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7.3.10

Jardines urbanos


PAISAJISMO EN BUENOS AIRES


Los jardines japoneses imitan el orden universal del Tao, los franceses son apolíneos y en los ingleses impera el mundo salvaje. Las plazas de Buenos Aires como una verdadera feria de las naciones.


Diego Oscar Ramos - Diario Perfil (2007)



3.3.09

Jardín Andaluz


El jardín de las delicias


Único en Sudamérica, el jardín andaluz del Museo de Arte Español Enrique Larreta invita a un sutil goce sensorial.


Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 08

El tiempo se expone a nuestra sensibilidad con toda su delicada complejidad cuando entramos sin expectativas a los senderos vegetales que el escritor argentino Enrique Larreta – reconocido creador de obras clásicas como La gloria de Don Ramiro o Las dos fundaciones de Buenos Aires - hizo construir en su casona de Belgrano al inicio del siglo pasado, siguiendo el modelo de los jardines andaluces islámicos de su amada España. Porque además del viaje al pasado que puede abrirse con la entrada desde la casa museo, estimulando la mente con piezas de arte y hasta el mismo escritorio donde trabajaba el escritor, el jardín parece pedirnos que desliguemos el pensamiento para respirar con intensidad un misterioso placer de eternidad. Lo particular es que, entonces, un juego de contrastes y paradojas que podría haber deleitado al artista hace que quien nunca haya leído sus textos sepa antes de su sensibilidad por vivir con los cinco sentidos los casi seis mil metros cuadrados de este jardín estilo alcázar andaluz medieval.
    Y seguramente debe estar bien tranquilo el escritor, porque la magia de sus senderos levemente laberínticos, del borboteo musical hipnótico de su fuente, de sus especies vegetales diversas conviviendo armónicas en espacios delimitados y hasta de sus caminos construidos con varias texturas para generar sensaciones táctiles, tiene quien sepa cuidarla y apreciarla en su dimensión total. “Acá se viven momentos en donde uno disfruta ahora de un ideal de voluptuosidad propio de la otra vida, alcanza con enfocarse en estar viviendo hoy en el paraíso, cuando lo asimilás te dejás llevar”, dice a modo de justa presentación Antonio Sturla, apreciado jardinero del lugar y guía de las visitas todo primer sábado de cada mes. Ahí explicará, con su prosa cultivada, cada detalle de la arquitectura mística vegetal que custodia desde 1990. Así sabremos que estamos penetrando a un lugar que no debemos olvidar que está bien vivo, donde especies exóticas y nativas como ginkgo biloba, el ombú, la glicina, el ciprés, las palmeras, el palo borracho y el naranjo amargo conviven en un jardín que para la percepción musulmana es una antítesis del desierto y un lugar de goce sensorial supremo.
“El jardín está ahora en su periodo de apogeo, con la primavera despierta de su siesta de otoño e invierno”, dice expresivo Sturla, antes de ver pasear a su hija por los senderos que se bifurcan y se muestra contento con su presencia repentina, como a quien se le suman placeres. “Acá no hay manera de no estar feliz todos los días”, reconoce, antes de lanzar suave una reflexión sobre la diferencia que siente aconsejable percibir entre la felicidad y la euforia. Y si bien menciona a Seneca, pareciera que en este juego de ideas, lo que se pone a la luz es el mismo tiempo de los seres vegetales. Porque para poder vivir una comunicación íntima con ellos, algo que el jardinero asegura poseer, es preciso un estado de conciencia de calma y atención. Que luego broten palabras para registrar el eco de la vivencia pareciera un regalo adicional. “El que está aquí mucho tiempo y no escribe es que no sintoniza”, dirá Sturla, antes de compartir la ofrenda que recita como un rezo, cada mañana, antes de comenzar a trabajar. 
     Allí saluda al jardín, le pregunta por leyendas y desiertos, le habla de luces y sombras, de placeres y nostalgias, pide le cuente secretos, pero su alma ya los conoce y ya no le pide más nada. Nos quedamos en silencio, un buen rato entre las plantas, la primavera que nace y un claro aroma a abundancia. “Creo en la magia del encuentro y este jardín tiene eso, aquí nos encontramos”, dirá final el jardinero. Luego vino la lluvia, otras preciosas fragancias y con cierta autoridad, más de uno aseguraba, se lo vio a un viejo escritor, que entre los setos paseaba.

Paseos. El jardín puede recorrerse en los horarios del museo, de lunes a domingo de 15 a 20 y los sábados, domingos y feriados de 10 a 13 y de 15 a 20. La entrada es de $1 y los jueves es gratis. Todos los primeros sábados del mes hay visita guiada a las 15:30 y 17. El museo está en Av. Juramento 2291 y la entrada del jardín es por Vuelta de Obligado 2155. Informes: 4784-4040.

2.1.09

Vivero Acuático



Naturaleza, arte y armonía


El vivero acuático La Barcina produce estanques ecológicos con lotos y nenúfares, consideradas plantas sagradas por varias culturas.


Texto y fotos: Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 08
asas 

“Toda persona que desea un estanque en su jardín está movido por incorporar el agua a su espacio, como elemento que da movimiento y sonido, además de proporcionar tranquilidad y descanso, ya que tener una porción propia de naturaleza con agua nos da un estado especial que solemos buscar al salir de vacaciones”, explica Juan Pablo Trinco, formado en Agronomía y creador de uno de los pocos viveros acuáticos argentinos, donde cultiva plantas como lotos o nenúfares que incorpora junto a otras especies y peces en estanques donde se desarrollan ecosistemas estables. “Voy poniendo los diferentes componentes y la unidad funcional nacerá de la interacción de los peces y plantas con el agua hasta llegar a un estado de ecosistema, lo que implica instalar vida”, dice, detallando un proceso de evolución donde la presencia de ciertas plantas vuelve aún más minuciosa y prolífica de sentidos su tarea: “Cuando trabajás con plantas como los lotos y los nenúfares, consideradas sagradas en India, China o Egipto, se siente su energía, el trato diferente que le das tiene que ver con su presencia, con su belleza y aura, no fue al azar que las vieran como sagradas, estas plantas ayudan a que sientas la energía del mundo”. Muchos budistas lo contactan, además de personas de todo el país que se sienten atraídas tanto por la parte simbólica como por una distinción que estas plantas traen desde que los jardines ingleses la adoptaran de sus excursiones colonialistas. Vinculadas con la sensibilidad estética, no sólo Victoria Ocampo escribió sobre sus nenúfares sino que las representaciones de impresionistas como Monet fueron una de las causalidades que condujo a Trinco, artista plástico autodidacta, a meterse de cuerpo entero en un mundo acuático que lo atrajo desde niño. “Cuando iba a pescar con mi padre, recolectaba plantas de los costados de la laguna, llegué a tener estanques de 200 litros con sapitos, buscaba huevos de ranas y a todos mis terrarios les ponía una zona de agua”, comenta quien hoy es uno de los únicos productores argentinos de plantas como lotos o nenúfares, a las que estudia para generar nuevas especies, uniendo sus intereses científicos y artísticos, en el más dinámico de sus ecosistemas.

Sagrada Familia


Nenúfares. Considerados sagradas en el antiguo Egipto, el nenúfar es la mas conocida de las plantas acuáticas. Los nenúfares tropicales tienen flores en forma de estrella. Durante el invierno pierden todo su follaje y rebrotan en primavera. La rareza son variedades de floración nocturna.

Loto. Son plantas con follaje de enormes hojas redondas y grandes flores que se elevan por encima y que se ven como sagradas en India y China. Para el Budismo es un icono, porque Buda emergió de un pimpollo de flor de loto. Durante el invierno entran en reposo y pierden sus hojas.

Ninfoides. La denominación se debe a su parecido con los Nenúfares, ya que sus hojas de menor tamaño flotan en la superficie y se asemejan. Poseen hermosas flores y hojas durante la primavera, verano y otoño, desaparecen en invierno, descansando en el fondo del estanque para retomar en primavera, salvo el aponogeton, que florece en invierno.
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