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25.12.23

Notas de archivo: Pomo Lorenzo

La vigilia del guerrero
















En Binario, su segundo disco junto a su banda El Don, el gran baterista sigue aventurándose en un camino de altísima calidad musical. Y espíritu épico.


Diego Oscar Ramos - 2012 . Diario Z

         Cuando más de un creador descansaría en laureles estéticos ganados a lo largo de un buen tiempo, alcanza con verle los ojos a Pomo Lorenzo para sentir la fuerza vital y ética que lo habita y habilita para seguir concibiendo música que se edite indefectiblemente en un soporte físico. En ese acto, que parecería simple, pero él mismo se encargará de dimensionar con palabras épicas, oportunos silencios o risotadas sorpresivas, percibe hoy el sentido de su hacer integral quien fuera el baterista de grupos esenciales del mejor rock hecho en el país. Y si al ser parte de grupos como Invisible o Jade se convirtió en una especie de aliado creativo del gran Luis Alberto Spinetta, hasta el presente el baterista porta un orgulloso rol de guardián de la forma integral en que vivían el arte. Así, este segundo disco junto a su banda El Don, un trabajo multigenérico que lleva la marca del refinamiento rítmico de Pomo, se vuelve para quien fuera integrante de Los Abuelos de la Nada y de bandas solistas de Andrés Calamaro y Fito Páez en una nueva apuesta por una música que sirva de inspiración para búsquedas existenciales, antes que sólo un entretenimiento.


- ¿Qué significó para vos hacer este disco?

- “Binario” implicó trabajar con mucha conciencia. es el disco que completa mi escueto y humilde repertorio. Y el hecho de que la gente tenga menos interés hoy por un disco físico, eso desafía doblemente al guerrero. Como está establecido que no se puede, eso me empuja a hacerlo.

- ¿Cuáles son las herramientas de este guerrero?

- Tal vez la inspiración sea lo único, el contar con un tipo de contenido que me pertenece. Y me siento condenado, porque no puedo dejar de editar discos. El soporte físico es también una forma en que el artista redondea su propuesta, con las letras escritas y el arte. Es lo contrario a escuchar 14 mil temas en un iPod. El hecho de la cantidad sobre la calidad siempre ha sido nocivo. Hacer un disco significa estar a la altura de los que he grabado con mis grandes maestros, sino preferiría no haberlo hecho. Como decía Luis, si un disco no tiene un contenido que te identifique, una marca, hubiese preferido hacer un disco de empanadas. (Se ríe).

- ¿Qué ofrece un arte que se realiza con tanta minuciosidad?

- Sobre todo la identidad. El individuo es el punto de inflexión de cualquier emoción. Lo que te pasa a vos es también lo que me pasa a mí. Y lo que te pasa a vos les pasa a todos. Por eso escribo una letra. Y en mi vida me han marcado muchas cosas. Lo que hago, entonces, es ser muy selectivo. Donde estuve me ha colmado la gira o el disco que grabé con cada artista. Y he puesto la misma energía que con este proyecto.

- ¿No hay una filosofía de vida en tu manera de crear?

- Sí, es el compromiso, el reto, la competencia con uno mismo, es el valor intrínseco de lo que te pertenece. El hecho de ir en pos de algun logro tuyo, personal, en solitario, no en pos de un logro social. Para mí es siempre lo mismo, la selectividad y la marca. Eso hace un combo y al mismo es lo que te condena, porque una vez que estás en ese rumbo, no podés dejar de estar a la altura. De esa competencia no te vas a librar. Los que inventamos este género estamos condenados a la autosuperación. Los condenados abrimos puntas, para que la gente tome ese camino.

- ¿Cuál es la parte más placentera de esa condena?

- La realización, que este disco esté acá. Y que cuando yo no esté, este disco va a seguir estando. Y cuando ya no tengan la oportunidad de oirme y quieran recordar cómo tocaba la batería pueden poner el disco. Con estos soportes físicos hemos llegado a rasguñar la pintura del tiempo.

- En muchos de los discos que participaste se le hablaba al individuo para que tuviera actitudes de liberación...

- Sí, que despertara. Tiene que ver con lo que dice acá (señala el sobre interno de su disco), dedicado al gran maestro Luis Alberto Spinetta: “La característica del guerrero es caminar a ciegas”. Animarse a un cambio significa ponerse a prueba.

- ¿Cómo vinculás la música con la pasión, la responsabilidad y el amor?

- Nombraste el caldo de cultivo de toda canción: la experiencia de vida, las sensaciones, los sentimientos. Lo que te pasa a vos en la vida es lo que hace que te baje una canción. De las canciones de Binario, tres o cuatro hablan del amor. Y al mismo tiempo, el amor encierra el dolor, el compromiso, la responsabilidad. Toda experiencia de vida es un disparador de una canción, para alguien que tenga la antena dispuesta. Pero si la ocupás en Facebook, no creo que haya energía para que eso suceda.

Presentación en vivo

27 de noviembre, a las 21hs. Velma Café, Gorriti 5520. Tel. 4772 4690


Audio completo de la entrevista

11.4.22

Miguel Angel Estrella: Narrador Universal


“La música y lo social son dos pasiones muy fuertes, ninguna de las dos puede andar separada”.


Diego Oscar Ramos - Revista Uno Mismo - 1996



           "La esperanza es un don en mí", cantó alguna vez Caetano Veloso, sin saber, seguramente que sus palabras cantadas podrían servir de ofrenda a un pianista argentino cuyo crecimiento profesional fue paralelo al de su pasión por las causas sociales. Es que, fue en el mismo proceso en el que  puede decirse que Música Esperanza, la organización humanitaria que creó en Paris en 1982, después de tres años como preso político en Uruguay, es su obra esencial, la que constituyó junto a una forma suya de encarar un repertorio de concierto que podía unir a Bach, Beethoven o Chopin con Messiaen, Bartok, Guastavino, Piazzolla o Yupanqui. Según Estrella, quien impulsó en su vida el compromiso social militante fue su esposa Marta, cantante y pianista, a quien conoció poco después de llegar a Buenos Aires desde Tucumán y quien solía acompañarlo cantando en presentaciones en lugares marginales. Y si bien ella ya no estaba cuando el músico tuvo su período preso en Uruguay, fue su gran compañera quien se convirtió en un referente espiritual en tiempos de tortura y soledad. Tanto como en su decisión de crear Música Esperanza, la fundación adjunta a la Unesco, que trabaja desde la música – a través de talleres musicales y conciertos en barrios populares, villas de emergencia, escuelas de bajos recursos o diferenciales, hospitales, geriátricos o cárceles - para lograr la dignidad de las personas, la promoción de artistas jóvenes y la comunicación como base para la paz, en países de la Comunidad Europea, Europa del Este, Oriente Medio y América Latina. Ciudadano universal y eterno hombre del monte santiagueño donde se crió, Estrella logra fascinar con sus palabras de contador de historias místicas del interior de la Argentina, tanto como deja entrever el rol de una familia funcional para el desarrollo de una persona, ya que nunca se olvida de destacar la fuente afectiva comunal que enmarcó su formación como músico y persona, un saber que la urbanidad no suele enseñarnos, pero que en Estrella se volvió música y abrazo compartido.

   - ¿Sus padres tuvieron mucha influencia en su dedicación al arte? 
- En realidad fue toda la familia. Hubo personajes muy importantes en mi vida de niño y adolescente. Mis padres eran una pareja que se amaba intensamente, muy diferentes uno del otro, pero los dos muy apasionados. Mi madre había nacido en Vinará, la familia era muy pobre y, como maestra rural, ella era el sostén para que los hermanos más chicos se educaran. Ella ardía de fruiciones y de deseos de un amor fuerte, tenía una fiebre intelectual y poética muy grande. Cuando mi abuela tenía jaquecas se disfrazaba de monja, hablaba como andaluza y rezaban juntas el rosario. Mi abuela no reconocía a su propia hija, de tan buena actriz que era. Se disfrazaba de gitana y tampoco la reconocían. Llegó a montar una troupe de teatro con campesinos, con la que hacían Barranca Abajo, de Gregorio de Laferrere. A los 20 años fundó una biblioteca. Conoció a mi viejo cuando fue a Tucumán, vestida de turca ambulante. Él era árabe y venía escapándose de Bolivia, a los 19 años, perseguido por ser socialista. Logró entrar en Jujuy, donde trabajó en un ingenio, pero él escribía, por eso sus amigos le hicieron una peña en Uruguay para que pudiera leer sus poemas. Allí cayó ella, siempre ávida de todo lo que tuviera que ver con la literatura, ese era su hábitat, recitaba de memoria a Almafuerte, Amado Nervo, Bécker, José Asunción Silva. Y lo hacía con un garbo y una polenta, que a nosotros se nos paraban los pelos de punta cuando lo escuchábamos de chicos. En esa peña se conocieron, fue un metejón a primera vista. Él le dijo: “Me encanta estar con vos, pero vivo perseguido”. Ella no se inmutó, quedaron en que si él se encontraba en peligro le haría llegar un telegrama y ella vendría a caballo a buscarlo. Ese telegrama en clave llegó, ella lo fue a buscar y se lo llevó al rancho. De trece hijos, había diez varones celosísimos de la hermana, ¡y encima que apareciese con un turco! Pero como mi viejo era un seductor de primera, se la metió en el bolsillo a mi abuela, se puso a trabajar la tierra, era muy buen agricultor, y se casaron en poco tiempo.

 - ¿Y cuál de ellos le legó la pasión por la música? 
-  Bueno, mi viejo cantaba y tenía una hermosa voz, y mi vieja bailaba. No era entonada, pero bailaba maravillosamente bien el folclore, ¡con una gracia! Uno de mis primeros recuerdos es verla bailando chacareras y gatos con Atahualpa Yupanqui, que era muy amigo de mi padre, había una complicidad política entre ellos. Atahualpa marcó muchísimo nuestra infancia, mi hermano Jorge y yo cantábamos casi todo su repertorio que, junto con las zambas de los Hermanos Ábalos, era mi mundo musical. Además, mi vieja tenía una hermana y un hermano que tocaban la guitarra. Mi tía María Teresa vivió hasta el fin en Vinará, era maestra rural e investigaba la relación que había entre las leyendas santiagueñas referidas a animales como la vizcacha, el escarabajo, la langosta o la serpiente con la vida real de esos animales. Ella tocaba la guitarra y era muy hermosa, era una especie de fijación que teníamos los chicos, nos escondíamos para verla salir de las tinajas en que se bañaba, era un espectáculo. Y para mí la guitarra de ella está completamente ligada a lo sensorial, a la sensualidad. 

- ¿Fue su padre el que estimuló su gusto por la música clásica, al hacerle conocer el piano en un concierto?
 - El me llevó al primer concierto que escuché, la Orquesta Sinfónica de Tucumán, que era una de las mejores de Latinoamérica. De pronto apareció una mujer, una polaca, y empezó a tocar el Concierto en Mi menor de Chopin. A mí me enloqueció esa música, definió mi vocación, empecé a decir que quería ser pianista. En esa época se hablaba mucho de niños prodigio, como Marta Argerich. Y les decía a mis viejos: “¿Por qué ellos sí y ellos no?” Mi madre comenzó a tocar todas las puertas posibles en Tucumán, hasta que llegó al director de la orquesta, que le dijo: “Señora, todos los días hay mamás que me vienen a decir que tienen un Mozart en la casa”. “Yo sólo le digo que creo que tiene condiciones para la música”, contestó ella. Lo hartó, entonces él le dijo que me trajera. En la prueba, el director me puso una partitura y dijo que tocara, pero para mí era chino. Entonces me preguntó qué sabía tocar y le dije: “Cualquier zamba de Atahualpa, ¿cuál le gusta más? Pero él ni lo conocía y me dijo que tocara lo que me gustara. Cuando terminé dijo: “No está mal, pero, ¿no sabés tocar nada clásico?”. Toqué una pieza de Tchaikovsky que había aprendido de un disco, pero a los dos compases me paró. “No, eso es malo”, dijo. Y después me puso en otro piano, de espaldas a él, para que yo reprodujera lo que él tocaba. Salió y le dijo a mi vieja: “Este chico nació para ser músico, pero acá no hay quien enseñe bien el piano a los niños, le doy un consejo, mándelo a Buenos Aires, porque ese va a ser el camino”. 

- ¿Y qué hizo su madre? 
-  Ella hizo concilios de familia, vio a muchos otros músicos del lugar y cada vez que volvía de la escuela, era maestra rural a 70 kilómetros de Tucumán, yo era un tábano, molestándola con mi pregunta: “¿Cuándo me voy a Buenos Aires?”. Hasta que un día me dice: “Mirá hijito, vos vas a ser pianista, pero no ahora, tenés doce años, estás en el umbral de la adolescencia, no podés entender las complicaciones que eso tiene, pertenecés a una familia numerosa, que te ama y que vos amás. En Buenos Aires es muy difícil que las familias tan grandes se vean todos los días, allá la gente no vive en plural, viven para sí, muy encerrados en sí mismos. Por otro lado tu padre y yo queremos que siempre seas del Norte, de adolescente, de joven, de maduro, hasta que te mueras, porque alguien que tiene raíces muy fuertes puede volar muy alto. No lo entendés ahora, pero vas a ser pianista, porque en el consejo de familia, todos tus tíos y tías, además de tu padre y tu madre, hemos decidido poner todos los meses un poquito de nuestro sueldo en una alcancía, que va a ser tu beca para cuando termines el bachillerato. Tu compromiso es terminarlo y hacerte hombre en Tucumán”. Fue una historia de amor familiar. Cuando vine tenía dieciocho años y mis compañeritos del conservatorio tenían siete y me llamaban el abuelo. Mi vieja decía: “Vos seguí tu camino, tenés todo el tiempo”. Yo también tenía inclinación por la medicina, así que me dijo: “De todos modos, si eso no anda serás médico, no importa, pero tentá tu suerte, seguí tu camino como caballo sin anteojeras”.  

- ¿Vuelve seguido a su lugar de origen?
 - Y, para mí, todo el sentido mágico de la vida está enclavado en esa infancia y en esa adolescencia que nos marcó para siempre a mi hermano Jorge y a mí. Siempre necesitamos volver y en mis años viejos, de acá a 20 años, quizá vaya a vivir allí. Voy cinco veces por año ahora que vivo en París, así que te darás cuenta del imán que para mí representa esa tierra con sus leyendas. Yo soy cristiano, y cuando voy a Vinará siempre visito a mis muertos, sobre todo a mi tía María Teresa, que es la última que murió, hace diez años. Entre rezo y rezo le cuento los avatares de Música Esperanza, las dificultades de la vida. Y siempre hay alguna respuesta que sale de mí mismo. Hace unos años me desalentaba un poco de hacer Música Esperanza en un lugar tan perdido, donde no había agua ni electricidad, en zonas sometidas al éxodo rural. Ella me desalentaba, decía: “La gente acá es un poco perversa, no van a entender la generosidad que te mueve a vos, no te van a acompañar”. Mi tía me dejó un rancho de adobe y cinco hectáreas, donde empecé a construir la casa de Música Esperanza

- ¿La construyó ahí mismo, a pesar del mensaje?
 - Bueno, tenía mis dudas, pero un día decidí ir con un piano. Me puse a tocar chacareras y llamé a todos los músicos del lugar, a los músicos silvestres, claro. Y empezaron a acompañarme y se callaron en seguida. Me di vuelta y los vi con las cartas desencajadas, nunca habían visto un piano. Tenían los pelos parados y la carne de gallina, así que les dije: “!No sean cobardes, carajo, toquen¡”. Y estuvimos cinco horas tocando sin parar, como perros en celo. La música tiene eso, puede generar una cosa tan fuerte, el hecho de respirar juntos, de jadear, se parece mucho al amor. 

- ¡Parece no haber nada tan colectivo e integrador como la música!
 -  Creo que es lo que se presta más a la comunión, porque cada cual recibe lo que necesita. No hay palabras que te conduzcan a este tipo de sentimientos. Hace mucho que me di cuenta que la música, en realidad, le habla a cada uno de manera particular. Desde los lugares más sofisticados de la Comunidad Europea, que son los países donde toco más, hasta las villas de Buenos Aires o los caseríos de la Quebrada de Humahuaca, siempre hay un comentario común: “Tengo la impresión de que usted ha estado tocando nada más que para mí, porque me despertó todo lo que tengo adentro”. Esa fuerza tiene la música. Y Música Esperanza existe porque ve la música como un espacio permanente en la lucha por la justicia, por una igualdad de posibilidades para todos. Sabemos que no es posible, pero lo decimos igual. 

- Su vida y su trabajo podrían verse, entonces, como una especie de gesta.
- Nunca pienso en eso. La historia me dio un lugar en el cual me tocó vivir, no solamente la prisión, el secuestro y todo lo que vivimos decenas de miles de argentinos, sino también la infancia en un caserío santiagueño y toda mi adolescencia en un lugar como Tucumán. 

 - De ese pasado, usted parece haber recibido el don de la narración, como una influencia de los grandes contadores telúricos. Esa capacidad parece ser una de las vías con la que logra un vínculo con el público, la gente aprecia sus explicaciones y relatos antes de cada obra.
 - En la cárcel, mis compañeros uruguayos decían: “Contanos cosas, chango, porque es mejor que ir al cine”. Bueno, hay una herencia, mi vieja era una mujer que contaba mucho el pasado de la familia y la historia. A veces me parece que soy como ella, contando. Después había un tío abuelo, don Dardo Giménez, que curaba de palabra a los animales y algunas enfermedades de los humanos. Él era el contador de casos, allá nos les decimos cuentos. 

- ¿Esa distinción no le da a los relatos una cuota más de verdad?
 - Sí, son cosas que ocurrieron. Siempre había reuniones en la casa de mi tío Dardo, había bandoneón, un par de guitarras, se bailaba. Pero todos esperábamos desesperadamente que él se pusiera a contar los casos, nos metía miedos terribles y estados de exaltación indescriptibles. Me acuerdo que cuando salíamos del rancho nos parecía que el pasto, que el árbol, todo vivía. 

- Esas historias guardan seguramente enseñanzas vitales. 
- Esa cuota de realismo mágico hacía que, cuando nosotros volvíamos a nuestro rancho nos quedáramos mudos, nos parecía que todo lo que pisábamos eran almas en pena. Y no es por casualidad que cada vez que voy a Vinará paso por el cementerio a conversar con mi tía María Teresa. Un día, en una reunión, dos parientes, uno de setenta años y otro de cuarenta, se pelearon a muerte para ser el referente de Música Esperanza en Vinará, ambos reivindicaban su amistad conmigo. La autorreferencia es contraria al espíritu colectivo que pretendemos imprimir a nuestra acción, por eso, en un momento me harté tanto que me levanté, fuera de mí, fui al cementerio, a la tumba de la tía María Teresa y le dije: “Tía, yo sé de todas las resistencias que vos tenías con que se haga Música Esperanza acá y mirá lo que pasó, vos lo debés saber desde donde estás”. Entonces, no es que mi tía salió con sus cabellos hasta las rodillas, como yo la veía cuando tenía cinco o seis años, pero hubo un silencio muy grande. Y en mi interior mi voz me hablaba con palabras de ella: “Decile que si han venido a pelearse que se vayan”. Entonces, como un autómata, volví a la reunión y al encontrarlos todavía discutiendo acaloradamente se los dije. Eso forma parte del realismo mágico que ha colmado toda mi infancia, en ese lugar perdido de Santiago del Estero.

 - Cuando se encuentra en Europa, ¿busca ese tipo de referentes o guías?
 -  Si tengo que ir a países tan extraños como Bielorrusia, Ucrania, Finlandia o Suecia, me llevo cassettes que solamente escucho allí, de personajes que son la continuación de mi vieja, que siguen contando cosas hermosas, algunas muy graciosas y otras dramáticas, pero con el gracejo santiagueño, que es muy particular. Todos esos personajes y los terrores que teníamos los chicos cuando mi tío nos contaba casos terribles, aparecían cuando tenía veinticinco años y tocaba Brahms. Me enfrentaba con una obra suya de media hora de duración y empezaban a aparecer los miedos, las esperanzas, la ternura, el amor idealizado, la muerte, Dios, el diablo. Yo no entendía por qué una música que en el conservatorio la habían pintado como muy cerebral, muy elaborada, provocaba en mí esa zambullida en una infancia de realismo mágico en el Nordeste. Lo entendí a los 40 años, leyendo en profundidad sobre su propuesta. Brahms fue el primer músico que, intelectualmente, decidió pertenecer a una raíz cultural, su música está asentada en la balada nórdica, que tiene tres elementos, uno de ellos las leyendas, el sentido de lo fantástico. Entonces entendí por qué esa música siempre me hablaba de mi infancia en Vinará.

 - Se nota en usted una gran fuerza espiritual, cuando habla y cuando toca. ¿El origen de esa fortaleza tiene que ver con esas fuentes culturales? 
- Nunca pienso muy en serio en todo eso. Pero mi abuela, que era otro personaje fuerte de mi infancia, fue la que me dio la primera lección de solidaridad. Se sentaba en una galería del rancho y tenía una tinaja con agua. Entonces, cuando veía que pasaba un forastero por el camino, lo llamaba y le ofrecía un jarro, que en Vinará era muy bienvenido, hay muy poco agua en Santiago. Si la cara le era simpática, le preguntaba si le gustaba la música, entonces me llamaba: “Miguelito, conejito, cantále al señor”. Yo me bajaba del árbol y cantaba. Si la persona era muy simpática, ella decía: “Mi nieto sabe bailar también”. Y me ponía a bailar. Un día mi abuela me llama aparte, tenía el hábito de nunca ponerte en evidencia en comunidad por una falla, te agarraba solo, después, si no entendías, llamaba a la familia. Y me dice: “Mi conejito, he descubierto que es usted vanidoso, cuando la gente te escucha cantar se emociona y te ponés colorado, se te pone la piel de gallina. Y no está bien eso, porque vos tenés una gracia de Dios que es el canto”. Y para frenar mi vanidad, siguió: “Tu hermano Jorge hace las casitas de barro mucho más grandecitas que las tuyas y tu primo Aldo, que ha tenido poliomielitis, monta a caballo mucho mejor que vos, ¡mirá si a ellos les diera por ponerse colorados¡ Dios a cada uno le da su gracia, pero si vos te crees más importante porque cantás y bailás, la vas a pasar muy mal, hijito”. Me quedó para siempre. Capaz que en ese momento no entendí totalmente el mensaje, pero me acostumbré a que la música era un momento de felicidad, de comunión, de dar y abrir el corazón. 

- El piano nace esencialmente como instrumento solista, teniendo todas las posibilidades armónicas de una orquesta. Parecería un instrumento no del todo propicio para generar valores solidarios.
 - Digamos que el piano ejerce una fascinación sobre mí, es como un desprendimiento de mi cuerpo y yo soy un desprendimiento de él. Y me encanta tocar como solista, ser dueño de contar una historia cuando interpreto una sonata de Liszt o una de Beethoven. Tocar esas cosas solo, como mi tío Dardo. Pero ni bien empecé con el piano, cuando llegué a Buenos Aires, la providencia me puso en el camino a la que sería el amor de mi vida, en un colectivo. Me quedé clavado con un par de ojos negros y esa chica era pianista y cantante, tenía una voz hermosa, era como un imán para mí, necesitaba oírla cantar todos los días. Entonces, el piano comenzó a estar ligado a esa voz. Y cuando toco hoy el piano, nunca estoy solo en el instrumento. Después, pronto descubrí en Buenos Aires, la música de cámara. Trabajé muchos años con Lejerko Spiller en el Collegium Musicum, tenía dúos con un violinista, cuartetos. Y cuando empecé a romper la barrera de las divisiones que nos imponía el conservatorio con la música popular, toqué con músicos populares, y el piano se fundía maravillosamente con sicus, quenas o guitarras.

  - ¿Lo matemático de la música fue alguna vez para usted un escollo para sentir lo espiritual en una obra? 
- Lleva tiempo no caer en el fundamentalismo de la intelectualidad. Cuando descubrí que una fuga de Bach empezabas a leerla de izquierda a derecha o de derecha a izquierda y sonaba lo mismo, porque era un trabajo de un cerebro privilegiadísimo, te tentás, volviéndote un fundamentalista de la estructura. Yo pasé por esa etapa de decir: “Cuando la frase termina aquí hay que cambiar de dinámica, cambiar de color”. A veces eso no pegaba con lo que yo sentía respecto de la expresión artística que había detrás del intelecto. 

- De todos modos, en su reclusión, la cuestión del análisis formal de la música de Bach le sirvió como defensa ante situaciones como la soledad, el aislamiento e incluso la tortura.
 - En las sesiones de tortura hubo momentos que detecté que la forma de hacer frente a la violencia física que se ejercía sobre mi cuerpo era la concentración. Una era la afectiva, me concentraba en un personaje y trataba de recrear todo lo que había sido mi vida con esa persona, desde que lo conocí hasta el momento de mi secuestro. Otra sí, era la música. Por ejemplo, me enchufaba en el Concierto en Fa menor de Bach para cuerdas y clave. Del segundo movimiento, mi mujer aprendió a cantar la parte del piano y yo la acompañaba tocando. Entonces me concentraba tratando de oír la voz de Marta y descifrar, recordar todos los acordes que tocaba. Y entraba en un estado de concentración total que me permitía sentir mucho menos el dolor físico de la picana o las otras cosas horribles que me hacían. Otro elemento era concentrarme en un rezo, pero con imágenes. Decía “Padre nuestro que estás en los cielos”, diez, quince, diecisiete veces, hasta que veía la cara del Señor. Tenía algodones en los ojos, una venda y una capucha, pero veía a dios con la cara de mi viejo. Cuando decía “Santificado sea tu nombre” tenía que ver una aureola en torno de esa cara. Y así iba repitiendo como loco cada frase hasta que veía la imagen de lo que quería decir. Cuando me tocó hacer frente a todo eso, me di cuenta que uno tiene reservas increíbles. 

- ¿Qué siente hoy frente a su obra, Música Esperanza
-  Para mí el eje de mi vida es la música y el amor. No sólo el amor pasional o el amor de los tuyos, de tu familia, sino el amor del prójimo. Yo amo profundamente al ser humano, sobre todo al más pobre, al que está más desvalido, aquel con quien la vida y la historia no fueron generosas. Entonces, la música y lo social son dos pasiones muy fuertes, ninguna de las dos puede andar separada.

25.6.19

Textos encontrados


Bocanada, de Gustavo Cerati





















Aunque en zonas artísticas diferentes y quizás hasta opuestas, Gustavo Cerati parece haber optado en “Bocanada” por un camino similar al de Manu Chao con “Clandestino”: la musicalidad calma e introspectiva. Ese punto parece un lugar inevitable al que llegaron después de haberse tomado su tiempo para exponerse frente a la disolución de los grupos que lideraban y con los que cambiaron la escena musical del continente, uno refugiado en la errancia exploradora y el otro en hipnóticos trances con beats electrónicos.

Más estético y glamoroso que el francés aunque con una misma carga nostálgica, Cerati también construye en su trabajo solista una unidad global que une las catorce canciones en una trama climática cargada de una melancolía que definió como eufórica. El género en boga internacionalmente que usa para vestir esas historias de amor contrastantes e intensas - siempre fue un oportuno traductor de las últimas tendencias musicales - es el trip hop, muy adecuado en sus beats quebrados, su búsqueda de asperezas tímbricas y su exploración de ritmos mentales para crear esos climas que parecen nutrirse de una mezcla de la acidez sonora de Portishead con el optimismo pop electrónico de Beck, también pacífico e instrospectivo en “Mutations”.

Lo que da un tono particular y un disfrute a la relectura es algo que el músico menciona como una necesidad aplicarle dulzura a la música, lo que parece estar haciendo desde que hiciera cada vez más explícito su reconocimiento a la herencia de Luis Alberto Spinetta. Cuesta entonces no asociar “Crisálida” del doble de Pescado Rabioso a la canción “Verbo carne”, centro emotivo del disco, donde su voz vuela épica sobre una orquesta de 48 músicos que le dan un marco dramático al texto de resonancias bíblicas: “desde que partió su verbo vive en mi carne”. Crooner wagneriano del dolor por la ausencia del otro, Cerati muestra con este experimento otro de sus referentes del trip hop, el director y primer violín de la orquesta trabajó con Massive Atack, grupo básico de la corriente.
Lo mejor de “Bocanada” está justamente en las canciones, que podrían ser casi todas tocadas en forma acústica sin perder su esencia, aunque sea ese tamiz electrónico que combina el dance con el ambient, el trip hop, el easy listening, los samplers de materias sonoras retro, los scratches, el drum & bass y las más variadas experimentaciones con ritmos y texturas lo que aporta un interés sonoro y estructural poco habitual en el pop argentino actual. 

Claro que, a pesar del tratamiento electrónico - donde lleva a un desarrollo mayor lo que ya venía trabajando en discos como “Confort y música para volar” o “Sueño Stereo” - hay una riqueza mayor en la lírica de las canciones, donde ya no le alcanza el esquema muy usado en la etapa inicial de su grupo de tomar las palabras para construir imágenes que resultaran modernas y estéticas. Una curiosidad se halla en “Aquí y ahora”, donde en un envoltorio ambient pop la letra se puebla de guiños al universo borgiano: “sé una gota en el jardín/ sigue el curso de agua/ que nos lleve donde nunca fuimos / por senderos que se bifurcan / por mundos paralelos”. La clave, quizás, para entender y disfrutar de “Bocanada” - tomado como mucho más que una compilación de singles, lo que sí sucedía con algunos discos de Soda de los ´80 - quizás esté en “Río Babel”, con su estructura circular y su lírica y musicalidad orientales en la idea del fluir de la conciencia: todas las canciones se dejan oír en un río fílmico que corre tomando distintos climas hasta llegar a la disolución en un largo instrumental techno ambiental que requiere del oyente una actitud relajada y sin prisa, la que el disco le exigió desde el inicio.


Comentario aparecido en revista La Contumancia. 1999

19.3.16

Dino Saluzzi

Sutilezas y misterios

Dueño de una musicalidad notable, que combina tango y folclore con desarrollos instrumentales cercanos al jazz y la música clásica, es uno de los más respetados bandoneonistas del mundo.

Diego Oscar Ramos - Diario z (septiembre 2012)

Así como pasa en su música, hay que saber escuchar el discurso de Dino Saluzzi, uno de los bandoneonistas más respetados del mundo, con una carrera de más de cuatro décadas, más de 30 discos y trabajos históricos con músicos como Charlie Haden, Wolfgang Dauner o Al Di Meola. No es que su hablar sea hermético, pero su habla puede lanzarse a recorridos filosóficos o espirituales profundos sin preámbulos que avisen el destino de las palabras. Y quien haya oído trabajos suyos como "El Encuentro", grabado en 2009 en Amsterdam y presentado el mes pasado en Buenos Aires junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, comprenderá que su aporte musical y humano está justamente en conducir a los oyentes hacia regiones intensas de la sensibilidad. “En la música dejamos la concreción de algo que soñamos, uno percibe cosas que después se muestran de una manera diferente y sin ese juego todo sería chato, sin atractivo”, comenta con cierto misterio el hombre nacido en la localidad salteña de Campo Santo. Y pronto dice que la música es algo muy serio, que se maneja con exactitudes técnicas tanto como con sutilezas del ánimo. “Es necesario no olvidar que las ciencias del corazón son necesarias en la vida, que la música aporta el ejercicio de prepararse para la armonía y la fraternidad”, dice Saluzzi y completa: “La música produce diferentes efectos en las personas y siempre componemos pensando en el otro, no en La Mesopotamia”.
El compositor sonríe, como acentuando un tema que siente como importante. Y jugando con las paradojas, dirá que lo que las creaciones musicales siempre deben de contener es una pertenencia clara a una región, la identidad que da la tierra. “Si carece de geografía, la música sería un entrevero de cosas, un reduccionismo extraño, porque la referencia a un lugar puede convertirse en algo espiritual”, expresa antes de explicar algunas reglas que aplica como arreglador: “No hay que transformar lo que no se debe transformar, porque si a un carnavalito le ponés acordes extraños lo sacás de su geografía y eso es ignorar todo”. Obras de corte sinfónico como “Vals de los días”, que también presentó recientemente en esta ciudad, son la prueba viva de la aplicación de este ideario ético de un Saluzzi que viviendo en Buenos Aires aún parece generar más presentaciones de sus obras en la Europa donde estuvo radicado por décadas. Ya sea en nuestro país o en alguna ciudad del mundo donde su obra haya tenido hasta hoy mayor difusión que en su tierra, Saluzzi mostrará siempre la relación intensa que tiene con su instrumento: “En el bandoneón el aire que entra es de afuera, tiene humo, humedad, con el fuelle aspiramos el aire de los otros y lo devolvemos transformado”. En este intercambio múltiple, le parece que el instrumento no debe ser constreñido a ningún género, ni siquiera al tango y menos todavía convertirlo en herramienta de competencia técnica: “Me resisto a pensar que hemos nacido para batallar, miro los jardines, miro la luna. Y siento que hemos venido para gozar la vida”.



21.9.15

Maxi Artale

Alas nuevas

Desde Estados Unidos, donde está trabajando en la pre producción de su primer disco solista, el pianista y cantante Maxi Artale habla en esta entrevista del proceso de creación de sus canciones. Conocido por sus trabajos como tecladista y segunda voz de la banda de reggae Chala Rasta, Artale tiene una escuela de canto, ha trabajado como sesionista para proyectos musicales diversos y compuso bandas sonoras para películas y comedias musicales. 


Diego Oscar Ramos


- ¿Por dónde estás abordando tu inicio de carrera solista? 
- Es un poco caótica. La verdad es que todo esto llega en un momento de mucho cambio. Se fueron abriendo diferentes caminos y hubo que tomar muchas decisiones en el medio. Inclusive fui seleccionado por la Universidad Nacional del Arte este año para estudiar un mes de intercambio en Brasil con la beca MAGA, lo cual implicaba representar al país en otro lugar, realizar conciertos. Creo que van a sacar un libro de todo lo que suceda allí y la verdad que me hubiera gustado participar, pero tuve que terminar dejando de lado esa oportunidad porque se me superponía con todo lo que estamos haciendo para este proyecto. Yo vengo de una formación clásica, mezclado con la realidad musical que nos rodea a todos. De estar viendo en un momento la forma que usaba Beethoven para sus obras a estar escuchando Led zeppelin al rato, o de estar viendo videos de Pavarotti o Juan diego Flores cantando a analizar qué hace Stevie Wonder en los agudos. Contento de estar en la época en la que vivió Spinetta y Ceratti, donde sonaba Charly y Fito. Y tocado en el medio por el Hip Hop, el R&B, el Funk, el Jazz que me traen los amigos, la cumbia que escuchaba de chico y que sigue sonando en donde vivo, el Folclore de a ratos y Chala Rasta. Toco hace 4 años con ellos y tengo una comunión absoluta con el reggae. De todo eso van saliendo cosas, siempre con mucho respeto. Por lo pronto, estoy grabando en 432, como para amigarme un poco con el agua. Todo va a estar en esa frecuencia, a excepción de algunos sonidos y para cumplir alguna función. Me gusta jugar a que lo que hago es surrealista, o que puedo figurarte un ruido que tengo en la cabeza o una sensación en el movimiento del sonido. 

- Estás trabajando con el tiempo suficiente como para que el disco tenga una identidad clara...
- Estoy pudiendo darle bastante tiempo a cada canción para que madure, de hacer interconsultas con mis amigos músicos, aprovechando que nadie me corre. Cada una va a tener su clima y la sonoridad y estilo que mejor le cuaje. Cuando amerita trato de usar algo del filmscore, de la música incidental. Estuve muy en contacto con el cine el último año, inclusive componiendo música para algunos cortos, así que inevitablemente ese elemento está presente.  Me interesa mucho la imagen y la actuación, y por suerte tuvimos la oportunidad de grabar el video de una de mis canciones en Hollywood, en los estudios de la CBS con una buena producción. Lo dirige Vanesa Prieto, mi gran compañera, que es una directora que se viene con todo. Tenemos actores increíbles que colaboraron, de Argentina, de España y de Estados Unidos, y un equipo de trabajo buenísimo. Estamos buscando alternativas para presentar cada cosa. Me gustaría volver a algunas sonoridades e ideas que se tenían acerca de todo lo que implica tocar y escuchar música o vivenciar el arte que se fueron perdiendo y  que, con las posibilidades que tenemos hoy, los nuevos instrumentos y la respuesta rápida del que lo recibe, tienen un potencial muy grande. En la antigüedad y hasta hace no mucho tiempo, la gente en general le daba tiempo a la apreciación y la obra cobraba otro valor, tenía otro proceso; no era todo tan descartable. Hay que ganarle un poco a la escucha efímera que hay hoy, que yo mismo tengo. Esperamos poder aportar algo.  

- ¿Qué implica para vos integralmente el cantar?
- El canto es, desde el principio de los tiempos, nuestra forma primera de expresarnos. Hay dos cuestiones: el canto de por sí libera y armoniza, y por otro lado, implica un estudio apasionante. En mi caso, el sonido en general me ayuda a lidiar con diferentes perturbaciones con las que todos vivimos cuando elegimos conectarnos un poco con los sonidos y los colores que están todo el tiempo ahí, pidiendo entrar. Desde siempre encontré en la música y sus diferentes variantes, un canal en el cual uno se puede investigar, hacer una introspección y abrirse. Con el canto particularmente, la sensación de sentir el cuerpo vibrando es única, y el camino a seguir cuando elegís formarte y entrenar tu instrumento es, por lo menos, difícil de comparar con cualquier otra cosa. Es una forma de vida que te obliga a conocer tu cuerpo y amigarte con él, a estar en armonía con vos mismo. Está bueno, tenés que aprender a romperte, a bajar el ego y a sacrificarte. El estudio del canto es arduo y paga a cuentagotas, pero pienso que es de lo que más vale la pena, y todos deberían transitarlo un ratito, sobre todo los que se dedican a cantar.

- Según he leido, has tenido un periplo de profesores hasta que diste con una maestra a la que sentiste como tu gran formadora, ¿qué es lo que sentís que fue lo más importante que te ha enseñado? ¿Por qué?
- En realidad te puedo decir que encontré finalmente 3 grandes formadores, con dos de los cuales sigo trabajando. Pero sí, tuve que pasar por muchos antes, un poco porque debo tener una personalidad difícil y otro poco porque no encontraba lo que buscaba. Por lo general, cuando estudiás la voz, la mayoría de los profesores utiliza imágenes y sensaciones subjetivas para intentar transmitirte su conocimiento. Es un método que está bien, existe y le ha servido a muchos cantantes, pero yo sentía que necesitaba otra cosa para llegar al sonido que buscaba, y en el camino me fui encontrando con un universo que no me imaginaba que existía. Empecé en el Colegio Nacional Adrogué, donde intuitivamente me metí en el coro y conocí al gran Ricardo Barrera, con el que descubrí el mundo en el cual terminé invirtiendo todo mi tiempo. Viajamos, competimos, aprendí, conocí la música coral, de cámara y de ópera. Un flash. Él fue el que me dejó creer que es mentira la idea de que el artista se tiene que dedicar a otra cosa o se muere de hambre, siempre y cuando te dediques de lleno y te formes. Después terminé dando con dos grandes maestros que, a su manera, manejan un camino distinto al convencional en el estudio del canto, sin tapujos, sin tanto protocolo y yendo más al hueso, relacionando toda emisión con un movimiento muscular. En primera instancia, Verónica Glass.  

- ¿Qué trabajaste con ella?
- Lo interesante fue que me propuso ir por la línea que ella había estudiado el último tiempo con Seth Riggs (profesor de Stevie Wonder, Michael Jackson, Ray Charles; una leyenda): arrancar de cero el estudio desde lo muscular, sin fórmulas mágicas y sin esperar resultados a corto plazo. No te podés poner a hablar de apoyo si antes no solucionás las tensiones que te impiden conectar tu instrumento, o si no tenés mínima noción de cómo se mueve tu cuerpo. Naturalmente uno sabe cómo emitir un sonido sano, el problema es que eso se va olvidando. No hay sonido más potente en relación que el llanto de un bebé, y al nene nadie le dijo que tenía que aprender a respirar. Hay que desaprender todo lo mal aprendido durante años. Fue medio traumático porque los ejercicios que manejamos son muy distintos a la vieja escuela, pero  bajo premisas muy claras pudimos trabajar mucho tiempo juntos. De ahí, se abrió la puerta y, deudas de por medio, pude tomar clases directamente con otros grosos mundiales como Greg Enriquez, John Henny, Wendy Parr. En el medio conocí a Guido de Kehrig, eximio cantante del colón y un excelente formador. Lo primero que noté fue que todos sus cantantes eran buenos, por lo que algo bien hacía. Encarando los conceptos desde otra perspectiva, su método se terminó conectando con muchas de las ideas que venía estudiando paralelamente. Ambos me ayudaron y me siguen ayudando con toda su excelencia, es una suerte contar con su respaldo.

- En una época te entrenaste haciendo versiones de canciones de Stevie Wonder. ¿Qué te brindó esa metodología?
- Sí, me encerraba 3, 4 horas, 2 o 3 veces por semana a grabar la misma canción mil veces. La grababa, la escuchaba un poco y la borraba. Cambiaba el micrófono de posición, la forma de decir, la intención, etc. Es una forma de estudiar que me inventé para tener una respuesta brutal de lo que estaba haciendo, y para ver qué de toda la información que había recibido estaba bajando al cuerpo. No quería caer un día en un estudio y darme cuenta que se me había escapado algún detalle importante. Estudiaba técnica un rato y después me ponía a grabar. La mayoría de las veces, terminaba la sesión porque me había cansado de que no me guste lo que hacía, o porque no salía. Pero después uno se amiga con todo eso. Es un entrenamiento aparte, como el tipo que se queda pateando tiros libres después de hora. Ahora hago lo mismo con mis canciones. Se aprende mucho de ahí y también de enseñar o acompañar el estudio del canto de otros. Cuando ves a otros laburar, por empatía te caen fichas a vos mismo.

- Sos amante de la música negra, la llamada black music de origen norteamericano, ligada al soul, al funk, ¿qué sentís que le ha aportado al arte del mundo?
- Y… mucho. Casi todo lo que escuchás ahora es una mutación de esa música, del blues y del jazz. Por ahí se perdió un poco la conexión con todo lo otro, con los avances que hubo en la música clásica: las formas, el clima que te daban las obras, las óperas, los ciclos de canciones, etc. Lo mismo pasa con las músicas folclóricas. Tenés muchos elementos dando vueltas, aislados. Siempre me pareció medio rara la división entre música popular y música académica, casi elitista, siendo que la música académica de ahora es la música popular de antes. Como sea, la música góspel te da voces increíbles, ritmos y formaciones de bandas buenísimas. De ahí, el funk, el reggae, el blues, el jazz. La música góspel nos liberó de un montón de ataduras, nos dio alas nuevas. Si no hubiéramos tenido eso, ahora no tendrías rock. Y sin rock, no tenés nada.

- ¿Qué dirías de tu trabajo con instrumentos?
 - Creo que todo lo que sirve para expresarse es válido. También dibujo y estudié actuación. Y siempre ando tratando de aprender algo de algún instrumento nuevo, porque cada uno encierra un mundo apasionante al que tranquilamente le podés dedicar la vida entera y te va a seguir sorprendiendo hasta último momento. Cuando tenía 2, 3 años, copiaba las cancioncitas que vienen en los teclados de juguete. De ahí para adelante, aprendí a tocar todos los instrumentos que tuve cerca de forma autodidacta. Tocar es como una terapia, es donde encuentro un poco de paz. Lamentablemente y por suerte, en mi caso no se dio la historia del nene que estudia desde los 4 años. A fin de cuentas, calculo que eso te da otra impronta. La realidad es que siempre usé los instrumentos para mí, para conectarme. Después como medio de vida, laburando de sesión o enseñando. No me gusta la cosa ególatra del artista que necesita mostrar para que lo feliciten, no me pasa. Pero me fascina la conexión que podemos tener entre todos por medio del arte en todos sus lenguajes. Ahí es donde me amigo con la idea de abrir lo que hago puertas para adentro.

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7.3.15

Gustavo Santaolalla


“Mido el éxito pensando que lo que estoy haciendo conecta con mucha gente”.

Entrevista inédita de 2010, usada en parte como informe para la revista Brando. Si bien el estímulo inicial fue hablar de su por entonces reciente emprendimiento vitivinícola, la conversación tuvo como centro la necesidad de que cada acción creativa sea expresión de la identidad.



Diego Oscar Ramos



        Desde Arco Iris, el legendario grupo con que se adelantara en los ´60 a la incorporación del rock internacional de las músicas folclóricas del mundo, pareciera que todo lo hecho por Gustavo Santaolalla ha sido parte de procesos de aprendizaje y búsqueda. Y donde todo, desde la producción de músicos con los que se volvió un referente como productor internacional a la creación premiadísima de bandas sonoras de películas, está naturalmente en sintonía con la realización de Cielo y Tierra, la línea propia de vinos Malbec que preparó con calma durante media década. No aparecen demasiadas jerarquías en los relatos con que habla de su carrera, donde todo acaba interrelacionándose y potenciándose entre sí.


9.6.14

Música popular



Voz cantante

Dentro del jazz argentino, destacadas vocalistas como Barbie Martínez, Delfina Oliver, Fernanda Lanza y Georgina Díaz están dándole renovación estética al género, al mismo tiempo que respeto por su mejor tradición.

Diego Oscar Ramos . revista NUEVA . 8-6-14


En un panorama de crecimiento del jazz argentino, una generación actual de cantantes femeninas argentinas están afianzando la presencia y calidad del género musical que desde finales del siglo XIX, su fecha de nacimiento en Estados Unidos,  viene regalándole al mundo un arte que como pocos utiliza la libertad de improvisación. Y si ya contáramos en el siglo pasado con estrellas cantoras de esta música libre como Egle Martin, Eleonora Eubel, Lona Warren, Lois Blue o Dona Carrol, las que son rescatadas recientemente por el libro “Juego de Damas” del investigador Edgardo Carrizo, nuestra actual escena jazzera tiene en las voces de  cantantes argentinas como Delfina Oliver, Barbie Martínez, Fernanda Lanza y Georgina Díaz una punta de lanza para renovar el interés de mucho público por el jazz a partir de su trabajo. Es sabido que la música cantada suele tener históricamente mayor popularidad que la instrumental, por lo que las cuatro (algunas desde su debut reciente y otras ya con presencia consolidada) están trabajando para revitalizar un panorama de gran calidad e historia. 
Entre las pioneras argentinas y la nueva guardia, comparten un respeto de base por grandes cantantes norteamericanas como Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, Billie Hollyday o Anita O’Day, modelos eternas de “ladycrooner”. Pero hay una diferencia fuerte en la manera en que esta generación ha sabido, como lo ha expresado públicamente Carrizo, ampliar el panorama por tener una formación musical más sólida. Ese es el caso Oliver, Lanza, Díaz y Martínez, todas con profunda formación musical, quienes, además han trabajado en sus discos o conciertos con los más destacados músicos de jazz argentinos: de Alfredo Remus a Juan Cruz de Urquiza, de Mariano Otero a Pepi Taveira, de Ricardo Cavalli a Mariano Loiácono, por mencionar apenas algunos nombres que resonarán de inmediato entre el público jazzero conocedor. En esa amalgama de traer aire nuevo al género, pero a través de recreaciones de clásicos del jazz, tocados con brío por los mejores instrumentistas del país, estas mujeres están haciendo su parte de la historia del Jazz en la Argentina. Y por eso hablamos con ellas. 

- ¿Cómo ven la escena argentina actual de jazz?
- Martínez: Veo una escena en constante expansión y crecimiento, con músicos y cantantes de cada vez mayor calidad y nivel con una diversidad de propuestas muy interesantes y variadas.
- Lanza: En ascenso. Cada vez hay más lugares donde escuchar y tocar. Hay muchas propuestas diferentes, hay que jugársela y prestar atención e ir a escuchar las variantes.
- Díaz: Creo que la existencia de los Festivales de Jazz en varios puntos del país ayuda muchísimo al encuentro y a la difusión de esta música. Por suerte hay un movimiento importante y de a poco está dejando de lado el lugar que a veces le han dado, ese de que es "un estilo para pocos", cuando en realidad es el más abierto de todos. 
- Olivier: La escena del jazz nacional vive desde hace más de una década una etapa prolífica que incluso resuena fuera del país. Cada vez hay más escuelas y artistas con quienes estudiar, más escenarios donde presentarse, más facilidades para grabar en forma independiente. Pero este crecimiento se dio sobre todo el en jazz instrumental y de autor. En los últimos años veo el surgimiento de nuevas voces con proyectos sólidos, gran nivel y propuestas personales, acompañadas por talentosos músicos, como las tres jóvenes cantantes con las que comparto esta nota. Creo que se ha enriquecido enormemente la escena del jazz vocal, tanto sobre el escenario, como en la enseñanza. Eso renueva y da vitalidad del género y al entusiasmo del público.

-¿Qué piensan de los roles que ha tenido hasta ahora la mujer dentro del jazz?
- Martínez: Ha habido grandes músicas de jazz en todas las épocas. El rol de las cantantes siempre ha sido muy fuerte. Espero que nuestro rol sea el de ser un músico de jazz que intenta aportarle su punto de vista a esta música.
- Oliver: Las mujeres en el jazz aportan el punto de vista femenino, obviamente, que es distinto al masculino siempre. Y eso conlleva un valor artístico en si mismo. En el caso particular de las cantantes, creo que han acercado el jazz a un público mayor, quitándole el estigma de ser música para músicos. Las cantantes músicas que han logrado destacarse han sido valientes y extremadamente talentosas para poder hacerlo en una ambiente con amplio predominio masculino.
- Lanza: Se ve que a las mujeres nos gusta el rol de “llevar la voz cantante”, que también supone liderar. Porque veo que hay más cantantes mujeres que hombres. Y también que hay menos instrumentistas, o no se están mostrando tanto. Pero sé que hay muchas y muy buenas,  porque el jazz fomenta la igualdad de géneros.
- Díaz: A lo largo de la historia han variado los roles, de acuerdo a los que que tiene en sí misma la mujer dentro de una sociedad. Han habido muchísimas y excelente músicas de jazz que han tenido diferente repercusión en la gente y en los medios de comunicación. Y han logrado hacerse respetar a través de su arte. Para mí los roles se crean colectivamente y eso se verá con el paso del tiempo y la mirada de los otros. Lo que intento es atravesar la música con honestidad.
- Oliver: Considero que las artistas femeninas en todos los tiempos han tenido un pensamiento vanguardista, y no se han dejado amedrentar por la consideración de género. Y han contado con el apoyo de artistas masculinos con la cabeza más abierta que la sociedad, que las consideraba “menores” que sus pares masculinos.

- ¿Qué les pasa con esa vieja idea de que el cantante no lo tan músico como un instrumentista?
- Lanza: Ya no veo que se hagan diferencias entre músico cantante y cantante no músico. Todos saben que hay una formación para cantar, sea o no académica. En mi caso pasé por la “Escuela de Música Popular de Avellaneda”, pero podés estudiar con profesores particulares.
- Martínez: Creo que lo importante es ser honesta y comprometida con la música, lo que significa entregarse al momento, ser genuino al momento de contar una historia. Además de  saber bien las melodías, armonías y las letras, ser profesional en tu trabajo. De esa manera tus colegas te respetan.
- Díaz: El cantante es un músico más, que es quien cuenta la historia que tiene cada tema, desde las palabras.
- Olivier: No he tenido más que respeto, apoyo y afecto por parte de los músicos de jazz argentino, y eso me ayudó a crecer, a afianzarme, y a ocupar el lugar que tengo hoy en el género. Siempre me han tratado como a un par.

- El jazz parece exigir al artista tanto una exigencia por la novedad pero también un respeto por momentos y artistas sagrados. ¿Qué sienten con esto?
- Martínez: Creo que lo maravilloso del jazz es que el camino de la improvisación vuelve cada concierto algo novedoso, porque en la búsqueda de una identidad propia, uno arriesga y es espontáneo. Por otra parte, creo que lo alucinante del jazz es que no hay nada intocable, sino justamente la posibilidad infinita de experimentar en pos de la búsqueda artística.
- Olivier: Creo que cuando lo que uno expresa a través de la música es auténtico y propio, es novedoso por ser distinto a la expresión de otros. Y como uno es exponente de su generación, esta expresión es siempre actual. Los cantantes, músicos y compositores de culto nos inspiran, son una zanahoria a alcanzar y no un factor de intimidación.
- Lanza: Trabajar para ser novedoso no creo que nos lleve a buen puerto. Si en el transcurso de tocar, cantar y estudiar sentís que estás diciendo algo personal y genuino, va a ser tan novedoso como personas hay en el mundo.
- Díaz: El jazz no exige más que estar en presente y vincularse con la música.  La idea es ser único y por ende hay que correrse de lo que se espera que uno haga, del ser novedoso y todas esas expectativas que sólo alimentan una parte snob y periférica de cómo vivir la música. Los compositores universales son completamente inspiradores y motivadores. Te enseñan de la vida, de la música, diría que casi infinitamente.

- ¿Qué diría cada una de la mezcla de estilos y géneros que ha decidido hacer? Y, ¿cómo se sabe cuando algo sigue siendo jazz?
- Martínez: Suelo cantar jazz casi exclusivamente, salvo por algún blues que al ser la raíz del jazz está estrechamente vinculado con el estilo. Se sabe si algo sigue siendo jazz si tiene lenguaje del estilo, improvisación, swing, tradición, y cuando el intérprete se apropia de la composición original y la reinterpreta para contar una historia o imprimirle un mood o un carácter al tema.
-Olivier: En mi caso, soy una amante del género, y en mis proyectos y grabaciones, donde voy oscilando entre el jazz clásico y el jazz contemporáneo según el proyecto, siempre he sido una purista del género, por pasión. Simplemente amo el jazz, y con él me alcanza para explorar las fronteras infinitas que su libertad permite.
- Lanza: Si bien mi disco parece que mezcla estilos, no es de música, sino de músicos. Hay una lógica: somos músicos de jazz, con formas de tocar diferentes que hacen que seamos uno ilusoriamente. El punto de partida es la tradición jazzística. Yo canto standards, pero siempre estamos atravesados por la cultura de hoy. Arriesgar es uno de los pilares del jazz y conservar también, como la historia.
- Díaz: Al repertorio lo vamos elegiendo a raíz de los temas que nos han marcado en nuestra historia personal o se nos han acercado a nuestras vidas quizás de alguna mágica manera.  Yo considero que es Jazz cuando se escucha la tradición, la historia, cuando hay riesgo y se intenta hacer propia la música.

- Para terminar, ¿qué dirían que es el Jazz en sí mismo?
- Oliver: El jazz es un lenguaje musical libre, amplio, y permeable que permite la fusión con otros géneros, da la libertad a sus intérpretes para hacer versiones originales de los clásicos para poder expresar su personalidad. Y tiene a la improvisación como elemento distintivo.
- Martinez: Es el estilo musical más profundo, vasto, rico, ecléctico, creativo, improvisativo e interesante que existe.
- Lanza: Diría que es un arte interpretativo repleto de riquezas sonoras, gracia y refinamiento, donde lo que me llama la atención es lo infinito que hay en la improvisación.
- Díaz: Para mí es una música, una filosofía, un lenguaje que justamente hace de la amplitud y pregunta constantes su estatuto.


OBRAS FORMADORAS

Es sabido que los grandes discos suelen ser formadores de los artistas tanto como sus estudios. Para estas músicas argentinas, estos son los discos favoritos.
Martínez: “Falling in love is wonderful” (Jimmy Scott), “Don’t misunderstand” (Etta Jones), “Live Session!” (Ernie Andrews with Cannonball Adderley), “Honi Gordon sings” (Honi Gordon), “Anita Sings the Most” (Anita O’Day with the Oscar Peterson Quartet).
Lanza: “Chet Baker Sings” (Chet Baker), “Off the wall” (Michael Jackson), “Live at the Great American” (Carmen Mcrae y Betty Carter Duets), “Ella & Louis” (Ella Fitzgerald & Louis Armstrong),  “Live” (Erykah Badu).
- Díaz: “Live at Carneggie Hall” (Nancy Wilson), “Chet Baker Sings” (Chet Baker), “It could happen to you” (Anita O´day), “Live in Tokio ´63” (Coltrane & Hartman), “Swingin Easy” (Sarah Vaughan).
- Olivier: “Kind of Blue” (Miles Davis), “Live in Tokyo” (Anita O’Day), “Ella in Berlin” (Ella Fitzgerald),” The Blues and The Abstract Truth” (Oliver Nelson, Mingus), “Ah Um o Revenge!” (Charles Mingus, Paul Motian and the Electric Bebop Band).


Trayectoria

“Con uno de los mejores discos de jazz vocal en su haber, es una de las mejores voces locales y una de las artistas más aceptadas por la avant garde del jazz”, dijeron críticos especializados argentinos sobre Delfina Oliver, quien editó los discos “Mirada” (2005) y “Camino”, (2010). Hoy, junto a su Orquesta Artistry Big Band, recrea standards clásicos y la obra de los grandes compositores del jazz moderno. Por su parte, Barbie Martínez parece una de las más populares cantantes actuales del género, con discos como “Swing!” (2010), “Live at Thelonius” (2013) y “Walkin'” (2014) ha recibido críticas elogiosas de los más reconocidos críticos del país, quienes incluso la han mencionado, junto a quien fuera su alumna de canto, Georgina Díaz, como artistas capaces de darle su personalidad a las piezas más históricas del género. Díaz, actriz, iluminadora teatral y cantante, ha editado su primer disco, “Suddenly”, donde relee los standars con una sonoridad contemporánea. También Fernanda Lanza, que también publicó recientemente su deut discográfico con “One”, trae condimentos como el soul, con un declarado amor por Michael Jackson, a un repertorio que incluye clásicos de la década del 40 y hasta un tema del adorado compositor  Tom Waits.

Para escucharlas

- barbiemartinez.bandcamp.com
- fernandalanza.bandcamp.com

- georginadiazandthemornings.bandcamp.com
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