Ono en Buenos Aires
Yoko no estuvo aquí *

* Artículo publicado en revista La Contumancia, en el año 1998, en el marco de la primera exposición de la artista conceptual en Buenos Aires, En Trance y Ex It, en el Centro Cultural Recoleta y en el Museo de Arte Moderno.

Un mensaje simple, claro, preciso, provocaba una leve perturbación, una sensación de que había algo más grande detrás de las tres palabras en imprenta blanca sobre una remera negra en aquella foto famosa de John Lennon a mediados de los ´70; You are here - Estás aquí - decía el texto indudablemente de Yoko Ono en una simpleza aparente que daba una clave para acercarse al centro mismo del pensamiento de su arte: usar las palabras y los objetos como llaves para entrar a otros estados de conciencia. “Si deseamos contemplar algo que sea merecedor del conocimiento, que nos conduzca a la felicidad del espíritu, entonces debemos liberarnos de una vez para siempre de todas las limitaciones y relatividades, tenemos que tratar de conseguir un nuevo punto de vista desde el cual se pueda aprehender el mundo en su totalidad y la vida en su intimidad”. Estas claves del budismo Zen explicadas por D.T. Suzuki, muestran el lugar desde donde llegar al arte global de Yoko.
Transitando con mayor o menor talento vanguardista la música, la poesía, los happenings e instalaciones, el arte de Yoko se basa en la superación de los límites y los aparentes supuestos, tendiendo trampas a la lógica del espectador y jugando con su búsqueda de intelectualización. No hay que entender a Yoko, hay que vivirla, eso es lo que siempre contestó frente a los interpretadores sagaces del arte, y es por eso que siempre se enoja cuando le hablan de manipular los elementos, ella sólo sugiere posibles órdenes de las materias donde la mente pueda descansar y salirse de su lugar cotidiano.
En Trance y Ex It, que ya juega con las palabras y los sentidos, debe leerse desde los principios esenciales de su arte conceptual y ante todo vivencial: es una reflexión plástica sobre la entrada y la salida de la vida que deja captar su simbología abierta sólo si nos dejamos deslizar por el trance que libere nuestra sensibilidad y vemos que nada es sólido, que todo puede dejar de ser lo que es o fue alguna vez. Entrando en sus principios de lectura sensible del arte, no es difícil entender por qué es el color blanco el que más usa Yoko para sus obras - el Evento del Cuarto Azul de 1966 que integra En Trance es una inmensa habitación blanca con mensajes mínimos en sus paredes: “Quédate hasta que la habitación sea azul” y “Esto no está aquí” son los más inquietantes- se trata no de un color en sí sino de la descomposición de todos los colores, la superación más clara de todas las contradicciones y un signo tradicional de la pureza.
“Cuando la ciudad esté cubierta por la nieve, mantén tu habitación en desorden. Cuando la nieve al derretirse cree desorden en la ciudad, mantén tu habitación ordenada. O viceversa” escribe en una de sus pinturas poemas instalaciones de 1958, mucho antes de conocer a Lennon, cuando era un miembro influyente en la vanguardia del New York de los 50. Entonces y durante toda la década del ´60 practicó ese desborde de límites entre estilos, géneros y lenguajes artísticos que, como miembro del grupo Fluxus, recibieron miradas atentas de personajes como el mismísimo John Cage o el surrealista Marcel Duchamp, que quizás veía en los objetos resignificados de Yoko una vuelta de tuerca oriental a sus viejos ready made objects. Pero el conocer a Lennon, aunque de algún modo opacó su carrera, le dio a Yoko una nueva prueba para ejercer su violación de fronteras y jugar con la superación de los opuestos: la artista japonesa de extremo vanguardismo vinculada a uno de los máximos íconos de la cultura popular occidental generó una de las uniones artísticas más enriquecedoras del siglo.
Además de las campañas por la paz, los beds inn, la lucha por gestas contra la discriminación de minorías, la música experimental de fuerte influencia en movimientos posteriores - imposible no reconocer la furia punk o hasta grunge en Why y la hipnótica cadencia que se vería en B´52 o en Talking Heads ya presente en Open your box -, juntos mostraron una forma de llevar el arte a la vida cotidiana, hacer de la vida el territorio a experimentar estéticamente. Esa conciencia fue un aporte fuerte de la entrega vital de Yoko hacia el arte, algo que no parecen entender aún los que en una lamentable conferencia de prensa seguían preguntándole si ella era la culpable de la separación de los Beatles. Para ellos Yoko no estuvo aquí. O quizás sí, ¿cuál es la contradicción que no pueda ser superada?Diego O. Ramos - 1998

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