21.9.15

Maxi Artale

Alas nuevas

Desde Estados Unidos, donde está trabajando en la pre producción de su primer disco solista, el pianista y cantante Maxi Artale habla en esta entrevista del proceso de creación de sus canciones. Conocido por sus trabajos como tecladista y segunda voz de la banda de reggae Chala Rasta, Artale tiene una escuela de canto, ha trabajado como sesionista para proyectos musicales diversos y compuso bandas sonoras para películas y comedias musicales. 


Diego Oscar Ramos


- ¿Por dónde estás abordando tu inicio de carrera solista? 
- Es un poco caótica. La verdad es que todo esto llega en un momento de mucho cambio. Se fueron abriendo diferentes caminos y hubo que tomar muchas decisiones en el medio. Inclusive fui seleccionado por la Universidad Nacional del Arte este año para estudiar un mes de intercambio en Brasil con la beca MAGA, lo cual implicaba representar al país en otro lugar, realizar conciertos. Creo que van a sacar un libro de todo lo que suceda allí y la verdad que me hubiera gustado participar, pero tuve que terminar dejando de lado esa oportunidad porque se me superponía con todo lo que estamos haciendo para este proyecto. Yo vengo de una formación clásica, mezclado con la realidad musical que nos rodea a todos. De estar viendo en un momento la forma que usaba Beethoven para sus obras a estar escuchando Led zeppelin al rato, o de estar viendo videos de Pavarotti o Juan diego Flores cantando a analizar qué hace Stevie Wonder en los agudos. Contento de estar en la época en la que vivió Spinetta y Ceratti, donde sonaba Charly y Fito. Y tocado en el medio por el Hip Hop, el R&B, el Funk, el Jazz que me traen los amigos, la cumbia que escuchaba de chico y que sigue sonando en donde vivo, el Folclore de a ratos y Chala Rasta. Toco hace 4 años con ellos y tengo una comunión absoluta con el reggae. De todo eso van saliendo cosas, siempre con mucho respeto. Por lo pronto, estoy grabando en 432, como para amigarme un poco con el agua. Todo va a estar en esa frecuencia, a excepción de algunos sonidos y para cumplir alguna función. Me gusta jugar a que lo que hago es surrealista, o que puedo figurarte un ruido que tengo en la cabeza o una sensación en el movimiento del sonido. 

- Estás trabajando con el tiempo suficiente como para que el disco tenga una identidad clara...
- Estoy pudiendo darle bastante tiempo a cada canción para que madure, de hacer interconsultas con mis amigos músicos, aprovechando que nadie me corre. Cada una va a tener su clima y la sonoridad y estilo que mejor le cuaje. Cuando amerita trato de usar algo del filmscore, de la música incidental. Estuve muy en contacto con el cine el último año, inclusive componiendo música para algunos cortos, así que inevitablemente ese elemento está presente.  Me interesa mucho la imagen y la actuación, y por suerte tuvimos la oportunidad de grabar el video de una de mis canciones en Hollywood, en los estudios de la CBS con una buena producción. Lo dirige Vanesa Prieto, mi gran compañera, que es una directora que se viene con todo. Tenemos actores increíbles que colaboraron, de Argentina, de España y de Estados Unidos, y un equipo de trabajo buenísimo. Estamos buscando alternativas para presentar cada cosa. Me gustaría volver a algunas sonoridades e ideas que se tenían acerca de todo lo que implica tocar y escuchar música o vivenciar el arte que se fueron perdiendo y  que, con las posibilidades que tenemos hoy, los nuevos instrumentos y la respuesta rápida del que lo recibe, tienen un potencial muy grande. En la antigüedad y hasta hace no mucho tiempo, la gente en general le daba tiempo a la apreciación y la obra cobraba otro valor, tenía otro proceso; no era todo tan descartable. Hay que ganarle un poco a la escucha efímera que hay hoy, que yo mismo tengo. Esperamos poder aportar algo.  

- ¿Qué implica para vos integralmente el cantar?
- El canto es, desde el principio de los tiempos, nuestra forma primera de expresarnos. Hay dos cuestiones: el canto de por sí libera y armoniza, y por otro lado, implica un estudio apasionante. En mi caso, el sonido en general me ayuda a lidiar con diferentes perturbaciones con las que todos vivimos cuando elegimos conectarnos un poco con los sonidos y los colores que están todo el tiempo ahí, pidiendo entrar. Desde siempre encontré en la música y sus diferentes variantes, un canal en el cual uno se puede investigar, hacer una introspección y abrirse. Con el canto particularmente, la sensación de sentir el cuerpo vibrando es única, y el camino a seguir cuando elegís formarte y entrenar tu instrumento es, por lo menos, difícil de comparar con cualquier otra cosa. Es una forma de vida que te obliga a conocer tu cuerpo y amigarte con él, a estar en armonía con vos mismo. Está bueno, tenés que aprender a romperte, a bajar el ego y a sacrificarte. El estudio del canto es arduo y paga a cuentagotas, pero pienso que es de lo que más vale la pena, y todos deberían transitarlo un ratito, sobre todo los que se dedican a cantar.

- Según he leido, has tenido un periplo de profesores hasta que diste con una maestra a la que sentiste como tu gran formadora, ¿qué es lo que sentís que fue lo más importante que te ha enseñado? ¿Por qué?
- En realidad te puedo decir que encontré finalmente 3 grandes formadores, con dos de los cuales sigo trabajando. Pero sí, tuve que pasar por muchos antes, un poco porque debo tener una personalidad difícil y otro poco porque no encontraba lo que buscaba. Por lo general, cuando estudiás la voz, la mayoría de los profesores utiliza imágenes y sensaciones subjetivas para intentar transmitirte su conocimiento. Es un método que está bien, existe y le ha servido a muchos cantantes, pero yo sentía que necesitaba otra cosa para llegar al sonido que buscaba, y en el camino me fui encontrando con un universo que no me imaginaba que existía. Empecé en el Colegio Nacional Adrogué, donde intuitivamente me metí en el coro y conocí al gran Ricardo Barrera, con el que descubrí el mundo en el cual terminé invirtiendo todo mi tiempo. Viajamos, competimos, aprendí, conocí la música coral, de cámara y de ópera. Un flash. Él fue el que me dejó creer que es mentira la idea de que el artista se tiene que dedicar a otra cosa o se muere de hambre, siempre y cuando te dediques de lleno y te formes. Después terminé dando con dos grandes maestros que, a su manera, manejan un camino distinto al convencional en el estudio del canto, sin tapujos, sin tanto protocolo y yendo más al hueso, relacionando toda emisión con un movimiento muscular. En primera instancia, Verónica Glass.  

- ¿Qué trabajaste con ella?
- Lo interesante fue que me propuso ir por la línea que ella había estudiado el último tiempo con Seth Riggs (profesor de Stevie Wonder, Michael Jackson, Ray Charles; una leyenda): arrancar de cero el estudio desde lo muscular, sin fórmulas mágicas y sin esperar resultados a corto plazo. No te podés poner a hablar de apoyo si antes no solucionás las tensiones que te impiden conectar tu instrumento, o si no tenés mínima noción de cómo se mueve tu cuerpo. Naturalmente uno sabe cómo emitir un sonido sano, el problema es que eso se va olvidando. No hay sonido más potente en relación que el llanto de un bebé, y al nene nadie le dijo que tenía que aprender a respirar. Hay que desaprender todo lo mal aprendido durante años. Fue medio traumático porque los ejercicios que manejamos son muy distintos a la vieja escuela, pero  bajo premisas muy claras pudimos trabajar mucho tiempo juntos. De ahí, se abrió la puerta y, deudas de por medio, pude tomar clases directamente con otros grosos mundiales como Greg Enriquez, John Henny, Wendy Parr. En el medio conocí a Guido de Kehrig, eximio cantante del colón y un excelente formador. Lo primero que noté fue que todos sus cantantes eran buenos, por lo que algo bien hacía. Encarando los conceptos desde otra perspectiva, su método se terminó conectando con muchas de las ideas que venía estudiando paralelamente. Ambos me ayudaron y me siguen ayudando con toda su excelencia, es una suerte contar con su respaldo.

- En una época te entrenaste haciendo versiones de canciones de Stevie Wonder. ¿Qué te brindó esa metodología?
- Sí, me encerraba 3, 4 horas, 2 o 3 veces por semana a grabar la misma canción mil veces. La grababa, la escuchaba un poco y la borraba. Cambiaba el micrófono de posición, la forma de decir, la intención, etc. Es una forma de estudiar que me inventé para tener una respuesta brutal de lo que estaba haciendo, y para ver qué de toda la información que había recibido estaba bajando al cuerpo. No quería caer un día en un estudio y darme cuenta que se me había escapado algún detalle importante. Estudiaba técnica un rato y después me ponía a grabar. La mayoría de las veces, terminaba la sesión porque me había cansado de que no me guste lo que hacía, o porque no salía. Pero después uno se amiga con todo eso. Es un entrenamiento aparte, como el tipo que se queda pateando tiros libres después de hora. Ahora hago lo mismo con mis canciones. Se aprende mucho de ahí y también de enseñar o acompañar el estudio del canto de otros. Cuando ves a otros laburar, por empatía te caen fichas a vos mismo.

- Sos amante de la música negra, la llamada black music de origen norteamericano, ligada al soul, al funk, ¿qué sentís que le ha aportado al arte del mundo?
- Y… mucho. Casi todo lo que escuchás ahora es una mutación de esa música, del blues y del jazz. Por ahí se perdió un poco la conexión con todo lo otro, con los avances que hubo en la música clásica: las formas, el clima que te daban las obras, las óperas, los ciclos de canciones, etc. Lo mismo pasa con las músicas folclóricas. Tenés muchos elementos dando vueltas, aislados. Siempre me pareció medio rara la división entre música popular y música académica, casi elitista, siendo que la música académica de ahora es la música popular de antes. Como sea, la música góspel te da voces increíbles, ritmos y formaciones de bandas buenísimas. De ahí, el funk, el reggae, el blues, el jazz. La música góspel nos liberó de un montón de ataduras, nos dio alas nuevas. Si no hubiéramos tenido eso, ahora no tendrías rock. Y sin rock, no tenés nada.

- ¿Qué dirías de tu trabajo con instrumentos?
 - Creo que todo lo que sirve para expresarse es válido. También dibujo y estudié actuación. Y siempre ando tratando de aprender algo de algún instrumento nuevo, porque cada uno encierra un mundo apasionante al que tranquilamente le podés dedicar la vida entera y te va a seguir sorprendiendo hasta último momento. Cuando tenía 2, 3 años, copiaba las cancioncitas que vienen en los teclados de juguete. De ahí para adelante, aprendí a tocar todos los instrumentos que tuve cerca de forma autodidacta. Tocar es como una terapia, es donde encuentro un poco de paz. Lamentablemente y por suerte, en mi caso no se dio la historia del nene que estudia desde los 4 años. A fin de cuentas, calculo que eso te da otra impronta. La realidad es que siempre usé los instrumentos para mí, para conectarme. Después como medio de vida, laburando de sesión o enseñando. No me gusta la cosa ególatra del artista que necesita mostrar para que lo feliciten, no me pasa. Pero me fascina la conexión que podemos tener entre todos por medio del arte en todos sus lenguajes. Ahí es donde me amigo con la idea de abrir lo que hago puertas para adentro.

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4 comentarios:

Fernando Barrios dijo...

Capo!

Vanesa Prieto dijo...

Buenísima nota :)

Vanesa Prieto dijo...

Buenísima nota :)

Vanesa Prieto dijo...

Buenísima nota :)