4.8.08

Antonio Valiente


 El mago de los sombreros


El talento de Antonio Valiente, famoso como Tony en su inclasificable puesto del Mercado de Pulgas del barrio de Colegiales, se expresa hoy en sus sombreros, chalecos y cuadros valorados por aficionados y especialistas en arte.

Diego Oscar Ramos - Revista Uno Mismo - Julio 2008 ...




Presente que es futuro. “He vendido sombreros a Brasil, México, España, Alemania y me pone muy feliz este éxito, siendo un aficionado, porque la gente los viene a comprar con euforia, con amor”, dice Antonio Valiente, en su puesto del Mercado de Pulgas de Colegiales, hoy en un espacio aledaño hasta que se terminen las refacciones del enorme galpón de Álvarez Thomas y Dorrego. En su sitio, desbordante de objetos e imaginación, además de vender o alquilar muebles, luminarias, antigüedades o curiosidades del tiempo, Tony tiene su atelier para crear y exponer sus sombreros, chalecos y cuadros.
Todos hechos con objetos de todo tipo, desde muñecos, plumas, llaves, anteojos, adornos, cruces, caracoles, cerámicas figuras religiosas y hasta teclas de un piano de 150 años de antigüedad y un precio que a él poco le importa, si el sombrero necesitaba esos elementos para llegar a su sentido final. Será por esa intensidad, libertad, exhuberancia y sobre todo una clarísima identidad de su obra, que sus piezas han sido compradas para exhibiciones permanentes de hoteles vanguardistas porteños, que sus compradores traigan pasaportes de diversas partes del mundo o que una revista de moda le haya dedicado un número especial a sus diseños que lo hizo ser parte de la prestigiosa muestra ArteBA 2007.
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La verdad cotiza alto en un territorio donde la pose es abundante y el caos ordenado de su obra tiene, además de una sintaxis sorprendente de elementos y sentidos, un misterio que él explica en términos vibracionales. “Todo está cargado de una energía muy positiva, hasta le cambia la vida a la gente, eso me cuentan muchos, que me dicen que desde que tienen mis cosas le han empezado a pasar cosas buenas, no sé si es cierto, no lo puedo comprobar, pero ¿por qué me van a mentir?”, comenta el artista de las combinaciones, capaz de hacer un sombrero a pedido con mulita, guitarra, poncho, puñal y boleadoras para representar a la provincia de Santiago del Estero. Quizás sea el arte de permitirse jugar con lo que está disponible, sin límites ni represiones internas, lo que aporte un agregado extra a las imágenes que cuenta Valiente en los cuadros. “Todavía soy un niño, no crecí”, confiesa con gracia y dice que desde que llegó al mercado suele regalar chocolatines a chicos chicos o a chicos grandes con ganas de juego. Eso le hace bien, le da tanta alegría cotidiana como la actual de su vida estética: “Nunca estuve tan contento como desde que hago los sombreros y los cuadros, me entusiasma que la gente aprecie lo que estoy haciendo, me embriaga, ¿querés mayor felicidad que lo que vos hagas tenga éxito?”.asa

Pasado que es presente. En ese circo embriagador de objetos únicos que fue desde su inicio en 1990 el Mercado de Pulgas, el maestro de ceremonias fue siempre Tony. Con un sombrero eternamente en su cabeza, hecho con monedas e insignias metálicas de todo tipo, atendía a clientes y curiosos en su puesto. Allí máquinas de escribir, antiguas cámaras de televisión, escenografías del viejo teatro Maipo, trajes militares y hasta pelucas lo convertían en un paraíso para productoras de cine, televisión o teatro. Alguno de esos objetos, incluso, los ponía juntos para crear instalaciones llenas de ingenio popular, con un agregado de carteles con frases, títulos o juegos de palabras que podían desde ironizar con cuestiones políticas a expresar la filosofía de vida de alguien que nació en Córdoba en 1935, fue chacarero, camionero, empresario del transporte, fotógrafo, comerciante y creativo buscavidas. “Al poco tiempo de estar en Las pulgas me venían las frases a la mente”, cuenta y cada una de las que escribe – como la ya clásica “Sonrisa, idioma universal de la inteligencia” o “El pasado es el presente, el presente es el futuro, el futuro es hoy” - aporta historias y reflexiones continuas. Ya desde niño, recuerda, gustaba de los pensamientos de largo alcance, como cuando le pidieron una composición sobre una hoja y escribió la historia completa, desde el nacimiento del árbol hasta la transformación de la materia vegetal en abono.
       Hoy también deja que el impulso de hacer una obra vaya paso a paso, del nacimiento imprevisto a partir de cosas que la gente le trae o de imágenes que le vienen en medio de la noche a la terminación de las obras. Esas que luego llegarán a las manos de quien deben llegar. En esas formas de la vida cree Tony, que da una recomendación: “Todo el que compre un sombrero no tiene que sacarle nada, porque está cargado con una energía muy especial”. Esa especialidad de las cosas lo hizo quedarse dos décadas en su puesto. “Si naciera de vuelta empezaría con esto de rodearme de cosas de cientos de años, con carga energética, algo indescifrable”, explica y muestra una chapita de su gorro personal con la cara de Carlos Gardel, el primero que hizo, el que portó por años, antes de que pudiera saber que haría las más de tres decenas que lleva realizadas hasta hoy.

Futuro que es hoy. Hubo un día que cambió para siempre la vida de Tony, a partir del cual cuenta que se gestó su actividad creadora de ese arte de símbolos, la madrugada del 6 de noviembre de 2002, cuando asegura que el alma de Carlos Gardel entró en contacto con él, lo llamó tres veces por su nombre, le dictó unas sentencias y hasta le brindó algunos detalles que sirvieran para afianzaran su fe. “A Tita la esperamos el 24 de diciembre en el cielo, Cacho Castaña es el Discépolo del siglo XXI, pongan atención a sus letras y canciones y que los políticos de ahora que no roben más”, dice le expresó la presencia nítida del cantor, a quien paradójicamente nunca había admirado especialmente. Como en trance, esa mañana llegó al mercado, se puso su gorro de la chapita gardeliana y escribió un poema que hoy llama “la literatura”, que imprimió y distribuyó por Internet a todo el que quisiera escuchar el mensaje.
“Desde entonces, a pesar del susto que me agarré, me cambió todo, hay que creer o creer”, dice con firmeza el artista y ofrece una pregunta: “¿Jesús no curaba la ceguera?, ¿Creemos o no?”. Cada uno sabrá qué tan probable le parece la historia de su encuentro místico y si le aporta verdad el hecho de que se cumpliera la fecha exacta que le habían informado que sería el fallecimiento de la gran Tita Merello. A partir de esa época, es que nacen sus sombreros, los cuadros y su vida nueva. Hoy sigue trabajando en su puesto y espera la reapertura del predio de siempre, por la energía que tenía ese lugar, por el espacio mayor y por las cosas que ahí aprendió. Como lo único que existe es el presente, asegura, postergar los deseos o las decisiones no tiene sentido, una verdad que la palpa diariamente en su territorio de compra y venta de objetos con aura.
    “Las cosas que son para uno, lo son, pagues lo que pagues y si no son para vos, no lo son aunque te las regalen”, dice con melodía arrabalera y cuenta decenas de episodios donde ha observado el comportamiento de las personas en frente a los objetos en venta, sea un mueble, un adorno o una de sus creaciones. “Las cosas son para quien deben ser, no pasa por la plata que tengas, cuando alguien viene realmente a comprar, no importa lo que cuesta”, dice Tony y afirma con seguridad: “Lo que importa en serio es el valor”.


LA LITERATURA: