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29.1.24

Farmacia amazónica: las plantas medicinales de la selva

 

Andressa Runi Shanenawa es enfermera y está completando su formación como pajé, rol de sanadora tradicional, en su aldea “Mora Nova”, en el estado amazónico de Acre, en Brasil. Allí quiere construir una “Farmacia Viva”, un espacio donde se puedan acopiar y distribuir medicinas hechas en base a saberes tradicionales con plantas medicinales.


Diego Oscar Ramos . Revista THC . Enero 2024

LINK PARA LA ENTREVISTA




19.8.08

José Palomino Cortez


La voz de América


Hace ya casi tres décadas que el comunicador peruano argentino José Palomino Cortez difunde los valores de los pueblos originarios en su programa radial Nuestro Continente. Ahora, además de afianzar una carrera paralela como actor, creó una entidad sin fines de lucro para fomentar la integración de nuestros pueblos.

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Diego Oscar Ramos - Revista Uno Mismo - Agosto 2008






asas Como un mensaje de tiempos heroicos, donde la palabra tenía valor de hidalguía, la voz de José Palomino deja tras él un encanto que hace más especial su incansable valoración de un legado americanista que surgió de su Perú natal y tomó potencia en Argentina. Aquí llegó para estudiar Medicina a sus 17 años, conoció a su esposa y tuvo a su hijo primogénito – el actor Juan Palomino – para regresar pronto a su Cusco, con el título de la paternidad noble y la disposición a dejar crecer una vocación natural por las comunicaciones y las relaciones públicas.
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Como le sucedería a lo largo de su vida, su personalidad abierta y esa pasión por la palabra que le venía desde niño al escuchar lecturas de su padre le dieron la oportunidad de acceder a trabajos en empresas privadas y en el municipio cusqueño, en tareas de comunicación que incluyeron la organización de visitas de cientos de sus conciudadanos a Machu Picchu, destino más visitado por el turismo que por los propios herederos. Y pasaría poco tiempo hasta que lo invitaran a participar de un programa musical en la radio principal de su tierra y se diera inicio a su relación con el medio radial. Ese amor a primera vista continuaría en nuestro país, donde regresó 15 años después, junto a su esposa, su primogénito y dos hijos más nacidos como él bajo cielos quechuas, mal llamados incas, como le gusta aclarar. Aquí revalidó su profesión de locutor, dando exámenes que le posibilitaran oficializar un talento que la vida le dio con una generosidad que siente como signo de lo americano. Así continuó en Radio Universidad de La Plata, en LU6 Emisora Atlántica de Mar del Plata y en los últimos años en AM y FM de Radio Nacional, un ciclo propio que había iniciado en micrófonos peruanos.
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asasasDesde Nuestro Continente, Palomino Cortez sigue lanzando desde hace más de 28 años señales de unión de lo más rico de las culturas originarias, para que el sentimiento de pertenencia a una identidad en común ayude a construir tiempos nuevos, con ojos abiertos y manos dispuestas a dar. Con ese espíritu se fue presentando en todo el país junto a su hijo Juan Palomino en eventos de difusión poética de estas temáticas y todo lo fue llevando a crear recientemente Ciudadano de Nuestro Continente, una entidad sin fines de lucro donde entrega una suerte de documento ético de identidad latinoamericana, que certifica la pertenencia a una manera comprometida de investigar, intercambiar puntos de vista y poner en práctica todo lo valioso que nos hace ser de este lugar.




Reserva moral 




“En el programa intentamos rescatar los personajes, los poetas, las costumbres, las tradiciones, los mitos, las leyendas de cada lugar, acompañados con la música adecuada y su audiencia sabe que hay una realidad americana diferente, no tan conocida como la fase negativa del narcotráfico y la guerrilla”, explica el hombre de la voz galante y abre la puerta a nuestro mayor valor: “el común denominador es que el americano es un ser solidario por antonomasia, si vas a Paraguay, a Nicaragua, a Honduras, vas a recibir el afecto, el cariño, la entrega total, si necesitas pan te lo van a dar, si necesitas agua te la proporcionan, tenemos una reserva moral importantísima”. Hoy siente que estamos viviendo en América tiempos de despertar, con un ejemplo puesto en el pueblo boliviano con su presidente de origen aborigen, con una mentalidad abierta a cumplir con las promesas que hizo, una ética que no ve como la constante justamente en los años que llevamos organizados como naciones. Por eso es que percibe luz en estos tiempos, que dan otro sentido a esa espera calma en que pareciera estar por siglos el ser nacido aquí antes de la llegada del europeo. Y un signo positivo de renacer lo encuentra el comunicador en dos hechos ocurridos en nuestro país, dos homenajes realizados a la deidad solar que los antiguos quechuas – nunca hablará de incas - realizaban en eventos sagrados.
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“Fui convocado a Catamarca donde por primera vez se realizó el Inti Raimi, una ceremonia similar a la que se hace en Cusco cada 24 de junio en homenaje al astro rey y fue conmovedor ver a 3 mil kilómetros de distancia un acto con todos los personajes que intervienen, fue muy bello”, expresa el locutor y agrega que “en Berazategui, provincia de Buenos Aires, se hizo una fiesta coincidente con el solsticio de invierno y se erigió un monumento a la chacana, una cruz andina, símbolo religioso a la Pacha Mama”. Parte de la importancia de estos rituales los siente, además de la reivindicación cultural de los ancestros, en el claro sentido ecologista de estas prácticas. “Estas culturas respetaron lo animal, lo vegetal, tomaban lo que era estrictamente necesario, no depredaban al medio ambiente y tenían como deidad al agua”, dice Palomino Cortez y pone el foco en las costumbres ecológicas que tenían estas sociedades en lo humano: “las familias vivían comunitariamente, alrededor de un eje central, cultivando la tierra en forma comunal, en formas solidarias de coparticipación, hoy por ti mañana por mí, fenómenos que siguen practicándose en las comunidades andinas”.
asas Hoy, a diferencia de épocas donde hasta podían escuchar en algunos ámbitos expresiones despectivas como “cosa de indios”, José Palomino Cortez vive la alegría de recibir en su programa muchas consultas acerca de los poderes nutritivos o sanadores de alimentos y formas de cocción de origen andinas. “Todo esto está resurgiendo, la cultura está siendo valorada y reconocida, respaldada por distintas entidades, que se forman para conocer más de cerca estas concepciones, que apuntan a un respeto por el ser humano, por la confraternidad”. De este tipo de valores y a través de la poesía de creadores como su querido César Vallejo hablan en las presentaciones escénicas que hacen con Juan Palomino. “Nos convocan mucho, para hacer este planteo, para conversar, indagar y es increíble la avidez que existe por saber más, en todo el país, porque estamos contando la otra historia y lo que es realmente la cultura de América”, dice el hombre de la prosa instantánea, amante de los libros tanto como heredero de una cultura oral que trasmite a los suyos y lo hace feliz. “Sigo teniendo a los 71 años la posibilidad de trabajar en los medios radiales, lo que me llena de alborozo, me mantiene vivo y lúcido”, asegura, confiesa que su intención es seguir aportando al continente “descubrimientos, indagaciones y búsquedas permanentes” y repiensa el rol de su transmisión del legado recibido. “Cuando te escucho, cómo prenden en mí tus convicciones, tus vivencias, tu naturaleza, estás dejando en mí una huella, un surco, qué mejor regalo en la vida”, cuenta que le dijo su hijo Juan, el que viaja con él y comparte su placer por el arte y la vida comprometida. Juntos están en la flamante asociación, bajo la certeza de que “hay una América que quiere ser escuchada”, como dice antes de mostrarse satisfecho de haber hallado su lugar. “Hay mucha gente que se ha dedicado a desentrañar todo lo que quedo ignoto de nuestras culturas y estar en eso me hace muy feliz”, asegura y se muestra contento, porque en poco tiempo debe prepararse para su programa. Y pocas cosas lo ponen de mejor humor que estar frente al micrófono y comunicar lo que mejor sabe. Y más le gusta.


Actor galante




Esta última década José Palomino se ha vuelto casi tan conocido como su hijo, al haberse volcado a la actividad actoral, a la que también llegó bajo la guía de ese ángel de la oportunidad, cuando comenzaron a llamarlo para interpretar a seres que necesitaban de sus maneras naturales. Así pasó por programas como Yago, Hermanos y Detectives o Los Simuladores y películas como El Descanso, El Fondo del mar, El Juego de Argibel o Del amor y la ciudad. Aunque lo que más felicidad le ha dado fue conducir una serie de documentales sobre comidas peruanas para una señal de cable dedicada a la gastronomía, que lo hizo viajar hasta por ciudades peruanas que no conocía. Eso sí, esta vez él fue quien llamó al destino. Le hizo la propuesta al canal, que aceptó y su tierra le donó nuevamente los frutos sabrosos de la identidad. 


Radio y agrupación


El programa radial Nuestro Continente se emite jueves a las 01 hs, en AM 870 Nacional y los sábados de 16 a 18 en FM 98.7 La Folklórica. Participan junto a José Palomino Cortez, Lito Zer, Juan Palomino, José Narosky y David A. Sorbillo. Para comunicarse: nuestrocontinente@yahoo.com.ar. Para ser parte de CIUDADANOS de NUESTRO CONTINENTE: http://groups.msn.com/NUESTROCONTINENTE. Los adherentes de Ciudadanos de Nuestro Continente son registrados como afiliados de la asociación, se les da una credencial personal con la cual tienen descuentos especiales en espacios culturales y entidades diversas vinculadas con lo latinoamericano. Y están invitados a participar de reuniones periódicas para promover la difusión de sus creaciones o ideas, vinculadas en general con los postulados de la asociación: privilegiar la solidaridad social y el pluralismo democrático, defender activamente a los Pueblos Originarios, pronunciarse por el intercambio cultural latinoamericano en su diversidad y apoyar políticas educativas que impulsen el estudio de idiomas nativos como el quechua, guaraní o mapuche.

14.6.08

Nuria Martínez


Mujer andina


Es uno de los más claros referentes musicales de la modernización de la música andina. A punto de sacar un nuevo disco, asegura que la riqueza de culturas como la aymara está en sus costumbres comunitarias y festivas. 


Diego Oscar Ramos - Rumbos - 2008
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Atraída por los ecos ancestrales de las culturas originarias en el Norte de la Argentina y Bolivia, donde hasta participó del reconocimiento indígena de la representatividad del mandato a Evo Morales, Nuria Martinez viaja seguido para estar en contacto con festividades donde las imágenes católicas suelen ser el ropaje sincrético de una adoración a las fuerzas más profundas de la vida. Por eso, suele ser parte de los festejos de semana santa en el cerro de Punta Corral en Tilcara, donde los jujeños permanecen tres días involucrados en homenajes a la Pachamama, con un fervor que se traduce en decenas de bandas de sicuris, uno de los instrumentos de madera con que se le habla directamente al viento. “La cultura andina no es mediática, pero tiene una vida propia impresionante, no sólo en el Norte, también acá en Buenos Aires, donde la comunidad boliviana juntó 80 mil personas en su fiesta del último octubre y ponen todo lo que haya que poner, porque el hombre andino subsistió a través de su cultura”, asegura quien es reconocida en la música popular argentina como una de las más refinadas intérpretes de quenas, sicus o flautas, a los que le aporta su formación musical académica, en un puente entre culturas que se nutre de experimentación con texturas sonoras, uso de audiovisuales e investigación antropológica. Todo para poner en valor actual un acerbo cultural que siente como transformador del ser humano.


- ¿Qué le atrae de la combinación de músicas ritualísticas con sonoridades más ligadas a las tecnologías digitales? 
- Las dos cosas me llaman la atención, lo más primitivo y puro, como estar en una banda de sicuris como hace miles de años, como las nuevas tecnologías, que me fascinan porque a través de la multimedia pude sintetizar una artista plástica, un antropólogo, una filmación, mucha gente confluye en esta estética. Podés interactuar impresionantemente desde el mundo digital, si lográs fusión sin confusión. Los recursos son infinitos, pero tenés que saber hacia dónde vas. El primer paso es tener clara la identidad, porque sino las herramientas te pueden aplastar.


- ¿Cuándo sintió claro un camino de identidad? 
- Con el tiempo. Se fue dando, al principio es una atracción y vas por ahí. Me parece que toda la forma de vida de los pueblos de acá tenían una sabiduría que si la logramos fundir con lo que tenemos en este presente, viviríamos un poco mejor. Básicamente viven con un espíritu comunitario y participativo, distinto al individualista que tenemos acá. Donde cada uno se quiere salvar a si mismo. Mi aporte de cambio es desde la música. Ya habrá más Evos por ahí.


- ¿Más Evos y menos Egos?
- Eso, totalmente. 


- ¿Y a quienes siente como su comunidad? 
- Puedo nombrar a los amigos, Ramiro Musotto, el Mono Izarrualde, Liliana Herrero, los chicos de Tonolec, entre muchísimos otros que sabemos lo que queremos, lo que nos gusta y vamos para adelante, con la responsabilidad de sostener el proyecto propio, una gran responsabilidad. 


- ¿Algunos de ellos participan en el disco que grabó, es así?
- Sí, en este disco, que es una evolución dentro de lo que venía haciendo, con temas de autores anónimos, de otros creadores y propios, además de mi trío formado con Luciano Larocca en percusión y Federico Beilinson en guitarras, participan Ramiro Musotto, Tomás Lipán, la cantante de Tonolec Charo Bogarín y Franco Luciani. Además, incluí la voz de Evo Morales cuando asumió en un Tihuanacu y un pedacito de una fiesta en Iruya, celebraciones que son un imán total para mí. Y una fuente de inspiración total.



Primer contacto


- ¿Cuándo tuvo el primer contacto con estas culturas?
- Fue de adolescente, a los 17 años, con la música de protesta, en plena dictadura militar, en grupos como Quilapayun o Inti Irimani que usaban quenas y sicus. Toda la música andina tenía un contenido social e implicaba una actitud de vida. Yo tocaba flauta traversa y me sentí atrapada por esta música, después la vida te va llevando. Egresé del conservatorio y aprendía folclore en las peñas, los viajes. Ahora hay cursos, existe la Escuela de Avellaneda, la cátedra de Juan Falú. 


- Y está al frente de una materia donde juntás ambos mundos.
- Doy Banda de Sicuris. Cuando lo conté en Bolivia no lo podían creer, les pareció impensado que se diera a nivel conservatorio.


- ¿Cómo vive la carga de ritualidad y festejo de estas músicas? 
- Las empecé a entender mucho más a partir de la danza. Integro el ballet de danza andina América Morena, en su mayoria de la comunidad boliviana. Y cuando sabés dónde el cuerpo tiene que apoyarse, eso se traduce en la frase musical que tocás. Y la fe del hombre andino se da a través de la danza, tienen otra escala de valores. Llegan a pagar fortunas para lucir los trajes que usan en las fiestas, pero es tan valioso ese baile que harán que bien vale ahorrar para eso. 


- Suele ser tomada como un referente de la música andina, ¿se siente con una misión de cuidado de un acerbo cultural?
- Esas cosas me llegan de afuera, no es algo intencional. Uno va por donde lo lleva la pasión. Y a mis alumnos les digo siempre que el único secreto es seguir, todos los días un poco, porque a los que le va bien son los más trabajadores, incluso en estas músicas que no piden virtuosismo y dan la experiencia de compartir. Es lo que tiene la banda de sicuris o el canto con caja, que permiten una vivir grandes emociones al ser humano.

Trayectoria 


La trayectoria de Nuria Martínez, nacida en Buenos Aires en marzo de 1961, incluye trabajos como intérprete, arregladora y compositora con Viracocha, Jamón Crudo, Coquena, o Nuria Martínez y Aldeano, agrupaciones con las que ha tocado en escenarios de Argentina, México, Perú, España e Italia, además de haber realizado numerosos conciertos didácticos en escuelas de todo nuestro país. Editó dos discos solistas, Al infinito (1996) y Caminando alto (2003), creó bandas sonoras para documentales y da clases en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. La lista de artistas con los que hizo música incluye a León Gieco, Jaime Torres, Rubén Mono Izarrualde, Tomás Lipán, Miguel Botafogo, Mercedes Sosa, Mariana Baraj, Fernando Kabusacki, Nora Sarmoria, Fernando Samalea, Liliana Herrero, Abel Pintos, Kamaruko, María teresa Corral y hasta el gran Ricardo Vilca, el maestro jujeño recientemente desaparecido a quien dedicará un próximo espectáculo.

24.9.07

Manu Chao


El hombre de las mil vidas


Manú Chao entiende al otro en su originalidad y no en su exotismo, respetando y queriendo lo que conoce con la mirada que no tiene el turista. Sorteador de fronteras artísticas, lo que ahora quiere es rendirse al relato de lo que vio, sin evitar la melancolía del que quiere vivir todas las vidas, en el camino


Diego Oscar Ramos - La Contumancia - 1998


       “¿Ensillar un mate, qué es eso?” se sorprende Manú Chao, que no esperaba una explicación folclórica del arreglo del mate ya lavadísimo en una de las habitaciones del hotel modesto de Congreso. Entre música árabe a todo volumen, humo clandestino, variados personajes circulando y el teléfono sonando constantemente, Manú habla rápido con ese acento y tono inconfundibles, con la atención múltiple queriendo captar todo lo que sucede a su alrededor. “Viajo mucho, pero nunca para no hacer nada, así me siento como alguien que está mirando algo desde fuera, si estás trabajando es otra cosa, estás con la gente con un contacto real, vas de un lado a otro, de la casa de uno llegas a la de otro y así entras en el país” dice Manú junto a la consola fileteada de apenas ocho canales que parece tener siempre con él, la misma con la que registró en sus recorridos las miles de cintas que sirvieron de base a Clandestino. De esos itinerarios, nada parece recordar tanto como los encuentros con artistas desconocidos que alimentaron su percepción humilde y alejaron cualquier atisbo de divismo de estrella de rock: “algunos son mil veces mejores que tú, te dan vuelta mil veces, te vuelven a bajar a tu sitio, a tener los pies sobre la tierra: mi lugar lo podría tener otro, hubo trabajo pero también suerte”.


Muchas vidas, muchas despedidas

       “Me llaman el desaparecido, cuando llega ya se ha ido, volando vengo, volando voy, deprisa deprisa, rumbo perdido. Cuando me buscan nunca estoy, cuando me encuentran yo no soy, el que está enfrente porque ya me fui corriendo más allá ... Yo llevo en el cuerpo un dolor que no me deja respirar, llevo en el cuerpo una condena que siempre me echa a caminar” (Desaparecido).

     La levedad y el peso del que habla Milan Kundera, ideas inevitables para pensar en la vida errante del músico que vive mil vidas, escapándole al peso metafísico de aquel que se establece en un lugar para tener una sola vida.

- ¿El no tener un punto fijo puede jugar con fragmentar la identidad, la personalidad?
- La identidad la fragmenta totalmente, porque te sientes de muchos lados y hubo momentos en que tuve la impresión de vivir varias vidas muy diferentes un poco al mismo tiempo. Estás en Río de Janeiro y dices “yo he vivido toda mi vida aquí”, pero te vas y llegas a otro lugar donde a veces sientes lo mismo.

- Es como si en parte se diluyera tu historia.
- Es que comienzas a entender los códigos sin que te expliquen nada, te colmas de recuerdos, son pequeñas vidas, son varios lugares. No sé si es bueno o malo vivir así, hay gente que tiene una vida en un lugar y yo los admiro y me gustaría ser como ellos, respeto mucho a la gente que es de su sitio y no necesita nada más.

- ¿El ser de su sitio puede implicar situaciones como la de formar una familia?
- Sí, claro.

- Y tus compañeros de Mano Negra ya no querían seguir en ese camino de fragmentación.
- Es que era muy difícil, cuando vives ese camino solo es tu historia, pero cuando vives el camino con 12 o 14, ya es una fragmentación multiplicada. Es difícil vivir así, ¿sabes? al nivel de la familia, al nivel de la gente que quieres, hay muchas despedidas. Es bonito, yo no me quejo y mucha gente dice “qué suerte tienes”, pero tampoco es sólo eso.

- ¿Nunca pensaste “en este lugar, en esta vida sí me quedaría”?
- Sí, claro. Pero luego dices “¿por qué no puedo olvidarme de mi gente allí?”. Hay un momento que los gallegos llaman la moruña.

- La saudade brasileña.
- Sí, la saudade. En serio, siempre me siento con necesidad de ir a Río de Janeiro. Mi lugarcito es Catumbí, un barrio chiquito de Santa Teresa. Ese fue uno de los lugares que conocí primero de Río y ahí me quedé. Río es uno de esos lugares, o ahora Senegal, estoy mucho en Africa.

Uniendo tribus en un mundo sin volante

    “Todo es mentira en este mundo, todo es mentira la verdad, todo es mentira yo me digo, todo es mentira por qué será” (Mentira).


      El francés de la rebeldía postpunk, el freak multiculturalista, el músico anarquista, en cuya banda parte de ese espíritu llevó al tecladista a romper a patadas un monitor en un programa de televisión: demasiadas imágenes que cansan al Manú Chao que ya no se siente el mismo que en el ´92 llegaba con Mano Negra a Buenos Aires. “He cambiado mucho, si después de seis años eres el mismo sería un fracaso, no se evolucionó, pero a nivel de prensa siempre hay una necesidad de etiqueta, una parte de cómo soy hoy estaba allá en el ´92 y hoy la parte punkie la podemos tener de un momento a otro. Pero bueno siempre es más mezclado, nunca se es tan radical como lo puede decir la prensa, que necesita ubicarte en algún lado”.

- ¿No se sobredimensiona tu parte más combativa? Es imposible acá que cada vez que se hable de vos no se recuerde el episodio del monitor roto.
- Es que son episodios fuertes, cuando vengo aquí también recuerdo el episodio de la televisión.

- ¿Crees que se necesitan esas referencias por cierto vacío de actitud en el rock?
- Es que hay muchos grupos así, criticando, pero ahora haría falta más grupos construyendo más que criticando. No sé, o estoy ciego, pero todo el mundo está consciente de que la cosa no va bien, todo el mundo hace la propia crítica de que todo no va, todo el mundo cuando pincha un poco está un poco acojonado sobre lo que puede pasar en 20 o 30 años, nadie sabe. A partir de ahí criticar las cosas está bien pero ahora ya no, hay que ponerse pilas para encontrar soluciones porque los que llevan el mundo no las van a encontrar, están como locos y nadie sabe dónde está el volante, el mundo mismo va sin volante.

- Aunque crítico y escéptico, creo que tu perfil de narrador de los lugares y personajes de tus viajes tiene algo de esa búsqueda constructiva.
- Es que frente a un problema tan grave, la respuesta es una gotita de agua, bueno es tratar de unirse con gente, conocer a gente, unir tribus. Ayer hablábamos con un chabal de San Telmo y tenía la misma clarividencia. Yo hago discos y salgo en periódicos y él hace tambores en la murga de San Telmo y era lo mismo, es bueno unir tribus. Eso es "La Feria de las Mentiras", la única propuesta de la feria es esa, lo que hay en el escenario es bueno pero no es lo más importante, ahí hay una energía que nos da fuerza a todos para volver a lo nuestro y esperar hasta la siguiente.

- Esa parece la idea del concierto de rock como ritual de encuentro. De Mano Negra siempre se destacó esa fuerza increíble para vincular gente.
- Con Mano Negra nos subíamos al escenario en cualquier sitio, grande o pequeño y a veces nos salía y a veces no, conseguíamos una comunión entre gente muy diferente. Creo que esa era nuestra fuerza, sabíamos hacer eso, no sé cómo, pero se juntaba todo Dios y había buena onda, nunca hubo un problema con un concierto de algo violento.


Discusiones en un bar

    “Solo voy con mi pena, sola va mi condena, correr es mi destino para burlar la ley, perdido en el corazón de la grande Babylon, me dicen el clandestino por no llevar papel. Soy una raya en el mar, fantasma en la ciudad, mi vida va prohibida dice la autoridad”. (Clandestino).


     Con su diversidad rítmica, racial y lingüística, Mano Negra marcó un viraje en la aceptación de la latinidad en el rock hecho en América, y es innegable la capacidad del grupo y especialmente de Manú para retratar la realidad política y social del continente, muchas veces mejor que artistas americanos. “Quizás mejor que los que grabaron discos” aclara para rescatar a sus musas populares: “nos hemos inspirado de lo que vimos aquí, a lo mejor tuvimos menos prejuicio de mezclarlo todo, cojemos lo nuevo con lo antiguo, lo mezclamos y si se nos quema el fondo es igual, ¿sabes?”.

- Ese eclecticismo sentó sus bases, es ya una práctica muy habitual.
- Yo ya estoy en otra, yo ya vuelvo a concentrar.

- ¿Y ese concentrar tiene que ver con unir en lugar de fragmentar?
- Claro, este disco ya no es un disco que sorprende como Mano Negra, de un estilo a otro. Es un disco que tiene un ambiente, el próximo será diferente, con fragmentación, pero menor.

- Los referentes de tu mirada lúcida sobre América parecen claros: cierta mística indígena, el subcomandante Marcos, pero también los sonidos de televisión, el melodrama mexicano. América es todo eso.- Este disco es casi discusiones de bar. Estar ahí, a aguardiente y a María, a discusiones en un bar donde hay televisión, y sale una coña o un chiste en la mesa. Se escribe la canción así en la mesa y se graba en el acto, no se espera ir al estudio. Estás con la peña que lo has hecho, quizás ni son músicos ni nada.

- ¿Se trata de captar el instante?
- Captar el instante, uy, sí, es eso.

- Hay algo muy fuerte en tus canciones, no son nada pretenciosas. Parecen surgir de vivenciar los lugares, registrando cosas simples: una conversación, un tipo que toca en la calle, un relato de fútbol.- Es que la manera de grabar así te permite.. No te estás pasando un mes para hacer una canción. Si no sale, terminas completamente fumado a las cuatro de la mañana que ya no sabes ni lo que haces, pero lo grabas en DAT y el día siguiente lo haces escuchar a tus amigos alrededor y sientes como me dicen “ahh, ohh”. Ahí ya lo noto en mi gente.


Saludos en el contestador

   “Me dicen el desaparecido, fantasma que nunca está, me dicen el desagradecido, pero esa no es la verdad. Yo llevo en el cuerpo un motor que nunca deja de rolar, llevo en el alma un camino destinado a nunca llegar” (Desaparecido).

     No cualquiera sabe viajar sin ser turista, y no todos los músicos logran ese encuentro generoso con culturas diferentes, no cualquiera sabe del mimetismo y del entender al otro en su verdad y no en su exotismo. Más quizás que con su grupo, en Clandestino Manú Chao parece vestirse cómodo en su traje personal de hombre múltiple, quizás con una sensibilidad que lo vuelve menos europeo que americano o africano. Por eso es imposible pensarlo dentro de las filas de la world music con su lógica de mercado y sus vicios particulares.

- En comparación con lo que puede pasar con músicos estrellas como Sting, no creo que nadie te ubique entre los “gringos que llegan para robar”, ¿reconocen en vos otra actitud?
- Bueno, no sé como trabajan ellos, pero deben hacerlo al estilo que he conocido por ahí, que falta mucho el respeto; arrancan la planta, la cojen, la manejan. A veces veo venir a artistas americanos, llegan y en seguida se ponen como nerviosos: “que tal si hacemos un vídeo”, cuando no se trata de eso. Primero te sientas, te quedas dos o tres días, te haces amigos y luego Sudamérica te lo da; pero tiene que venir de la gente y generalmente no esperan, sí hacen brillar el billete y todo el mundo va. Y es normal, tío, trabajar con Sting, van corriendo; puede ser un tipo genial, lo respeto, pero es una maquinaria opresiva.

- ¿No tiene que ver con el tema del tiempo? El sistema de creación norteamericano no admite ese proceso lento de quedarte, establecerte y conocer.
- Yo tuve la suerte de poder grabar así, de tomarme mi tiempo.

- ¿Hay alguna desventaja del sistema, tuviste que pagar algún precio?
- Actualmente, que sepa yo ninguno, a mi nivel, eh. Yo entrego el disco cuando quiero, grabo las canciones que quiero, y el disco que sale es el que yo quiero. Luego hay que pelear cada día, si quiero pasear en un Cadillac rosa tengo que discutir un buen rato. Hay detalles que hay que estar todos los días peleándolos, si quiero cinco colores en mi portada en lugar de tres.

- Volviendo al tema de tu condición de errante, son muy significativos los mensajes de tus amigos en el contestador que incluís en el disco.
- Son saluditos, son accidentes del momento, estás grabando la canción y te llega un cassette, o vas a escuchar el contestador y te suena alguien. Y dices “bueno, hostia” y ya se mezcla en la habitación. Está el estudio y suena la voz de alguien, la tele.

- Estar receptivo a todo el entorno, a todo lo que va pasando.
- Sí, ese es el encanto de eso. La gente se pierde mucho en los estudios porque van a grabar y saben lo que tienen que hacer. Llegan y graban uno o dos y para el momento de la tarde pierden un poco el coco, porque hay demasiada concentración, entonces en lugar de parar un rato y ver lo que fluye en la pieza, “ahh, cabezazo, venga” y ocho veces la misma y “prueba otra vez” y once y doce. Pero si no está en la primera o la segunda, espera un rato, tómate un mate, o es que no era eso, y olvídalo, “olvidémonos de esa guitarra”, no es tan importante..

- ¿El problema estaría en poner el énfasis en la extrema profesionalidad?
- Depende de lo que sea ser profesional, yo me considero profesional, soy un profesional, porque sé cómo hacer fluir esas cosas, sé cómo captarlas.

       La ruta es siempre melancólica, saben los que viven su tristeza de abandono, de despedidas y crecimiento, de lejanías y ausencias, de novedad y repetición: la miseria igual en cada desvío del camino, la riqueza humana siempre la misma y otra. Manú Chao camina desde hace años, en grupo o solo, buscando en la música ese hilo del sentido de todo que aparece suelto en cada sitio, desplegado en fragmentos pequeños. Sus canciones escarban esos retazos de lo que seguirá buscando, en cada uno de los encuentros que aún lo esperan en la ruta.
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