
LA VIDA DE LAS MARIONETAS

Desde la tragedia griega el teatro supo ubicarse vinculado a valores trascendentes. Las vanguardias teatrales de este siglo retomaron el concepto de catarsis para pensar que el espectador podía crecer como persona expuesta su mirada a la escena. La crueldad, la violencia o la oscuridad aparente de las escenificaciones servían a un propósito mayor de purificación. Nombres como Antonin Artaud, Ionesco, Tadeusz Kantor o Peter Brook se ocuparon de dejar de lado el naturalismo y trabajar sobre contenidos irracionales para llevar a cabo una gesta estética cuyos objetivos más profundos eran la transformación del hombre. En Buenos Aires el grupo teatr El Periférico de Objetos parece recoger el espíritu de esta búsqueda. El grupo intenta transformar al espectador al mostrarle lo inesperado, la imagen que no espera ver. Lo irracional les sirve de llave para trabajar con rigor artístico sobre aspectos conflictivos de la condición humana. La marca del grupo, conformado por Daniel Veronese, Emilio García Wehbi, Ana Albarado, Alejandro Tantanián y Román Lamas es la particular combinación del teatro de objetos y actores; generando una ritualística escénica única. Ganadores de múltiples premios e invitados permanentes de festivales internacionales, su lugar al frente del teatro argentino más experimental justifica un acercamiento a la base teórica y vivencial de su estética.
Diego Oscar Ramos - 1996 *
(*) Este artículo fue escrito originalmente en 1996 para la revista Uno Mismo de Argentina, aunque permaneció inédito hasta 1998, cuando se editó una versión reducida en el suplemento de cultura Tres Columnas de El diario de Morón. Una versión completa como la que sigue se publicó en la revista online de filosofía Temakel, dirigida por el lic. Esteban Ierardo en el año 2004)
El rostro del muñeco
exhibe angustia, encerrado en un hogar-prisión en el que van
apareciendo puertas o ventanas. Un panteón de dioses crueles le
ofrece estas salidas, las manos que lo mueven son las mismas que lo
condenan. Las puertas desaparecen cuando van a ser abiertas, las
ventanas retroceden cuando conducirían al escape. El rostro nos
observa sin ojos, reclamando ayuda en su desesperación muda. Vemos a
los manipuladores, pero no dudamos de la vida y sensaciones del
muñeco. Los hilos los buscamos en nuestra espalda, temiendo sentir
las manos desnudas e invisibles que nos dan movimiento. Es sólo
teatro, sugiere la conciencia tranquilizadora, pero no podemos dejar
de sentir que algo está sucediendo, algo nos está impactando.
Fantasmas y deseos
- Siempre me
impresionó en sus obras - pienso particularmente en la escena de
“Variaciones sobre B.” del pequeño hombre imposibilitado de
escapar del encierro - la forma en que un muñeco con sus
manipuladores a la vista puede conmover y hasta cargarnos de
angustia. No es común encontrar puestas de teatro de objetos para
adultos que provoquen estas reacciones ¿Cómo explican el vínculo
que logran con el espectador?
- Daniel
Veronese: El espectador deposita en el muñeco que cobra vida todos
sus fantasmas y sus deseos. Uno siempre se identifica con el más
sufrido. Cuando manejamos objetos pensamos que hay una víctima y un
victimario y quien te da la posibilidad para acceder a algo es el que
te lo puede sacar. El muñeco de esa escena está tomado con las
manos, no hay guantes, ni otro efecto de ocultamiento; uno ve que el
objeto en realidad está movido, pero por momentos cree que está
vivo y eso produce una sensación siniestra. Un objeto inexplicable,
escandaloso y perturbador, que por momentos está muerto y por
momentos cobra vida. Invadimos algo que nos permitió entrar en otro
terreno, que es el montaje del espacio corporal del actor con el
espacio corporal del objeto. Hay una zona entre los dos cuerpos que
no tiene representatividad en la cotidianeidad. Cuando esta relación
está vivida como real, como posible, es cuando se produce esta
ambigüedad, esta magia.
- Emilio García
Wehbi: Nuestra búsqueda estética tiene que ver con la
creación de un campo tenso dramático escénico que permita al
actor y al objeto interpretar y generar un vínculo entre ellos y el
espectador. Y así provocar diferentes corrientes de lectura y
apreciación por parte del público. Que conformen una totalidad el
objeto y el actor y al mismo tiempo tengan identidades separadas.
Esto se logra generando un campo específico de tensión entre el
objeto y el manipulador.
- La magia de esa
zona nueva y contradictoria que se genera en la interacción del
actor manipulador y el objeto, ¿no presenta un carácter ritual?
- Alejandro
Tantanián: Sí, es algo ritual, es el aquí y ahora del
objeto. Esa fascinación del espectador tiene que ver con los
rituales de presentación. En el vínculo que establecemos estamos
presentando un objeto, no representándolo. Aparece un objeto y tiene
la contundencia de la presentación. Es una percepción inmediata y
unívoca; independientemente de todos los significados que pueda
tener después o las posibilidades de pensamiento que genere. El
hecho de que se presente tiene un carácter ritual.
- E.G.W.: Pero
además tiene que ver con nuestra estética. Es un ritual previo al
momento de escenificación, y se da específicamente en el vínculo
que logramos con el objeto. El ritual que tenemos con ellos es muy
fuerte y se ve en la escena. Hay un rito interno con un código muy
específico, indescifrable para el que lo mira de afuera, que es lo
que nos hace sobrevivir. Estos personajes tienen nombres y una
historia con la que jugamos constantemente y esto forma parte de
nuestro imaginario, de nuestra realidad. Trabajamos sobre un
personaje fantástico, lo destacamos como tal, y lo presentamos; pero
es real. Nuestro ritual se da cuando jugamos con los muñecos.
- Román Lamas:
La base es jugar con lo que genera el muñeco en sí, que simplemente
al verlo te da una sensación de inocencia, o despojo. Quizás un
actor asumiendo un personaje te genera una distancia. El objeto te
deja acercarte mucho, lo que te permite tenderle muchas trampas al
espectador.
- ¿Cómo se combina
ese ritual lúdico con la racionalización en la creación de sus
puestas?
- E.G.W.:
Nuestra forma de construir espectáculos es muy inconsciente y muy
lúdica. Tenemos un período de prueba, de experimento, de jugar con
lo que se nos ocurre, lo que encontramos en la calle, lo que
compramos. Todo este tipo de cosas se van juntando y van armando un
rompecabezas que después se ordena. Pero el trabajo siempre es muy
libre, el ordenamiento siempre se empieza a hacer sobre el final.
- R. L.: Hay
mucha diferencia con lo que hacemos en los ensayos, hay una
depuración que es lo que queda de todos los trabajos, pero en sí
estamos haciendo un juego. Estamos jugando dentro del caos.
El objeto y la muerte
Daniel Veronese
acepta un antecedente en Tadeusz Kantor para su estética teatral,
sobretodo en el uso de muñecos antropomórficos de tamaño real. El
director teatral polaco, fue uno de los primeros en trabajar con
actores y muñecos y explotar la sensación de muerte de las cosas.
Para él un maniquí era “un objeto provocativo, irónico, una
burla despiadada al hombre, que se asemeja a la muerte a través de
la ausencia del alma.” Este uso de lo ambiguo de los objetos, por
lo que son, por lo que sugieren o lo que evocan parece clave en la
estética de El Periférico.
- Hay unas estrellas
permanentes en sus espectáculos, las muñecas de cerámica, que
tienen una carga un tanto siniestra...
- R.L.: Lo inanimado
es siniestro. Este tipo de muñecas de cerámica las veía en las
casas antiguas arriba de las camas viejas. Tienen el peso de la
muerte, es terrible. Hay toda una carga de fantasía que pone el
espectador sobre el objeto y lo resignifica.
- ¿Puede verse en
sus espectáculos un trasfondo de trascendencia, de búsqueda quizás
metafísica?
- D.V.: En nuestra
estética hay una trascendencia porque estamos trabajando sobre la
muerte. Eso lo da principalmente el objeto, luego lo que uno pueda
hacer él deviene del discurso periférico. Queremos expresar una
situación de periferia, de zonas entre la vida y la muerte, entre el
bien y el mal, la posibilidad de ser víctima o victimario. Alguien
puede hacer un espectáculo totalmente optimista, que muestre que la
vida en realidad es mucho más fácil de lo que es y otro puede
tener otro tipo de optimismo, al mostrar el lado realmente peligroso
de estos vínculos. Yo soy una persona optimista, si fuese pesimista
no haría teatro. El teatro me permite por catarsis expulsar los
fantasmas. Hay quienes ven en nuestros espectáculos una poética
sobre lo trágico que les permite cierto aire nuevo que por momentos
es más optimista que un espectáculo que se dice optimista. Que la
gente salga movilizada, de una forma completamente distinta a la que
entró al teatro es algo muy importante. Si una persona sale con
dolor de estómago eso es bueno también.
- ¿Cómo se
vinculan personalmente con el trabajo sobre zonas oscuras y
siniestras?
- E.G.W. : Cada
uno se vincula en formas diferentes con lo que le toca hacer en los
espectáculos, con sus contenidos. En mí “Máquina Hamlet”
funciona a niveles de catarsis. Si estoy deprimido o vengo mal,
terminó el espectáculo y ya no estoy deprimido. Genero un espacio
donde puedo volcar mi propia mierda en el espectáculo, que es lo que
propone el autor mismo. A mí al menos me sirve a cierto nivel
terapéutico.
El arte y la realidad
El arte pisa un
terreno pantanoso. Sobre una contradicción esencial se basa la
estética que se plantea un objetivo de cambio. Cómo un héroe
trágico, el artista conoce su imposibilidad, pero no espera con
quietud resignada; lucha hasta el final sabiendo que el destino tiene
la última palabra.
- Pensar en la
angustia como móvil de lo teatral habla de la posibilidad del arte
de transformar al espectador y en un segundo sentido a la realidad.
“Máquina Hamlet” en sí se plantea como una duda trágica sobre
las posibilidades concretas de transformación. ¿Cómo sienten esta
problemática del arte?
- D.V.: Se
puede acabar el arte y lamentablemente el mundo no se acaba. Es otro
golpe narcisista hacia nosotros, es una contradicción que llevamos
adentro, y nos preguntamos como artistas qué hacemos para cambiar
las cosas. Creo que lo que podemos hacer es cambiar nosotros, quizás
alguien sale cambiado del espectáculo. Mostrar nuestras
contradicciones, lo superfluo que puede ser nuestra profesión. Para
nosotros Máquina Hamlet nos tocó desde el lado del intelectual, el
que protesta desde la escena o desde un papel y es incapaz de
accionar. Qué pasa, hasta cuando uno va a seguir aguantando. Es la
pregunta de cómo uno se dedica al arte, mientras la gente se muere
de hambre.
- E.G.W.: Es absurdo
generar arte y tener la petulancia de que va a modificar cualquier
cosa de los seres humanos. Es un poco ambicioso a través del teatro
modificar lo que la historia de la humanidad no ha logrado modificar,
que es el hombre. Esa es mi visión pesimista de la historia. Esto te
lleva a un sinsentido que sin embargo te obliga a trabajar sobre él.
Desde lo conceptual o desde lo profundo no puedo encontrar una
respuesta a la pregunta de por qué hago arte, ni tampoco por qué no
dejo de hacerlo. Elijo hacerlo en determinado contexto, dónde lo
hago y con quién lo hago. Pero sirve que al menos se modifique el
estado de ánimo del espectador. Como me pasa a mí, que el
espectáculo para bien o para mal modifica mi estado de ánimo.
- A.T.: Es una
situación muy incómoda, porque aquel que está haciendo teatro
comercial no tiene contradicciones o las obvia. En algún punto lo
que nosotros hacemos tiene un grado de contradicción muy alto. Es un
grado de privilegio, porque estás subido a un lugar haciendo o
diciendo algo totalmente innecesario, pero a su vez absolutamente
imprescindible para uno. Y cómo se conjugan estas dos cosas es la
temática más profunda del texto de “Máquina Hamlet” cuando en
un momento dice “estoy a ambos lados del frente, entre los frentes,
por encima”. La pregunta es en qué lugar está el artista; y no
hay respuesta.
La bala en el espectador
El Periférico no
busca un público complacido, juega con él, pretende perturbarlo.
Incluso exhibe en la escena su conflictiva relación con él. En
“Máquina Hamlet” un muñeco de tamaño real permanece en primera
fila, entre la gente, es uno más de la audiencia. Casi al final un
sorteo indica que ese espectador muñeco ha sido elegido para
incluirse en la escena. Su suerte es fatal, el muñeco espectador es
asesinado. Su cuerpo es sometido después a una lluvia de dardos.
Símbolo oscuro, humor negro, burla de la relación que el teatro de
lo irracional puede lograr con el espectador incauto. En “Circo
negro”, se suprime su participación a través de grabaciones que
lo reemplaza o lo manipula, ellas imponen las reacciones adecuadas a
los distintos estímulos de la escena.
- Sus obras están
plagadas de juegos irónicos con el espectador, como si quisieran
hacerle explícito que se trata de un teatro que no le hará grata la
estadía, que no le entregará diversión gratuita, sino que se trata
de una propuesta drásticamente diferente.
- D.V. :
Todos esos son elementos irritables para un tipo de público, que
puede ir a ver un teatro más convencional. Hay mucha gente, sobre
todo jóvenes, que vienen a vernos pero no suelen ir al teatro. Esto
habla de un público que quiere ver cosas distintas, y que puede
reírse de la ironía. Paradojalmente estos dos espectáculos donde
al público se lo toma, se lo fusila, se le clava dardos, o se lo
maneja de alguna forma son los que la gente más ha seguido. Se
quedan después del final minutos y minutos. Se da como una
necesidad física, el atentar contra el sistema nervioso funciona
hacia lo corporal.
- Una diferencia
clara entre su trabajo y el de otras compañías experimental se da
en que el público nunca quiebra la distancia entre su cuerpo y la
escena, no se mezcla en la acción teatral.
- D.V.: Es
así, las expresiones que emergen del público están dirigidas y
pautadas. En ese sentido el público siente que es manipulado y si
así sucede debe reformular su situación de estar manipulado. En
todos nuestros espectáculos siempre hubo la tendencia de convertir
al espectador en activo pero sin que participe. Es una forma de
involucrarlo físicamente, pero sin tocarlo, sin que deje de ser
espectador. Está involucrado por alejamiento formal. La escena es un
lugar ideal para movilizar a la gente de alguna manera. Por supuesto
que de esa movilización no todo el mundo sale bien. Pero los que
salen satisfechos salen muy agradecidos, y eso es muy difícil de
encontrar en el teatro.
- ¿Cómo debe ser
el teatro para la mirada periférica?
- D.V.: El
teatro tiene que ser un disparador para quien lo hace y para quien lo
ve. Planteando ambigüedades y soluciones irresolutas. No queremos un
teatro de respuestas, queremos plasmar nuestras propias
contradicciones y mostrar algo que la gente no quiere ver, lo
inesperado. Eso que sobrevuela la escena, que es muy difícil de
definir, es el elemento primordial del género teatral. Ver ahí lo
que no puedo ver en otro lugar. Porque es en el escenario donde se
concreta el fenómeno de la mirada, a partir del actor, su cuerpo y
su muñeco.
- E.G.W.: Uno
de nuestros pilares es saber qué es lo que uno quiere expresar a
través del teatro. Nuestra estética es periférica, no nos interesa
estar en el centro, en el teatro de actores, en el de muñecos o la
danza. Utilizamos los objetos expresivos que nos sean útiles
para el momento. Estamos mirando siempre desde afuera, desde la
periferia. Es una posición ideológica y estética.
Dos muñecos de
cerámica luchan entre sí, se seducen, se acoplan. Las manos de los
manipuladores ciegos dirigen las intenciones de la pareja, manejan el
amor y la cólera. Los juegos amorosos se interrumpen. La cabeza de
porcelana es tomada por una mano que la hace girar hacia nosotros.
Los ojos huecos lanzan una irónica mirada difícil de evitar. El
muñeco vuelve nuevamente la cabeza y se confunde en pasión y dolor
con su pareja. Los dioses ciegos saben de nuestra sensación extraña
y lo disfrutan. Nos llevaron a una dimensión diferente, a una zona
misteriosa, sólo dejándonos ver.
El Ego y la Marioneta
Como director Daniel
Veronese asegura que no hay lucha de protagonismos entre actor y
objeto: “lo que hacemos es utilizar al actor cuando creemos que es
conveniente y cuando no se lo utiliza al objeto.” El actor de este
tipo de teatro tiene sus propias características: su objeto
expresivo esta fuera de su cuerpo, es un golpe muy fuerte para la
vanidad que lo observado y lo maravilloso no sea su cuerpo sino un
cuerpo que está a su lado, por más que él lo esté manejando.
Cuando los actores tienen la suficiente inteligencia como para
superar esto se entregan perfectamente y brillan, al lado del objeto
o tanto como él”. “Nosotros ponemos
nuestro ego en el objeto. Y cuando está mejor movido nos está
representando - acepta Emilio García Wehbi -, somos nosotros con la
carita de porcelana, con la cabeza de madera, con las piernas de goma
espuma. Somos nosotros proyectados en el muñeco”. Tantanián
corrobora la idea y la conecta con lo ritual: “La posibilidad de
tener un objeto expresivo fuera del cuerpo genera la presentación y
creo que uno de los motivos por los que este grupo humanamente puede
sostenerse es porque el ego está mediatizado. Son espectáculos
donde los protagonismos no tienen importancia porque el protagonista
es aquello que está fuera de mí”.
Lo siniestro y la historia reciente
Veronese plantea la
necesidad de ver la escena como un lugar de peligro, para el
espectador y para el actor. El hombre de teatro tiene el arma de
dominar la mirada del público y provocar reacciones, el espectador
sabe que la desnudez de una imagen puede afectarlo. Con “El hombre
de arena”, cuenta el director y autor, “la gente decía que
había sentido pánico frente a algo que no querían ver, pero que no
podían dejar de ver. La tendencia no era abandonar la butaca pero si
a bajar la vista. El discurso sobre lo siniestro levantaba fantasmas
que están ocultos en la sociedad argentina: los desaparecidos y como
hay algo que está bajo nuestros pies, todavía en efervescencia y
cuando sale produce un deseo de no verlo y volver a taparlo. La obra
fue hecha sin hablar del tema, pero lo siniestro nos lleva
directamente a esa historia.” Con “Máquina
Hamlet” las lecturas sobre el poder ligado a lo siniestro y a la
muerte incentivaron reacciones similares. Tantanián asegura que es
un espectáculo “que se hace cargo de una temática muy
contemporánea. Lo que sucede es que en el siglo XX las imágenes, a
partir de la cantidad propagada, han dejado de tener sentido. Por
eso es complicado poder encontrar algunas den cuenta de lo que
sucede.” El actor destaca la ferocidad del texto de Heiner Muller
y el desafío de hallar imágenes escénicas con el mismo peso. “Creo
que M.H. - continúa - ha encontrado algunas que son aterradoras.
Tuvimos una experiencia con un espectador que había sido “chupado”
durante el proceso. La sensación física que tuvo viendo el
espectáculo durante un momento fue la actualización de su vivencia.
Eso fue muy fuerte para nosotros.”
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario