
Revista PRESENTE
OCTUBRE 2013
“Todos hacemos todo,
todo el tiempo”, expresa, para dar cuenta de una manera de vivir que sienten como
fundamental para el colectivo: administrar, compartir y generar de forma grupal
la totalidad de los recursos. Tienen una huerta comunitaria, crían abejas para
producir miel, trabajan en la creación de una farmacia popular en base a
plantas medicinales y realizan todo tipo de tareas en torno a la transformación
personal, desde yoga, meditación o temazcales a encuentros de mujeres en luna
llena o cantos de sanación. Y en cuanto a las fuentes de energía, si bien están trabajando
en pos de lograr formas autogeneradas, han decidido grupalmente que se
integrara también a la aldea el tendido eléctrico habitual de toda urbe. “En
mayor o menor medida todas y todos habíamos pasado por experiencias de vida
comunitarias, en la ciudad o en la zona rural, en todos había una búsqueda y
ganas de vivir con otros, por lo que una célula del grupo buscó durante años
una tierra, la que nos sorprendió con una llegada repentina, antes de que el
grupo estuviera formado como tal, los lazos eran de parejas, de amistades, de
colectivo”, comenta Virginia Albano Boni, 30 años, educadora social, quien vive LaTierrita como lugar de “aprendizaje
permanente, de tolerancia, de respeto a la diversidad, de crecimiento,
donde la libertad se hacer real”.
Evidentemente,
además de lo que caracteriza a toda ecoaldea
en el mundo, en cuanto a vivir cumpliendo patrones sustentables de vida,
preservando el hábitat natural, procesando residuos orgánicos y generando la
menor cantidad de residuos tóximos, el máximo aporte de estas comunidades está
en la manera en que se convierten en laboratorios andantes de una evolución
humana que tenga al respeto real por el semejante y por el grupo como entidad
perceptible. En ese sentido es que debe
escucharse la música de las palabras de Albano Boni: “LaTierrita es un proyecto de vida, una búsqueda incesante de vivir
de otra forma, de manera diferente a lo socialmente impuesto, es la búsqueda de
jóvenes, adultos y niños de estar en armonía con la naturaleza, en el respeto
y en el dialogo permanente”. Por eso, al escuchar la pregunta sobre la
etapa en la que está el proyecto y que fases quedan por cumplir, Lagos, lanza
una frase con ecos de viento cálido, humano: “El arribo y afianzamiento de
todos es mi sentimiento, la siembra y las cosechas, la alegría y el disfrute,
el trabajo, la danza y el juego, el todojunto,
sin separaciones”.
Actualmente,
de las 17 personas adultas de la comunidad, por ahora seis viven
permanentemente en la chacra colectiva, 3 están construyendo sus casas
familiares y pasan la mitad del tiempo en la comunidad y la otra en sus hogares
previos a ser parte de LaTierrita,
mientras que el resto asiste regularmente a las reuniones, las jornadas de
trabajo, los talleres y aprovechan toda posibilidad de tiempo para visitar la
comunidad. En esa etapa se desarrolla un crecimiento que implica adaptaciones,
reprocesamiento de experiencias, puestas a punto y aprendizaje constante. “Estamos
todos preparados, prontos para aportar nuestros conocimientos en esta tierra,
aflojarnos y fluir en una vida sustentable y en
equilibrio con el medio, donde pasás a formar otro pequeño vórtice de
energía limpia sumada a la vida, como tantos otros en el plantea, hemos
adquirido conocimientos para ello y es hora de echarlos a andar”, dice con entusiasmo
la mujer con apodo de expresión enérgica de una naturaleza a la que todos
aseguran rendir un tributo apasionado, el de sus propias vidas puestas en
juego. Para un fin que los trasciende y que, en proyección de aleteo de
mariposa, nos habla a todos, ahora mismo, donde sea que estemos.
La Ecosofía se consolida a fines del siglo pasado como una corriente
filosófica y práctica que expande el paradigma ecológico hacia la dimensión espiritual
y mental del ser humano que actúa en su entorno. Enunciada en 1989 por el
psicoanalista y filósofo francés Félix Guattari (1930-1992), esta corriente propone
refundar formas de ser en sociedad, a partir de valores como la autonomía, la
igualdad y lo comunitario. Y anuncia la necesidad de recuperar lo singular,
desde las culturas locales hasta las manifestaciones más propias de cada
individuo, como lugares donde operar la verdadera recuperación de la salud de
la Tierra. El cuerpo de ideas, que une ciencia, ética, política y estética, no
generó nunca un sistema cerrado de nociones y pautas de acción, pero está impregnado
en las miradas ecologistas más comprometidas en una evolución holística del
hombre en relación a su entorno natural.
“Ahora me doy cuenta de su
persistencia, de su genialidad, de las vueltas y revueltas, del eterno retorno
a la tentativa de sintetizar lo que el proceso cognitivo siempre termina por
separar”, dice sobre el intelectual europeo Heloísa Primavera, bióloga y socióloga brasilera, experta en temáticas
filosóficas ligadas a las tecnologías de la información. Tributaria directa del
pensamiento de Guattari, con quien tuvo contacto directo en la Argentina cuando
el filósofo dio conferencias en los primeros ´90, la docente de la Universidad
de Buenos Aires siente que hay una vuelta de tuerca potente en este pensamiento.
“Comúnmente, la ecología está asociada sobre todo a la cuestión ambiental,
focalizada en la preservación de los ecosistemas naturales, como si la cultura no fuese parte de esa nuestra
compleja naturaleza, como si estuviéramos aislados de los demás ecosistemas,
como si habitáramos otra dimensión”, dice Primavera, quien supo crear con el
mismo Guattari la Red Latinoamericana de Ecosofía
y reafirma la vigencia de este pensamiento: “Siempre me gustó pensar la Ecosofía
como articulación de las tres ecologías: medio-ambiental, social y mental, esa
postura sigue válida, cada día más, aún complejizada con las redes sociales,
con sus fenómenos de viralización o polinización asistida, que muestran que las
metáforas biológicas siguen vigentes y menos acusadas de reduccionismo”.
Experta en Redes informáticas, la bióloga muestra la actualidad de una posible aplicación
de una mirada trasversal, que combinaba disciplinas, que Guattari tenía como
herramienta esencial para su búsqueda de un ser humano integrado.
“Sacar a la
luz otros mundos que los de la pura información abstracta, engendrar universos
de referencia y Territorios existenciales en los que la singularidad y la
finitud sean tenidos en cuenta por la lógica multivalente de las ecologías
mentales y por el principio de Eros de grupo de la ecología social y afrontar
el cara a cara vertiginoso con el Cosmos para someterlo a una vida posible,
tales son las vías imbricadas de la triple visión ecológica. Así pues, creo que
una ecosofía de nuevo tipo, a la vez práctica y especulativa, ético-política y
estética, debe sustituir a las antiguas formas de compromiso religioso,
político, asociativo... No será ni una disciplina de repliegue sobre la
interioridad, ni una simple renovación de las antiguas formas de
«militantismo». Se tratará más bien de un movimiento de múltiples facetas que
instaura instancias y dispositivos a la vez analíticos y productores de
subjetividad”.
Ese mismo
sentido de generar una masa que brinde un cambio es lo que hizo que el concepto,
proveniente de la Física para explicarla forma en que se
logra mantener una reacción nuclear en cadena, haya sido usado para dar nombre
a estas reuniones que se fueron expandiendo por el mundo, pero que no buscaron
nunca convertirse en organización política o social como solemos conocerlas. “MasaCrítica no es una
organización. Es una coincidencia no organizada, es un movimiento de bicicletas
en las calles, un paseo mensual para celebrar el ciclismo y para afirmar los
derechos del ciclista en las calles. Es una idea y un evento. Es gratis. No es
una carrera. Es sólo por diversión. Sucede cuando muchos ciclistas se reúnen en
el mismo lugar, a la misma hora y deciden pedalear juntos el mismo recorrido por un rato. A menudo los participantes disfrutan mucho este
paseo y deciden encontrarse nuevamente en el mismo lugar y a la misma hora el mes siguiente e invitar a sus amigos ciclistas a compartir
el siguiente paseo”, puede leerse en uno de los tantos sitios donde se van
explicando las pautas centrales de este evento descentralizado que tiene
adeptos en distintas ciudades de países como Estados Unidos, Alemania, México,
España, Dinamarca, Suiza o Noruega, por mencionar algunos de los que tienen más
registro de las actividades. En la Argentina existe, desde hace aproximadamente dos años, en ciudades como
Buenos Aires, Pinamar, Rosario, Mar del Plata, Mendoza y Santiago del Estero,
cada una de las cuales cuenta con su sitio de Internet para compartir
experiencias, consejos, fotografías y relatos de una experiencia que, en su
mayoría, suelen mencionar como divertidas y transformadoras.
Para Sergio
Pérez, desde que se unió a La Masa, al ver un folleto en un negocio, sintió que la vivencia le aportaba la percepción corporal de la fuerza humana positiva. “Somos una fiesta rodante, andamos gritando,
cantando, sonriendo, transmitimos felicidad”, asegura y destaca que se respeta
siempre un ritmo común. “Nadie gana ni pierde, algunos tienen súper bicis,
otros unas muy hermosas, pensamos todos muy diferentes, pero vamos todos a
ritmo de paseo, sin distinción de rendimiento físico, edad o sexo”, comenta y
teoriza el valor ambiental: “Este medio de movilidad no genera ruido, ni
polución, ni necesidad de petróleo para moverse, ocupa menos espacio y genera
tranquilidad por donde pasa”. En ese aspecto, Leo Fishman, a sus 41 años,
utiliza todos los días la bicicleta y es ferviente creyente en los cambios que traería el que cada
vez más personas lo adoptaran como su vehículo. “Es menos contaminante, no emite gases tóxicos ni de efecto
invernadero”, asegura y revela el inicio de la red porteña.
“Hace dos años una chica de Austria, Nadine, convocó a la gente para relanzarla
y desde entonces venimos pedaleando el primer domingo de cada mes”, relata
Fishman y agrega: “Todos nos llevamos bellos momentos y experiencias, tanto
como la gente que ve pasar
tal variedad de personajes y bicicletas, que se transforma en
un espectáculo inesperado”.
"Mi tesis sostiene que no es posible alcanzar
un estado social basado en la noción de
equidad y simultáneamente aumentar laenergía mecánica disponible, a no ser bajo la condición de que el consumo de energía por cabeza se mantenga dentro de
límites”, escribió el teórico Ivan Ilich en Energía y equidad, texto
de 1974 inspirado en la crisis
energética y propulsor del ciclismo como un vehículo de gran eficacia económico
energético. “En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que
el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías por kilómetro que éste.
El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más
que 0,15 calorías. Con la bicicleta, el
hombre rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal
evolucionado", escribió el teórico, para quien el verdadero cambio social
llegaría pedaleando: “El socialismo exige para la realización de sus ideales un cierto nivel en el uso de la energía: no puede venir a pie, ni puede venir en
coche, sino solamente a velocidad de bicicleta”.