30.11.08

Patricia Mateo

Buenas Vibraciones
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Formada en canto lírico y violín clásico, la cantante madrileña – miembro del grupo de música popular Aura - ha editado una serie de piezas vocales de inspiración espiritual.
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Diego Oscar Ramos – Noviembre 2008
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La voz de Patricia Mateo va llenando los espacios donde se expande, suavemente. Podría ser una sirena, pero no se siente peligro en los arrullos de sus exploraciones vocales. Parece más un hada en un bosque, que le canta a su propia naturaleza misteriosa, o apenas una mujer oriental en su última encarnación, conectándose con historias impresas en el aire de los tiempos. Algunas de las músicas del disco La voz de la madre tierra son hipnóticas, otras evocativas o un tanto melancólicas y todas están cargadas de una narratividad que no precisa de palabras en algún idioma que haya dado libros a la historia. Estas canciones nacieron de lo que Mateo menciona como canalización, un proceso en el que las melodías surgen de una comunicación espiritual a la que se entrega como instrumento de un mensaje que siente que debe ser cantado. Por esa cualidad de estas músicas es que recomienda escucharlos de a uno, sin reanudar de inmediato la escucha y haciendo que sea el alma el que las elija. Todo “para no desvirtuar sus virtudes mágicas”, explica en el blog de Aura donde pueden leerse estas instrucciones de uso de los cantos élficos y su descripción como instrumentos armonizadores.

- ¿Cuál es la historia y tu historia detrás de este uso de la voz?
- Comencé a cantar de este modo en soledad para soltar la voz antes de estudiar canto y no le daba más importancia. Me di cuenta en seguida de que después me sentía más despejada y más serena, pero no se me ocurrió que pudiera compartir aquello con nadie. Durante un curso de Crecimiento Personal me planteé la posibilidad de hacerlo pero sólo cuando me decidí internamente a hacerlo fue cuando la atención de todos se volvió hacia mí y me solté mi larga melena, cerré los ojos y aguardé. Al instante vino en mi busca una ola eléctrica que acarició el aire en forma de sonido. No tengo mucha noción de lo que pasó. Sólo sé que cuando abrí los ojos, los oyentes me miraban maravillados y con lágrimas en las mejillas. Me sentía como si hubiera cruzado a la otra orilla y regresara cargada de regalos. Desde ese día los he cantado cuando me los han pedido. Al principio me dejaba arrastrar por la potencia de la vibración y me dejaban hecha polvo. Después aprendí a dosificar esa gran intensidad e hice un pacto con esa energía superior de permitirme aceptar sólo lo que pudiera albergar en mí. Así ha sucedido y ahora convivo con ello maravillosamente. Realmente me he dado cuenta de que estos cantos adquieren propiedades aún más poderosas cuando se producen en directo para los demás. Los oyentes actúan sensiblemente en ellos y eso siempre me fascina. 


- ¿Cuándo sentiste que podías transmitir este tipo de cantos?
- Mi inocencia me llevó a pensar durante algún tiempo que a nadie podía interesarle esta improvisación de la voz hasta que un día probé y me di cuenta de que debía compartirlos. Hacerlo me llena de amor.


- ¿Cómo se dio el proceso de recibir, grabar y transmitirlos?
- Fue totalmente accidental. Nos proponíamos ir al mercado medieval de Ávila, que se celebra a finales del verano y lo grabé para venderlos allí porque estábamos muy mal de dinero. Después llegamos y nos dimos cuenta de que entre aquel barullo de asados de cordero y multitudes ansiosas no cabía la delicadeza de los cantos élficos. Y fue una suerte porque me negaba a grabarlos, porque pensaba que se desvirtuaban. Algunas veces terminamos haciendo algo que no esperamos. Yo vine a grabar los Cantos Élficos, pero no lo sabía. El Universo siempre se las apaña para que, de un modo u otro, uno termine desarrollando aquello que más le beneficia en su evolución, aunque a veces utilice tretas para conseguirlo.

- ¿Siempre has estado relacionada con estas filosofías místicas? 
- Procedo de una familia totalmente atea - aunque practican el amor al prójimo que ya quisieran muchos católicos - y con un fuerte rechazo a cualquier religión. Desde niña sentía anhelos en mi pecho y la figura de Cristo me trasmitía algo muy hermoso, aunque no el modo de narrar su historia y las películas. Nada de eso me llegaba. De Santa Teresa, en el Instituto, también sentía algo que me llamaba, pero no me gustaba nada la tristeza que rodeaba la historia de su vida. Después no pensé más en nada de esto. Solía pensar, como la mayoría de la gente de este planeta, que era un cuerpo que sufría, que la vida era una pena, que estaba desconectada y sola, que el dolor y la tragedia eran inevitables y que lo que me sucedía era puro azar. No me extraña que me sintiera tan perdida y que no comprendiera nada. En torno a los veintiocho años surgió en mí un deseo de búsqueda, un anhelo por rescatar la felicidad perdida tras la infancia. La voz abrió camino entre tanta negatividad. Después comencé con el yoga y mi vida empezó a cambiar. Conocí Insight, cursos de crecimiento, donde descubrí que aparte de una mente tengo un corazón y que puedo vivir la vida desde un escalón más elevado que el que concede la condición humana. He tardado algunos años en confiar de verdad y ahora empiezo a dejarme llevar por mi energía vital.


- ¿Adscribes a alguna creencia en particular?
- No me arrimo a ninguna religión ni filosofía sino que me quedo con lo que me sirve de cada una y creo en lo que es verdad para mí y sobre todo en lo que me transmite un sentimiento de alegría y de paz. Por el camino me han sucedido cosas maravillosas como creer en Dios sin que nadie me convenza de ello y experimentar la total gratitud hacia esa energía superior, que me lo da todo con un amor sin condiciones, que cuida de mí y me concede las experiencias y las cosas que necesito para crear aquí abajo. Vivir comprendiendo que eres un ser de luz es lo más bello que existe porque ya no te sientes sola, ni desconectada, ni perdida. La vida es un regalo y todo lo que sucede forma parte del camino de vuelta a casa. 


- En el blog decías que los cantos son una herramienta para ayudar en procesos de elevación vibratoria. ¿Podés explicar lo que llamás la elevación vibratoria y cómo se relaciona con la música?
- Una nota está formada por una velocidad concreta de movimiento. Es decir, las cuerdas vocales o un instrumento hacen 460 movimientos para dar un Do, por ejemplo. Cuanto más agudo sea el sonido más veces vibra el instrumento, así hasta los sonidos que ya no pueden percibir nuestros oídos. En consecuencia es fácil darse cuenta que la música se genera por la vibración, por el movimiento. En el Universo todo está en movimiento desde su creación, en expansión incesante y por lo tanto esa vibración nos llega a nosotros, que reconocemos nuestro origen. Pero además existen más Universos paralelos, inaccesibles para nuestras limitadas facultades, aunque es posible desarrollarlas. Del mismo modo que el colibrí vuela y no se le ven las alas cuando lo hace, así sucede con la materia cuyo movimiento es más rápido al nuestro. Más vibración significa menos densidad de materia, movimiento más rápido de los electrones. Inconscientemente buscamos la música para recordar aquello que somos: movimiento. Cuando lo olvidamos enfermamos. Por eso la música ha sido utilizada por las religiones porque somos permeables a la música y sin ella no podríamos vivir, literalmente. Estoy convencida de que si durante una semana no hubiera música en nuestras vidas, nos volveríamos locos, nos perderíamos en la oscuridad. Pero eso no va a suceder, porque la evolución siempre va a mejor.

- ¿Por qué hablás en el blog de medicina élfica? ¿Cómo llegaste a la conclusión de esas virtudes? ¿Con quienes lo has certificado? 
- El nombre élfico llegó porque me identifiqué totalmente con los elfos que aparecían en la película de El Señor de los Anillos. Todos vivimos en varios tiempos y espacios al mismo tiempo y una amiga muy conectada me contó que yo procedo de una humanidad de cuarta dimensión que vive en el interior de la Tierra. Y me mandó recuerdos de su parte, así como me expresó su gratitud por lo que yo estaba haciendo en este plano. Luego me di cuenta de que los elfos, los duendes y las hadas estaban estrechamente relacionados con esa civilización que convive con nosotros en silencio. De esas profundidades nacen mis cantos, del amor de la Tierra, Gaia, la madre que lo da todo y gracias a la cual podemos vivir y evolucionar. Muchas personas han venido a mí y me han contado lo que ha mejorado sus vidas estos cantos, lo que les ha ayudado a sentirse más relajados, más optimistas y más transparentes. En especial una madre me contaba que su hija de diez años los ponía cada noche, se quedaba dormida con ellos y desde entonces muchos aspectos de su vida habían mejorado. Doy gracias por ello.

- ¿Qué diferencia marcante es la esencial entre lo que sentís cantando los cantos élficos y las canciones de Aura?
- Los Cantos Élficos son la expresión de mi Ser en su esencia más pura, es lo que me nace de las entrañas. Las canciones de Aura me sanan cada vez que me las canto a mí o a otros, pero es una energía que amablemente comparto con mi amado compañero Federico. 


- ¿Qué palabras usarías para hablar de lo que es cantar?
- Cantar es volar en mi interior y rescatar mi luz. Después regreso al mundo y me siento completa.



Amiga Voz


“Lo mío desde siempre fue la voz, mi voz, desde la infancia ella era mi compañera de soledades y el modo en que encontraba sanación y consuelo; de niña me encantaba columpiarme fuerte fuerte, mientras cantaba a pleno pulmón lo primero que se me venía a la mente”, cuenta Mateo y dice con curiosidad que esa sensación se le asemeja mucho a la de sus cantos espirituales: “regreso de un lugar muy lejano, hermoso y dorado donde sólo estoy yo y mi corazón”. La cronología de su historia musical prosigue con estudios de solfeo en el conservatorio a los 10 años, violín a los 12 y entonces una impresión complicada: “terminé sintiendo aversión hacia la música clásica, que me parecía encorsetada y rígida”. Por 7 años dejó la música, hasta que entró a un grupo de rock a cantar. “Me ayudó a salir de una vida gris, depresiva, vacía y solitaria, la música lo llenaba todo en mí y hacía posible que me levantara cada mañana con ganas de vivir”, cuenta entusiasmada. Ahí tomó clases de canto por 3 años, curó la aversión por la música clásica en su contacto con “una mujer amorosa, llena de tesón y de entusiasmo”, su profesora Itzíar. “Gracias a ella empecé a adentrarme en el camino de la conciencia y comencé a entender y sanar mis dolores internos”, confiesa la cantante y salta al 2005, cuando se inicia Aura, con el guitarrista y compositor Federico Leyva. Hoy son pareja en la música y en la vida. “Juntos estamos recorriendo el camino de nuestros sueños, con toda la emoción, las alegrías, la ansiedad y la motivación que esto suscita”, cuenta Mateo y celebra el encuentro: “doy gracias al Universo por conocer a un compañero tan cariñoso y por concederme una vida tan maravillosa”.

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