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18.10.13

Fundación Observatorio de Responsabilidad Social.




 Revista PRESENTE
 OCTUBRE 2013


21.10.11

Ecoaldeas


Eterno retorno 


En paralelo a la consolidación del mundo como aldea global, cada vez es mayor el movimiento de ecoaldeas, comunidades con mentalidad ambientalista y búsqueda de un ser humano con identidad comunitaria. La Tierrita, en Uruguay, es un valioso ejemplo. 


Diego Oscar Ramos

         Donde la mirada distraída podría ver apenas un pequeño asentamiento humano, con una chacra de uso colectivo y algunas casas en construcción, en realidad puede estar dándose un punto vital de transformación del mundo como lo conocemos. Y esto acontece en Sauce, bien cerca de Montevideo, a sólo 40 kilómetros, donde desde hace tres años LaTierrita, un espacio de 14 hectáreas que vincula a una veintena de personas que fundaron una ecoaldea, unidos por un deseo común de llevar a la realidad las formas de vida que por mucho tiempo tuvieron existencia como ideal. “Se forma con un grupo diverso de personas que llegamos a compartir una tierra y un estilo de vida simple, cercano a la naturaleza, un proyecto de vida donde los vínculos y las relaciones cobran vital importancia, siendo el soporte de todo el resto”, explica Lucía Battegazzore, bióloga y artista plástica de 40 años. Y detalla que la comunidad de la que forma parte cuenta con una casa comunitaria, espacios para vivienda individual o familiar, espacios comunitarios, productivos y una área que preservan de forma silvestre, por donde corre el arroyo Colorado.
         “Todos hacemos todo, todo el tiempo”, expresa, para dar cuenta de una manera de vivir que sienten como fundamental para el colectivo: administrar, compartir y generar de forma grupal la totalidad de los recursos. Tienen una huerta comunitaria, crían abejas para producir miel, trabajan en la creación de una farmacia popular en base a plantas medicinales y realizan todo tipo de tareas en torno a la transformación personal, desde yoga, meditación o temazcales a encuentros de mujeres en luna llena o cantos de sanación. Y en cuanto a las fuentes de energía, si bien están trabajando en pos de lograr formas autogeneradas, han decidido grupalmente que se integrara también a la aldea el tendido eléctrico habitual de toda urbe. “En mayor o menor medida todas y todos habíamos pasado por experiencias de vida comunitarias, en la ciudad o en la zona rural, en todos había una búsqueda y ganas de vivir con otros, por lo que una célula del grupo buscó durante años una tierra, la que nos sorprendió con una llegada repentina, antes de que el grupo estuviera formado como tal, los lazos eran de parejas, de amistades, de colectivo”, comenta Virginia Albano Boni, 30 años, educadora social, quien vive LaTierrita como lugar de “aprendizaje permanente, de tolerancia, de respeto a la diversidad, de crecimiento, donde la libertad se hacer real”.
         Una de las maneras en que se lleva a lo cotidiano estas maneras humanas sanas está en el respeto cotidiano con que se manejan. “Los liderazgos rotan de manera natural y fluida, tenemos reuniones mensuales en las que se toman las decisiones más importantes a la organización grupal, en cuanto a lo económico, lo estructural y lo organizacional”, explica la docente y detalla que el orden se da a través de actividades recreativas o culturales comunes, jornadas de trabajo en la construcción o la huerta. Los acuerdos y decisiones de van dando en cada instante de encuentros, los que para Zulma Lagos, de 54 años y gran experiencia en temas ligados a agricultura orgánica, saberes de culturas originarias, tienen mucho de la más pura magia de la vida. “Entre nosotros se dan resonancias intergrupales e interpersonales, sincronías,  algo que se mueve como las luciérnagas en oscuras noches, todas sabiendo el momento exacto de su titilar, armonizadas con el todo”, dice como en un rezo la mujer a quien aquí suelen llamar Tormenta y describe el proceso de trabajo comunitario que los une: “Vamos despertando una conciencia adormecida, fluyendo con nuestros sentidos, aprendiendo, cayéndonos y levantándonos nuevamente, persistentes en una búsqueda indetenible”. Lo que siempre está presente, asegura, es una alegría de niños jugando a la vida, que los asiste permanentemente en un trabajo que siempre los maravilla, al “vivir y vibrar el milagro, el brillo del sol, sus árboles, su vida que en secreto espera la develemos, cada ser celebra cuando vamos encajando en nuestros sitios”.

Universo humano

         Evidentemente, además de lo que caracteriza a toda ecoaldea en el mundo, en cuanto a vivir cumpliendo patrones sustentables de vida, preservando el hábitat natural, procesando residuos orgánicos y generando la menor cantidad de residuos tóximos, el máximo aporte de estas comunidades está en la manera en que se convierten en laboratorios andantes de una evolución humana que tenga al respeto real por el semejante y por el grupo como entidad perceptible.  En ese sentido es que debe escucharse la música de las palabras de Albano Boni: “LaTierrita es un proyecto de vida, una búsqueda incesante de vivir de otra forma, de manera diferente a lo socialmente impuesto, es la búsqueda de jóvenes, adultos y niños de estar en armonía con la naturaleza, en el respeto y en el dialogo permanente”. Por eso, al escuchar la pregunta sobre la etapa en la que está el proyecto y que fases quedan por cumplir, Lagos, lanza una frase con ecos de viento cálido, humano: “El arribo y afianzamiento de todos es mi sentimiento, la siembra y las cosechas, la alegría y el disfrute, el trabajo, la danza y el juego, el todojunto, sin separaciones”.

         Pensar, sentir, actuar con parámetros, valores, conciencia colectiva, tiene un punto central en la apreciación de cada uno del lugar que ocupa en esta experiencia de comunidad. “El lugar que ocupa Latierrita en cada uno y una es diferente, único e irrepetible, es un lugar muy especial, un sueño soñado desde ya no recuerdo cuánto tiempo, una visión compartida hecha realidad, una forma de ser y estar en el mundo, de hacer de cada día un acto de amor, de buscar la belleza en todas las cosas, en el contacto con la naturaleza, en hacer un fuego, ver los pájaros volar, la luna salir y el sol ocultarse”, dice Albano Boni, como en un trance suave de embriaguez afectiva. Acompañando el sentir de la persona que forma parte de su identidad colectiva, Lucía enfoca las ideas hacia el paradigma ambientalista que da cobijo al emprendimiento. “Todos llegamos a LaTierrita desde una búsqueda de una vida cercana a la naturaleza y sus ciclos y si bien los enfoques no eran todos iguales, lo esencial del respeto y el cuidado al entorno y entre nosotros es el mismo, eso es ecología, creo que la evolución está en la puesta en práctica de esos valores, que se hace en el día a día y da una inmensa satisfacción”, expresa la bióloga, antes de explicar algunas mecánicas de trabajo comunitario: “Tenemos una reunión mensual, donde trabajamos las propuestas a decidir hasta que todos sintamos que es lo mejor para el grupo, es diferente de votar y seguir a la mayoría, a veces lleva más tiempo, pero las decisiones se sustentan en el tiempo, no hay un líder, pero se puede decir que hay liderazgos que rotan, en cuanto algunos asuntos requieren de un grupo temporal que las lidere”.
         Actualmente, de las 17 personas adultas de la comunidad, por ahora seis viven permanentemente en la chacra colectiva, 3 están construyendo sus casas familiares y pasan la mitad del tiempo en la comunidad y la otra en sus hogares previos a ser parte de LaTierrita, mientras que el resto asiste regularmente a las reuniones, las jornadas de trabajo, los talleres y aprovechan toda posibilidad de tiempo para visitar la comunidad. En esa etapa se desarrolla un crecimiento que implica adaptaciones, reprocesamiento de experiencias, puestas a punto y aprendizaje constante. “Estamos todos preparados, prontos para aportar nuestros conocimientos en esta tierra, aflojarnos y fluir en una vida sustentable y en  equilibrio con el medio, donde pasás a formar otro pequeño vórtice de energía limpia sumada a la vida, como tantos otros en el plantea, hemos adquirido conocimientos para ello y es hora de echarlos a andar”, dice con entusiasmo la mujer con apodo de expresión enérgica de una naturaleza a la que todos aseguran rendir un tributo apasionado, el de sus propias vidas puestas en juego. Para un fin que los trasciende y que, en proyección de aleteo de mariposa, nos habla a todos, ahora mismo, donde sea que estemos. 



Red Global de Ecoaldeas

         Nacida en Escocia en 1995, la Red Global de Ecoaldeas formó en 1995, luego de una conferencia mundial sobre comunidades sostenibles, y su trabajo básico es apoyar y estimular el desarrollo de nuevos asentamientos sostenibles a nivel mundial. Entre los puntos que destacan como centrales para ser una ecoaldea está su asentamiento en torno a tareas de permacultura, mantener conductas de restauración y preservación de la naturaleza, producción y distribución de alimentos, uso de procedimientos de construcción ecológicos, reprocesamiento de residuos, control de la contaminación de las aguas, entre otros puntos. En el site figuran ecoaldeas de cerca de 70 países, incluyendo dos uruguayas, Comunidad del Sur y Heliópolis, en Montevideo y Maldonado, respectivamente. Aún no figura LaTierrita, ni su colega cercana, La Comarca, de mayor antigüedad y con quienes tienen contacto directo.También hay una comunidad llamada La Tahona, en Rocha, conformada por personas provenientes de varios puntos del mapa.

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18.6.11

Mundo Vegetal


Revista Uno Mismo - 2010

29.12.10

Ecosofía


Transformarse para transformar

Una corriente del pensamiento contemporáneo propone una mirada integral sobre el ser humano para solucionar las crisis ecológicas más profundas. Sus ideas están vigentes en las mentes más lúcidas del ecologismo actual. 



Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - 2010



         La Ecosofía se consolida a fines del siglo pasado como una corriente filosófica y práctica que expande el paradigma ecológico hacia la dimensión espiritual y mental del ser humano que actúa en su entorno. Enunciada en 1989 por el psicoanalista y filósofo francés Félix Guattari (1930-1992), esta corriente propone refundar formas de ser en sociedad, a partir de valores como la autonomía, la igualdad y lo comunitario. Y anuncia la necesidad de recuperar lo singular, desde las culturas locales hasta las manifestaciones más propias de cada individuo, como lugares donde operar la verdadera recuperación de la salud de la Tierra. El cuerpo de ideas, que une ciencia, ética, política y estética, no generó nunca un sistema cerrado de nociones y pautas de acción, pero está impregnado en las miradas ecologistas más comprometidas en una evolución holística del hombre en relación a su entorno natural.

Construir subjetividad

         “El Planeta Tierra vive un período de intensas transformaciones técnico-científicas como contrapartida de las cuales se han engendrado fenómenos de desequilibrio ecológico que amenazan, a corto plazo, si no se le pone remedio, la implantación de la vida sobre su superficie. Paralelamente a estas conmociones, los modos de vida humanos, individuales y colectivos, evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro”, escribe Guattari en 1989, en su libro Las tres ecologías. Allí  critica las formas en que las redes de parentesco tendían a reducirse, la vida familiar se perdía por el impacto de los medios y las costumbres sociales se estandarizaban, perdiéndose la sociabilidad de vecindad. Todo lo que generó la pérdida del vínculo entre el sentido de subjetividad y su relación con lo social, la naturaleza y el mismo cosmos. Por eso el pensador anunció la necesidad de revertir estas tendencias desestructurantes, para volver a convertirnos en individuos y comunidades que se alimenten de relaciones vivas, valorativas del contacto. Y en las cuales la biodiversidad surja del seno mismo del ser. 
         Para Miguel Grinberg, poeta y periodista argentino, precursor en las reflexiones y acciones ecológicas en la Argentina desde los años ´60, esta corriente busca repensarnos como especie humana, para encontrar respuestas viables a la crisis provocada por la cultura materialista. “La Ecosofía es un capítulo expansivo de nuestro diálogo permanente con el universo siempre en transformación, pues al transformarnos a nosotros mismos y nuestras relaciones con él, estamos transformando y co-creando dicho universo. Encarna una conciencia abarcadora de lo ecológico, el oikos o hábitat y lo ambiental, la sociedad y la naturaleza, distinguiéndose de la tradicional filosofía académica que omite casi por completo la creciente conmoción ecológica y los colapsos del medio ambiente”, explica el creador de la Red Nacional de Acción Ecologista y agrega que el intelectual francés amplió la mirada más corriente de la ecología, ”abarcando las cuestiones de la autodestrucción humana, resaltando asuntos como la necesidad de revisar la estructura de las clases sociales, la formulación y el cumplimento de reglas universales de derechos humanos y planetarios, el reconocimiento de la interdependencia entre los seres vivos y la compleja trama de relaciones entre ellos”. Siente que Guattari comparte con autores como Raimón Panikkar, Theodore Roszak y Henryk Skolimowski la búsqueda de comprender la forma en que los pensamientos determinan la realidad que vivimos y afectan a la misma Tierra. Destaca que en su vida, esta corriente llegó con ecos reconocibles de obras como la de Murray Bookchin, André Gorz, Iván ilich, Edgar Morin,  René Dumont, Edward Goldsmith y Gregory Bateson. “Todos ellos han sido en gran medida contribuyentes a la visión ecosófica”, completa Grinberg, quien para la época en que salió Las tres ecologías ya había editado en nuestro país la ya mítica revista Mutantia. Con todo, el escritor argentino puntualiza que la Ecosofía ofrece una apreciación integrativa del mundo, para la cual se interrelaciona con potencia lo intuitivo con lo racional, devolviéndole así a Occidente una relación de diálogo ya casi dramáticamente perdido entre la ciencia y la espiritualidad. Es por eso que sus cultores, seún Grinberg, “buscan perspectivas más amplias y horizontes más distantes, que nos ayuden a repensar y repensarnos como especie, a fin de encontrar algunas respuestas viables a la crisis en que nos tiene sumidos la cultura materialista y de la cual sólo será posible escapar si somos capaces de generar una alternativa válida y viable para la sociedad”. Así, la Ecosofía se presenta como un “itinerario abierto” antes que un  dogma fijo, que explora desde todo tipo de ángulos lo que más de singular tengan los aconteceres humanos, sociales y planetarios.
            ¿Qué conceptos ecosóficos pueden ser esenciales para generar una transformación colectiva que instaure una verdadera ecología? Grinberg retoma las formulaciones sociopolíticas de Guattari, para quien había que estar muy atento a factores sociales y políticos, donde los sectores más marginados tienen internalizados en su misma constitución como sujetos factores patológicos que no les permiten evolucionar y generar renovaciones globales a las sociedades. “Tenemos que reapropiarnos de los universos de valor en cuyo seno puedan volver a encontrar consistencia nuevos procesos de singularización, nuevas prácticas del sí mismo en la vinculación con el otro. Todo ello requerirá una dinámica de invención constante de nuestro ser en estado naciente, de la sociedad en estado mutante y del medio ambiente en estado de colapso”, expresa Grinberg, para quien deberemos ser todos cada vez más solidarios y más diferentes para mejorar nuestro universo. Desde estas aplicaciones concretas y expansivas de los sentidos ecologistas es que enunciaba el propio Guattari en su libro fundante:  “Aunque recientemente hayan iniciado una toma de conciencia parcial de los peligros más llamativos que amenazan el entorno natural de nuestras sociedades, en general se limitan a abordar el campo de la contaminación industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva tecnocrática, cuando en realidad sólo una articulación ético-política que yo llamo ecosofía entre los tres registros ecológicos, el del medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana, sería susceptible de clarificar convenientemente estas cuestiones”. Por esto es que el pensador francés cuestionó los modelos de vida que se fabrican en nuestros tiempos y propugnan la necesidad de enriquecer los modos de vida y de sensibilidad.

Vuelta de tuerca
        
     “Ahora me doy cuenta de su persistencia, de su genialidad, de las vueltas y revueltas, del eterno retorno a la tentativa de sintetizar lo que el proceso cognitivo siempre termina por separar”, dice sobre el intelectual europeo Heloísa Primavera, bióloga y socióloga brasilera, experta en temáticas filosóficas ligadas a las tecnologías de la información. Tributaria directa del pensamiento de Guattari, con quien tuvo contacto directo en la Argentina cuando el filósofo dio conferencias en los primeros ´90, la docente de la Universidad de Buenos Aires siente que hay una vuelta de tuerca potente en este pensamiento. “Comúnmente, la ecología está asociada sobre todo a la cuestión ambiental, focalizada en la preservación de los ecosistemas naturales, como si la cultura no fuese parte de esa nuestra compleja naturaleza, como si estuviéramos aislados de los demás ecosistemas, como si habitáramos otra dimensión”, dice Primavera, quien supo crear con el mismo Guattari la Red Latinoamericana de Ecosofía y reafirma la vigencia de este pensamiento: “Siempre me gustó pensar la Ecosofía como articulación de las tres ecologías: medio-ambiental, social y mental, esa postura sigue válida, cada día más, aún complejizada con las redes sociales, con sus fenómenos de viralización o polinización asistida, que muestran que las metáforas biológicas siguen vigentes y menos acusadas de reduccionismo”. Experta en Redes informáticas, la bióloga muestra la actualidad de una posible aplicación de una mirada trasversal, que combinaba disciplinas, que Guattari tenía como herramienta esencial para su búsqueda de un ser humano integrado.
         Claro que, en su caso, fue a través de la investigación y la práctica de acciones ligadas a la economía social donde vive hasta el presente la vivencia cotidiana de formas de trabajos ecológicos profundos, al estilo ecosófico propuesto por Guattari, de quien guarda hasta ahora uno de sus libros como uno de sus objetos más preciados, releído y subrayado como ningún otro texto en su carrera. Para Primavera, la posibilidad de pasar a la acción las emociones intelectuales sentidas a través de esta corriente la hicieron apostar por la utilidad vital de distintas formas de economía solidaria para mejorar las sociedades humanas. “Si la misión de los filósofos es crear conceptos y éstos no son otra cosa que centros de vibración que nos permiten oír la realidad por su capacidad de resonancia, la Ecosofía como paradigma me ha permitido crear el concepto de moneda social, que utilicé por primera vez en abril de 1999 en un encuentro organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe”, comenta la docente, que ha estado viajando por el mundo estos últimos años para llevar a distintos escenarios académicos y sociales sus experiencias con comunidades que se reafirman a sí mismas y a cada uno de sus integrantes desde su identidad más verdadera, a  partir de manifestaciones comunitarias de intercambio económico. Estas han sido, para la docente, puestas en práctica de la ecosofía.
         ¿Qué posibilidades tuvo Miguel Grinberg de ver aplicado en su desempeño profesional el cuerpo de ideas de la Ecosofía? El escritor encuentra rápidamente hechos biográficos que aportaron sustancia a su subjetividad: su década predicando la conciencia planetaria en varios continentes, su participación en la cumbre ECO 92 en Río de Janeiro, sus fundaciones de redes nacionales de acción ecologista en Argentina o Chile y la fundación de Multiversidad de Buenos Aires, entidad donde suele dar cursos de Meditación holística (o ecología mental) y Pedagogía ecologista. Entre tantos otros sucesos de su historia en los que ha encontrado lazos de unión. Estos puntos, los siente como ecosóficos por la forma en que conforman pasos directos de integración de ideas, sensibilidad, espiritualidad y compromiso humano. “Las ideas ecosóficas han ido permeando directa o indirectamente múltiples procesos que cohesionan las tres ecologías: la mental, la social y la planetaria”, dice Grinberg, lleva su mente a la gran cantidad de gente de su entorno involucrados en acciones comunitarias vinculadas a la agricultura orgánica, la biodiversidad, la permacultura, la conciencia planetaria, la meditación holística o el movimiento biorregional.
         Todo parece formar parte de una sincronía de sucesos que pueden leerse desde una lógica ecosófica desde la cual lee hoy el presente de nuestra sociedad global. “Estamos en un tiempo-bisagra: no se acaba el mundo sino una serie de visiones del mundo. Guattari lo resumió como una nueva suavidad, un acontecimiento, el surgimiento de algo que se produce que no es yo, que no es el otro, que es el surgimiento de un foco enunciativo que no surge de la ciencia ni de la esencia de las relaciones humanas”, enuncia Grinberg y cita palabras de Guattari: “Es un dato inmediato de la subjetividad colectiva. Hay algo allí que puede ser el disenso, la diferencia, que puede consistir en amar al otro en su diferencia en lugar de tolerarlo o establecer códigos de leyes para llevar de manera tolerable estas diferencias”. Pocas cosas guardan tanta fuerza, entonces, como el afecto como zona de reconversión social, construyendo subjetividades que guardarán ese vínculo amoroso esencial con cada átomo del mundo en el que vive. A partir de estos nudos de sentido, el pensador argentino lanza una frase, que puede hasta leerse como programa básico de transformación ecológica: “Tenemos que convertirnos en flexibilidades generativas, en agentes germinadores”. Con la complejidad teórica propia de Guattari y su potencia poética, la frase ofrece sentidos que resuenen con fuerza de salud ecológica para todo el que se sienta llamado al compromiso. La semilla del universo nuevo está en nuestras manos. Y podemos plantar algunos cambios.

Ecología erótica (Felix Guattari, de Las tres ecologías)

     “Sacar a la luz otros mundos que los de la pura información abstracta, engendrar universos de referencia y Territorios existenciales en los que la singularidad y la finitud sean tenidos en cuenta por la lógica multivalente de las ecologías mentales y por el principio de Eros de grupo de la ecología social y afrontar el cara a cara vertiginoso con el Cosmos para someterlo a una vida posible, tales son las vías imbricadas de la triple visión ecológica. Así pues, creo que una ecosofía de nuevo tipo, a la vez práctica y especulativa, ético-política y estética, debe sustituir a las antiguas formas de compromiso religioso, político, asociativo... No será ni una disciplina de repliegue sobre la interioridad, ni una simple renovación de las antiguas formas de «militantismo». Se tratará más bien de un movimiento de múltiples facetas que instaura instancias y dispositivos a la vez analíticos y productores de subjetividad”.



Los cuatro campos ecosóficos

       En su artículo Filosofía de la educación, saberes emergentes, transdisciplinariedad, el ensayista Rigoberto Pupo hace un trazado lúcido de los campos desarrollados por el pensamiento ecosófico.

1-    El campo científico: Lo cognitivo, los conocimientos de la ciencia que llevan a una nueva visión, como la teoría general de los sistemas, la visión del mundo holística, el principio de auto organización.

2- El campo emocional: Se ocupa del desarrollo de un nuevo acceso hacia el mundo, para poder confrontar emocionalmente la crisis global, sin tener que reprimirla. Se trata de transformar la tensión que resulta de la conciencia y el sentir de la crisis global, en energías y sentimientos fecundos, que nos dirijan hacia un cambio de estilo de vida y hacia una acción global. La compasión debe ser utilizada como fuente positiva de energía.

3-  El campo práctico: Se encuentran por desarrollar alternativas que posibiliten a la sociedad y al individuo vivir en mejor resonancia con la naturaleza. Se trata de desarrollar un estilo de vida y un sistema de valores duraderos y capaces para el futuro, y no a costa de las generaciones venideras. Es importante también la conexión de todas las iniciativas y organizaciones que se esfuerzan por desarrollos capaces para el futuro, para promover el nacimiento de efectos sinergéticos.

4 - El campo espiritual: Tiene como finalidad el desarrollar de nuevo un acceso vivo hacia la naturaleza, el abrirse a una mística natural y descubrir lo común de lo sagrado. Considerarse a sí mismo como parte de la red de vida, y en razón de ello, desarrollar una responsabilidad más amplia que sea más global, menos antropocéntrica y oportunista.

16.10.10

Ecología urbana


Bicicletas para el cambio

 Desde hace dos años, Argentina tiene sus salidas mensuales de ciclistas que ocupan masivamente las calles propugnando valores ambientalistas. El movimiento es mundial, sin líderes y propone un cambio vital de las ciudades a través de rituales lúdicos andantes.

Diego Oscar Ramos - Uno Mismo . Fotos: Felix Busso 

          El mundo puede cambiar en un segundo, como en un big bang, cuando se reúna la energía precisa. Y a esa transformación, podemos alumbrarla apenas sumándonos con nuestra bicicleta a rituales lúdicos de encuentro humano. Eso acontece con La MasaCrítica, un evento masivo que se inició en San Francisco, Estados Unidos, en 1992, cuando una media centena de personas se juntaron para disfrutar de las calles con las bicicletas, como disfrute grupal y respuesta a la creciente contaminación por el uso del petróleo como combustible. El fenómeno se comenzó a extender por varias ciudades norteamericanas y en menos de un año ya eran 500 los ciclistas que inundaban avenidas y calles, con la certeza de que tenían tanto o más derecho que los automovilistas a ocuparlas. Primero se llamó a estos grupos, Commute Clot, pero pronto se adoptó el nombre actual, puesto por el diseñador George Bliss, quien se basó en un hecho observado en China, donde abunda el uso de bicicletas y se aumenta la seguridad en los cruces sin semáforo al esperarse entre los ciclistas para llegar a ser una cantidad que haga que juntos no tengan riesgos para cruzar.
         Ese mismo sentido de generar una masa que brinde un cambio es lo que hizo que el concepto, proveniente de la Física para explicarla forma en que se logra mantener una reacción nuclear en cadena, haya sido usado para dar nombre a estas reuniones que se fueron expandiendo por el mundo, pero que no buscaron nunca convertirse en organización política o social como solemos conocerlas. “MasaCrítica no es una organización. Es una coincidencia no organizada, es un movimiento de bicicletas en las calles, un paseo mensual para celebrar el ciclismo y para afirmar los derechos del ciclista en las calles. Es una idea y un evento. Es gratis. No es una carrera. Es sólo por diversión. Sucede cuando muchos ciclistas se reúnen en el mismo lugar, a la misma hora y deciden pedalear juntos el mismo recorrido por un rato. A menudo los participantes disfrutan mucho este paseo y deciden encontrarse nuevamente en el mismo lugar y a la misma hora el mes siguiente e invitar a sus amigos ciclistas a compartir el siguiente paseo”, puede leerse en uno de los tantos sitios donde se van explicando las pautas centrales de este evento descentralizado que tiene adeptos en distintas ciudades de países como Estados Unidos, Alemania, México, España, Dinamarca, Suiza o Noruega, por mencionar algunos de los que tienen más registro de las actividades. En la Argentina existe, desde hace aproximadamente dos años, en ciudades como Buenos Aires, Pinamar, Rosario, Mar del Plata, Mendoza y Santiago del Estero, cada una de las cuales cuenta con su sitio de Internet para compartir experiencias, consejos, fotografías y relatos de una experiencia que, en su mayoría, suelen mencionar como divertidas y transformadoras.

Bicicletas porteñas

        En su segundo aniversario de salidas, el obelisco tuvo el primer domingo de septiembre cerca de 500 ciclistas que partieron desde el símbolo máximo de lo porteño, para llegar a diferentes sitios de la ciudad, andando siempre en grandes grupos y sin una planificación específica, lo único que suele saberse es el punto de salida y la hora, pero luego será la propia colectividad la que deje emerger un destino y un punto final. De ese medio millar, Felix Busso, de 30 años, supo desde su primera salida que era lo que estaba precisando para su vida. “Necesitaba de un grupo heterogéneo, con la mente abierta a poder compartir algo sin preguntar quién sos, por qué estás ahí o con exigencias de ningún tipo, sólo se trata de pasear y disfrutar, al mismo tiempo de reafirmar mi derecho a poder circular por las calles con más espacio, respeto, y paciencia”, comenta antes de hallar vínculos ecológicos: “La bici se mueve gracias a nuestra propia energía física, sin consumir otro recurso más que calorías, emanando sólo dióxido en vez de monóxido de carbono, además no genera ruido ni el sobrecalentamiento generado por la misma temperatura del motor del auto, el colectivo o la moto y los gases contaminantes que estos emanan. ¡La bici es ecología!”. Para Busso, hay un potente valor humano implicado. “Podés charlar en el camino con un desconocido que va por la misma ruta, elegir un camino, lo que no pasa con el auto, que es una cápsula que te aísla de todo y de vos mismo”, dice el ciclista, para quien esta verdadera aventura, que lo deja soltar miedos y fluir, es sobre todo una fuente de alegría.
            Para Sergio Pérez, desde que se unió a La Masa, al ver un folleto en un negocio, sintió que la vivencia le aportaba la percepción corporal de la fuerza humana positiva. “Somos una fiesta rodante, andamos gritando, cantando, sonriendo, transmitimos felicidad”, asegura y destaca que se respeta siempre un ritmo común. “Nadie gana ni pierde, algunos tienen súper bicis, otros unas muy hermosas, pensamos todos muy diferentes, pero vamos todos a ritmo de paseo, sin distinción de rendimiento físico, edad o sexo”, comenta y teoriza el valor ambiental: “Este medio de movilidad no genera ruido, ni polución, ni necesidad de petróleo para moverse, ocupa menos espacio y genera tranquilidad por donde pasa”. En ese aspecto, Leo Fishman, a sus 41 años, utiliza todos los días la bicicleta y es ferviente creyente en los cambios que traería el que cada vez más personas lo adoptaran como su vehículo. “Es menos contaminante, no emite gases tóxicos ni de efecto invernadero”, asegura y revela el inicio de la red porteña. “Hace dos años una chica de Austria, Nadine, convocó a la gente para relanzarla y desde entonces venimos pedaleando el primer domingo de cada mes”, relata Fishman y agrega: “Todos nos llevamos bellos momentos y experiencias, tanto como la gente que ve pasar tal variedad de personajes y bicicletas, que se transforma en un espectáculo inesperado”.

Recuperación social

         “Creo que hay un cierto consenso en el reclamo de las bicisendas y también en el objetivo de ser cientos de miles de bicicletas yendo en masa, que se van cumpliendo mucho más rápidamente de lo que pensábamos hace tan solo 2 años”, indica Fishman, dice quela ciudad muestra tolerancia, más allá de algunos enojos de algunos automovilistas o accidentes menores, que se vuelven detalles pequeños al lado del apoyo general que encuentran por donde pasan. Sobre este aspecto, Martín Malamud, de 53 años, escribió un texto dedicado a los automovilistas, donde les dice: “Queremos recordarle que nuestro modo de trasladarnos es más sano, más sustentable, más ecológico, más respetuoso del medio, cuidadoso de los recursos, silencioso y feliz que el suyo; así que sería bueno que empiece a pensar quién es el que molesta”. En su carta, asegura que el automóvil es una droga dura, por lo que se muestra paciente a larecuperación social de los conductores, pero les hace varios pedidos para que se vayan adaptando a tiempos futuros donde reinarán las bicicletas: “No abra la puerta sin mirar hacia atrás, no se adelante para doblar cinco metros después y cerrarnos, pásenos a una distancia prudencial y no invada ni estacione en las bicisendas”. Para que se comprenda más el valor de esta cultura de las dos ruedas, este adepto a la masa porteña desde sus inicios, cuando eran menos de 100 personas, destaca el hecho de que es un medio que no contamina sonoramente el ambiente, colabora con la salud humana por el ejercicio implicado y es además, una herramienta convivencial, como lasupo definir el sacerdote y pensador vienés Iván Ilich. “Hay otro modo posible”, reza el ciclista y deja en claro lo que lo mueve a pedalear cada domingo junto a cientos de personas: “La heterogeneidad y la falta de jerarquías”.
         En la próxima salida, seguramente podrá encontrar, si el destino lo permite, a Fran de Vedia, de 31 años, cuyo disfrute por la masalo hace hacer volantes, que reparte o pega donde se le va ocurriendo. Además, tiene una bicicleta que se pliega en dos, la que lleva hasta en el subte, con un cartel que dice “Un auto menos”. Cartel andante de este colectivo, su pasión nació de la mano de un autor francés,Guy Deboard, quien en “La sociedad del espectáculo” propugnaba en los 70 el concepto de deriva como forma de liberación mental, corporal y filosófica. La Internet llevó al ciclista argentino, en actos de deriva virtuales, a movimientos como “Reclama las Calles”, que quiere recuperarlas como zona de intercambio humano. Sus pasos dieron pronto con La Masa, donde halló “una gran bocanda de libertad mensual” y se siente reconfortado por la compañía de gente que quiere vivir mejor. Un acto concreto para lograr un gran cambio, asegura, sería que grandes masas usaran la bicicleta todos los días. “Compartir una fiesta colectiva es hermoso, pero pedalear todos los días hace el cambio en cómo vivimos”. Aunque parezca muy lejana la disminución de autos, siente que es posible ir operando cambios psicológicos profundos: “Si cada vez más gente pedalea van a surgir masas realmente espontáneas y la presencia en la calle de las bicis va tener existencia en el imaginario de muchos automovilistas, que parecen no ver a la bici como la verdadera energía alternativa, mucho más que el biodiesel”.




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Alto Rendimiento        

 "Mi tesis sostiene que no es posible alcanzar un estado social basado en la noción de equidad y simultáneamente aumentar laenergía mecánica disponible, a no ser bajo la condición de que el consumo de energía por cabeza se mantenga dentro de límites”, escribió el teórico Ivan Ilich en Energía y equidad, texto de 1974 inspirado en la crisis energética y propulsor del ciclismo como un vehículo de gran eficacia económico energético. “En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías por kilómetro que éste. El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más que 0,15 calorías. Con la bicicleta, el hombre rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal evolucionado", escribió el teórico, para quien el verdadero cambio social llegaría pedaleando: “El socialismo exige para la realización de sus ideales un cierto nivel en el uso de la energía: no puede venir a pie, ni puede venir en coche, sino solamente a velocidad de bicicleta”.
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