12.9.08

Federico Leyva



asas
AURA DE JUGLAR


Con su grupo Aura, con el que está grabando su primer disco en estudio y en el blog El gato poeta, su más personal proyecto de escritura, el joven artista y comunicador español cultiva una palabra poética que sea música. Y celebre la vida. 




asas Por Diego Oscar Ramos – Septiembre 2008 asas




"Vitalista melancólico-místico se ofrece para mostrar –buscándolas– las entrañas extrañas de su identidad. Espejos interesados dirigirse a mi mirada: en algún punto focal del espacio-tiempo dedicado a contemplarnos las pupilas enfrentadas, ha de producirse la visión del alma". Así escribe y se describe Federico Leyva, músico y comunicador español, en uno de los posteos de El gato poeta, el blog donde la poesía, los relatos, las reflexiones y la inclusión de citas de pensadores, escritores o filósofos tienden a alinearse en una perspectiva conectada a la forma de describirse en su aviso clasificado existencialista.“Cualquiera de nuestras manifestaciones nos abre la puerta de nuestra propia luz”, dirá en otro posteo, como abriendo una puerta a la música que ha creado y sigue creando con Aura, el dúo que formó en la primavera de 2005 junto a la cantante Patricia Mateo. Los dos madrileños, han editado 6 CDs, dieron ya 80 conciertos en 3 años y entre su repertorio cuentan con 90 canciones que transitan con sutileza entre temás afectivos y espirituales en una estética que puede remitir de Serrat a la música gitana o las sonoridades celtas. En plena grabación de un nuevo trabajo por ahora llamado Madre Tierra, ambos músicos poetas están unidos en una búsqueda aventurera por sentidos profundos, aquellos que consideran tan mágicos como a mano para ser descubiertos. Esto transmite Federico Leyva en una música que peregrina con decisión – como lo hiciera él mismo en un intenso y formativo Camino de Santiago - entre géneros como el swing, el flamenco, la rumba, el son y la música popular brasilera, influencia directa de una prolongada estadía en Brasil. El músico suele decir que hace mucho que ha dejado el Periodismo. Habrá que ver si la profesión lo dejó a él. Quizás apenas le confió una nueva manera de ejercerlo musicalmente.




Vínculos sonoros
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- ¿La Comunicación como estudio viene ya siendo músico? 
- Yo compongo desde los 13 años, por eso ya entonces era músico antes de dedicarme a la Comunicación. Además, la música puede considerarse también como un medio de comunicación, ¿no? Acuérdate de la escena de Encuentros en la tercera fase - conocida como Encuentros del Tercer Tipo en Argentina - en la que humanos y extraterrestres se entienden gracias a las notas de la escala pentatónica. ¿O era otra escala?


- ¿Qué relaciones sientes entre la música y la comunicación?
- La música es comunicación, de hecho yo me siento antes un mensajero que un músico o ni siquiera un poeta. ¡Soy hijo de Mercurio! Yo escribo y canto para transmitir ideas. Creo que actualmente los dos mejores vehículos que existen para ello son, salvedad hecha de la canalización directa y la telepatía, el cine y la música. Los libros también, pero son más lentos y llegan a menos público; y la prensa es demasiado efímera. A mí lo que más me interesa es llegar a la gente, calarles. Si acaso es verdad que yo tengo algo que decir y aportar a los demás, se supone que esto es lo que debería ocurrir. Si no, ¿por qué el Universo me inspira tantas canciones, tantos poemas, tantos mensajes? Según mi horóscopo maya, soy un ser de la manifestación, así que, en fin, hay cosas que, si no digo, reviento.
- ¿Qué vínculos afectivos tienen estas dos áreas en tu vida? 
- Entré en el Periodismo porque quería ser escritor. Mientras intentaba la novela de mi vida, escribía poemas y canciones, hasta que un buen día, en pleno Camino de Santiago, en el año 2000, un peregrino brasileño llevaba una guitarra y nos pusimos mano a mano los dos a tocar bajo la luz de las estrellas. De repente, una chica me dijo, muy convencida: ¿Tú te dedicas a esto, verdad? Y yo, que acababa de dejar el Periodismo, me dije: ¡Tate, ya tengo nuevo oficio! Desde entonces, me dedico a esto. Siempre me concebí más como poeta que como músico, así que escribía canciones, aunque no tuvieran melodía. No tuve la suerte de un Vinicius de Moraes, de modo que como mi Tom Jobim no aparecía, me tuve que poner las pilas yo mismo con la guitarra. Di un gran paso adelante durante mi estancia en Brasil (2001-2004). Estudiaba posiciones de acordes, componía y tocaba desde las 7 de la mañana a las 7 de la tarde de lunes a domingo. Paraba sólo para comer y tomar mate. Ahora, después de 80 conciertos con AURA, aún hay veces en que me pregunto: "Pero yo, ¿soy músico?"
- ¿Cómo expresarías lo que es Aura, su música, sus canciones?
- AURA es lo que mi miedo necesitaba para poder subirme a un escenario. Te cuento una anécdota sobre el miedo escénico: una vez, antes de un concierto de Javier Ruibal en Santiago de Compostela, en una sala pequeña, me encontré con él en los servicios. Me mira y me dice, visiblemente nervioso: "A ver qué tal se da esta noche". Me quedé alucinado. ¡Era Javier Ruibal y estaba nervioso! Él fue el ángel que yo necesitaba para aprender la lección de que todos pasamos por ahí, al margen de cuál sea nuestro trabajo, de lo bien que lo hagamos o de lo alto que hayamos llegado. AURA, al igual que mi compañera Patricia, es un regalo de los cielos, un presente inmenso.




Memoria musical



- ¿Cuál es tu primer recuerdo de la música como algo importante en tu vida?

- Cuando escuché por primera vez a Joan Baez en la radio. Tendría 14 ó 15 años. No recuerdo el tema, pero inmediatamente me dije: "Yo también quiero hacer sentirse así a los demás." Y me apunté a aprender a tocar la guitarra en un local que había en el colegio. 


 - ¿En tu casa se escuchaba música? ¿Recuerdas qué canciones, qué intérpretes? - En casa de mis padres se escuchaba -y aún se escucha- música clásica sin parar. Mi papá es un melómano empedernido. Hace poco me hizo llorar en su coche con el aria Nessum dorma, de la ópera Turandot, de Puccini, interpretada magistralmente por Pavarotti en el CD póstumo Pavarotti forever. Además, mi hermano Pablo es pianista y durante todos los años que estudió en el conservatorio - y después también - le hemos oído ensayar una y otra vez. De modo que me he pasado la infancia, la adolescencia y parte de mi primera juventud escuchando a Bach, Mozart, Beethoven, Albéniz, Chopin. Mi período favorito es el impresionismo musical, compositores como Satie y Debussy me ponen siempre la carne de gallina. 


  - ¿Y qué fue lo primero que compraste?
- Lo primero que compré fueron probablemente cintas de rap. El nacimiento de la cultura hip-hop me pilló en plena rebeldía hormonal y a los 13 ó 14 años me hice rapero y bailarín de break-dance. Con el tiempo, dos décadas después, dada mi afición a la etimología, me di cuenta de que el término rapero viene de rapsoda, que quiere decir recitador de versos. En el fondo eso era lo que yo ansiaba ser, un juglar, un trovador. Mis primeras composiciones fueron raps y los escribía durante las clases de historia, que me resultaban aburridísimas.

- Finalmente ¿qué sientes que te ha dado la música a tu vida?
- La música me ha salvado la vida. ¿Te imaginas un mundo sin música? Verás, hay una leyenda maya muy hermosa que me contó un amigo de Córdoba, Argentina, según la cual Gaia prometió a las almas que se encarnaran en la Tierra que les proporcionaría una herramienta infalible que siempre les permitiría recordar en cualquier momento su origen divino y así poder sentirse conectados con la Fuente. Esa herramienta es, naturalmente, la música. Sin música, habría desencarnado hace tiempo. Mi música es mi alma y ha sido gracias a la música que he averiguado quién soy y por qué estoy aquí.


Resumen del concierto de AURA
Centro Cultural Carril del Conde
Madrid, 23 de noviembre de 2007