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23.4.09

Rubén Mono Izarrualde


Como pez en el agua

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Es uno de los músicos argentinos más queridos y respetados. Por su técnica y expresividad integró hitos como Anacrusa o MPA. Hoy reinventa la música popular argentina con Cuartoelemento, donde celebra una improvisación constante con eje en la comunicación profunda entre los músicos.
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Por Diego Oscar Ramos – revista Rumbos – abril 09


Fotos Mono Izarrualde: Gisela Volà 
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     “Siempre me sentí bien querido” dice el Mono Izarrualde, con certeza el flautista más expresivo y versátil de la música popular argentina, al recordar sus comienzos en la música. Entonces tenía siete años, se lo conocía como Rubén Rualde, cantaba tangos, valses y milongas junto a una orquesta. Era mimado, valorado y hoy siente a las presentaciones que hacían en los carnavales como una muestra de que “la vida era una fiesta”. Alguna particular forma de justicia hubo entonces en el premio Carlos Gardel del 2006 en la categoría Tangos nuevas formas que se le dio a su actual grupo Cuartoelemento, donde el género orillero es apenas un punto de pasaje en su dinámica instrumental. El cuarteto crea en vivo arreglos precisos que pueden hacer pasar una chacarera por las ropas del jazz o jugarse un candombe en un clásico folclórico, pero él mismo ha dicho muchas veces que en su sonido hay un eco de nostalgia tanguera. Y siempre acaba colándose algo de eso en esa historia musical donde fue parte de hitos como Anacrusa con José Castiñeira de Dios o de Músicos Populares Argentinos junto a Chango Farías Gómez, Jacinto Piedra, Peteco Carbajal y Verónica Condomí. También en su participación en el popular Trío Vitale-Izarrualde-González o haciendo música de inspiración brasileña con sus amigos Agustín Pereyra Lucena y Billy Reuter. Y hasta cuando tocó música de corte latino en una orquesta mexicana o vivió una altísima exposición masiva junto a Piero en tiempos de efervescencia democrática.


La sonrisa húmeda



“Yo trato de recordar todos los momentos, los viajes, la gente que he conocido, por naturaleza soy una persona optimista, si hay que derramar alguna lágrima es bueno hacerlo, pero me gusta la sonrisa”, dice el Mono y las palabras remiten a esa forma bien suya de encarar las notas largas de la flauta, con una autoridad y una comunicación potente con el instrumento que lo hace transmitir de primera mano sus sentimientos. Eso pasa en Cuartoelemento, donde esa saudade criolla del Mono, esa sensibilidad intensa lo lleva y nos lleva por lugares profundos al tocar hoy temas como Oblivion de Piazzolla, Recuerdos de ayer de Don Sebesky o Quietud dominguera de su compañero el guitarrista Néstor Gómez. Con él y junto al percusionista Horacio López y el bajista Matías González – todos músicos de gran trayectoria y capacidad técnica – asegura Izarrualde que se ha establecido una magia musical que le permite jugar musicalmente. Le da alegría la comunicación que se da entre ellos y eso es lo que quiere trasmitirle a la gente. “Cuartoelemento es todo lo que uno puede esperar o desear, por lo musical o lo humano, lo que trasmitís y lo que el otro te trasmite tocando, por el entendimiento, hay una cuestión circular que sucede cuando tocamos, que no es tan común, que se da entre algunos músicos por momentos, pero que acá pasa todo el tiempo, este momento es muy fuerte”, expresa el flautista, da unas cuantas risotadas y hace culto a su apodo en movimientos juguetones del cuerpo o de sus palabras. Le gusta ir de un lado a otro, con saltos que tengan sentido. Por eso saber que de chico fue la natación la actividad física que más le daba placer inaugura unas metáforas acuáticas que lo definen en su presente de músico. “Cuando uno nace está en el líquido, el contacto con el agua hace que tengas que flotar, eso es muy bueno para la música, que es circular para el que sabe flotar y no está agarrado a algún lugar”, comenta, dice que el riesgo presente en improvisar en cada concierto aporta una riqueza única. Y agrega: “Si no asumís ese riesgo hay cosas que no vas a poder afrontar, porque una cosa es la música armada, esquemática, muy cuadrada, donde todo está perfecto pero no te mueve un pelo y otra es cuando flotás dentro, porque si el ritmo se corre, vas cayendo en el mismo lugar, como cuando saltás en una cama elástica”. Luego dice que con el cuarteto dibujan en el aire y las ideas siguen saltando, uniéndose armónicamente: “Nunca me tiré en paracaídas, debe ser una sensación fantástica, pero la primer sensación hermosa es la del agua, lo veo en la sonrisa de mi hija Azul Morena cuando flota, con las patitas abajo del agua, te mira y es hermoso”, comenta el músico y dice que flotar es sentirse libre, como volando.


Los privilegios



   “La recuerdo sentada al piano, dándose vuelta y esbozando una sonrisa, de alegría, de felicidad, de conocimiento, de saber mucho de la vida”, dice sobre Susana Lago, “una de las inventoras de Anacrusa junto con Castiñeira de Dios”, la agrupación transformadora de la música argentina que fue una escuela para Izarrualde, atento a quienes siente como figuras marcantes. En su vida siente que hubo privilegios enormes al conocer personas que le dieron generosamente lo que sabían y que valoraron su musicalidad. Menciona al trombonista americano Bill Smith, a Anastasio Quiroga, a los hermanos Virgilio y Homero Expósito, al Cuchi Leguizamón, con quien dice haber tocado el cielo con las manos al compartir escenario, al Chango Farías Gómez y a Jaime Torres, de quien dice que su sonido es único, por el amor que tiene con su instrumento. Y de la maraña de imágenes viene su padre marino mercante, que le legó junto a su madre peluquera el cariño por la música. “En mi casa se escuchaba música clásica, mucho folclore, tango y opera, ahora me encanta escuchar óperas a la mañana, es como con el instrumento, lo primero que se tocan son notas largas, para despertarlo”, cuenta el Mono. Cuando era niño fueron notas largas de una flauta traversa en el conservatorio de La Plata las que lo decidieron a elegir su instrumento, las escuchaba desde la puerta. Y un director de coros certificó su elección: “Mirá pibe, yo te veo esas manos y esos labios, para mí sos flautista”, dice que le selló a fuego Antonio Ruso, “un italiano maravilloso”. Y hoy lo certifica él mismo: “Me gusta mucho la profundidad del sonido del instrumento”, dice Izarrualde, recuerda que su padre lo apoyó inmediatamente al comprarle al otro día de su elección una flauta de ébano y plata. Esa que tuvo tanto valor como la que años más tarde le compraría al mismísimo Jean Pier Rampall, un prócer con quien tomó clases.

Y es esa mezcla de sólida preparación con una gracia de niño atento a la sabiduría callejera la que aparece en el sonido que también apreciaron músicos como Lucho González, Ariel Ramírez, Paquito de Rivera, Miguel Cantilo, Maria Creuza, Jan Garbarek o Raúl Carnota, por mencionar algunos de los que compartieron escenario con el Mono. Y también él ha apreciado a músicos por esa totalidad mullida que le hacían sentir. “La música habla, tiene que ver con la mirada, hay gente que cierra los ojos porque está volando y mandando una señal para todos”, describe y cuenta que con el baterista Norberto Munichilo sintió que era un buen músico antes de verlo tocar y de hablarle por primera vez: “Habíamos terminado de tocar con Anacrusa un tipo se levantó para saludar a uno de los músicos, me quedé observando su abrazo y entonces él se dio vuelta, me miró, abrió los brazos y me vino a abrazar, siempre supe que era un buen tipo y cuando lo escuchabas tocar te dabas cuenta rápidamente del ángel que tenía dentro”. Sin haberlo nunca visto antes en esas lides, también es fácil imaginar al flautista andando a caballo, con gozo criollo y autoridad, sobre todo cuando canta actualmente la bellísima Zamba de Argamonte, de Leguizamón y Castilla. “He andado mucho a caballo, me encanta y lo siento como uno de los animales más maravillosos, más fieles, mi viejo era de Carlos Casares, muy de campo y cuando viví de chico en Las Malvinas, cerca de Rodríguez, de los dos a los siete años, salíamos a pasear a caballo y hoy soy fanático de las carreras cuadreras, aunque no juego, pero me gusta ver los animales”, cuenta el flautista. Reconoce con orgullo que se siente absolutamente criollo, una identidad que en su música dice estar presente en cada nota, aunque interpreten a autores como Charlie Haden o Armando Manzanero tanto como a Fortunato Juárez o Félix Palorma. La alquimia de influencias y formas musicales se cuece con tierra argentina, pies con mundo andado y algo concreto para decir. “Cada elemento conforma una pieza muy importante arriba del escenario y cada uno juega a su manera”, cuenta el Mono. Y sonríe suave, como flotando.




CUARTOELEMENTO



Formado por Néstor Gómez en guitarra, Matías González en bajo, Horacio López en percusión y Rubén Izarrualde en flauta y con todos aportando sus voces, Cuartoelemento nace como cuarteto en 2003 al incorporarse el percusionista al trío que hacía un año que estaba tocando. Su primer disco, Cuartoelemento, se edita en 2005 y gana un premio Carlos Gardel en el rubro “Tangos nuevas formas”. En 2007 graban Alquimia, disco en vivo que busca dejar testimonio de su estilo libre y espontáneo de interpretar temas propios y clásicos de todo tipo de géneros. "Es nuestra intención transmitir la misma alegría que sentimos cuando estamos tocando a quienes nos están escuchando. Nos une una gran amistad y muchos años de transitar el camino que lleva tocar y reconocer nuestras raíces desde un lenguaje más universal y actual", dicen en su página. Basta con escucharlos.


WEB



Para saber más del grupo.Para ver algunos videos.
Para ver su gira por Canadá. Para escuchar su concierto por CBC Radio 2 “Canadá Live”.

14.11.07

Guillermo Billy Reuter


Amigo de la música

Antes que pianista, bajista, percusionista, arreglador o compositor,  Reuter es sobre todo músico, de esos que tienen una mirada desde arriba, como un ave en vuelo. Músicos como Michel Legrand, Chango Farías Gómez, Luis Salinas o  Chucho Valdés han alabado su musicalidad. Y otros cuántos han hablado de él como un genio. ¡Y hay que creerles! 


Por Diego Oscar Ramos - 2007

 De formación académica y amor absoluto por la música brasilera, los más respetados músicos hablan de Guillermo Reuter como un genio. Compositor, arreglador y multiinstrumentista, tocó y grabó con artistas como Paquito D´Rivera, Nana Caymmi, Chango Farías Gómez, Manolo Juárez, Agustín Pereyra Lucena, Rubén Izarrualde, Lucho González y Edgardo Cardozo. En 2004 ganó en Cuba el Primer Premio de Composición de Latin Jazz con Michel Legrand, Chucho Valdés y Luis Salinas como jurado. Actualmente asesora grupos y compone música para una superbanda que interprete su Jazz Latino del Sur.


Magia. Pocas cosas hay tan mágicas, para quien sabe que la música es mucho más que juntar sonidos, como descubrir esos artistas por los que la musicalidad parece fluir con naturalidad y swing. Eso le pasa, casi inevitablemente, a quienes acceden a la música de Guillermo Reuter, uno de los artistas argentinos que despierta más respeto entre los músicos vinculados al folclore sudamericano, el jazz y cierta música clásica post impresionista. Es que en todo lo que ha trabajado, como compositor, arreglador y multiinstrumentista con gente de la talla de Chango Farías Gómez, Edgardo Cardozo, Nana Caymmi o hasta Paquito D´Rivera, siempre supo unir la exigencia meticulosa de calidad musical con un sentido muy fino de la necesidad del juego en toda creación. Una buena forma de acceder a su arte, en una carrera donde él mismo dice que ha estado más pendiente de la música que de él mismo, es a través de lo que grabó con el guitarrista Agustín Pereyra Lucena y el flautista Rubén Mono Izarrualde en las décadas del setenta y ochenta, sobre todo cuando ellos lo acompañaron para grabar bajo el nombre de Candeias el disco Sambaiana, editado exitosamente en CD por un sello japonés y que hoy bien podría deslumbrar a artistas retro futuristas como Ed Motta o Babasónicos. Seguramente en ellos también está despierto ese niño juguetón que en su caso guarda recuerdos infantiles de hipnótico apasionamiento por el primer disco de Joao Gilberto. Tanto como estudios de música clásica estimulado por su padre José Reuter - organista que dirigió coros y orquestas - y su madre, Agnes Widor, que mantuvo su entrenamiento de cantante operística hasta cuando Billy se estaba gestando. Algo de todo ese mar de influencias, en cuyo pedestal están los impresionistas franceses, habrán podido sentir algunos privilegiados a lo largo de estas tres últimas décadas. En sus contadas presentaciones de composiciones orquestales o para piano, en sus trabajos con Farías Gómez, Jorge Cumbo o Manolo Juárez, en las giras y discos con Pereyra Lucena y el Mono Izarrualde o en las canciones que grabó en plan low fi para Solo, esa obra del 2001 donde genera sabrosos encuentros entre bossa nova, folclore, tango, música clásica y jazz. Ahí ya aparecía una versión de El gorgojo, el tema que sedujera a Michel Legrand, Chucho Valdés y Luis Salinas en esa premiación al unísono que le dieron a Reuter en los Premios Latin Jazz de Cuba de 2004. Aunque desentonaran con indiferencia los medios de comunicación, un boca a boca esparció en el ambiente musical la noticia del reconocimiento internacional. Muchos colegas sintieron que se restauraba un orden, por la valoración de su talento. Y por esa magia con la que la delicadeza instrumental de un Bill Evans, la creatividad melódica de un Tom Jobim y hasta el ingenio rítmico de un Eduardo Mateo se abrazan en su música.

(Foto: Carlos Reuter)
Tiempo. “Me siento como un pájaro que sobrevuela y tiene sensibilidad para un montón de músicas, con factores como ser un autodidacta que toca varios instrumentos, por lo que no se me puede definir, porque si digo que soy músico no alcanza”, reflexiona Reuter, en sus eternas alpargatas y su mirada sin tiempo. Cuenta que siempre se ha ocupado más de la música que de él mismo, por lo que no le extraña que lo conozcan más por su trabajo con otros músicos. “Soy un bicho de bajo perfil”, dice inaugurando un serial de metáforas con animales, sus compañeros de palabras y creaciones, como el gorgojo que lo llevara directo a la Habana en 2004. “Era un tema para silbido y guitarra, hice un arreglo para otra formación, lo mandé y al mes supe que era finalista, sentí que era un buen tema, una mezcla de Brasil con Argentina, una bossita sin guitarra que simula un ritmo de chacarera, tuvieron la mente abierta”, dice y cuenta que el propio Michel Legrand le expresó que era un excelente músico que había escrito una música muy bella. Experto en juegos de palabras, le dijo que él no era Legrand sino le plu grand -el más grande- y el francés lo miró con un “estado de niño” que lo puso tan contento como haber logrado en la ceremonia que el trompetista de Irakere silbara durante la interpretación de su tema, logrando que su amado silbido tuviera tanta importancia como los instrumentos.
(Foto Carlos Reuter)
Armonía. “Caminando y silbando he compuesto muchas cosas, de chiquito me acercaba al piano de casa, apretaba la tecla y buscaba la nota con el silbidito y cuando la encontraba sentía que éramos uno”, recuerda Billy y comenta que cuando era niño era común que se silbara en la calle, lo que le encantaba tan literalmente que hasta llegó tarde al colegio alguna vez sólo por perseguir una melodía bien silbada. “Soy un defensor del silbido porteño, es algo muy nuestro”, afirma y lo relaciona con tiempos en que la musicalidad le parecía más presente a nivel general que ahora, cuando siente que la Argentina necesita que todos bailemos con ritmo y cantemos entonados. “No pretendo la afinación extrema, pero al menos cantar juntos”, pide como un rezo y con ojos de pájaro ancestral habla de sus aprendizajes de armonía en Brasil, donde “es hermoso ver que un panadero, un presidente o una puta están bailando un samba juntos”. Reuter cree que los que saben cantar y bailar en sincronía están más cerca esa coherencia entre lo que piensa, dice y hace. Ese valor que encuentra en algunos artistas, en la mayoría de los niños y que intenta mantener en cada trabajo que hace. Tocando, componiendo, produciendo o asesorando grupos musicales: “Los pibes creen que arreglar es poner cosas y en realidad es saber poner y saber sacar lo que sobra, porque una cosa es pintar por un mundo mejor y otra distinta es ensuciar paredes”.

(Foto Sergio Famá)
Música. Siempre sintió pasión por los mínimos detalles musicales. De niño se tiraba en el piso cerca del piano para sentir con todo el cuerpo los conciertos de su padre. A los once años pasó una tarde entera de quinta y pileta escuchando una y otra vez a su recién descubierto Joao Gilberto. Su profesora de piano Tila Montés le legó pronto la fascinación por Debussy y Ravel. A los 18 acompañó en guitarra a la consagrada cantante brasilera Nana Caymmi en La Fusa y pocos años después ya estaba girando por Europa con Pereyra Lucena y el Mono Izarrualde. “La música es la parte femenina de Dios”, dice mientras enumera algunos pasos de su historia musical y sus animales internos le cantan afinados a quienes fueron sus compañeros: “cuando toco bossa es inevitable acordarme de Agustín, cuando toco el piano me acuerdo de Manolo Juárez, cuando hago alguna frase de flauta en teclado aparece Jorge Cumbo y en la música argentina está la influencia del Chango, todos emergen como peces en mi recuerdo, como un contagio espiritual”. Esas influencias pueden rastrearse en los temas que ha ido grabando y componiendo, siguiendo más al puro placer que a alguna idea de construir una carrera artística. “Muchas veces sentí que llegué a este mundo como pájaro, me paré en la punta de una rama y creí que eso era la tierra, hasta el día de hoy me cuesta bajar”, confiesa Reuter, un músico que le ha dado un gran vuelo a la música, la propia y la de aquellos que saben que pocas cosas hay para él más serias que jugar. Eso que hace, siempre, cuando silba y camina, componiendo sus mejores canciones.


Con Michel Legrand y Chucho Valdés en Cuba. 

Palabras sobre Reuter


Desde sus compañeros de diferentes caminos musicales en Sudamérica o Europa hasta quienes fueron jurado en sus premios internacionales, las opiniones sobre la musicalidad de Reuter confluyen en una admiración por un talento natural que sumado a su formación lo vuelven una figura respetada y querida en la música popular hecha en nuestro continente.

Chucho Valdés (pianista): "Escribió una obra muy bonita, original, con un estilo muy personal, inclusive haciendo algunos aportes armónicos y rítmicos. Recibió un premio del jurado nuestro, unánime, absoluto, fue sin discusión. Me gustó la espontaneidad, la cosa personal. Se ve que es un artista que viene desarrollando un estilo muy peculiar y muy interesante”.


Chango Farias Gómez (arreglador, compositor): “Es una persona extraordinaria, querible, de mucha sensibilidad, un musicazo extraordinario. Aborda cualquier género siempre con un respeto y una capacidad envidiables. El que no sea conocido tiene que ver con la personalidad de cada uno, como afronta uno esa posibilidad. Pero es un músico muy importante. Billy Reuter es una luz en el camino. Es un músico que, como instrumentista, como arreglador, es visionario. Así que de Billy tengo que decir todo bien, muy bien diez felicitado, como diría la maestra”.

Manolo Juárez (pianista, compositor, arreglador): “Guillermo Billy Reuter es uno de los músicos con mayor talento de nuestro país. Esta afirmación puede tomar de sorpresa a muchos, pues algunos se preguntarán cuál es la trayectoria de este músico que no ha tenido difusión masiva. Ello es de alguna manera comprensible, pues Reuter elabora sus obras de manera solitaria sin otro concepto que no esté relacionado con el de la investigación, la creación pura. Para él la música no es más que una alternativa del afecto y la emoción. La presencia de Reuter es muy positiva para la música de nuestro país”.


 Luis Salinas (guitarrista, compositor):“Billy es maravilloso, uno de los más grandes músicos que dio el país, es un orgullo nuestro. Yo tuve el honor de compartir el jurado con Michel Legrand, nada menos, que es como Bill Evans, uno de los músicos más grandes del mundo y con Chucho Valdés, el músico más grande que dio Cuba. Cuando se estaban eligiendo los temas y apareció el de Billy, fue instantáneo lo que ellos dos dijeron, fue muy mágico. Ellos dos escucharon y se guiaron por la belleza y la profundidad, que es lo que tiene la música de Billy”.


En París con Pereyra Lucena, Lucho González, M. Sosa y Piazzolla. 

Agustín Pereyra Lucena (guitarrista, compositor): "Billy es impresionante, un capo, es realmente uno de los tipos con más talento de todos los músicos que conocí en el mundo, es un fuera de serie. Como pianista, bajista y guitarrista es muy bueno, sobre todo por sus ideas, tiene una gran musicalidad y es buenísimo tenerlo como arreglador y compositor y en cualquier cosa que uno haga. Por fin es reconocido con estos premios!!! Siempre me sentí cómodo componiendo con él y he grabado varios de sus temas. Hay una característica a destacar en él, tiene una gran visión de arreglador, sabe cómo darle el toque definitivo a las cosas y cuando no hay que agregarle nada más a un tema. En ese sentido le tengo total confianza. A mí más que los instrumentistas me gustan los músicos que tienen concepto musical. Y A Billy le sobra!!!”


 Jorge Cumbo (aerofonista, compositor, arreglador):“Billy es a mi criterio, un Músico. Toca muy bien el bajo y el piano y la guitarra y el silbido pero es ante todo un Músico. Hay músicos y hay tocadores de... Pero es destacable no sólo en sonido sino en reflexiones”.


En Madrid, 1980, tocando el piano en Candeias, con Mono Izarrualde,
Quique Alvarado y Paquito D´Rivera como invitado.


  Rubén Mono Izarrualde (flautista): “Cuando lo escuché tocar el piano, armónicamente, por la soltura, me pareció el Bill Evans de acá, haciendo música brasileña. Empecé a admirarlo como músico. Es un capo realmente, toca el piano, la flauta, escribe conciertos para guitarra, es uno de los tapados que tenemos en este país. Claro que uno elige, a mí no me interesa ser famoso, me gusta ser feliz y creo que Billy va por ese lado. Hablar de una virtud sola en él es difícil, su virtud es ser y eso no es nada fácil. El es uno de los músicos que más me encanta escuchar, hay pocos que toquen el piano como él, no porque haga mil millones de notas, sino por la estética que tiene al sentarse al piano, por el humor particular que tiene, tocando y en la vida“.


Andrés Laprida (compositor, guitarrista): “Billy es un gran músico, muy poco común, con un notable talento y una personalidad muy original. Su alta sensibilidad le brinda una perspectiva diferente y más amplia de las cosas y las personas. Eso puede reflejarse fácilmente en su música. Una de sus principales características es su capacidad para cambiar roles dentro de un contexto musical. Su enorme talento le permite ocupar con igual nivel el rol del compositor, del arreglador, del pianista, del guitarrista, del bajista, del percusionista o del baterista de un grupo, y hasta del mismo oyente. Tocar con él es un placer pues su discurso es musicalmente puro, siempre muy ingenioso, lleno de swing y de buen gusto”.


Lucho González (guitarrista, compositor, arreglador):"Siempre lo consideré como uno de los músicos más completos de la Argentina. Puede manejar con gran solvencia la música clásica, para la cual se preparó y tiene una gran ductilidad por la música popular. Todo lo que tiene que ver con la buena música tiene que ver con él. No es alguien que se deje llevar por las modas. Tiene un talento y un vuelo musical que no he visto en nadie, en todo el mundo, es un top, un súper músico. Habita el bosque de la música y es uno de esos locos, en el mejor sentido, que tienen otro tipo de pensamientos y parámetros”.

Alejandro Santos (flautista, compositor, arreglador): "Es un músico súper completo, con todos sus instrumentos y mucho más aún. Sus arreglos, sus ideas y sus composiciones, todos sus trabajos tienen su marca, su estilo, su firma, su toque de distinción. Desde su más tierna infancia estuvo arriba de sus instrumentos y eso se siente al escucharlo, su naturalidad, su frescura, su capacidad de llevar a la música donde él quiere. Un grande.


 Adriana Ríos (cantante, flautista): “Billy es una persona de la cual fluye la música. Sus fusiones son siempre armoniosas y lo que prima siempre es la belleza de lo que hace. Como instrumentista es increíblemente completo. Tocando percusión, bajo, piano, guitarra, siempre parece que este es el modo más perfecto para que se exprese".


Con Quique Alvarado y Carlos Carli en Candeias.
  Quique Alvarado (bajista, arreglador): "Año 1977, llegamos a Madrid desde diferentes lugares Carlos Carli, el Mono Izarrualde, Agustín Pereyra Lucena, Billy y yo. Se retomó el grupo CANDEIAS, donde yo era el nuevo (el bajista original se quedó en Baires o en Brasil). Para mí todo era nuevo (conceptos armónicos, rítmicos y estéticos) en el jazz y la música brasilera. Yo venía de la música clásica, el rock y el folclore. Es entonces cuando descubro a un musicazo (arreglista – compositor - director) y mi gran maestro, Guillermo Reuter. No fui el único, ya que teníamos como público a Paco de Lucía, Paquito de Rivera, Carles Benavent, y toda la elite de músicos de Madrid. Es el día de hoy que nos siguen elogiando aquel proyecto”.


Daniel Almada (compositor, pianista): “Para mí Billy es uno de los músicos más increíbles que he conocido, desde muchos puntos de vista. Como intérprete, multi-instrumentista y sobre todo como creador. Billy es una figura, a mi parecer, importantísima en la cultura popular argentina, y creo que el estilo tan propio que desarrolló en su manera de ver el folklore y sus influencias de la música clásica, impresionista, el jazz y la música brasilera, hacen del resultado algo muy importante. Reuter además de ser un músico con una humildad como pocos, y de lo que muchos deberían aprender, es una persona a la cuál nunca le han interesado los resultados precalculados, sino el hecho artístico como meta de su arte. Reuter es un músico en estado natural puro....sin la polución del mercado ni de las modas, qué aún cree que se puede hacer buena música y que la buena música ayuda a construir un mundo mejor”.


 Pedro Ruy Blas (cantante, compositor español): "Guillermo Reuter es uno de los músicos más admirables que he conocido. Siento verdadera debilidad por su música, bella, comprometida y sensible. Aprendí muchísimo junto a él y le aprecio sinceramente, pues siendo a veces la música el espejo del alma de un artista, el lado humano de Billy Reuter es igualmente extraordinario. Conocerle es amarle. Presten toda su atención a este gran artista. Nunca es tarde”.


 Svein Hansen (flautista, compositor noruego):“Guillermo Billy Reuter es uno de los mejores compositores, arregladores y músicos con el que haya trabajado. Tuve la fortuna de trabajar con él en Noruega. Nos encontramos en un proyecto que comenzó en Oslo, Noruega, en 1980, llamado En Tiempo. Guillermo es multi instrumentista, toca piano, guitarra, bajo, flauta, silbido y percusión. Tiene una gran cualidad rítmica y armónica en su forma de componer, tocar e improvisar”.

Jorge Savelón (baterista y percusionista): "Es un artista de nivel internacional, su formación y estudios realizados en Argentina le ha permitido desarrollarse y distinguirse como instrumentista, en contrabajo, guitarra, piano y keyboards. Como arreglador y compositor tiene una línea muy original y de avant- garde. Como persona es un tanto introspectivo pero cuando entra en confianza tiene una maravillosa sonrisa y un humor sólo encontrado en los genios. Billy es brillante, inteligente y sensible, merece triunfar y ser difundido como uno de los pocos artistas de Latinoamérica que sigue produciendo obras de gran valor artístico y musical para el mundo".

Discografía

GUILLERMO REUTER: "Solo" (2001 /Argentina)
“CHANGO" FARÍAS GÓMEZ: "Lágrima" (1978 /Francia)"Rompiendo la red" (1996 /Argentina)
MANOLO JUÁREZ / JORGE CUMBO: “M. Juarez / J. Cumbo" (1986 /Argentina) 
JORGE CUMBO: “Guitarras del mundo” (1996 /Argentina) 
CANDEIAS: "Sambaiana" (1976 /España /Francia)
AGUSTÍN PEREYRA LUCENA:
- "Climas" (1973 /Argentina)
- "Ese día va a llegar" (1975 /Argentina)
- "La rana" (1980 /Noruega)
- "Puertos de alternativa" (1988 /Argentina)
- "Miradas" (1998 /Argentina)
- "Acuerdos" (2000 /Argentina). 
EN TIEMPO: "Soltaré mi canto y andaré” (1979 /Noruega) 
PEDRO RUY BLAS: "Madre ciudad" (1984 /España) 
PATRICIA BOSIOP. Bosio (1986 /Argentina) 
ADRIANA RIOS: “Simply bossa" (2001 /Brasil) 
RAÚL MATIENZO: "Ella pasea entre jazmines" (1987 /Argentina)
CÉSAR LERIN: "Pájaro raro" (2000 /Argentina)


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