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12.1.13

Hernán Piquín


“El arte cura en cualquiera de sus formas”


A partir de su participación en televisión, se convirtió en uno de los bailarines de formación clásica más populares de nuestro país. En esta entrevista asegura que el escenario es un ámbito sagrado y aclara que es el bailarín quien le da esa dimensión al dedicarse a su trabajo con amor, respeto y dedicación. Y no importa si baila en el mejor teatro del mundo o en un estudio de televisión.



Diego Oscar Ramos - Uno Mismo - Noviembre 2012


                Hay que ver a Hernán Piquín en movimiento, sea cual fuese el ámbito donde su cuerpo trace formas en el aire, para sentir que el ser humano tiene posibilidad de dialogar con lo más sagrado a través de la corporalidad. Y la naturalidad con que hace parecer simples a los más complejos pasos de la danza clásica es la herramienta más eficaz que tiene para provocar entusiasmo en todo tipo de personas, incluso las que nunca han estado relacionadas con espacios de arte. Y si bien su actual popularidad se debe en buena parte a la gran exposición a que lo ha sometido su participación en un certamen del prime time televisivo argentino como Showmatch, ciclo que ganó el año pasado y en el cual sigue participando, fueron virtudes suyas como el talento y el carisma las que se terminaron imponiendo dentro de un esquema de espectáculo comúnmente organizado a base de perseverancia o escándalo.  Claro que para quien ponga aquí un juicio que vea  el trabajo televisivo de quien fuera por años primer bailarín del Colón en la televisión como un oasis dentro de un desierto, se enfrentará con más de una idea central para Piquín.
Es que si alguna vez expandió con éxito y sin prejuicios su radio de acción como bailarín clásico al participar de telenovelas o películas de cineastas míticos como Leonardo Favio, el ingresar al universo de los concursos de baile debe de haberle dado más de un nuevo sentido a su desempeño como artista del cuerpo. Nunca da la sensación al verlo en cámara, ni siquiera cuando se ha intentado que sea parte de la fase escandalosa de estos shows, que esté haciendo algo en lo que no se sienta comprometido. Seguramente haya en esta presencia íntegra en lo que hace, lo mismo que pasa al verlo en vivo en la obra Freddie donde homenajea al cantante inglés fundador del grupo inglés Queen, una clave para comprender parte de su magnetismo. Y en este aspecto de su personalidad, también podrá buscarse razones del éxito que tuvo en televisión junto a su pareja de baile Noelia Pompa, quien por bailar con estética y potencia hace olvidar su tamaño físico pequeño.  De alguna forma, también Piquín combina en su personalidad tanta fortaleza como fragilidad, aspectos que todo arte profundo integra. Y de los que el bailarín sabrá reflexionar en esta entrevista.



- ¿Cuál es el primer recuerdo que tenés sobre percibir con placer al cuerpo en movimiento? 
- Cuando veía en Canal 7 un programa que se llamaba “Noches de Gala”. Ahí comenzó todo, tenía cuatro años y le dije a mi mamá que quería bailar. 

- Solés mencionar que te sentiste acompañado en esa decisión.  Y que tu madre fue importante para impulsar tu vocación. Has contado que se te llevaba muy temprano en tren, desde el gran Buenos Aires, a la escuela del teatro Colón.
- Tal vez algunas personas piensan que cuento esto como un sacrificio. Y en cierto punto lo es, pero no quiero decir eso, porque mis recuerdos no tienen esa carga. Más bien recuerdo que en la mayoría de las veces el que se levantaba antes y despertaba a mi mama era yo. No quería faltar nunca, estaba muy motivado con eso. Ahora, con el tiempo, me doy cuenta que era un chico muy enfocado. Y eso provenía de mi vocación, de la claridad que tenía con lo que quería y me gustaba.  Para mi madre seguramente fue un sacrificio, ella era la que me llevaba. El enfoque mío era bailar y el de ella era verme feliz. Por eso lo hizo.

- ¿Cuándo sentiste que estabas en un camino serio de trabajo con el que te comprometieras?
- A los 10 años, cuando ingresé al teatro Colón. Lo que te puedo decir ahora, viendo todo en retrospectiva, es que nunca perdí el enfoque en mi sueño. Desde esos 4 años que te cuento, hasta cuando ingrese al Colón, supe qué era lo que tenía que hacer. Tenía la sensación de seguridad de estar haciendo lo que quería hacer. Nunca tuve problemas con el compromiso, ni con la disciplina o la responsabilidad. Te puedo decir que el compromiso más importante de mi vida fue el que tuve con mi sueño. Creo que todas las personas deberían comprometerse con sus sueños y estoy seguro que esa clase de enfoque es lo que hace que se manifieste. En este caso estamos hablando de la danza, pero lo podés llevar a cualquier aérea de la vida, incluso a las más insignificantes.

- Isadora Duncan (1877-1927), mítica renovadora de la danza clásica, escribió esta frase: “Ninguna pose, ningún movimiento, ningún gesto es bello en sí. Todo movimiento es solamente bello cuando es expresado con verdad y sinceridad”. ¿Qué sentís con esta idea?
- Estoy totalmente de acuerdo. El movimiento en sí es neutro, es sólo movimiento. Se hace bello cuando lo interpretan. Ahí ya está la calidad del artista y también su don para transmitir.  

-  En tu carrera has protagonizado grandes clásicos del repertorio mundial de la danza. ¿Qué te han ido dejando además del desafío técnico que impliquen?
- Como persona me dejó conocer distintos países, culturas o parteneire. Como artista me dio la posibilidad de viajar por el mundo y compartir escenarios con grandes como Julio Bocca, Cecilia Figaredo, Alessandra Ferri, Ceclia Kerche y otros grandes artistas de todo el mundo. También conocer teatros importantes como el Bolshoi de Moscú, el Opera de París, el Opera de Sidney y muchos otros teatros.

- Y ¿cómo es la preparación intelectual, física y espiritual ante ellas?
- Uno llega a la preparación física, intelectual y espiritual por medios de ensayos, disciplina, enfoque. Y sobre todo amor por lo que uno hace, que es la clave para que un personaje sea rico y uno pueda llegar a la gente. Además de que uno se sienta pleno y completo. En mi caso, los personajes de carácter fueron siempre los que más me llegaron, si bien también hice los roles principales de los ballets clásicos. Si tuviera que elegir, elegiría “El Corsario” y “El lago de los Cisnes”.


Zonas expresivas


- Progresivamente fuiste ampliando tus zonas expresivas, desde actuar en telenovelas a la máxima exposición mediática actual. ¿Qué une y qué separan todas esas formas de manifestarte artísticamente?
- A esto te puedo agregar que también incursioné en el cine con Leonardo Favio (Nota de la Revista: se refiere al film “Aniceto”, de 2008)  y creo que a partir de ello se me abrió el campo laboral en el cine, la televisión y el teatro. Hoy me toca vivir este paso por la popularidad, no quiero decir mediática porque se confunden con el escándalo. Yo soy cero escándalos. Y como  ya lo dije, para mí bailar en Showmatch es como bailar en el Bolshoi de Moscú. Lo hago con el mismo amor, pasión, entrega y enfoque.

-La sacralidad que algunos artistas le dan al escenario, si es que estás de acuerdo con esto, ¿sentís que se da tanto en grandes clásicos del ballet como en un teatro de revistas?
- Yo creo que el escenario de por sí es sagrado. Y no tiene nada que ver si es en un estudio de Ballet, un programa de televisión o un escenario. Pero creo también que es uno el que tiene que hacer de ese lugar algo sagrado, por medio del respeto, la dedicación y el amor a lo que uno hace.

- En su autobiografía, el bailarín  y coreógrafo Maurice Bejart menciona que en muchas etapas de su carrera necesitaba permanecer en un estado de creación constante, para no caer en la angustia. ¿Qué sentís con esto?
- Creo que Maurice fue, es y será uno de los más grandes coreógrafos de la historia. Tuve la suerte de conocerlo personalmente y el privilegio de recibir una propuesta laboral de él mismo en esa reunión, la cual no puede aceptar por la parte económica lamentablemente. Cada uno es único e irrepetible, creo que si Maurice sentía eso, es lo que lo hizo más genio aun, porque era un ser en constante evolución y en constante creación.

- ¿Y cómo opera en vos la creación?, ¿sentís que cura, pospone o anula angustias existenciales?
- Yo no soy  coreógrafo por ahora, me siento un instrumento de ellos. Soy un bailarín que se adecúa a los pedidos de los coreógrafos. Y trato de tener un feedback con cada uno para poder así tener un granito de arena en la creación de la obra. Y para mí el arte cura en cualquiera de sus formas.

- Quiero compartir con vos, para que me digas que sentís, otra frase de Bejart: “La comprensión es siempre más profunda cuando pasa por el cuerpo. El cuerpo está siempre en primer lugar. El cerebro reaccionará enseguida. Es preciso que la carne, las del bailarín y la del espectador, esté inicialmente atenta”.
- Creo que los bailarines tenemos esa posibilidad de poder interpretar, sentir y expresar lo que pide un coreógrafo o lo que te pide la música con el movimiento. Tenemos esa suerte, lo que un actor lo dice con las palabras el bailarín lo dice con el cuerpo.


Razones valiosas


- Con tu trabajo en televisión, se ha remarcado públicamente el hecho de que, como se dijo con otras figuras prestigiosas de la danza en otros momentos, tu acción era un paso importante para popularizar la danza.  
- Estar en un programa popular como “Showmatch”, que te hace llegar a millones de hogares, es poder mostrar lo que es la danza. Y quizás los televidentes, niños, adolescentes y adultos tengan la posibilidad de decidir que lo que quieren hacer es bailar.

- ¿De todas las discusiones de colegas tuyos de la danza con respecto a tu participación en el programa, donde podría decirse que no valorizaban realmente tu trabajo o desestimaban la importancia de este rol nuevo para un bailarín clásico, quedó afuera alguna cuestión esencial por decir? Sospecho que puede haber razones valiosas en el llevar lo que sabés como bailarín formado tradicionalmente al programa. Y también en aprender cosas que vos no sabías sobre otros aspectos que quedan fuera de tu formación.
- No siento que nada quede afuera o que alguien quedó afuera. Es más, siento que muchos dicen que no ven el programa y la realidad es que lo terminan haciendo. Creo que lo que se demostró el año pasado con el triunfo de este trío Anchipi, Noelia y Piquín es sentir y estar convencido de que “Sí se puede” (Piquín usa una frase que se ha utilizado en el ciclo como lema para respaldar la participación de concursantes con capacidades diferentes). Creo que lo que hicimos el año pasado fue demostrarle a la gente que no importa quién, ni dónde ni cuándo hacer las cosas.

- ¿Qué te dejó como aprendizaje el trabajo con Noelia Pompa y tu coach, Mariela Anchipi? 
- Me dejó mucho aprendizaje. Lo que me gustó de Noelia fue su perseverancia, su querer ser reconocida como lo que es y dejar atrás el mote de “la enana”. De Anchipi, ¿qué puedo decir? La conozco desde los 11 años, es una persona hermosa, con una familia hermosa, donde siempre está presente la palabra amor y aceptación.

- ¿Y qué dirías de Marcelo Tinelli como improvisador y conductor de energías divergentes?
- Marcelo tiene un manejo increíble de la energía. Para mi juicio, esa energía surge de una persona clara y completa, que está muy bien consigo misma. Creo que su  carisma está en ser tal cual es. Es una bendición poder trabajar de lo que a uno  le gusta, lo que uno ama y que tu fórmula sea ser tal cual sos. Y que en este caso no sólo sea para tu vida, sino para tu trabajo.

- Sobre Freddie Mercury, he leído que mencionaste como inspiradora a su intensidad. ¿Qué tan importante es ese aspecto en un artista y en cualquier ser humano?
- No sé si es un aspecto tan importante, creo que sólo es una característica. Hay personas que fueron mucho menos intensas en su carácter, pero con una gran intensidad espiritual. Y seguramente debe haber ejemplo para todos. Para mí, el aspecto más importante es el enfoque, la intención clara. Al hablar de lo que me inspiró, me refería específicamente a esta obra, su intensidad para vivir su vida es lo que me inspiró a hacer este papel intenso.

- Y sobre sus posibles excesos, ¿qué sentís que aprendiste de esa faceta suya? 
- No puedo decirte mucho al respecto. Esa fue la experiencia que eligió y él sabrá lo que tuvo que aprender de ella. Si bien no tengo juicios sobre eso, sí te puedo decir que es una experiencia totalmente alejada de mi realidad: nunca estuve ni cerca de ese ambiente y creo que debe ser una experiencia basada en el dolor, donde las personas involucradas no se dan cuenta que desde ese lugar no se puede crear una realidad clara y con luz.

- En Mercury parece haber tenido mucho peso la figura de su madre, algo que está reflejado en la obra. Pero no se habla tanto de su padre. ¿Qué sentís con respecto a la importancia que tiene el buen vínculo con ambas figuras, tanto la madre como el padre?
- Por lo que sé, tuvo un vinculo unido a su madre de chico, pero después no tanto. Lo sé por personas que compartieron  su vida y no sé mucho de su relación con su papá. De todas formas, esos vínculos influyen directamente sobre la personalidad de las personas, de diferentes maneras de acuerdo a la experiencia. Creo que el vínculo más importante es el que tiene uno consigo mismo, con su corazón, con alma, con su Dios o como cada uno quiera llamarle.

- ¿Y creés que el arte ayuda, a quien lo manifiesta y quien lo contempla, a trabajar conflictos anímicos o psicológicos?  
- Sí, como te comenté antes, el arte cura, conecta en las personas, tanto en el artista como en el espectador, un canal directo al corazón de cada uno. Por eso emociona y por lo mismo uno se siente bien.

- Como artista, ¿qué sentís como tu máximo don y tu mayor responsabilidad?
- No sé si tengo máximos dones. Soy una persona sencilla y común que ama y respeta lo que hace. Desde muy chico estuve enfocado en lo que quería hacer y hoy, mirando atrás, estoy muy feliz con lo que fui, con lo que soy y seguramente con lo que voy a hacer. Tengo miles de propuestas y está en uno transformar la propuesta aceptada en el mejor éxito.




BIOGRAFÍA


1973. Nace en Los Polvorines, noroeste del Gran Buenos Aires, el 13 de noviembre.

1983. Ingresa en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

1985. Es invitado como estudiante de honor por la Escuela del English National Ballet, de Londres, donde se lo nombra bailarín solista y bailarín principal en Le Jeune Ballet de France, en París.

1992. Ingresa al Ballet Estable del Teatro Colón. Dos  años después trabaja como primer bailarín en el Ballet Argentino de Julio Bocca, con quien realiza giras por Europa, Asia, África y América.

2000. Ingresa en el Smuin Ballets/SF, San Francisco Ballet, con el que interpretó “Medea”, “Q a V” y “Homeless.1”. Recibe el premio Clarín Espectáculos como bailarín del año.

2001. Es premiado como bailarín del año por el periódico San Francisco Chronicle, de California. 

2002. Reemplaza a Julio Bocca en el rol principal del espectáculo “Boccatango” que se presentó en el Jackie Glackson Theater, de Miami.

2003. Protagoniza la obra “Septiembre”, creada por la asistente de Julio Bocca Andrea Candela especialmente para él y su compañera de baile Cecilia Figaredo, en el Teatro Ópera de Buenos Aires.

2004. Protagoniza “Orfeo”  en el Teatro Ópera de Buenos Aires. Estrena “Tango,  Aquelarre y Ketiak” en el Centro Cultural Borges, con coreografías de Ana María Stekelman y Oscar Aráiz.

2005. Participa de la “Gala de los ochenta años” del Ballet Estable del Teatro Colón. Recibe los premios María Ruanova por el Consejo Argentino de la Danza y el Clarín Espectáculos como figura de la danza.

2006. Estrena “Hernán Buenosayres, ángel y demonio”.

2007. Es bailarín principal del Ballet del Teatro Colón.

2008. Protagoniza la película “Aniceto”, de Leonardo Favio. Recibe los premios Clarín Espectáculos como actor revelación, Cóndor de Plata como actor revelación y premio Sur como actor revelación en cine.

2009. Actúa en la telenovela "Herencia de amor", por la señal Telefé. Es nominado a dos premios Clarín Espectáculos como actor revelación y figura de la danza.

2010. Entrena al boxeador Fabio “La Mole” Moli, para el concurso televisivo “Bailando por un sueño”, del que termina siendo ganador, dentro del programa “Showmatch”.

2011. Participa como bailarín, junto a Noelia Pompa, del mismo certamen televisivo. Y terminan siendo la pareja ganadora.

2012: Recibe el premio Estrella de Mar por el mejor espectáculo de danza, por la obra “Freddie”.

31.5.08

Koki y Pajarín Saavedra



En Danza


Juntos han revitalizado los recursos estéticos de las danzas folclóricas argentinas. Herederos de una estirpe familiar de bailarines y músicos, su último espectáculo homenajea los valores culturales de su provincia, la mística Santiago del Estero. 




Diego Oscar Ramos - Rumbos - 10-2-08 - Fotos: Gustavo Ciancio 




Palabra


        Hablar con los hermanos Koki y Pajarín Saavedra puede causar la misma impresión que asistir a sus espectáculos, una verdadera inmersión en un mundo de una riqueza tan sofisticada como al alcance de todas las manos. Con la sensación de estar bajo la sombra de una parra tomando mates para entregarse al placer de un círculo, la charla puede desvanecer no sólo el tiempo sino el mismo lugar donde conversan sobre la mágica Santiago donde nacieron, desde donde salieron al mundo y a donde inevitablemente regresan, real y simbólicamente. Porque la esencia de Puro Baile, Aldea Universal, espectáculo que presentaron en noviembre en el teatro ND Ateneo luego de más de medio año de preparación junto al elenco de bailarines de Nuevo Arte Nativo, está en sintonía con los valores propios de la tierra santiagueña. Como pueden hacerlo quienes la tuvieron tan cerca y tan lejos, en una trayectoria como artistas que nació bajo la influencia de su padre Carlos, experto zapateador y creció al lado de su tío Juan, virtuoso bailarín con el que compartieron giras mundiales dentro del grupo Los Indianos.
    Cuando a finales de los ´80, Koki y Pajarín crean su compañía, la experiencia acumulada en temporadas enteras en escenarios como el mítico Lido de Paris se sumó a una inquietud fuerte por incorporar los mayores recursos estéticos posibles. En tiempos donde Atahualpa Yupanqui y Astor Piazzolla dibujaban por años en Europa un mapa bien amplio del talento sudamericano y argentino, los Saavedra comenzaron a expandir su propuesta, en una búsqueda amplia donde los límites parecían estar en cuidar la presencia de ese alma viva del arte que vivieron en su infancia. Ese ímpetu explorador con la brújula de la identidad a mano es el que los llevó a cantarle hoy con sus cuerpos y los de los bailarines de la compañía a la magia de Santiago del Estero, la que logra pueden convivir en el show músicas de Peteco Carabajal, Horacio Banegas, La Juntada , Los Incas, Hugo Díaz o Mercedes Sosa. Y cuando ellos mismos cantan y tocan el bombo, además de su reconocido talento al zapatear y danzar con boleadoras, aparece el deslumbre que de niños tenían por las fiestas musicales de su familia en el juego virtuoso que hacen de cada espectáculo. Con planes de presentar este último en su tierra durante el verano y reponerlo en su Buenos Aires adoptiva a partir de marzo, Koki y Pajarín hablan con el círculo generoso de su charla sin tiempo.

Sentimiento 



     "Siento que Santiago es un lugar que me pertenece, como la niñez, cuando las cosas están indefinidas, los sentimientos, las historias, está todo por aprenderse, entonces quizás la región tiene que ver con ese espíritu de la niñez, tengo recuerdos de la primera guitarra, el primer bombo, de los músicos, los amigos, cuando no sabíamos que unos iban a ser bailarines o músicos, todo era una cuestión familiar", comenta Pajarín y el misticismo otorgado popularmente a la provincia lo lleva a la idea de lo sagrado, presente en algunas músicas de Peteco Carabajal que danzan: "uno va interpretando ese sentimiento como puede, en todo lo que hacemos, la danza, los ritmos, el movimiento, tener esa actitud de lo que tiene de sagrado la vida". Ser santiagueño para Koki "implica una cosa muy extensa, porque nos gusta introducirnos en las historias, investigar, a través de la literatura o a veces en la música y toda la gente que aportó al folclore en general es de Santiago". "El primer recuerdo que tengo de nosotros dos en la infancia es en Santiago del Estero, nos despertamos en la casa de nuestra abuela materna y estaba oscuro, nos levantamos, salimos hasta la vereda y no había nadie, al principio fue una especie de preocupación, después nos habituamos y volvimos adentro a acostarnos otra vez, fue la aventura de encontrarnos solos y al mismo tiempo teniendo complicidad", cuenta Pajarín y la cadena de imágenes va de un regalo de Reyes de un bombo y una guitarra cuando él tenía 5 años y su hermanito 3 al momento en que ya en la capital su padre trabajaba como bailarín y algunos fines de semana lo iban a ver con su madre. En esas especialísimas noches, el padre tomaba el micrófono y los presentaba como dos bailarines recién llegados de Europa. "Esto es increíble, era premonitorio incluso", dice casi sorprendido el hermano mayor, atento a los símbolos que la misma vida va dando, que tienen de algún modo el sabor de los juegos: "Siempre me llamaba mucho la atención verlo jugar a Koki, tenía un mundo interior muy fuerte, su imaginación le permitía crear sus propios juegos". Esa memoria sensorial enriquece sus creaciones y tiene mucho de esos espacios, reconoce ahora el hermano menor: "Santiago sigue manteniendo ciertas formas, tradiciones, vivencias, que han perdurado, venimos de una familia folclorista que mantenía sus tradiciones, entre ellas escuchar folclore en vivo, en la propia casa de nuestra abuela un hermano de ella componía y cantaba vidalas, eran fiestas que duraban todo el fin de semana, de canto, música, carnear un cabrito, hacer pan casero en un horno de barro".
     La narración permite sentir con él sabores y aromas que se entrelazan con tardes en que pescadores los invitaban a comer pescados recién sacados del río. En festejo evocativo Pajarín recuerda que de niño ya zapateaba por pedido de los que atendían los negocios del barrio, como el panadero, que le daba sus recompensas nutritivas al talento heredado de su padre, a quien a sus 16 años le dijo que quería empezar a ensayar regularmente. "Empecé a ensayar con mi viejo, trabajaba en una oficina, terminaba a las seis y media, a las siete comenzaba el ensayo hasta las diez u once de la noche, dormía muy poco, pero estaba muy feliz", cuenta Pajarín y Koki relata sus propios comienzos: "Lo veía a mi hermano y él sabía como zapatear, yo era más chico pero me largaba igual, ya de adolescentes, cuando vislumbramos que podríamos ser bailarines de profesión nos pusimos con mi viejo a ensayar, que es aprender, ahora puedo reflexionar que eso fue un curso acelerado, tanta sabiduría y conocimiento que él tenía, fue un aprendizaje intenso".


Cuerpo asasasa


     El rigor del que ambos hablan les dejó una huella que vibra en la manera en que trabajan hasta hoy en sus puestas, por eso le agradecen el aprendizaje de la disciplina y el trabajo, el que transmiten a sus alumnos. Verlos dando clases o ensayando con los jóvenes bailarines de su compañía permite percibir un trato que no por riguroso deja de tener una dosis alta de afecto. "Uno busca eso, es parte del criterio de trabajo, podés tener errores, pero incentivamos que el bailarín pueda acceder a la evolución que buscamos", explica Koki y aclara con énfasis que Nuevo Arte Nativo "no es un cuerpo de baile que acompaña a protagonistas, por más que haya momentos de lucimiento individual, lo que define la cuestión grupal es el protagonismo de todos". De cierta forma, los Saavedra encuentran las vías de transmitirles corporalmente las vivencias que ellos tuvieron desde niños, creciendo en un entorno donde el baile es hasta integrador a nivel familiar. Un legado que aceptan como valiosísimo si se le puede sumar el plus de investigación sin fronteras. "Al estudiar otras disciplinas cambian miradas sobre lo tuyo, porque uno va evolucionando y va encontrando cosas que te sirven para comunicarte", comenta Pajarín y pone luz sobre esa misma condición de unión de diversidades para ver un origen de la riqueza simbólica de su querida provincia nativa: "es un lugar cargado con cosas que no sólo apuntan a una cuestión artística sino a las comidas, las relaciones, el humor, a cruces de distintas personas, de muchos lugares del mundo, que han convergido en esta provincia, hasta desde el norte de África". Ambos dicen que esa influencia negra es cada vez más aceptada históricamente, aunque fuese oculta o negada en otros momentos. "En el bombo, instrumento de percusión de Argentina, ¿algún golpecito de aquellos no les quedó?", se pregunta el mayor de los hermanos antes de reafirmar que sea cual sea su fuente, lo innegable es ver en la chacarera, con todas sus polirritmias un parámetro potente de una identidad en la que a lo afro se suman también otras vertientes: "la chacarera sobrevivió como un canal en el que convergen varias vertientes, lo turco, lo español, lo indígena y hasta se dice que los Incas han llegado hasta las termas y nosotros tratamos de descifrar todas estas cosas".
     "A nosotros nos gusta integrar, es un privilegio lo que vivimos", expresa Koki y sintetiza con humor una capacidad que es base ya en su trabajo como equipo desde que eran niños en Santiago, adolescentes en Buenos Aires y jóvenes girando en el mundo: "Hay personas que han creído que éramos dos en uno, una sola persona, pero no es así, somos dos". Las risas de ambos se entremezclan certificando ese nivel fuertísimo de integración que en el arte los enorgullece de haber llevado a un nivel de sofisticación técnica al zapateo o las boleadoras heredados como pasión por sus mayores. "Vamos fijando algunas cosas y en las clases podemos seguir investigando", finaliza también sintético el hermano que vio el mundo primero. Y que lo disfrutó más cuando apareció ese alguien con quien jugar con sus misterios y maravillas. Para danzarlas juntos.







11.10.07

Koki y Pajarín Saavedra



Publicado en Playboy México (10-06)
Texto: Diego Oscar Ramos



Con la mística Santiago del Estero como cuna y el mundo como escuela, los hermanos Saavedra han mostrado en sitios míticos como el Lido de París, por mencionar sólo uno de los escenarios de países como Francia, Italia, Inglaterra, Bélgica, España, Argelia, Suiza, Alemania, Israel, Dakar, Senegal, Irak, Kuwait o Bahrein, que la Argentina tiene mucho más que el querido tango para ofrecerle al mundo. Y ahora es América Latina donde los Saavedra sienten que deben regalarle la pasión de sus danzas, donde han unido lo que aprendieron y lo que ya sabían desde niños, cuando zapateaban por su placer y el de los adultos que veían que esos pies andarían más caminos que los de su provincia, porque eran ellos los que mirando bien lejos hacia el horizonte y haciéndose amigos del mundo podrían entender más que nadie la médula del sentir folclórico, ese  lugar donde la tierra calienta con verdad los corazones y vísceras de sus hijos. Ahora es México quien verá en octubre en distintos festivales el espectáculo Incapié, donde se unen la madurez artística de los Saavedra con la curiosidad vital de un joven cuerpo de baile. Curioso y expectante con Latinoamérica, Pajarín, el más grande de los hermanos, dice que fue al instalarse en Buenos Aires luego de su estadía europea en París y Madrid, cuando comenzaron a reconocer verdaderamente este continente. “Es un lugar riquísimo, para descubrir, adentrarse y dar, porque hoy nos toca seguir aprendiendo pero con una conciencia que nos hace sentir que queremos viajar, ver otras cosas y volver, pero sin otro lugar que no sea este”, explica y agrega que “este viaje a México es muy importante porque queremos confrontar qué nos sucede a nosotros y qué les sucede a los demás con esta propuesta”. Habla de los bailarines jóvenes, del intercambio de energía que ellos le brindan y la contención que su experiencia les da a ellos y la palabra que resumen ese vínculo es paz, el mismo sentimiento que cree que los latinos tenemos para ofrecerle al planeta, “a pesar de las situaciones violentas que se atravesaron y aún se atraviesan”.
Habiendo vivido la crisis argentina del 2001, siente que todo argentino sensible guarda una enseñanza positiva, hacer cada uno su trabajo con responsabilidad y bajar las cuotas cotidianas de violencia, que se pueden dar en el trato cotidiano entre las personas. La armonía de la propia relación humana y artística entre los dos hermanos, que parecen seguir con fidelidad máxima la ley primera del argentinísimo Martín Fierro, es la prueba de que es posible otra forma de vivir. “Todo lo que hacemos lo creamos, lo evaluamos y resolvemos entre los dos, si a uno se le ocurrió la idea, siempre está el otro trabajándola”, cuenta Koki, con tres años menos que su hermano que no plantean ninguna diferencia fuerte, al contrario, hablar con ellos es vivenciar una dupla complementaria unida por el respeto, la admiración y el afecto, que se materializan en sus creaciones. “Hacer una coreografía es hacer nacer algo que no está y trasladarlo al espacio escénico, las fuentes de inspiración son amplias, podríamos bailar hasta una música de Miles Davis, pero tomamos al folclore argentino, que es inagotable”, cuenta Koki y me ofrece palabras sobre la gran sensualidad que saben darle a sus espectáculos: “la sensualidad está en las danzas folclóricas argentinas, en un porcentaje elevado,  la mayoría son danzas de pareja, en la chacarera, la samba, el bailecito, el carnavalito, la cueca, pero mucho tiene que ver con el tratamiento coreográfico y la realización, porque la sensualidad se puede transformar en un esquema que se vuelve estereotipo”. Todo lo contrario sucede cuando se baila el chamamé del Chango Spasiuk, Mi pueblo, mi casa, la soledad, creación nueva que sensualiza y emociona. “Es importante para la formulación de las coreografías buscar lo esencial, ver qué tenemos para decir, es un trabajo que no tiene límites”, dice Pajarín y explica que es necesario recuperar la expresividad y lo más genuino de las danzas nativas, que hablan sobre todo del encuentro de las dos energías humanas básicas, la masculina y la femenina, que debe acontecer en la vida misma con más verdad que artificio. Ese es el trabajo que logran los Saavedra, hacer sentir la fuerza y el alma contenida en danzas que quizás conocemos todos, pero que vividas con emoción se vuelven nuevas, como cada historia que se siente más con el corazón en el presente que con la cabeza en el pasado conocido. Por eso México, que los hermanos conocen y aman en la obra del escritor Juan Rulfo donde reconocen figuras que podrían ser del propio Santiago, es para ellos expectativa y pasión por un amor nuevo, que parece estar naciendo, ahora mismo, en el eco de una danza.

Nuevo Arte Nativo


Oriundos de Santiago del Estero, una de las provincias argentinas de mayor tradición folclórica, los hermanos Carlos Orlando “Pajarín” y Jorge Juan “Koki” Saavedra, son los más refinados renovadores de las danzas basadas en el folclore argentino. Nacidos con el arte en su sangre, aprendieron junto a su padre Carlos en danza y zapateo y compartieron escenarios del mundo junto a su tío Juan, eximio bailarín. A fines de los ´80 y luego de haber bailado en lugares como Paris, Madrid, Africa y Medio Oriente con la afamada compañía Los Indianos, deciden emprender un camino independiente de sus familiares y maestros, creando su propia compañía, con la cual desarrollaron exitosamente sus capacidades coreográficas expandiendo las posibilidades expresivas de las danzas argentinas e incorporando a sus shows la interpretación de sus propias creaciones musicales. Famosos por su trabajo estético con el zapateo y las boleadoras, su Nuevo Arte Nativo integra siempre desde la identidad nativa, su estudio minucioso de disciplinas de la danza clásica, jazz, contemporánea y flamenca. Han compartido palcos y trabajos con músicos argentinos como Mercedes Sosa, el bandoneonista Dino Saluzzi, Chango Farías Gómez, Peteco Carabajal, Cuti Carabajal, Liliana Herrero, Jairo, Lito Vitale, La Chilinga, Ernesto Snajer, Abel Pintos, Facundo Guevara y bailarines como Miguel Angel Zotto. Actualmente están presentando por el mundo Incapié,  una relectura de sus más reconocidas coreografías a las que se suma una nueva faceta de trabajo con músicas de la zona mesopotámica argentina, como el chamamé.

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