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28.11.07

Diego Golombek



“Mirar el mundo desde la ciencia es algo maravilloso”


El investigador en Cronobiología es uno de los máximos responsables de las nuevas maneras de configurar la difusión atractiva de los saberes y desarrollos científicos.


Diego Oscar Ramos . Cinco Sentidos . 2005





     Es profesor de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador independiente del Conicet, especializado en Cronobiología, el estudio de los ritmos biológicos. Autor de más de setenta trabajos científicos, dirige la colección de libros de divulgación científica Ciencia que ladra, integrada por trabajos de jóvenes científicos que creen como él en la necesidad de acercar la ciencia a públicos de todas las edades y formaciones. Allí publicó Cocinero Científico, donde demuestra que los mundos que lo apasionan no están separados. Esta capacidad de ampliar la mirada de la ciencia, lo ubica como paradigma de una renovada generación de científicos argentinos. Tanto en sus investigaciones como en la escritura de su novela Cosa Funesta: El enigma de la muerte de Moreno publicada en 2004, Golombek pone siempre en juego la que considera la más poderosa herramienta del hombre: su capacidad para hacerse preguntas.



- ¿Se puede hablar de una nueva ciencia argentina? - No me parece que se pueda hablar de nueva ciencia argentina. Sí hay nuevas generaciones con una mentalidad diferente. La ciencia argentina, la biomédica fundamentalmente, es muy de escuela, todavía vivimos de próceres como Leluar, Houssay o De Robertis. Es bueno porque dejaron una impronta fuerte de a dónde ir, pero es malo porque son escuelas muy conservadoras. Y las generaciones más jóvenes se juegan más a salirse del carril, a pensar en aventuras tecnológicas y saben que buscar aplicaciones de la ciencia no es mala palabra. Hay un grupo de científicos jóvenes con nuevas ideas, entusiasta, que consigue dinero de afuera y el gran valuarte son nuestros estudiantes, que se van y es bueno que lo hagan, aunque la idea es que después vuelvan.

- ¿Cómo se financia la investigación actualmente?

- Hay dos grandes fuentes de financiamiento de la ciencia pública, el Conicet y la Agencia Nacional de Promoción de Ciencia y Tecnología. Los dos de a poco están creando oficinas para asesorar a los científicos. Pero aquí es raro que los científicos creen su empresa, lo que en Estados Unidos es común, aquí es incipiente. Se crean incubadoras de empresas, hasta que despegues, pero aún nadie ha despegado. Pero en esto soy optimista y la base de mi optimismo son los pibes. Año tras año descubro que mis estudiantes de grado y los que vienen a mi laboratorio son maravillosos, si con eso no podemos hacer un buen sistema de Ciencia y Técnica...


- ¿Cómo es hoy la relación entre ciencia y empresariado?
- El área empresarial argentina es mínima, la mayoría de las que invierten son multinacionales. Las empresas no se juegan para nada en apoyar la ciencia básica. Sí es cierto que con la biotecnología hay empresarios argentinos invirtiendo muy visionariamente en plantas transgénicas, mejoramiento de animales. Son tipos que se nutren de la ciencia o científicos que se animaron a hacer una empresa.


Formar gente


- ¿Cuál es la importancia de la alfabetización científica? - Casi tan importante como hacer ciencia es darle herramientas científicas a la gente para que tenga rigor, para que sepa decidir, para que sepa votar. El dar charlas de ciencia no es para formar científicos sino para formar buena gente, mejores ciudadanos. Hay que formar científicos, eso está claro y se está poniendo más esfuerzo en becas y sueldos, pero no está fomentado desde la educación básica. La otra historia es que necesitamos ser menos bananeros para entender la realidad, Argentina es un país producto del realismo mágico, hay mucha pseudociencia y todo un universo de pensamiento mágico que hace mal a la cultura.

- ¿Contrapone la magia a la ciencia?
- En este sentido, sí. Mucha gente prefiere ir a la Difunta Correa o al Gauchito Gil que al médico. Pero la ciencia tiene su costado mágico, sino sería muy aburrida. Hay mucha rutina, hay que aplicar herramientas repetitivas, pero hay momentos de una magia muy grande: cuando creás algo o encontrás resultados que no estabas esperando, es como una iluminación. Y la divulgación científica no es decir que la ciencia es la panacea universal, ese es otro endiosamiento. La idea es mostrar que hay otra forma de ver el mundo, racional pero no menos poética, en la cual las cosas no responden al principio de autoridad: las cosas no son así porque las dice un premio Nobel, sino que son así porque él te convence con experimentos, a través de pruebas y contrapruebas. Las cosas se demuestran, no vienen dadas, esa es la herramienta más poderosa inventada por el hombre, es de una riqueza ilimitada. El otro concepto fundamental es que se basa en preguntas, no en respuestas. La vida debería basarse en saber hacerse preguntas: tengo que hacer algo con mi trabajo, con mi pareja, con mi voto y ¿qué elementos tengo?, ¿qué pasa si hago esto o si hago lo otro?


- Es algo totalmente cotidiano... - La ciencia es - parafrasea a John Lennon - eso que nos pasa todo el tiempo mientras estamos ocupados haciendo otra cosa. Y pasa cuando estás durmiendo, cuando estás cogiendo, cuando estás en la cocina. Ayuda mucho saber que tus elecciones pueden ser racionales: si mezclo esto con esto puede dar tal cosa, porque otros lo han probado y yo también puedo. Esa herramienta es poderosa. Yo también leo el horóscopo, leo varios y elijo uno y la pifio en las cosas que hago, no estoy todo el tiempo pensando en preguntas científicas. Pero es una idea general para dar a los pibes elementos de racionalidad para ser personas más ricas.


- ¿Pero no se trataría de formar racionalistas extremos, no?
- No, no queremos formar aparatos, el típico nerd dientudo que está todo el día haciendo cuentas en un pizarrón. Eso no es un científico. Hay una forma científica de mirar el mundo que es maravillosa, salís a caminar munido de un preguntómetro en lugar de mirando para abajo. Eso te cambia la vida y si podemos hacer pequeños aportes vamos a cambiar el mundo.


- ¿Es una búsqueda poética? - Por supuesto. La ciencia busca belleza, elegancia, los patrones de la naturaleza, ¿por qué las cosas son así?, ¿por qué hay cosas que los hongos hacen parecidas a los cangrejos y a los girasoles? Las cosas son muy bellas cuando las ves desde ese punto de vista. Es una mirada muy poética del mundo, seguramente cuando hacés un experimento en el tubo de ensayo no estás pensando en poesía, pero la estás haciendo.


Buscar belleza


- ¿Cuál es la idea central de Cocinero Científico?
- La idea básica del libro es usar la cocina como excusa para contar esto de que si miramos las cosas desde otro modo, en lugar de sólo cocinar que es maravilloso de por sí, la ciencia está en todos lados. Aunque no sepamos cocinar, todos pasamos por la cocina y nos interesa saber qué es lo que está pasando ahí. La cocina es un laboratorio químico, donde no es que yo esté pensando siempre en salinidad, ph y estas cosas, pero puede funcionar hacerlo y es divertido.


- La intuición seguramente aparece.
- Muchísimo. Si la cocina y si la ciencia fuesen puras recetas, no llegamos a nada. Si en algún momento no te equivocás y le ponés algo que no estaba en la receta o no buscás equivocarte para poner algo que nadie había puesto nunca vas a avanzar y vas a estar haciendo siempre bife con huevo frito. Muchos descubrimientos y recetas salen de equivocaciones. Son pequeñas cosas que cambian el mundo.

- ¿Qué relación encuentra entre la literatura y la ciencia?

- Se relaciona con la ciencia como búsqueda de la belleza, de patrones, con el tener una idea y perseguirla a través de la práctica de experimentos. La escritura no es sólo inspiración sino ir modelando a partir de un esqueleto, con experimentos centrales y accesorios. Tiene mucho de científico. Hasta la Neurociencia se pregunta qué hay en el cerebro que permite que puedas crear mundos. Y no hay disociación entre las tareas científicas y artísticas.


Perseguir ideas


- ¿Esta ciencia argentina más joven hacia dónde se dirige? - Hacia Estados Unidos, hacia Europa (risas). Hay una actitud más abierta en la nueva generación de científicos, a buscar nichos propios, a nuevos temas, a separarse un poco de sus maestros, a buscar preguntas aplicables, a no pensar que ganar guita es mala palabra para el científico. No tiene que ser un mártir que no puede pensar en otras cosas. Si tenés una idea que es redituable, perseguila, siempre desde una actitud científica. No vas a truchar ni ocultar nada, vas a hacer ciencia y si esas aplicaciones redundan en beneficios locales, regionales o internacionales bienvenido sea.


- Dentro de nuestra ciencia ¿se siente fundando algo? - Me siento muy acompañado por un grupo de gente que está en lo mismo, en esto de mostrar la ciencia como actividad humana, como parte fundamental de la cultura, la ciencia no es sólo un tipo con guardapolvo y moscas en la cabeza escribiendo fórmulas raras.


- ¿A quiénes siente como pares en su visión más abierta de la ciencia?
- Cada vez a más gente. Siento que el esfuerzo de contar lo que hacemos, de buscar otros públicos y otros diálogos no es en vano, porque hay muchos científicos que se van plegando, sin dejar de ser excelentes investigadores, claro. Por otro lado, las nuevas generaciones de científicos jóvenes parecen ser más conscientes de que es bueno salir un poco del cascarón.




CIENCIA APLICABLE
“En la Argentina hay avances grandes en Biomédica, en diagnóstico y tratamiento de cáncer en el Instituto Leluar y en el Hospital de Clínicas, en Neurociencias y Biología Molecular, en tecnologías químicas y nanotecnologías, en energía atómica en el Balseiro y en Paleontología, además de Ingeniería Genética, que tiene muchas aplicaciones”.


CIENCIA EMOCIONAL
“La mayoría de los libros de la colección son de científicos o periodistas que laburan en un tema y quieren contarlo para todo publico, sin perder rigor, usando analogías, metáforas, los libros se venden y gustan mucho y han llegando a públicos disímiles, yo pensaba que eran para los últimos grados del secundario y han llegado a la primaria. Hace poco me invitaron a una escuela rural en Santa Fe para darles una clase de cocina a chicos de primero y segundo grado que me esperaban con su sombrerito, veían el programa de ciencia en la televisión y la maestra usaba mi libro en las clases. Fue una emoción increíble”.

23.9.07

Agustín Pereyra Lucena


Bossa Nuestra


Guitarrista de extrema delicadeza y precisión, es uno de los músicos que con más respeto y creatividad ha tomado y recreado el legado de géneros variados de la música brasilera, con un centro afectivo evidente en la bossa y los afrosambas. 

Por Diego Oscar Ramos - Cinco Sentidos Nº 6 - 2005




Es el músico que más se ha dedicado en la Argentina a la interpretación de la música popular brasilera. Guitarrista preciso y refinado con una carrera de más de 35 años, compartió escenarios y grabaciones con músicos brasileros como Vinicius de Moraes, Toquinho, Naná Vasconcelos, Dori y Nana Caymmi, Cuarteto Em Cy, Carlos Lyra o Sebastiao Tapajós. Hizo giras en todo el mundo y grabó discos de gran belleza con talentos argentinos como Rubén Mono Izarrualde, Billy Reuter, Alejandro Santos o Lucho González. Allí también muestra una destreza compositiva que une a su amada bossa con elementos o climas de la música popular argentina, el jazz y el impresionismo. Reeditados recientemente, son éxito actual de ventas en Japón. 



- ¿Por qué eligió la guitarra como su instrumento?
- Era el único instrumento que había en casa, mi mamá había muerto cuando nací y quedó la guitarra, ella cantaba y tocaba. Yo tenía doce o trece años, tenía un profesor que me aburría mucho tocando folclore argentino con dos acordes, me faltaba algo y en casa mis hermanos ponían jazz. También se oía mucho Ravel y Debussy, algo que no entendía del todo, me gustaba, pero me faltaba la percusión. Lo que más escuchaba eran boleros. Después me enteré que eran los predecesores de la bossa. Dori Caymmi me dijo: “vos podés tocar Joao Gilberto porque venís del bolero y Joao era también cantante de bolero”. Yo escuchaba y quería sacar algo, pero no tenía elementos ni quién me lo enseñe, igual me encantaba sentir la vibración de la guitarra contra el cuerpo, te llena de emoción.


- ¿En qué momento entra en su vida la música brasilera?
- Fueron dos amigos de mi hermano que vinieron a casa y tocaron a dos guitarras O barquinho, Samba de una nota sola y Desafinado. Ese día me emocioné mucho, me pareció impresionante el sonido y no podía creer lo bien que tocaban. A uno de ellos lo llamaba todas las semanas durante dos años para que sacase los temas de los discos de Joao, los que yo más escuchaba junto a Tamba Trío y Luis Bonfá, hasta que apareció Baden Powell, ahí me di cuenta de que la guitarra tenía posibilidad solista. La música entonces me transportaba a las playas de Brasil. A los 17 fui a Río por primera vez y de ese viaje me quedaron una gran cantidad de discos y el sentir que en Brasil, sobretodo en Río, la música está en todos lados. Después fui como 15 veces, ya en contacto con músicos, fui a la casa de Dori Caymmi, estuve con el Tamba Trío, Edu Lobo, Milton Nascimento, Gismonti. Y en el boliche donde se había compuesto Garota de Ipanema los mozos nos dieron la posibilidad de acceder a la suegra de Baden Powell y ella, simpatiquísima, nos dijo “vengan lo llamo que hoy está disponible, con unos periodistas”, nos acompañó a Barra de Tijuca y nos quedamos tres horas con Baden. No podía creerlo, estaba nervioso por conocerlo. El estaba abstemio, nos ofrecía cerveza pero él tomaba leche. Me hice amigo del percusionista, que nos llevó a la noche a un ensayo de una Escola de Samba, era imposible quedarse quieto. Sentí una gran vitalidad.


- ¿Y sentía que algo de eso le pertenecía?
- Todavía no. Cuando yo empecé a sentir que podía con esto realmente es cuando vino Vinicius. Llegué a Punta del Este con unos amigos en barco a la casa de Páez Vilaró y estaba sentado ahí con María Creuza y Dori Caymmi. Me dijo: Vocé toca la guitarra y ahí empecé. Dori tenía cuatro años más que yo y sabía una barbaridad de música, nos hicimos amigos. Es un genio en armonía, me pasó unos datos importantísimos. Después vino con Naná Caymmi, su hermana, primero música, después cantante. Me pedía que la acompañase en tres temas, para mí era todo impresionante, como un sueño. Estaba en el lugar justo. Se repetía la escena en La Fusa de acá y en Mar del Plata también. Ahí estaba María Bethania, Chico Buarque, Quarteto em Cy que me invitaban con Toquinho a tocar. Todo eso lo viví con ellos.


- ¿En qué modificó su música la convivencia con Vinicius?
- En la forma de encarar un show, que haya diálogo, que sea amable. Aprendí mucho de la naturalidad. La gente agradece que le cuentes algo sobre cada tema. El decía “estábamos una tarde con Toquinho en la playa de Itapuá” y eso lo terminaron de hacer en Mar del Plata. El inventaba una pequeña anécdota para cada tema y eso a la gente le encantaba. Eso lo aprendí bien, crear un clima favorable para la música.


- En los títulos de sus temas menciona rutas desoladas, desiertos, ¿le atraen los paisajes áridos?
- Sí, muchísimo. La Patagonia me encanta. Me atrae el lugar donde todo puede pasar, una sensación de libertad absoluta en la llanura, donde no haya muchos accidentes geográficos. Me gusta más eso que el mar, que me pone más nervioso. Me falta conocer el nordeste brasilero. Vinicius decía siempre vamos a viajar en una canción y es eso, te metés en ella. El tema pasa a través del tiempo y da la impresión de que estás viajando, hiciste un recorrido, con imágenes, emociones.


- ¿A lo largo de su carrera cómo fue ese recorrido? 
- Al principio como más que nada era intérprete me tenía que ceñir a lo que ya se había hecho, a medida que fui encontrando mi manera de componer me di cuenta de que apunto hacia un lugar que es mi estilo, mi forma de ser. Me gustan las cosas que se van desarrollando con constancia. Incluso el ritmo de seis por ocho es muy liso, me gusta que mantenga una base donde uno se sienta cómodo, como ir sobre un tren. No me gusta molestar con la música. No puedo crear mas agresión, ya está lleno de eso. Quiero estar en un lugar sincero en lo que hago, no entrar en competencia a ver quién hace cosas más raras. No me gusta cuando metés tantos acordes y ponés todo lo que aprendiste. Hay versiones de Corcovado que entre el primero y el segundo acorde ya mandan algo. Jobim sabía cuál era el acorde que quería, lo elegía bien y las partituras figuran así, no es que no supiera agregar cosas.


- ¿Cómo es el clima que disfruta expresar con su música?
- Algo como de ensoñación, pero cálido, una sensación linda, entrar en una especie de transe, pero sentirte cómodo, seguro, que haya inquietud, que no todo esté definido, pero no constantemente molestando. Me gusta que sientas en el cuerpo ganas de moverte. Yo me muevo también, no me gusta quedarme duro como una roca. Vinicius disfrutaba el movimiento corporal.


- ¿Qué deseo le queda por cumplir?
- Viajar más, grabar, editar el nuevo disco con Mauricio Einhorn y sentir que la repercusión es un poquito más cada vez. Las criticas en Japón han sido muy buenas, mis discos están andando bien. Pero lo que más me interesa es componer, me siento feliz si en un año compongo dos o tres temas que me gusten. Me gustaría ser como Jobim que llegó al final de su vida componiendo y grabando. Quiero que me de placer la música y que el próximo disco de tanto o más que el anterior. Si algo cambió y aportó a la música yo no me doy cuenta. 


- ¿Y qué le aportó la música a su vida?
- Todo. Me conozco más, me doy cuenta de cómo soy.



La bañera de Vinicius. "Creo que nunca vi, con excepción de los guitarristas brasileños Baden Powell y Toquinho, nadie más ligado a su instrumento que Agustín Pereyra Lucena. Daría la impresión de que, si le retirasen la guitarra, se desvanecería en música...” escribió Vinicius en una hoja que puede verse en la tapa del primer disco de Pereyra Lucena como guiño de aprobación afectiva del profeta de la bossa nova a su música. Se conocían desde hacía dos años, habían compartido el proceso de consolidación de la bossa en el Río de la Plata con el proyecto La Fusa y fue en Bs. As. mientras grababa, cuando le pidió que escribiera una presentación. “Me dijo, cómo no, vas ahora a una librería, me traes la tinta tal y el papel tal. Yo le dije mirá Vinicius, no tengo para traerte nada (no tenía ni un cassette), pero me dijo: no importa, conozco como tocás, así que voy a escribir sobre tu disco sin haberlo escuchado. Fui con las cosas, dijo váyanse todos, se quedó en la bañadera, tenía una tabla donde ponía de todo, whisky, una maquina de escribir, se quedaba como cuatro horas en agua caliente. A los veinte minutos me llamó, Agustín, acá la tenés, la llevé a la compañía, la fotocopiaron y pusieron en el disco. Eso lo repitió años después en radio, dijo en varios reportajes que era un guitarrista que iba a tener una gran carrera”.








El berimbau de Naná. En 1971 Naná Vasconcelos estaba en Buenos Aires como percusionista del Gato Barbieri y era la sensación de los shows con su set. Para Agustín, con un disco editado y apenas 23 años, fue una sorpresa que el músico quisiera grabar con él, es que había escuchado su disco en una reunión posterior al recital en el Teatro Regina. El encuentro, editado en LP y toda una pieza de colección, anticipa una forma de trabajar que Vasconcelos tendría con Egberto Gismonti, en discos que incluso grabó en Noruega, país donde viviría y tocaría años después Pereyra Lucena. “Yo apenas lo conocía, cuando lo vi con el Gato me volví loco, sin imaginarme en el Regina esa noche que al otro día estaría en un estudio con él. Naná llegó, dijo apaguen las luces, Agustín, vamos a hacer algo juntos, improvisá, como yo estaba investigando la música oriental surgieron pedacitos lindos, después me enteré que se usó en musicoterapia. Yo no veía la guitarra, Naná tocaba el berimbau, el tempo no le daba y hasta golpea el micrófono, él me fue llevando con sus sonidos raros, yo tapaba con la palma para hacer efectos tipo berimbau. Y el final se dio en el momento justo, el técnico fue bajando el volumen, no lo podía creer, era la ultima parte de la cinta, fue increíble. Hay momentos lindos que incluso él retomó con Gismonti en Dança das cabeças. Años después escuché de nuevo ese disco y empecé a encontrar efectos que hace Gismonti apagando las cuerdas, dándole importancia a los efectos con semejanza a los de Naná. Y ahí estaba lo mío. Se nota que Gismonti lo escuchó. Naná andaba en todos lados diciendo que era la primera vez que estaba en la tapa en un disco, que yo le había dado la oportunidad. Vocé no sabe cuántas críticas buenas tuvo nuestro trabajo, me dijo quince años después”.







Los afrosambas de Baden. Uno de los discos básicos para Pereyra Lucena fue Afrosambas, de Baden Powell y Vinicius de Moraes, canciones de fuerte musicalidad y temática afro de donde tomaría músicas básicas de su repertorio como Berimbau, Consolaçao o Canto de Ossanha, en reinterpretaciones siempre intensas que dan homenaje a ese misterio tan propio de los rituales que ya sentía Agustín en los cuentos que leía de niño. “Después de la bossa lo interesante fueron los afrosambas de Baden, que volvió a rescatar lo de Bahía, Vinicius le decía maravilloso duende de la floresta afrobrasilera de sonidos y no hay otras personas que hagan lo de él. Cuando le hablé de los afrosambas le dije: ¿por qué habías incorporado esos elementos, habías estado mucho en Bahía? Me dijo: No, cuando era chico mi vecina, la mujer de Pixinguinha, que era africana, contaba unos cuentos de misterio muy raros, de África, mi imaginación se despertó con eso. Y fijate por qué lo sentí tanto. Yo leía Bomba, que era un chiquito perdido en la selva, no paraba de leer esas cosas, hay algo mítico que me ha hecho tener eso que Baden expresó mejor que nadie. Se despertaba mi imaginación con los libros y la de él con los cuentos, más que con estar en Bahía escuchando el candomblé, que lo conocía, por supuesto”. Pereyra Lucena dice ver una evolución en esa raíz afro rescatada por Baden y Vinicius (en largas jornadas de investigación nutrida con litros de whisky) en músicos como Edu Lobo, Milton Nascimento y Gismonti, aunque ninguno haya sido un continuador de ese estilo: “quizás nadie siguió la línea, pero despertó historias en otros”. “De Afrosamba me llega todo”, dice y se lo ve siempre feliz cuando toca esos temas donde suele incluir elementos nordestinos: “es que me meto en un tren que está andando y la guitarra suena bien, los bajos constantes te meten en un clima casi oriental, mezclo todo en una tolva, porque está todo del lado de lo intangible, lo misterioso, a lo mejor un brasilero me dice que no tiene nada que ver estar poniendo cosas del nordeste en músicas de Bahía, nunca veo que la gente mezcle así como lo hago. Y les encanta”.



"Fiesta" - Dibujo de Agustín Pereyra Lucena
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