganó a Brasil”, conmemoración de un lejano triunfo albiceleste por 3 a 1. Claro que las gambetas goleadoras en ambos lados resultan un tanto más complicadas en el terreno amoroso. Por algo el músico adoptó el lema “La felicidad es un quilombo", frase que soltara Néstor Musotto - padre de su compañero de rutas - en charla de hombres y que luego virara nombre de show y pronto del disco que está produciendo Ramiro. Mientras tanto la obra de Mintcho puede escucharse en http://www.mintcho.com.br/ y cada tanto en vivo. Para pachanguear. Con ganas y estilo.



Fiesta, emoción y felicidad


- ¿Qué te atrapa del choro?
- El choro me atrapó en 1995, cuando llegué a Sao Paulo y escuche a Zé Miguel Visnik hablando del "tango brasilero". Solo que yo tocaba bajo en esa época, estudiaba las melodías en el bajo, pero no las podía tocar con nadie. En 2002, al mudarme a Río de Janeiro, llevo a un amigo francés a comprar un acordeón para empezar a darle clases y él me dice "¿no querés que te pague las primeras clases con un cavaquinho?" Estuve una hora probando cavaquinhos y casi ya me salía todo de una, a pesar de ser otra afinación. Me llevé mi cavaco que tengo hasta hoy y en la primera semana compuse mis tres hits: "Acorda cavaco", "Choronga" y "Frevinho pa Ramiro", que se lo regalé a Musotto pa su cumple y él me dijo: "Encontraste tu instrumento". A partir de ese momento me puso en su banda.



- ¿Es cierto que dormís con tu cavaquinho?
- Mirá, me fui de Argentina como bajista y en Brasil me fueron cayendo instrumentos del cielo, un pandeiro, después una escaletta, un acordeón, un cavaquinho, una guitarra bahiana, un bandolim. Con cada uno de ellos tengo una relación amorosa, creo que los instrumentos tienen alma, espíritu. Para tocarlos bien tengo que enfermarme un tiempito con cada uno. Y sí, dormía y duermo con el cavaquinho. Varios temas los compuse en la cama, antes de dormir, entrando en estado alfa. Ahora tengo un bandolim italiano nuevo, de 1960 que me regalaron en Bahía Blanca. En estos días duermo con él, para domarlo, para que me quiera y me entienda. Los instrumentos van agarrando el sonido del intérprete y eso tiene algo mágico que no tiene explicación. Hay mucho más de lo que se ve entre el cielo y la tierra. 


- ¿Que te quedó emocionalmente del encuentro con Carrilho?
- Mi encuentro con Altamiro Carrilho fue una de las cosas más lindas que me pasaron en esta vida. Fue estar en un sueño, con un ángel. Fue ver la música pasando por mí y hasta creo haber dejado de pisar el piso por segundos en la sala Baden Powell de Río de Janeiro. Si mirás los videos en youtube te vas a dar cuenta. 


- ¿Alguna vez te preguntaste por la actualidad de las músicas que tocás? 
- Siento en la actualidad una terrible falta de creatividad. Toco y compongo tarantelas, milongas, choros, frevos, maxixes, scotisch, valses, músicas de 1930. Siento en la música de esa época una riqueza melódica y armónica que hoy no tenemos. Creo que los productores, grabadoras y los mismos músicos subestiman al público y lo tratan como idiota, dándoles sólo melodías bobas, pobres, sin swing, pegadizas pero feas, cuando el público tiene la capacidad de entender todo. Es hora de que la gente entienda que la música rica no es la difícil. El choro, el tango, la milonga, son difíciles de ser tocados, pero no de ser escuchados, bailados, cantados. El publico no puede vivir escuchando cumbia villera, hay que darle otras cosas. 


- En tus shows sí hay cumbia de la buena. Pareciera que para la fiesta es para vos algo vital. 
- Crecí escuchando un vinilo de los Wawanco. En Dolores la cumbia de la buena llegó hace 30 años. Y vivo en la ciudad de la pachanga, de la buena, carnaval todo el año, la gente baila si escucha dos gotas en el piso. Mi show trasmite ese espíritu, porque hace unos años dejé de hacer música para llorar, pa dedicarme a hacer música para bailar. Fue natural y no algo de mercado, ya que mis 3 cds ni están editados, fue porque sí. Es más, en La Trastienda ya pedí que sacaran las mesas de adelante para que haya bailongo.


- ¿Cómo está el tema de hacer un trio eléctrico en Buenos Aires?
- El primer trío eléctrico pampeano fue en Dolores, este año lo hicimos por segunda vez para navidad. Llegaron de otras ciudades para ver "la carroza de los músicos", como le llamaban. Fue un éxito de nuevo. Salimos a las 3 de la matina y tocamos 3 horas sin parar, dando vueltas por toda la ciudad. Los percusionistas fueron con zurdos, timbao y redo. Fue bárbaro, era Salvador, pero en el km 200 de la ruta 2. Tengo ganas de hacerlo en Baires, pero falta producción. Acá tengo al almacenero que es el motorista y presta su acoplado, un amigo médico que presta el generador y mi hermano que ayuda con todo. 


- ¿Por qué elegiste el titulo La felicidad es un quilombo?
- Adoptamos esa frase con Ramiro y yo llegué en invierno a Baires recién separado y en una especie de mudanza, la frase me cayó como anillo al dedo. Y se me ocurrió ponerle al show ese nombre, Ramiro pensó que era joda, pero ya es una realidad, así se llamara mi próximo cd. Además si bien nadie tiene dudas de eso a esta altura de la vida, tampoco hay dudas de que tenemos cómo llegar a ser felices haciendo lo que más amamos, aunque algunos también crean que es un quilombo.
asas
Foto: En las calles de Dolores con su trío eléctrico
con los percusionistas Mamo Etchart y Gato Pérez.