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27.8.19

Textos encontrados

Ono en Buenos Aires
Yoko no estuvo aquí *

* Artículo publicado en revista La Contumancia, en el año 1998, en el marco de la primera exposición de la artista conceptual en Buenos Aires, En Trance y Ex It, en el Centro Cultural Recoleta y en el Museo de Arte Moderno. 

                   





Un mensaje simple, claro, preciso, provocaba una leve perturbación, una sensación de que había algo más grande detrás de las tres palabras en imprenta blanca sobre una remera negra en aquella foto famosa de John Lennon a mediados de los ´70; You are here - Estás aquí - decía el texto indudablemente de Yoko Ono en una simpleza aparente que daba una clave para acercarse al centro mismo del pensamiento de su arte: usar las palabras y los objetos como llaves para entrar a otros estados de conciencia. “Si deseamos contemplar algo que sea merecedor del conocimiento, que nos conduzca a la felicidad del espíritu, entonces debemos liberarnos de una vez para siempre de todas las limitaciones y relatividades, tenemos que tratar de conseguir un nuevo punto de vista desde el cual se pueda aprehender el mundo en su totalidad y la vida en su intimidad”. Estas claves del budismo Zen explicadas por D.T. Suzuki, muestran el lugar desde donde llegar al arte global de Yoko.
Transitando con mayor o menor talento vanguardista la música, la poesía, los happenings e instalaciones, el arte de Yoko se basa en la superación de los límites y los aparentes supuestos, tendiendo trampas a la lógica del espectador y jugando con su búsqueda de intelectualización. No hay que entender a Yoko, hay que vivirla, eso es lo que siempre contestó frente a los interpretadores sagaces del arte, y es por eso que siempre se enoja cuando le hablan de manipular los elementos, ella sólo sugiere posibles órdenes de las materias donde la mente pueda descansar y salirse de su lugar cotidiano.
En Trance y Ex It,  que ya juega con las palabras y los sentidos, debe leerse desde los principios esenciales de su arte conceptual y ante todo vivencial: es una reflexión plástica sobre la entrada y la salida de la vida que deja captar su simbología abierta sólo si nos dejamos deslizar por el trance que libere nuestra sensibilidad y vemos que nada es sólido, que todo puede dejar de ser lo que es o fue alguna vez. Entrando en sus principios de lectura sensible del arte, no es difícil entender por qué es el color blanco el que más usa Yoko para sus obras - el Evento del Cuarto Azul  de 1966 que integra En Trance es una inmensa habitación blanca con mensajes mínimos en sus paredes:  “Quédate hasta que la habitación sea azul” y “Esto no está aquí” son los más inquietantes-  se trata no de un color en sí sino de la descomposición de todos los colores, la superación más clara de todas las contradicciones y un signo tradicional de la pureza.
“Cuando la ciudad esté cubierta por la nieve, mantén tu habitación en desorden. Cuando la nieve al derretirse cree desorden en la ciudad, mantén tu habitación ordenada. O viceversa” escribe en una de sus pinturas poemas instalaciones de 1958, mucho antes de conocer a Lennon, cuando era un miembro influyente en la vanguardia del New York de los 50. Entonces y durante toda la década del ´60 practicó ese desborde de límites entre estilos, géneros y lenguajes artísticos que, como miembro del grupo Fluxus, recibieron miradas atentas de personajes como el mismísimo John Cage o el surrealista Marcel Duchamp, que quizás veía en los objetos resignificados de Yoko una vuelta de tuerca oriental a sus viejos ready made objects. Pero el conocer a Lennon, aunque de algún modo opacó su carrera, le dio a Yoko una nueva prueba para ejercer su violación de fronteras y jugar con la superación de los opuestos: la artista japonesa de extremo vanguardismo vinculada a uno de los máximos íconos de la cultura popular occidental generó una de las uniones artísticas más enriquecedoras del siglo.
Además de las campañas por la paz, los beds inn, la lucha por gestas contra la discriminación de minorías, la música experimental de fuerte influencia en movimientos posteriores - imposible no reconocer la furia punk o hasta grunge en Why y la hipnótica cadencia que se vería en B´52 o en Talking Heads ya presente en Open your box -, juntos mostraron una forma de llevar el arte a la vida cotidiana, hacer de la vida el territorio a experimentar estéticamente. Esa conciencia fue un aporte fuerte de la entrega vital de Yoko hacia el arte, algo que no parecen entender aún los que en una lamentable conferencia de prensa seguían preguntándole si ella era la culpable de la separación de los Beatles. Para ellos Yoko no estuvo aquí.  O quizás sí, ¿cuál es la contradicción que no pueda ser superada?

Diego O. Ramos - 1998






25.6.19

Textos encontrados


Bocanada, de Gustavo Cerati





















Aunque en zonas artísticas diferentes y quizás hasta opuestas, Gustavo Cerati parece haber optado en “Bocanada” por un camino similar al de Manu Chao con “Clandestino”: la musicalidad calma e introspectiva. Ese punto parece un lugar inevitable al que llegaron después de haberse tomado su tiempo para exponerse frente a la disolución de los grupos que lideraban y con los que cambiaron la escena musical del continente, uno refugiado en la errancia exploradora y el otro en hipnóticos trances con beats electrónicos.

Más estético y glamoroso que el francés aunque con una misma carga nostálgica, Cerati también construye en su trabajo solista una unidad global que une las catorce canciones en una trama climática cargada de una melancolía que definió como eufórica. El género en boga internacionalmente que usa para vestir esas historias de amor contrastantes e intensas - siempre fue un oportuno traductor de las últimas tendencias musicales - es el trip hop, muy adecuado en sus beats quebrados, su búsqueda de asperezas tímbricas y su exploración de ritmos mentales para crear esos climas que parecen nutrirse de una mezcla de la acidez sonora de Portishead con el optimismo pop electrónico de Beck, también pacífico e instrospectivo en “Mutations”.

Lo que da un tono particular y un disfrute a la relectura es algo que el músico menciona como una necesidad aplicarle dulzura a la música, lo que parece estar haciendo desde que hiciera cada vez más explícito su reconocimiento a la herencia de Luis Alberto Spinetta. Cuesta entonces no asociar “Crisálida” del doble de Pescado Rabioso a la canción “Verbo carne”, centro emotivo del disco, donde su voz vuela épica sobre una orquesta de 48 músicos que le dan un marco dramático al texto de resonancias bíblicas: “desde que partió su verbo vive en mi carne”. Crooner wagneriano del dolor por la ausencia del otro, Cerati muestra con este experimento otro de sus referentes del trip hop, el director y primer violín de la orquesta trabajó con Massive Atack, grupo básico de la corriente.
Lo mejor de “Bocanada” está justamente en las canciones, que podrían ser casi todas tocadas en forma acústica sin perder su esencia, aunque sea ese tamiz electrónico que combina el dance con el ambient, el trip hop, el easy listening, los samplers de materias sonoras retro, los scratches, el drum & bass y las más variadas experimentaciones con ritmos y texturas lo que aporta un interés sonoro y estructural poco habitual en el pop argentino actual. 

Claro que, a pesar del tratamiento electrónico - donde lleva a un desarrollo mayor lo que ya venía trabajando en discos como “Confort y música para volar” o “Sueño Stereo” - hay una riqueza mayor en la lírica de las canciones, donde ya no le alcanza el esquema muy usado en la etapa inicial de su grupo de tomar las palabras para construir imágenes que resultaran modernas y estéticas. Una curiosidad se halla en “Aquí y ahora”, donde en un envoltorio ambient pop la letra se puebla de guiños al universo borgiano: “sé una gota en el jardín/ sigue el curso de agua/ que nos lleve donde nunca fuimos / por senderos que se bifurcan / por mundos paralelos”. La clave, quizás, para entender y disfrutar de “Bocanada” - tomado como mucho más que una compilación de singles, lo que sí sucedía con algunos discos de Soda de los ´80 - quizás esté en “Río Babel”, con su estructura circular y su lírica y musicalidad orientales en la idea del fluir de la conciencia: todas las canciones se dejan oír en un río fílmico que corre tomando distintos climas hasta llegar a la disolución en un largo instrumental techno ambiental que requiere del oyente una actitud relajada y sin prisa, la que el disco le exigió desde el inicio.


Comentario aparecido en revista La Contumancia. 1999

4.6.10

Gabriel O Pensador



Fiesta de la palabra 

Combinando funk, soul y rap con ritmos brasileños, el rapper carioca Gabriel O Pensador refleja con su verba talentosa la realidad urbana de América. 



Diego Oscar Ramos - La contumancia - 1998

     

      Su voz crítica traza una mirada irónica sobre las ciudades modernas y sus suburbios; habla de Brasil pero sólo el idioma atenta contra una identificación con sus imágenes que roza a cualquiera que haya caminado por nuestro conurbano bonaerense. Gabriel O Pensador dibuja a la América más violenta - aunque sea preciso aclarar que no se limita a estas temáticas sociopolíticas - en estructuras musicales que, sin dejar de sonar brasileras, toman las fuentes de la música negra norteamericana: el rap, el soul y el funk. Con un millón y medio de ventas de sus tres discos, y con sólo 24 años, es una de las nuevas figuras de la música brasileña, condición certificada no sólo por las cifras sino por la bendición de Caetano Veloso, que en varias entrevistas se mostró interesado en la lírica combativa del rapper carioca.

Todo no está  dicho

      - ¿La mayoría de tus letras muestran una fuerte preocupación social, te parece una temática suficientemente abordada por la MPB actual?
      - Después de la dictadura, gente como Chico Buarque y otros pararon de criticar tanto y hoy el discurso de protesta o contestación no es tan común. Bob Marley y los rappers es lo que me llamó para la música, por eso aunque hoy puedo hablar sobre "mojar el biscocho" o de la tabla de surf, nunca voy a abandonar el lado de la contestación, que es fuerte y hay siempre cosas que faltan y que siento necesidad de hablar, no está todo aún dicho.
       Una de sus canciones más difundidas, Cachimbo da paz, parece no haberle causado problemas  legales a pesar de su ironía sobre la prohibición de drogas como la marihuana. Nada parecido le sucedió el año pasado a los músicos del grupo Hardcore Planet Hemp, arrestados en Brasilia por apología al consumo. 

- Con esta canción no tuve problemas, solamente una vez alguien dijo: “Mira, en Recife tu show va a ser cancelado y la policía va a intentar prenderte”, todas cosas que no pasaron. No hubo problemas ni con las radios ni con la televisión. Pero es diferente del discurso de Planet Hemp.

      - Ellos son más radicales...
      - No es tanto cuestión de la manera de decir, creo que ellos quieren decir otra cosa. Yo no quiero decir legalicen, quiero apenas hablar de la hipocresía de este asunto, para que las personas juzguen. Creo que es bueno experimentar una buena legislación, porque todos saben que los traficantes continúan con el poder, el dinero y las armas, cada vez con más violencia. Y los usuarios, que son pacíficos, son los que acaban teniendo problemas. Mi canción fue para las familias, las personas que no fuman maconha y creo que fue importante para romper un poco el tabú sobre ese tema.

      El mismo mensaje puesto en una forma musical menos agresiva puede llegar a más gente y ser más discutido.
      - Claro, porque poca gente gusta de otro tipo de canción, pero yo no pensé en nada de eso, pensé más en mi gusto al momento de hacer las bases, no hago las canciones no para ser accesible.

      Más allá de ser o no un efecto pensado de antemano, la combinación de un mensaje crudo con una musicalidad contrastante tiene su mejor ejemplo en La Danza del Desempleado donde el ritmo de samba parece jugar con una característica propia  de la mentalidad brasileña: "Tenemos mucho juego de cintura, una manera diferente de encarar los problemas, las personas gustan de la música porque sienten la gravedad del tema, pero cuando me encuentran en la calle, algunas que están sin empleo me dicen: Oh, esta música es para mí. Y lo hacen sonriendo, con humor, sabiendo de la gravedad del asunto, porque en Brasil se está viviendo una de las situaciones más terribles de desempleo de toda la historia".

Una misma vitalidad

      - Creo que con el funk y cierta música negra americana hay una conexión fuerte con la música brasileña, comparten una festividad del cuerpo.
      - Es bien suelta. No sé explicarlo con adjetivos, pero creo que lo que es fuerte en Brasil y en el funk es el swing. Conozco rappers americanos que no lo tienen tanto, son muy crudos y no me gustan tanto como las músicas que tienen un buen bajo, un buen vocal con ginga, ellos no tienen tanto que ver con la música nuestra.
      Festa da Música, canción que cierra el disco y donde se menciona a una gran cantidad de músicos brasileros de todos los espectros musicales, parece confirmar esa unión y respeto entre músicos que se percibe en la MPB. "Ahora es una época en que hay mucho respeto - confirma Gabriel - una democracia musical, porque no sólo los artistas se respetan, también el público, todos pueden escuchar todo, es una época bien buena porque no hay muchas tribus. Yo nunca quise que mi rap fuese sólo para los fans del rap, eso sería inutil".

      ¿Cómo ubicás tu música en la esfera de la MPB?
      - Cuando comencé fue una novedad para casi todos los brasileños, nadie conocía el rap en portugués principalmente y entonces llegué  con el nuevo estilo y las personas clasifican, porque es rap. Pero con el tiempo lo fui mezclando con una forma brasileña de cantar, de hacer las cosas, en el primer disco hay una canción en la que digo que quiero ser, de una cierta forma, también considerado un MPB. Lo que espero es que me vean como un artista brasileño y nunca como una copia de los rappers americanos. 


7.5.09

Joao Gilberto y Caetano Veloso


La sonrisa eterna

  Cuando la Bossa Nova cumplía su aniversario número 40, dos de los astros máximos de la Música Popular Brasilera eligieron Buenos Aires para celebrar la vigencia del género. 




Diego Oscar Ramos – La Contumancia - 1998 



       Reían en el concierto del teatro Gran Rex, cada uno a su manera, dejando escapar de sus rostros la felicidad que vivían y hacían vivir. No había tiempo en esa enorme sonrisa de Caetano, más grande y contagiosa que nunca, ni en la de Joao, pequeña y tímida, tan susurrante como su canto. Ambos traducían la ceremonia fraterna con sus caras, reían porque seguramente disfrutaban de lo que los trascendía. Y el gesto conjunto mostraba un encuentro artístico y humano que superaba la relación del maestro con el alumno. Porque si Veloso reía más que siempre por compartir el escenario con el músico que impulsara su vocación, Gilberto también sentía el peso de la presencia de su continuador. Era un Joao caetanizado el que conversaba como nunca con el público, el que aceptaba gustoso los pedidos de canciones y rompía con su popular parquedad. También él podía ser discípulo, dejándose habitar por el humor, aprendiendo la sabiduría de la calidez y valorando el camino sensual de Caetano. El bahiano más joven no se cansó nunca de reír, mostrando en uno de sus gestos más usuales esa forma suya de festejar cada segundo. Y de regalar su don de sonrisa en la dulzura de su voz. ¿Quién más que él puede concebir una canción como Luz do sol? En Gilberto, en cambio, la risa es contenida, calma, interna, reflexiva, siempre lejos de cualquier extremo. No podría imaginarse escuchar en él una carcajada. Sonríe con la paz del que parece haber encontrado un lugar que sigue explorando, incansable, sin necesidad de moverse demasiado para seguir creciendo. ¿Quién podría hacer que un bolero transitadísimo como Bésame mucho se cubra de extrema sofisticación?
     Los gestos durante el concierto celebraban el complemento, la unión de personalidades y caminos artísticos aparentemente opuestos. Gilberto aparenta ser tímido, introspectivo, misterioso, retraído, ermitaño, silencioso. Y reinventa desde hace ya cuarenta años un repertorio limitado de canciones. Veloso parece social, extrovertido, sensual, abierto, vinculante. Y siempre buscó la forma de ligar lo más diverso a su arte. Si Joao atrae, nos lleva hacia él, encantándonos con sus susurros y síncopas, Caetano se expande, se mete en nosotros, seduce a través de la dulzura y la profundidad, de forma tan amplia como los matices de su voz. Parecería más cercano a la tierra, a las pasiones, al cuerpo, aunque sea un camino para llegar a lo espiritual. Joao, por su parte, parece más celestial, lejano, etéreo, virginal. juntos se unen en un punto que los trasciende a los dos, en una alquimia única que vuelve menos aplicable la metáfora del maestro y el discípulo.
      No es casual que la base en la que ambos centraron su intersección talentosa sea la bossa nova, caracterizada por elementos como una línea melódica y un acompañamiento independientes en tensión atractiva o unas disonancia y complejidad rítmica enmarcando una voz melodiosa. Claro que esta noche porteña la unión no dejaba lugar a lo tenso. La invención de Joao enriquecida por la sensibilidad y el pensamiento lúcido de Caetano dibujaron un punto pacífico donde se cruzaban dos formas de lograr que la canción popular llegue al máximo de sus posibilidades. Caetano y Joao cantaban, sintiéndose quizás muy leves, afuera de todo, en otro lugar, nuevo, distinto. Y no podían dejar de sonreír, cada uno a su manera, dejando escapar de sus gestos la alegría despreocupada y armónica a miles de ojos que respondieron con silencio a la ceremonia. Sólo el telón cerrado y los aplausos insistentes luego de la última canción transformaron el estado de calma. La euforia creciente, entonces, se parecía demasiado a la lucha por no despertar de un buen sueño, los gritos interminables guardaban así un mensaje muy claro: vuelvan al escenario, mantengan el hechizo, no nos dejen regresar al tiempo.*



* (Unos cuantos años después, hoy siento que lo que estaba sucediendo era que estábamos más adentro del tiempo que nunca, antes que escapar, la música puede ser muy sanificadora cuando acompaña gestos completos de unidad con el entorno e integridad con uno mismo)






26.9.07

Jaques Morelenbaum



“La música tiene que tener una relación directa con el placer” 




El cellista y arreglador da claves sobre sus concepciones musicales. Y habla de su trabajo con Caetano Veloso. 



Diego Oscar Ramos . La contumancia . 1998




    Aunque masivamente famoso luego de hacerse cargo de los arreglos de Caetano Veloso, Jaques Morelenbaum es uno de los músicos más completos del Brasil, lo que prueba un historial que incluye su participación como músico o arreglador de Egberto Gismonti, Gal Costa y de su gran maestro Antonio Carlos Jobim. El cellista habla del cruce de géneros que define a Livro, se define como un músico que prefiere la sofisticación sonora y reflexiona sobre su rol como productor de Veloso, uno de los artistas más creativos y polémicos de Brasil.

Meu trabalho é te traduzir. 




    “No sé si soy fundamental, porque Caetano no precisa a nadie para hacer bien lo que hace, pero esta nueva fase donde usa la orquesta y sonoridades acústicas es interesante y me siento un poco responsable por eso” dice Jaques Morelenbaum, buscando expresar su reacción frente a los elogios usuales que lo indican como eslabón elemental del sonido del bahiano. “Cuando me buscó para trabajar como arreglador de una canción de Circulado (Itapuá), para tocar en sus giras y después para producir el álbum sabía que yo podía ofrecerle una concepción sinfónica y sofisticada de la música popular”. Quizás sólo su productor anterior Arto Lindsay, en su fuerte influencia vanguardista sobre Strangeiro y Circulado, fue tan reconocido como el cellista en el rol de ser mucho más que un instrumento accesorio para pulir o embellecer las canciones. [1] La confrontación con Lindsay - con el que parecen compartir un gran respetuo mutuo - no le molesta, aunque sí lo incomodan las miradas que ven al músico norteamericano como una influencia modernizadora mayor sobre la carrera de Caetano: “Lindsay tiene una formación muy diferente a la mía, más que músico es un intelectual y la modernidad de Caetano se queda, aparentemente, más en sus posiciones que en las mías; mi relación con la producción de Caetano es la de profundizar en su interior, tratando de realizar todas las fantasías que tiene dentro de sí”.


  - Ese concepto de trabajo recuerda al estilo de George Martin, que desde su formación musical podía desarrollar conceptualmente las ideas de Los Beatles.
- Sí, creo que es uno de los arregladores que más admiro, es fundamental para mi camino en la música y en la vida, realmente me influenció mucho. Pero, por otro lado, Caetano sabe mucho lo qué quiere y me lo pide, la mayoría de las cosas que hago son encomiendas suyas. Cuando hicimos Circulado Vivo mi trabajo fue solamente de estudio, todo el concepto del show era una creación colectiva con la dirección musical de Caetano. Pero como yo tenía más experiencia de estudio y de producción que los otros músicos de la banda fui elegido como productor. Ya en Fina Estampa la idea de todo es de él, me llamó para hacer el trabajo sabiendo que quería sonar clásico, con el sonido de la orquesta, la sonoridad acústica y rica. Yo tuve otra idea de la concepción individual de las canciones, como en el caso de la de Fito (Un vestido y un amor), donde quise hacerla sólo con cuerdas.


  - Con cierto material parece muy cómodo como para trabajar los arreglos orquestales o de cámara, pero también cuando arreglás canciones como Haití y aquellas que están más vinculadas a lo que se piensa como la modernidad en Caetano...
- Bueno, tuve muchas experiencias con músicos y tipos de música muy diversos y me siento en casa y para pasear de un estilo a otro. [2]Tengo 25 años de profesionalismo en la música y mi enfoque de toda mi vida fue abrir lo más posible, mirar a todos lados, no me gusta la especialización, quedarme toda la vida haciendo un tipo de música; así como me gusta viajar por el mundo, también me gusta hacerlo en los universos de la cultura y de la música.

A bossa nova passou a prova.


    “Bossa nova es más Greenwich Village que 52nd Street, es más una lluvia fina mirada a través de la ventana de un modesto hotel de 46th Street, que un rojo crepúsculo sobre la isla de Manhattan contemplado desde el Empire State ... es más una muchacha triste recorriendo Brodway cuando se apagan sus luces que el Great Highway tumultuoso donde todas las razas se cruzan y todas las impiedades son permitidas". [3] El viejo y entrañable Vinicius de Moraes no podía dejar de vincular a la isla de Manhattan con el crecimiento y consolidación de la bossa: fenómenos tempranos de globalización cultural, Bahía y Río con oído de New York. “Chega de saudade era al mismo tiempo una canción moderna con osadías armónicas y rítmicas que atraerían a cualquier jazzista bop o cool” [4] escribe Caetano en Verdade Tropical, donde rescata a la bossa como la creación insuperable en la que los tropicalistas apoyaron y contrapusieron su estilo. Este entronamiento aparece también en Livro donde deja que el cellista de cuerpo a la relectura de los parentescos de la bossa con el jazz norteamericano y su atmósfera cultural. - Este último trabajo – explica Morelenbaum - tiene como uno de los puntos de partida la bossa nova, un estilo musical brasileño que me influenció mucho a mí y a toda una generación. La prueba de que es un estilo consistente es que tiene cuarenta años y está ahí, presente con los viejos, con los jóvenes y fuera de Brasil: los europeos haciendo new bossa, los americanos tocando y estudiándola en Berkeley.


- Soportó todas las transformaciones... 
- Sí, influenciando a muchos músicos famosos. Y Caetano, como hombre de cultura, por ser un maestro de la historia de la música brasileña y universal, por su constante estudio ve al cool jazz como una de las grandes influencias de la atmósfera de la bossa nova. De una manera simplista se puede decir que es la fusión de todo el sabor de la samba y de las músicas de la calle de los pueblos de Brasil, con una elaboración y una sofisticación armónica y melódica. La mezcla de los dos elementos, uno muy cerebral y otro muy callejero, fiestero, sabroso concibió la bossa nova. Con este disco, Caetano vuelve a todo este proceso, haciendo una fusión de la música callejera de la Bahía de nuestros días (hecha por gente simple, música que forma parte de lo cotidiano y tiene su transformación pop en el axé) con la sofisticación armónico melódica, citando a los que pasaron por todo eso como Gil Evans, reverenciando y homenajeando a Miles Davis, Chet Baker y naturalmente a los maestros de la bossa nova como Tom Jobim y João Gilberto y eso todo para producir una música que no es bossa, ni axé, ni es cool jazz...


  - Hermeto Pascoal asegura que todo buen músico lo es si asume riesgos, si sale de lo seguro y logra que su música esté siempre aliada con la sorpresa. Con "Livro" y su combinación de estilos y géneros estarían asumiendo ese factor esencial.
- Ese es un hecho realmente conciente. La voluntad de sorprender es lo que busco con mis arreglos y creo que es lo que Caetano busca con sus composiciones y su postura artística.


 - Algunos periodistas brasileros, de todos modos, critican de Livro la presencia constante de la percusión y también la forma en que se incluye la axé music bahiana. Como respuesta Caetano suele decir que no tiene prejuicios musicales ni temor de jugar con ningún elemento de la cultura popular, incluso con lo kish. ¿Cómo es su relación con esas ideas?
- Me identifico completamente con la posición de Caetano, porque creo que los prejuicios son una limitación muy grande de la humanidad. Por lo contrario, lo que más me hace admirarlo es su interés abierto, su "antenagem": está siempre atento a lo que pasa en el mundo. Como la vida es tan chiquita y nosotros somos tan chiquitos, no es inteligente dejar de mirar lo que pasa a nuestro alrededor y quedarnos siempre mirando en una sola dirección. La crítica es la crítica y tienen que hablar lo que quieran, no me importa tanto.


Aquela música si não canta não é popular. 


    “¿Dónde se formará ese oído colectivo familiarizado con la música de los pos-serialistas o pos-dodecafónicos? ¿y qué mundo será ese en que una música así suene como música al oído de todos?” [5] pregunta Caetano al público durante los recitales de Livro, antes de cantar Doideca, una particular combinación de atonalidad con rítmica funk. Este tipo de experimentos musicales, que aparecen a lo largo de toda su carrera, muestran también su preocupación sobre el sentido y la vigencia de las vanguardias estéticas de este siglo.


  - Podría pensarse que tanto usted como Caetano intentan volver popular algunos conceptos de la música contemporánea, la relación con nuevos sonidos, lo atonal. 
- Personalmente mi primer pensamiento no es tornar popular nada. Soy un artista que en lo que hago traigo una valija con todo lo que aprendí y experimenté en mi vida, y esto lo quiero transmitir. Naturalmente en mi valija está la música contemporánea, la dodecafónica y mucho de los románticos, los post-románticos, los impresionistas. Todos son fundamentales para mi formación y son responsables de muchos momentos de profunda emoción en mi vida, son mis ídolos del arte. Si ahora tengo más condiciones para que más gente escuche lo que hago estoy más contento, pero si no las tuviera haría lo mismo. Tengo la suerte de poder ser muy sencillo en lo que hago y creo que es lo que más importa en el arte: la sinceridad del creador. La verdad dicha va a permitir al arte cumplir su real función.


  - Esa relación con la sencillez se nota en su rol de instrumentista. Cuando se lo menciona como cellista no se habla en primer lugar lo técnico sino de su capacidad expresiva. Con el cello tiene ese mismo poder de provocar sentimientos, esa sensibilidad extrema propia de Caetano. 
- Bueno, por un lado es consecuencia natural de mi relación con la vida y con la música, porque nunca quise ser un especialista, siempre me gustó mucho producir, dirigir, componer, hacer arreglos, tocar el cello, cantar. La consecuencia natural de esto es que nunca estudié mucho cada una de estas cosas tanto como un especialista podría, en todas mis áreas de actuación tengo deficiencias, no soy técnico como otros músicos. Sin embargo, lo compenso sin problemas, porque busco lo que es mejor en la música: la emoción. Me aburre mucho cuando un instrumentista tiene mucha técnica pero la verdad es que no sabe qué hacer con ella y queda tocando notas y notas cada vez más rápido. La música es un lenguaje del espíritu para el espíritu, del corazón para el corazón y tenemos que decir cosas, la música sirve para penetrar en el espíritu. No me interesa la música de fuego de artificio, y sí la que profundiza en la persona y las sensibiliza, la que las vuelve más próximas de sí mismas y hace que tengan mayor conciencia.


  - Sin embargo, en algunos ámbitos del arte - como el ballet clásico o la ópera - quizás sigue existiendo una relación fuerte con la técnica.
- Cuando escucho un disco, cuando voy a un concierto, o a ver una función de ballet, para mí es bueno que me emocione. Hay muchos tipos de emoción, eso es verdad, pero para mí si no hay emoción no hay nada, no me impacta.


Tudo é assim musical.  




   “El sonido es mi lugar de trabajo, los timbres, las matrices sonoras son como los colores que elige un pintor para su cuadro y es una cuestión de tomar provecho de ese universo, de no hacer lo mismo todos los días, de poder cambiar, de descubrir nuevos sonidos, nuevas dimensiones. Es una búsqueda constante y un interés también de juego, de diversión”. Las palabras del cellista vuelven difícil no pensar en Hermeto, eterno buscador de nuevos sonidos, cuando afirma que el verdadero músico es el que sabe oír más que el que sabe tocar, aquel que está atento a la sonoridad constante de las cosas. Para él, como para el experimental John Cage, todo es música. - Yo opino lo mismo – dice Morelenbaum - el mejor músico es el que sabe oír, porque si tocás y no oís, para qué sirve, si la música está en todas partes y en todas las pulsaciones. Los indios tienen una concepción muy interesante, dicen que el universo tiene sonido, el Om, y que los músicos son aquellos capaces de escucharlo y traducirlo para la humanidad. Esto tiene mucho que ver con lo que Hermeto y John Cage están diciendo, porque un elemento muy importante en la música es el acaso, un compositor busca en él sus inspiraciones, retira sus composiciones de los sonidos que escucha al acaso. Desde nacer hasta morir vivimos dentro de un universo sonoro que puede ser interpretado de muchas maneras. Ese es el oficio de la música, organizar los sonidos para poder decir algo.

  - Pensando en su formación y su experiencia en orquestas sinfónicas o incluso con músicos más ligados a lo instrumental como Gismonti o Jobim, ¿Alguna vez fue una prisión el formato canción para el desarrollo de sus ideas?
- No tengo ningún problema con la duración, creo que dos notas una detrás de la otra pueden traducir la misma belleza y la misma emoción que una sinfonía. Cada tipo de música, cada estilo tiene su lugar y puede ser muy bien hecho, no me importan el estilo o el tamaño, me importa más la sinceridad del contenido, de lo que quiere decir.

  - Quizás el problema, para muchos músicos vinculados a lo instrumental, se presente por la falta de difusión. 
- Es un problema universal. En países con una cultura más desarrollada hay un público mayor para la música de mayor buen gusto, hay más espacios para todos los estilos. En países con tradición cultural menor, o con un sistema de educación menos eficiente, la industria fonográfica tiene un alcance y un poder mayor, impone al pueblo cierto tipo de producto que no tiene profundidad y que tiene el objetivo de venta absoluta, masiva. En Brasil se escucha mucha música de mala calidad que música buena en las radios.

  - Ya que usa esas categorías, ¿puede pensar una diferencia clara entre la música mala y la buena o es un concepto difícil? 
- Es un concepto difícil, pero la música mala es la que uno siente que no tiene mucho que decir, que es rasa. Para sintetizarlo es la música sin talento, sin iluminación, sin brillo, que no estimula al oyente a la abstracción, puedes escuchar o no escuchar y no hay diferencia, puedes charlar y pasa como el viento. La música buena, en cambio, es la que tiene opciones, la que te marca, te hace decir hoy no es un día como ayer, hoy tengo más ganas de vivir, de salir, de buscar la naturaleza, de buscar una mujer o un hombre si eres mujer, de amar. Eso es la música buena, la que inspira, no está ahí para nada.

 - El problema no es de géneros.
- No es un problema de géneros ni de estilos, es un problema de sinceridad. La música que es sincera se imprime en la persona, tiene una razón real y profunda de existir, no es simplemente el producto de una industria. Puede serlo también, pero hay mucha música que sólo es un producto para vender, como pizza o jabón.

  - Arto Lindsay dice que ante algunos trabajos de Caetano sentía que sus ideas no estaban acompañadas de suficiente producción, veía que el resultado final no reflejaba la fuerza de esas ideas. ¿Siente lo mismo con alguno de sus discos?
- En algunos discos siento falta de un acabamiento mejor. Pero en los años ´70 y ´80 había un concepto por el que la emoción de aquel momento específico era más importante que todo. Hacer música tenía que ver con el momento, con lo que pasaba con la energía de los músicos, allí no se cambiaba nada. Mi concepto es diferente, yo estoy acostumbrado a escuchar música tocada por los mejores músicos.

  - La idea de la sofisticación de la que hablaba.
- La sofisticación no es algo más, creo que cuando una música está muy cuidada es más transparente y su sentido, su objetivo y su claridad son mejores. Además puede llegar a las personas más directa y profundamente. Es una cuestión de acabamiento, de tener el mismo material radical, pero con más claridad. Yo no soy un oyente muy “chato”, no me gusta la desafinación, los tiempos que no son ciertos. Estos elementos son básicos, a partir de ahí vas a tener una música que puede ser buena, puede ser bella o fea y no decir muchas cosas, pero creo que la afinación, el acabamiento son cosas básicas.

  - La vieja discusión del mundo del arte: forma es contenido. 
- Exactamente. Creo que la perfección de la forma crea más interés en buscar profundamente lo que hay de contenido. Es un estímulo para eso, y no veo razón para que no tengamos un buen acabamiento. Yo pelee por esto, para mí es el punto de partida para poder escuchar, para mí la música tiene que tener una relación directa con el placer.

Notas

[1] Nunca como en estos dos casos parece haberse dado un trabajo tan mancomunado entre Caetano y su productor, en el sentido de entregarse con absoluta confianza a sus concepciones y talentos disímiles. En ambos casos el producto final crece, no por un mero embellecimiento de los arreglos sino porque el productor también crea y no sólo maquilla. En ese sentido, los arreglos de corte psicodélico de Rogerio Duprat fueron importantes para la etapa tropicalista, pero nunca conformaron a Caetano. Sí habría que repensar el trabajo de Perinho Albuquerque en discos como Joia y Cualquer Coisa, donde su coproducción logra una especie de minimalismo tropical muy rico tímbrica y conceptualmente.

  [2] Dentro de la amplia trayectoria musical, Morelenbaum estuvo desde el principio conectado con grupos de rock. A partir de uno de ellos, A barca do sol, se da su primer acercamiento con Caetano. “Caetano me conoció por mi trabajo allí, donde teníamos una afinidad muy grande con Los Beatles, el rock inglés y al mismo tiempo una identificación muy grande con la cultura brasilera, una conciencia grande de nuestra cultura”. De ese grupo formaba parte el baterista Marcelo Costa .

  [3] Vinicius de Moraes, enero de 1965. "Contratapa para Paul Winter”, de “Para una muchacha con una flor”. Ed.de la Flor, Bs. As., 1970.

  [4] Verdade Tropical, pag. 227.

  [5] "Verdade Tropical", pag. 239



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24.9.07

Manu Chao


El hombre de las mil vidas


Manú Chao entiende al otro en su originalidad y no en su exotismo, respetando y queriendo lo que conoce con la mirada que no tiene el turista. Sorteador de fronteras artísticas, lo que ahora quiere es rendirse al relato de lo que vio, sin evitar la melancolía del que quiere vivir todas las vidas, en el camino


Diego Oscar Ramos - La Contumancia - 1998


       “¿Ensillar un mate, qué es eso?” se sorprende Manú Chao, que no esperaba una explicación folclórica del arreglo del mate ya lavadísimo en una de las habitaciones del hotel modesto de Congreso. Entre música árabe a todo volumen, humo clandestino, variados personajes circulando y el teléfono sonando constantemente, Manú habla rápido con ese acento y tono inconfundibles, con la atención múltiple queriendo captar todo lo que sucede a su alrededor. “Viajo mucho, pero nunca para no hacer nada, así me siento como alguien que está mirando algo desde fuera, si estás trabajando es otra cosa, estás con la gente con un contacto real, vas de un lado a otro, de la casa de uno llegas a la de otro y así entras en el país” dice Manú junto a la consola fileteada de apenas ocho canales que parece tener siempre con él, la misma con la que registró en sus recorridos las miles de cintas que sirvieron de base a Clandestino. De esos itinerarios, nada parece recordar tanto como los encuentros con artistas desconocidos que alimentaron su percepción humilde y alejaron cualquier atisbo de divismo de estrella de rock: “algunos son mil veces mejores que tú, te dan vuelta mil veces, te vuelven a bajar a tu sitio, a tener los pies sobre la tierra: mi lugar lo podría tener otro, hubo trabajo pero también suerte”.


Muchas vidas, muchas despedidas

       “Me llaman el desaparecido, cuando llega ya se ha ido, volando vengo, volando voy, deprisa deprisa, rumbo perdido. Cuando me buscan nunca estoy, cuando me encuentran yo no soy, el que está enfrente porque ya me fui corriendo más allá ... Yo llevo en el cuerpo un dolor que no me deja respirar, llevo en el cuerpo una condena que siempre me echa a caminar” (Desaparecido).

     La levedad y el peso del que habla Milan Kundera, ideas inevitables para pensar en la vida errante del músico que vive mil vidas, escapándole al peso metafísico de aquel que se establece en un lugar para tener una sola vida.

- ¿El no tener un punto fijo puede jugar con fragmentar la identidad, la personalidad?
- La identidad la fragmenta totalmente, porque te sientes de muchos lados y hubo momentos en que tuve la impresión de vivir varias vidas muy diferentes un poco al mismo tiempo. Estás en Río de Janeiro y dices “yo he vivido toda mi vida aquí”, pero te vas y llegas a otro lugar donde a veces sientes lo mismo.

- Es como si en parte se diluyera tu historia.
- Es que comienzas a entender los códigos sin que te expliquen nada, te colmas de recuerdos, son pequeñas vidas, son varios lugares. No sé si es bueno o malo vivir así, hay gente que tiene una vida en un lugar y yo los admiro y me gustaría ser como ellos, respeto mucho a la gente que es de su sitio y no necesita nada más.

- ¿El ser de su sitio puede implicar situaciones como la de formar una familia?
- Sí, claro.

- Y tus compañeros de Mano Negra ya no querían seguir en ese camino de fragmentación.
- Es que era muy difícil, cuando vives ese camino solo es tu historia, pero cuando vives el camino con 12 o 14, ya es una fragmentación multiplicada. Es difícil vivir así, ¿sabes? al nivel de la familia, al nivel de la gente que quieres, hay muchas despedidas. Es bonito, yo no me quejo y mucha gente dice “qué suerte tienes”, pero tampoco es sólo eso.

- ¿Nunca pensaste “en este lugar, en esta vida sí me quedaría”?
- Sí, claro. Pero luego dices “¿por qué no puedo olvidarme de mi gente allí?”. Hay un momento que los gallegos llaman la moruña.

- La saudade brasileña.
- Sí, la saudade. En serio, siempre me siento con necesidad de ir a Río de Janeiro. Mi lugarcito es Catumbí, un barrio chiquito de Santa Teresa. Ese fue uno de los lugares que conocí primero de Río y ahí me quedé. Río es uno de esos lugares, o ahora Senegal, estoy mucho en Africa.

Uniendo tribus en un mundo sin volante

    “Todo es mentira en este mundo, todo es mentira la verdad, todo es mentira yo me digo, todo es mentira por qué será” (Mentira).


      El francés de la rebeldía postpunk, el freak multiculturalista, el músico anarquista, en cuya banda parte de ese espíritu llevó al tecladista a romper a patadas un monitor en un programa de televisión: demasiadas imágenes que cansan al Manú Chao que ya no se siente el mismo que en el ´92 llegaba con Mano Negra a Buenos Aires. “He cambiado mucho, si después de seis años eres el mismo sería un fracaso, no se evolucionó, pero a nivel de prensa siempre hay una necesidad de etiqueta, una parte de cómo soy hoy estaba allá en el ´92 y hoy la parte punkie la podemos tener de un momento a otro. Pero bueno siempre es más mezclado, nunca se es tan radical como lo puede decir la prensa, que necesita ubicarte en algún lado”.

- ¿No se sobredimensiona tu parte más combativa? Es imposible acá que cada vez que se hable de vos no se recuerde el episodio del monitor roto.
- Es que son episodios fuertes, cuando vengo aquí también recuerdo el episodio de la televisión.

- ¿Crees que se necesitan esas referencias por cierto vacío de actitud en el rock?
- Es que hay muchos grupos así, criticando, pero ahora haría falta más grupos construyendo más que criticando. No sé, o estoy ciego, pero todo el mundo está consciente de que la cosa no va bien, todo el mundo hace la propia crítica de que todo no va, todo el mundo cuando pincha un poco está un poco acojonado sobre lo que puede pasar en 20 o 30 años, nadie sabe. A partir de ahí criticar las cosas está bien pero ahora ya no, hay que ponerse pilas para encontrar soluciones porque los que llevan el mundo no las van a encontrar, están como locos y nadie sabe dónde está el volante, el mundo mismo va sin volante.

- Aunque crítico y escéptico, creo que tu perfil de narrador de los lugares y personajes de tus viajes tiene algo de esa búsqueda constructiva.
- Es que frente a un problema tan grave, la respuesta es una gotita de agua, bueno es tratar de unirse con gente, conocer a gente, unir tribus. Ayer hablábamos con un chabal de San Telmo y tenía la misma clarividencia. Yo hago discos y salgo en periódicos y él hace tambores en la murga de San Telmo y era lo mismo, es bueno unir tribus. Eso es "La Feria de las Mentiras", la única propuesta de la feria es esa, lo que hay en el escenario es bueno pero no es lo más importante, ahí hay una energía que nos da fuerza a todos para volver a lo nuestro y esperar hasta la siguiente.

- Esa parece la idea del concierto de rock como ritual de encuentro. De Mano Negra siempre se destacó esa fuerza increíble para vincular gente.
- Con Mano Negra nos subíamos al escenario en cualquier sitio, grande o pequeño y a veces nos salía y a veces no, conseguíamos una comunión entre gente muy diferente. Creo que esa era nuestra fuerza, sabíamos hacer eso, no sé cómo, pero se juntaba todo Dios y había buena onda, nunca hubo un problema con un concierto de algo violento.


Discusiones en un bar

    “Solo voy con mi pena, sola va mi condena, correr es mi destino para burlar la ley, perdido en el corazón de la grande Babylon, me dicen el clandestino por no llevar papel. Soy una raya en el mar, fantasma en la ciudad, mi vida va prohibida dice la autoridad”. (Clandestino).


     Con su diversidad rítmica, racial y lingüística, Mano Negra marcó un viraje en la aceptación de la latinidad en el rock hecho en América, y es innegable la capacidad del grupo y especialmente de Manú para retratar la realidad política y social del continente, muchas veces mejor que artistas americanos. “Quizás mejor que los que grabaron discos” aclara para rescatar a sus musas populares: “nos hemos inspirado de lo que vimos aquí, a lo mejor tuvimos menos prejuicio de mezclarlo todo, cojemos lo nuevo con lo antiguo, lo mezclamos y si se nos quema el fondo es igual, ¿sabes?”.

- Ese eclecticismo sentó sus bases, es ya una práctica muy habitual.
- Yo ya estoy en otra, yo ya vuelvo a concentrar.

- ¿Y ese concentrar tiene que ver con unir en lugar de fragmentar?
- Claro, este disco ya no es un disco que sorprende como Mano Negra, de un estilo a otro. Es un disco que tiene un ambiente, el próximo será diferente, con fragmentación, pero menor.

- Los referentes de tu mirada lúcida sobre América parecen claros: cierta mística indígena, el subcomandante Marcos, pero también los sonidos de televisión, el melodrama mexicano. América es todo eso.- Este disco es casi discusiones de bar. Estar ahí, a aguardiente y a María, a discusiones en un bar donde hay televisión, y sale una coña o un chiste en la mesa. Se escribe la canción así en la mesa y se graba en el acto, no se espera ir al estudio. Estás con la peña que lo has hecho, quizás ni son músicos ni nada.

- ¿Se trata de captar el instante?
- Captar el instante, uy, sí, es eso.

- Hay algo muy fuerte en tus canciones, no son nada pretenciosas. Parecen surgir de vivenciar los lugares, registrando cosas simples: una conversación, un tipo que toca en la calle, un relato de fútbol.- Es que la manera de grabar así te permite.. No te estás pasando un mes para hacer una canción. Si no sale, terminas completamente fumado a las cuatro de la mañana que ya no sabes ni lo que haces, pero lo grabas en DAT y el día siguiente lo haces escuchar a tus amigos alrededor y sientes como me dicen “ahh, ohh”. Ahí ya lo noto en mi gente.


Saludos en el contestador

   “Me dicen el desaparecido, fantasma que nunca está, me dicen el desagradecido, pero esa no es la verdad. Yo llevo en el cuerpo un motor que nunca deja de rolar, llevo en el alma un camino destinado a nunca llegar” (Desaparecido).

     No cualquiera sabe viajar sin ser turista, y no todos los músicos logran ese encuentro generoso con culturas diferentes, no cualquiera sabe del mimetismo y del entender al otro en su verdad y no en su exotismo. Más quizás que con su grupo, en Clandestino Manú Chao parece vestirse cómodo en su traje personal de hombre múltiple, quizás con una sensibilidad que lo vuelve menos europeo que americano o africano. Por eso es imposible pensarlo dentro de las filas de la world music con su lógica de mercado y sus vicios particulares.

- En comparación con lo que puede pasar con músicos estrellas como Sting, no creo que nadie te ubique entre los “gringos que llegan para robar”, ¿reconocen en vos otra actitud?
- Bueno, no sé como trabajan ellos, pero deben hacerlo al estilo que he conocido por ahí, que falta mucho el respeto; arrancan la planta, la cojen, la manejan. A veces veo venir a artistas americanos, llegan y en seguida se ponen como nerviosos: “que tal si hacemos un vídeo”, cuando no se trata de eso. Primero te sientas, te quedas dos o tres días, te haces amigos y luego Sudamérica te lo da; pero tiene que venir de la gente y generalmente no esperan, sí hacen brillar el billete y todo el mundo va. Y es normal, tío, trabajar con Sting, van corriendo; puede ser un tipo genial, lo respeto, pero es una maquinaria opresiva.

- ¿No tiene que ver con el tema del tiempo? El sistema de creación norteamericano no admite ese proceso lento de quedarte, establecerte y conocer.
- Yo tuve la suerte de poder grabar así, de tomarme mi tiempo.

- ¿Hay alguna desventaja del sistema, tuviste que pagar algún precio?
- Actualmente, que sepa yo ninguno, a mi nivel, eh. Yo entrego el disco cuando quiero, grabo las canciones que quiero, y el disco que sale es el que yo quiero. Luego hay que pelear cada día, si quiero pasear en un Cadillac rosa tengo que discutir un buen rato. Hay detalles que hay que estar todos los días peleándolos, si quiero cinco colores en mi portada en lugar de tres.

- Volviendo al tema de tu condición de errante, son muy significativos los mensajes de tus amigos en el contestador que incluís en el disco.
- Son saluditos, son accidentes del momento, estás grabando la canción y te llega un cassette, o vas a escuchar el contestador y te suena alguien. Y dices “bueno, hostia” y ya se mezcla en la habitación. Está el estudio y suena la voz de alguien, la tele.

- Estar receptivo a todo el entorno, a todo lo que va pasando.
- Sí, ese es el encanto de eso. La gente se pierde mucho en los estudios porque van a grabar y saben lo que tienen que hacer. Llegan y graban uno o dos y para el momento de la tarde pierden un poco el coco, porque hay demasiada concentración, entonces en lugar de parar un rato y ver lo que fluye en la pieza, “ahh, cabezazo, venga” y ocho veces la misma y “prueba otra vez” y once y doce. Pero si no está en la primera o la segunda, espera un rato, tómate un mate, o es que no era eso, y olvídalo, “olvidémonos de esa guitarra”, no es tan importante..

- ¿El problema estaría en poner el énfasis en la extrema profesionalidad?
- Depende de lo que sea ser profesional, yo me considero profesional, soy un profesional, porque sé cómo hacer fluir esas cosas, sé cómo captarlas.

       La ruta es siempre melancólica, saben los que viven su tristeza de abandono, de despedidas y crecimiento, de lejanías y ausencias, de novedad y repetición: la miseria igual en cada desvío del camino, la riqueza humana siempre la misma y otra. Manú Chao camina desde hace años, en grupo o solo, buscando en la música ese hilo del sentido de todo que aparece suelto en cada sitio, desplegado en fragmentos pequeños. Sus canciones escarban esos retazos de lo que seguirá buscando, en cada uno de los encuentros que aún lo esperan en la ruta.
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