Reflexiones sensoriales sobre el arte performático
afectivo de la payasa Raketa Majoni
Maestra sutil de la payasitud arquetípica, Raketa Majoni precisa apenas de su presencia real en el espacio, sea cual sea, para imantar las miradas de las personas presentes para jugar sus rituales escénicos. Por algo Belén López Denazis, que algunas veces llega a compartir con el público su transformación en Majoni, le puso “Ojos y sonrisas” a su entidad gestora de magias múltiples. Porque le alcanza con expresar su don de mirar directo al alma para contagiar en los cuerpos la calidez del estado de sonrisa. Por eso, el ingreso a escena de Raketa, que vuelve escénico cualquier espacio, implica la instalación de un lugar que se va construyendo en la entrega colectiva al juego compartido.
Con sus marionetas, que comparten con ella una manera de presentarse en el mundo sin actos escénicos estereotipados, puede lograr que pequeñas acciones se conviertan en viajes a lugares internos del sentir o en percepciones épicas de los eventos más cotidiano. Y también con sus juegos deportivos, logra contactarse a través de emociones más eufóricas, pero no menos afectivas. Todo termina siendo parte de dinámicas donde la improvisación se aprovecha de los estados de atención total de la payasa para nunca transformarse en repetición.
Para que esas magias acontezcan, una ética del compartir anida en sus espectáculos, donde las personas son partícipes de actos simbólicos de gran belleza y lo artístico se manifiesta como una energía en común, un ánimo enlazador puesto en juego. En este lugar compartido, la destreza tiene mucho más que ver con inducir progresivamente a estados de sensibilidad que con exhibiciones de acrobacias inalcanzables que sólo despierten admiración. Para Raketa Majoni, que tiene en la palabra una herramienta poderosa, el arte es una mirada atenta compartida, una cercanía que despierta la atención. Para estar más sensibles en la vida. Y más conscientes para mejorarla.
Diego O. Ramos
