22.5.23

Espacio encuentro para seres de todos los tamaños

Una forma tangible del amor humano

Una propuesta vivencial de convivencia y aprendizaje colectivo, basada en una comunicación respetuosa y afectiva, hace que madres, padres, niñas y niños crezcan y evolucionen en estado de comunidad plenamente consciente. 


                  
    Si una de las formas más claras del amor entre las personas está en la manifestación libre y respetuosa del ser, en una armonía que surja de una interacción cuidadosa donde convivan intereses particulares y colectivos, todo esto puede encontrarse en el “Espacio encuentro para seres de todos los tamaños”, creación de Belén López Denazis, clown y titiritera que supo convertir su condición de madre en zona de exploración de la comunicación humana. Y es que así como a través de su agrupación circense “Mamacha Banda Payasa”, formada junto a otras madres artistas y sus hijos e hijas, demostró que la crianza consciente puede ser estimulada y tematizada en la escena clownesca,  los saberes nacidos de su propia maternidad los ha aplicado en esta invención que puede visualizarse como una experiencia educativa no formal. 
    De carácter itinerante, el “Espacio encuentro para seres de todos los tamaños” busca, de manera orgánica y sin pautas rígidas, la emergencia natural de formas auto-organizadas de convivencia entre niños y niñas de todas las edades, incluyendo a bebés, junto a sus madres y padres, en dinámicas fluidas de contacto, que hacen del propósito de comunicarse con respeto, delicadeza y una voluntad precisa de establecer lazos de contacto que nada tengan que ver con la manipulación o la imposición de actitudes por parte de figuras de autoridad que ahoguen la manifestación genuina y espontánea del ser. En ese sentido, desde las actividades lúdicas diversas facilitadas en cada encuentro semanal a la participación de artistas invitados elegidos tanto por la naturaleza vital de sus creaciones como por sus dones de contactarse de manera natural y no impostada con las niñas y niños, todo se transforma en un elemento puesto en juego para generar formas de unión entre las personas que broten de lugares esenciales de la condición humana y puedan ir creciendo en la sumatoria de encuentros. 
     Que la productora que López Denazis fundó para realizar eventos artísticos múltiples se llame “Ojos y sonrisas” habla mucho acerca de la importancia que tiene el lenguaje no verbal en esta plataforma estimuladora y propiciadora de un intercambio energético amoroso entre las personas. Y es precisamente el cuidado del trato, basado en una escucha y una mirada atentísima por parte de los facilitadores a la totalidad de los participantes, de las criaturas a sus madres o padres, lo que vuelve a estos rituales de crecimiento conjunto una propuesta, compleja y simple a la vez, de empoderamiento grupal. Porque una de las bases de estos encuentros parece estar en dejar surgir en esa comunidad, que va consolidándose semana a semana, un sentimiento de certeza vivencial, integral y no sólo intelectual, acerca de las posibilidades de vivir en un estado  de armonía que tiene como fuente a ciertos estados de conciencia sutiles que, a su vez, van incrementando su profundidad en la continuidad de estos encuentros.  
        Si estos conceptos llegan a percibirse en una primera lectura como cargados de cierta abstracción tal vez sea necesario, para quien no haya tenido la chance de sintonizar con estos estados en alguno de estos eventos educativos, realizados en distintos espacios culturales auto-gestionados, sugerirle que cierre los ojos, respire con intensidad calma y reviva en su sensibilidad total las sensaciones más fuertes y gozosas de su infancia. Si se logra este contacto con nuestra niñez, estaremos en condiciones de sentir como absolutamente factible el logro de una cotidianeidad donde la comprensión sensible integral entre las personas sea una vía para provocar una revolución basada en eso que nuestra lengua llama amor. Y que el alma humana reconoce de inmediato, sin importar cuánto hace que ha llegado a este mundo.


Diego Oscar Ramos . 2018  

    (Este artículo nació como expresión de las vivencias del propio autor del texto en algunas jornadas del ciclo 2017 y 2018 del "Espacio Encuentro para Seres de Todos los Tamaños" en "Compa(ma)dres del Horizonte", donde participó como artista invitado)


11.5.23

FERNANDO SAMALEA . Entrevista Sept. 2011 (audio completo)


Músico universal


Reconocido por su trabajo como baterista de músicos como Charly García o Gustavo Cerati, desde que toca bandoneón y vibráfono editó once discos solistas que vinculan climas de tango, música árabe, electrónica, jazz, ambient y flamenco. 

Diego Oscar Ramos - Revista Beglam - Foto: Dina Cantoni


Si todos podemos ser infinitamente complejos y simples, pocos artistas del Río de la Plata requieren como Fernando Samalea que nos desplacemos en espiral sobre su obra para captarlos en totalidad. “El lugar que tengo es ideal, por un lado pude participar de conciertos multitudinarios, pero a la vez me gusta la vida que llevo, entre normal y ultra delirante”, asegura en un bar de Constitución cercano a su casa, de donde pidió salir luego de una sesión de fotos para cumplir un deseo imperioso de tomar un café con leche. Aliviado tal vez por el placer que le da el contacto con esa información constante y vertiginosa que se da en las zonas cercanas a estaciones de trenes y grandes avenidas, dirá que su reciente DVD - En vivo en los teatros Alvear y ND Ateneo-  funciona como una postal sonora de su vida en los últimos años, resumida en esas músicas nostálgicas y esperanzadas que había grabado en discos muy recomendables como El jardín suspendido (1998), Padre ritual (1999), Full femme (2000), Metejón (2001), Fan (2004) o Alhambra (2005). Y si bien el DVD fue creado en base a registros de algunas de las pocas presentaciones porteñas que ha dado a lo largo de toda su carrera solista, la estética toda de los conciertos está impregnada de la europeidad que tuvo como ambiente Samalea durante poco más de media década -cuando entre muchos otros proyectos fue baterista de Joaquin Sabina- y su redescubrimiento de su ciudad nativa. “Quería plasmar la nueva Buenos Aires y el haber descubierto a Alejandro Jodorowsky con sus actos psicomágicos, en París”, cuenta el músico y revela levemente que varias sincronías lo fueron llevando con el artista chileno, famoso mundialmente por su trabajo terapéutico a través de actos simbólicos que movilicen la estructura psicológica. “En su momento fue un lindo estímulo para tomar las cuestiones familiares desde un lugar más claro”, explica sutil Samalea, sin la euforia que lo había llevado a dedicarle un disco como Fan y a teñir el DVD con símbolos del Tarot, cultivado con fervor por el místico chileno. 
Lo cierto es que hoy, el músico que como baterista ha tocado con buena parte del rock argentino -de Charly García o Gustavo Cerati a los Illya Kuryaki-  está componiendo una obra instrumental en homenaje a las grandes orquestas de jazz de las primeras décadas del siglo XX. Y siente que en su vida lo que más lo impacta está en relación con la simpleza. “Llega a un punto donde sentís que lo más valioso no es desarrollarse artísticamente sino las relaciones entre las personas”, asegura. Y habla de García, a cuya banda regresó el año pasado. “Fue muy emocionante, porque sumarme con vibráfono y bandoneón implicó estudiar mucho, si hubiese ido con la batería sería el mundo que conozco, pero me preparé para estar a la altura de esta música maravillosa”. Otros vínculos que Samalea advierte que lo unen más al músico, se extienden a formas de vida que percibe como muy suyas, como el hecho de estar en constante desplazamiento, algo que comenzó a vivir con potencia cuando era su baterista, a finales de los ´80. Desde entonces encontró una manera de rendirle tributo a los ideales de aventura que antes había aprendido a disfrutar en libros de Julio Verne o Emilio Salgari que leía en su infancia o de autores como Paul Bowles en su adolescencia. Todos esos estímulos, del arte y la vida nómade, fueron generando finalmente una forma propia de componer: “La posibilidad de ir y venir estimuló el hecho de hacer esos discos tan cosmopolitas, como si el propio bandoneón estuviese viajando por distintas culturas del mundo”.




https://historiasysentidos.blogspot.com/2012/03/fernando-samalea.html

17.4.22

Ruben Rada . Sabor Casero

 Artículo de Revista Foodie Numero 14  

Editada por Diario El País (Uruguay) . 2011










11.4.22

Hermanos Fattoruso

Artículo de Revista Foodie Numero 15  

Editada por Diario El País (Uruguay) . 2011





  Portada: 





 


Fabio Zerpa: Tango Volador

 Artículo de Revista Foodie Numero 14
 Editada por Diario El País (Uruguay) - 2011






Portada de la revista: 





Miguel Angel Estrella: Narrador Universal


“La música y lo social son dos pasiones muy fuertes, ninguna de las dos puede andar separada”.


Diego Oscar Ramos - Revista Uno Mismo - 1996



           "La esperanza es un don en mí", cantó alguna vez Caetano Veloso, sin saber, seguramente que sus palabras cantadas podrían servir de ofrenda a un pianista argentino cuyo crecimiento profesional fue paralelo al de su pasión por las causas sociales. Es que, fue en el mismo proceso en el que  puede decirse que Música Esperanza, la organización humanitaria que creó en Paris en 1982, después de tres años como preso político en Uruguay, es su obra esencial, la que constituyó junto a una forma suya de encarar un repertorio de concierto que podía unir a Bach, Beethoven o Chopin con Messiaen, Bartok, Guastavino, Piazzolla o Yupanqui. Según Estrella, quien impulsó en su vida el compromiso social militante fue su esposa Marta, cantante y pianista, a quien conoció poco después de llegar a Buenos Aires desde Tucumán y quien solía acompañarlo cantando en presentaciones en lugares marginales. Y si bien ella ya no estaba cuando el músico tuvo su período preso en Uruguay, fue su gran compañera quien se convirtió en un referente espiritual en tiempos de tortura y soledad. Tanto como en su decisión de crear Música Esperanza, la fundación adjunta a la Unesco, que trabaja desde la música – a través de talleres musicales y conciertos en barrios populares, villas de emergencia, escuelas de bajos recursos o diferenciales, hospitales, geriátricos o cárceles - para lograr la dignidad de las personas, la promoción de artistas jóvenes y la comunicación como base para la paz, en países de la Comunidad Europea, Europa del Este, Oriente Medio y América Latina. Ciudadano universal y eterno hombre del monte santiagueño donde se crió, Estrella logra fascinar con sus palabras de contador de historias místicas del interior de la Argentina, tanto como deja entrever el rol de una familia funcional para el desarrollo de una persona, ya que nunca se olvida de destacar la fuente afectiva comunal que enmarcó su formación como músico y persona, un saber que la urbanidad no suele enseñarnos, pero que en Estrella se volvió música y abrazo compartido.

   - ¿Sus padres tuvieron mucha influencia en su dedicación al arte? 
- En realidad fue toda la familia. Hubo personajes muy importantes en mi vida de niño y adolescente. Mis padres eran una pareja que se amaba intensamente, muy diferentes uno del otro, pero los dos muy apasionados. Mi madre había nacido en Vinará, la familia era muy pobre y, como maestra rural, ella era el sostén para que los hermanos más chicos se educaran. Ella ardía de fruiciones y de deseos de un amor fuerte, tenía una fiebre intelectual y poética muy grande. Cuando mi abuela tenía jaquecas se disfrazaba de monja, hablaba como andaluza y rezaban juntas el rosario. Mi abuela no reconocía a su propia hija, de tan buena actriz que era. Se disfrazaba de gitana y tampoco la reconocían. Llegó a montar una troupe de teatro con campesinos, con la que hacían Barranca Abajo, de Gregorio de Laferrere. A los 20 años fundó una biblioteca. Conoció a mi viejo cuando fue a Tucumán, vestida de turca ambulante. Él era árabe y venía escapándose de Bolivia, a los 19 años, perseguido por ser socialista. Logró entrar en Jujuy, donde trabajó en un ingenio, pero él escribía, por eso sus amigos le hicieron una peña en Uruguay para que pudiera leer sus poemas. Allí cayó ella, siempre ávida de todo lo que tuviera que ver con la literatura, ese era su hábitat, recitaba de memoria a Almafuerte, Amado Nervo, Bécker, José Asunción Silva. Y lo hacía con un garbo y una polenta, que a nosotros se nos paraban los pelos de punta cuando lo escuchábamos de chicos. En esa peña se conocieron, fue un metejón a primera vista. Él le dijo: “Me encanta estar con vos, pero vivo perseguido”. Ella no se inmutó, quedaron en que si él se encontraba en peligro le haría llegar un telegrama y ella vendría a caballo a buscarlo. Ese telegrama en clave llegó, ella lo fue a buscar y se lo llevó al rancho. De trece hijos, había diez varones celosísimos de la hermana, ¡y encima que apareciese con un turco! Pero como mi viejo era un seductor de primera, se la metió en el bolsillo a mi abuela, se puso a trabajar la tierra, era muy buen agricultor, y se casaron en poco tiempo.

 - ¿Y cuál de ellos le legó la pasión por la música? 
-  Bueno, mi viejo cantaba y tenía una hermosa voz, y mi vieja bailaba. No era entonada, pero bailaba maravillosamente bien el folclore, ¡con una gracia! Uno de mis primeros recuerdos es verla bailando chacareras y gatos con Atahualpa Yupanqui, que era muy amigo de mi padre, había una complicidad política entre ellos. Atahualpa marcó muchísimo nuestra infancia, mi hermano Jorge y yo cantábamos casi todo su repertorio que, junto con las zambas de los Hermanos Ábalos, era mi mundo musical. Además, mi vieja tenía una hermana y un hermano que tocaban la guitarra. Mi tía María Teresa vivió hasta el fin en Vinará, era maestra rural e investigaba la relación que había entre las leyendas santiagueñas referidas a animales como la vizcacha, el escarabajo, la langosta o la serpiente con la vida real de esos animales. Ella tocaba la guitarra y era muy hermosa, era una especie de fijación que teníamos los chicos, nos escondíamos para verla salir de las tinajas en que se bañaba, era un espectáculo. Y para mí la guitarra de ella está completamente ligada a lo sensorial, a la sensualidad. 

- ¿Fue su padre el que estimuló su gusto por la música clásica, al hacerle conocer el piano en un concierto?
 - El me llevó al primer concierto que escuché, la Orquesta Sinfónica de Tucumán, que era una de las mejores de Latinoamérica. De pronto apareció una mujer, una polaca, y empezó a tocar el Concierto en Mi menor de Chopin. A mí me enloqueció esa música, definió mi vocación, empecé a decir que quería ser pianista. En esa época se hablaba mucho de niños prodigio, como Marta Argerich. Y les decía a mis viejos: “¿Por qué ellos sí y ellos no?” Mi madre comenzó a tocar todas las puertas posibles en Tucumán, hasta que llegó al director de la orquesta, que le dijo: “Señora, todos los días hay mamás que me vienen a decir que tienen un Mozart en la casa”. “Yo sólo le digo que creo que tiene condiciones para la música”, contestó ella. Lo hartó, entonces él le dijo que me trajera. En la prueba, el director me puso una partitura y dijo que tocara, pero para mí era chino. Entonces me preguntó qué sabía tocar y le dije: “Cualquier zamba de Atahualpa, ¿cuál le gusta más? Pero él ni lo conocía y me dijo que tocara lo que me gustara. Cuando terminé dijo: “No está mal, pero, ¿no sabés tocar nada clásico?”. Toqué una pieza de Tchaikovsky que había aprendido de un disco, pero a los dos compases me paró. “No, eso es malo”, dijo. Y después me puso en otro piano, de espaldas a él, para que yo reprodujera lo que él tocaba. Salió y le dijo a mi vieja: “Este chico nació para ser músico, pero acá no hay quien enseñe bien el piano a los niños, le doy un consejo, mándelo a Buenos Aires, porque ese va a ser el camino”. 

- ¿Y qué hizo su madre? 
-  Ella hizo concilios de familia, vio a muchos otros músicos del lugar y cada vez que volvía de la escuela, era maestra rural a 70 kilómetros de Tucumán, yo era un tábano, molestándola con mi pregunta: “¿Cuándo me voy a Buenos Aires?”. Hasta que un día me dice: “Mirá hijito, vos vas a ser pianista, pero no ahora, tenés doce años, estás en el umbral de la adolescencia, no podés entender las complicaciones que eso tiene, pertenecés a una familia numerosa, que te ama y que vos amás. En Buenos Aires es muy difícil que las familias tan grandes se vean todos los días, allá la gente no vive en plural, viven para sí, muy encerrados en sí mismos. Por otro lado tu padre y yo queremos que siempre seas del Norte, de adolescente, de joven, de maduro, hasta que te mueras, porque alguien que tiene raíces muy fuertes puede volar muy alto. No lo entendés ahora, pero vas a ser pianista, porque en el consejo de familia, todos tus tíos y tías, además de tu padre y tu madre, hemos decidido poner todos los meses un poquito de nuestro sueldo en una alcancía, que va a ser tu beca para cuando termines el bachillerato. Tu compromiso es terminarlo y hacerte hombre en Tucumán”. Fue una historia de amor familiar. Cuando vine tenía dieciocho años y mis compañeritos del conservatorio tenían siete y me llamaban el abuelo. Mi vieja decía: “Vos seguí tu camino, tenés todo el tiempo”. Yo también tenía inclinación por la medicina, así que me dijo: “De todos modos, si eso no anda serás médico, no importa, pero tentá tu suerte, seguí tu camino como caballo sin anteojeras”.  

- ¿Vuelve seguido a su lugar de origen?
 - Y, para mí, todo el sentido mágico de la vida está enclavado en esa infancia y en esa adolescencia que nos marcó para siempre a mi hermano Jorge y a mí. Siempre necesitamos volver y en mis años viejos, de acá a 20 años, quizá vaya a vivir allí. Voy cinco veces por año ahora que vivo en París, así que te darás cuenta del imán que para mí representa esa tierra con sus leyendas. Yo soy cristiano, y cuando voy a Vinará siempre visito a mis muertos, sobre todo a mi tía María Teresa, que es la última que murió, hace diez años. Entre rezo y rezo le cuento los avatares de Música Esperanza, las dificultades de la vida. Y siempre hay alguna respuesta que sale de mí mismo. Hace unos años me desalentaba un poco de hacer Música Esperanza en un lugar tan perdido, donde no había agua ni electricidad, en zonas sometidas al éxodo rural. Ella me desalentaba, decía: “La gente acá es un poco perversa, no van a entender la generosidad que te mueve a vos, no te van a acompañar”. Mi tía me dejó un rancho de adobe y cinco hectáreas, donde empecé a construir la casa de Música Esperanza. 

- ¿La construyó ahí mismo, a pesar del mensaje?
 - Bueno, tenía mis dudas, pero un día decidí ir con un piano. Me puse a tocar chacareras y llamé a todos los músicos del lugar, a los músicos silvestres, claro. Y empezaron a acompañarme y se callaron en seguida. Me di vuelta y los vi con las cartas desencajadas, nunca habían visto un piano. Tenían los pelos parados y la carne de gallina, así que les dije: “!No sean cobardes, carajo, toquen¡”. Y estuvimos cinco horas tocando sin parar, como perros en celo. La música tiene eso, puede generar una cosa tan fuerte, el hecho de respirar juntos, de jadear, se parece mucho al amor. 

- ¡Parece no haber nada tan colectivo e integrador como la música!
 -  Creo que es lo que se presta más a la comunión, porque cada cual recibe lo que necesita. No hay palabras que te conduzcan a este tipo de sentimientos. Hace mucho que me di cuenta que la música, en realidad, le habla a cada uno de manera particular. Desde los lugares más sofisticados de la Comunidad Europea, que son los países donde toco más, hasta las villas de Buenos Aires o los caseríos de la Quebrada de Humahuaca, siempre hay un comentario común: “Tengo la impresión de que usted ha estado tocando nada más que para mí, porque me despertó todo lo que tengo adentro”. Esa fuerza tiene la música. Y Música Esperanza existe porque ve la música como un espacio permanente en la lucha por la justicia, por una igualdad de posibilidades para todos. Sabemos que no es posible, pero lo decimos igual. 

- Su vida y su trabajo podrían verse, entonces, como una especie de gesta.
- Nunca pienso en eso. La historia me dio un lugar en el cual me tocó vivir, no solamente la prisión, el secuestro y todo lo que vivimos decenas de miles de argentinos, sino también la infancia en un caserío santiagueño y toda mi adolescencia en un lugar como Tucumán. 

 - De ese pasado, usted parece haber recibido el don de la narración, como una influencia de los grandes contadores telúricos. Esa capacidad parece ser una de las vías con la que logra un vínculo con el público, la gente aprecia sus explicaciones y relatos antes de cada obra.
 - En la cárcel, mis compañeros uruguayos decían: “Contanos cosas, chango, porque es mejor que ir al cine”. Bueno, hay una herencia, mi vieja era una mujer que contaba mucho el pasado de la familia y la historia. A veces me parece que soy como ella, contando. Después había un tío abuelo, don Dardo Giménez, que curaba de palabra a los animales y algunas enfermedades de los humanos. Él era el contador de casos, allá nos les decimos cuentos. 

- ¿Esa distinción no le da a los relatos una cuota más de verdad?
 - Sí, son cosas que ocurrieron. Siempre había reuniones en la casa de mi tío Dardo, había bandoneón, un par de guitarras, se bailaba. Pero todos esperábamos desesperadamente que él se pusiera a contar los casos, nos metía miedos terribles y estados de exaltación indescriptibles. Me acuerdo que cuando salíamos del rancho nos parecía que el pasto, que el árbol, todo vivía. 

- Esas historias guardan seguramente enseñanzas vitales. 
- Esa cuota de realismo mágico hacía que, cuando nosotros volvíamos a nuestro rancho nos quedáramos mudos, nos parecía que todo lo que pisábamos eran almas en pena. Y no es por casualidad que cada vez que voy a Vinará paso por el cementerio a conversar con mi tía María Teresa. Un día, en una reunión, dos parientes, uno de setenta años y otro de cuarenta, se pelearon a muerte para ser el referente de Música Esperanza en Vinará, ambos reivindicaban su amistad conmigo. La autorreferencia es contraria al espíritu colectivo que pretendemos imprimir a nuestra acción, por eso, en un momento me harté tanto que me levanté, fuera de mí, fui al cementerio, a la tumba de la tía María Teresa y le dije: “Tía, yo sé de todas las resistencias que vos tenías con que se haga Música Esperanza acá y mirá lo que pasó, vos lo debés saber desde donde estás”. Entonces, no es que mi tía salió con sus cabellos hasta las rodillas, como yo la veía cuando tenía cinco o seis años, pero hubo un silencio muy grande. Y en mi interior mi voz me hablaba con palabras de ella: “Decile que si han venido a pelearse que se vayan”. Entonces, como un autómata, volví a la reunión y al encontrarlos todavía discutiendo acaloradamente se los dije. Eso forma parte del realismo mágico que ha colmado toda mi infancia, en ese lugar perdido de Santiago del Estero.

 - Cuando se encuentra en Europa, ¿busca ese tipo de referentes o guías?
 -  Si tengo que ir a países tan extraños como Bielorrusia, Ucrania, Finlandia o Suecia, me llevo cassettes que solamente escucho allí, de personajes que son la continuación de mi vieja, que siguen contando cosas hermosas, algunas muy graciosas y otras dramáticas, pero con el gracejo santiagueño, que es muy particular. Todos esos personajes y los terrores que teníamos los chicos cuando mi tío nos contaba casos terribles, aparecían cuando tenía veinticinco años y tocaba Brahms. Me enfrentaba con una obra suya de media hora de duración y empezaban a aparecer los miedos, las esperanzas, la ternura, el amor idealizado, la muerte, Dios, el diablo. Yo no entendía por qué una música que en el conservatorio la habían pintado como muy cerebral, muy elaborada, provocaba en mí esa zambullida en una infancia de realismo mágico en el Nordeste. Lo entendí a los 40 años, leyendo en profundidad sobre su propuesta. Brahms fue el primer músico que, intelectualmente, decidió pertenecer a una raíz cultural, su música está asentada en la balada nórdica, que tiene tres elementos, uno de ellos las leyendas, el sentido de lo fantástico. Entonces entendí por qué esa música siempre me hablaba de mi infancia en Vinará.

 - Se nota en usted una gran fuerza espiritual, cuando habla y cuando toca. ¿El origen de esa fortaleza tiene que ver con esas fuentes culturales? 
- Nunca pienso muy en serio en todo eso. Pero mi abuela, que era otro personaje fuerte de mi infancia, fue la que me dio la primera lección de solidaridad. Se sentaba en una galería del rancho y tenía una tinaja con agua. Entonces, cuando veía que pasaba un forastero por el camino, lo llamaba y le ofrecía un jarro, que en Vinará era muy bienvenido, hay muy poco agua en Santiago. Si la cara le era simpática, le preguntaba si le gustaba la música, entonces me llamaba: “Miguelito, conejito, cantále al señor”. Yo me bajaba del árbol y cantaba. Si la persona era muy simpática, ella decía: “Mi nieto sabe bailar también”. Y me ponía a bailar. Un día mi abuela me llama aparte, tenía el hábito de nunca ponerte en evidencia en comunidad por una falla, te agarraba solo, después, si no entendías, llamaba a la familia. Y me dice: “Mi conejito, he descubierto que es usted vanidoso, cuando la gente te escucha cantar se emociona y te ponés colorado, se te pone la piel de gallina. Y no está bien eso, porque vos tenés una gracia de Dios que es el canto”. Y para frenar mi vanidad, siguió: “Tu hermano Jorge hace las casitas de barro mucho más grandecitas que las tuyas y tu primo Aldo, que ha tenido poliomielitis, monta a caballo mucho mejor que vos, ¡mirá si a ellos les diera por ponerse colorados¡ Dios a cada uno le da su gracia, pero si vos te crees más importante porque cantás y bailás, la vas a pasar muy mal, hijito”. Me quedó para siempre. Capaz que en ese momento no entendí totalmente el mensaje, pero me acostumbré a que la música era un momento de felicidad, de comunión, de dar y abrir el corazón. 

- El piano nace esencialmente como instrumento solista, teniendo todas las posibilidades armónicas de una orquesta. Parecería un instrumento no del todo propicio para generar valores solidarios.
 - Digamos que el piano ejerce una fascinación sobre mí, es como un desprendimiento de mi cuerpo y yo soy un desprendimiento de él. Y me encanta tocar como solista, ser dueño de contar una historia cuando interpreto una sonata de Liszt o una de Beethoven. Tocar esas cosas solo, como mi tío Dardo. Pero ni bien empecé con el piano, cuando llegué a Buenos Aires, la providencia me puso en el camino a la que sería el amor de mi vida, en un colectivo. Me quedé clavado con un par de ojos negros y esa chica era pianista y cantante, tenía una voz hermosa, era como un imán para mí, necesitaba oírla cantar todos los días. Entonces, el piano comenzó a estar ligado a esa voz. Y cuando toco hoy el piano, nunca estoy solo en el instrumento. Después, pronto descubrí en Buenos Aires, la música de cámara. Trabajé muchos años con Lejerko Spiller en el Collegium Musicum, tenía dúos con un violinista, cuartetos. Y cuando empecé a romper la barrera de las divisiones que nos imponía el conservatorio con la música popular, toqué con músicos populares, y el piano se fundía maravillosamente con sicus, quenas o guitarras.

  - ¿Lo matemático de la música fue alguna vez para usted un escollo para sentir lo espiritual en una obra? 
- Lleva tiempo no caer en el fundamentalismo de la intelectualidad. Cuando descubrí que una fuga de Bach empezabas a leerla de izquierda a derecha o de derecha a izquierda y sonaba lo mismo, porque era un trabajo de un cerebro privilegiadísimo, te tentás, volviéndote un fundamentalista de la estructura. Yo pasé por esa etapa de decir: “Cuando la frase termina aquí hay que cambiar de dinámica, cambiar de color”. A veces eso no pegaba con lo que yo sentía respecto de la expresión artística que había detrás del intelecto. 

- De todos modos, en su reclusión, la cuestión del análisis formal de la música de Bach le sirvió como defensa ante situaciones como la soledad, el aislamiento e incluso la tortura.
 - En las sesiones de tortura hubo momentos que detecté que la forma de hacer frente a la violencia física que se ejercía sobre mi cuerpo era la concentración. Una era la afectiva, me concentraba en un personaje y trataba de recrear todo lo que había sido mi vida con esa persona, desde que lo conocí hasta el momento de mi secuestro. Otra sí, era la música. Por ejemplo, me enchufaba en el Concierto en Fa menor de Bach para cuerdas y clave. Del segundo movimiento, mi mujer aprendió a cantar la parte del piano y yo la acompañaba tocando. Entonces me concentraba tratando de oír la voz de Marta y descifrar, recordar todos los acordes que tocaba. Y entraba en un estado de concentración total que me permitía sentir mucho menos el dolor físico de la picana o las otras cosas horribles que me hacían. Otro elemento era concentrarme en un rezo, pero con imágenes. Decía “Padre nuestro que estás en los cielos”, diez, quince, diecisiete veces, hasta que veía la cara del Señor. Tenía algodones en los ojos, una venda y una capucha, pero veía a dios con la cara de mi viejo. Cuando decía “Santificado sea tu nombre” tenía que ver una aureola en torno de esa cara. Y así iba repitiendo como loco cada frase hasta que veía la imagen de lo que quería decir. Cuando me tocó hacer frente a todo eso, me di cuenta que uno tiene reservas increíbles. 

- ¿Qué siente hoy frente a su obra, Música Esperanza? 
-  Para mí el eje de mi vida es la música y el amor. No sólo el amor pasional o el amor de los tuyos, de tu familia, sino el amor del prójimo. Yo amo profundamente al ser humano, sobre todo al más pobre, al que está más desvalido, aquel con quien la vida y la historia no fueron generosas. Entonces, la música y lo social son dos pasiones muy fuertes, ninguna de las dos puede andar separada.

27.8.19

Textos encontrados

Ono en Buenos Aires
Yoko no estuvo aquí *

* Artículo publicado en revista La Contumancia, en el año 1998, en el marco de la primera exposición de la artista conceptual en Buenos Aires, En Trance y Ex It, en el Centro Cultural Recoleta y en el Museo de Arte Moderno. 

                   





Un mensaje simple, claro, preciso, provocaba una leve perturbación, una sensación de que había algo más grande detrás de las tres palabras en imprenta blanca sobre una remera negra en aquella foto famosa de John Lennon a mediados de los ´70; You are here - Estás aquí - decía el texto indudablemente de Yoko Ono en una simpleza aparente que daba una clave para acercarse al centro mismo del pensamiento de su arte: usar las palabras y los objetos como llaves para entrar a otros estados de conciencia. “Si deseamos contemplar algo que sea merecedor del conocimiento, que nos conduzca a la felicidad del espíritu, entonces debemos liberarnos de una vez para siempre de todas las limitaciones y relatividades, tenemos que tratar de conseguir un nuevo punto de vista desde el cual se pueda aprehender el mundo en su totalidad y la vida en su intimidad”. Estas claves del budismo Zen explicadas por D.T. Suzuki, muestran el lugar desde donde llegar al arte global de Yoko.
Transitando con mayor o menor talento vanguardista la música, la poesía, los happenings e instalaciones, el arte de Yoko se basa en la superación de los límites y los aparentes supuestos, tendiendo trampas a la lógica del espectador y jugando con su búsqueda de intelectualización. No hay que entender a Yoko, hay que vivirla, eso es lo que siempre contestó frente a los interpretadores sagaces del arte, y es por eso que siempre se enoja cuando le hablan de manipular los elementos, ella sólo sugiere posibles órdenes de las materias donde la mente pueda descansar y salirse de su lugar cotidiano.
En Trance y Ex It,  que ya juega con las palabras y los sentidos, debe leerse desde los principios esenciales de su arte conceptual y ante todo vivencial: es una reflexión plástica sobre la entrada y la salida de la vida que deja captar su simbología abierta sólo si nos dejamos deslizar por el trance que libere nuestra sensibilidad y vemos que nada es sólido, que todo puede dejar de ser lo que es o fue alguna vez. Entrando en sus principios de lectura sensible del arte, no es difícil entender por qué es el color blanco el que más usa Yoko para sus obras - el Evento del Cuarto Azul  de 1966 que integra En Trance es una inmensa habitación blanca con mensajes mínimos en sus paredes:  “Quédate hasta que la habitación sea azul” y “Esto no está aquí” son los más inquietantes-  se trata no de un color en sí sino de la descomposición de todos los colores, la superación más clara de todas las contradicciones y un signo tradicional de la pureza.
“Cuando la ciudad esté cubierta por la nieve, mantén tu habitación en desorden. Cuando la nieve al derretirse cree desorden en la ciudad, mantén tu habitación ordenada. O viceversa” escribe en una de sus pinturas poemas instalaciones de 1958, mucho antes de conocer a Lennon, cuando era un miembro influyente en la vanguardia del New York de los 50. Entonces y durante toda la década del ´60 practicó ese desborde de límites entre estilos, géneros y lenguajes artísticos que, como miembro del grupo Fluxus, recibieron miradas atentas de personajes como el mismísimo John Cage o el surrealista Marcel Duchamp, que quizás veía en los objetos resignificados de Yoko una vuelta de tuerca oriental a sus viejos ready made objects. Pero el conocer a Lennon, aunque de algún modo opacó su carrera, le dio a Yoko una nueva prueba para ejercer su violación de fronteras y jugar con la superación de los opuestos: la artista japonesa de extremo vanguardismo vinculada a uno de los máximos íconos de la cultura popular occidental generó una de las uniones artísticas más enriquecedoras del siglo.
Además de las campañas por la paz, los beds inn, la lucha por gestas contra la discriminación de minorías, la música experimental de fuerte influencia en movimientos posteriores - imposible no reconocer la furia punk o hasta grunge en Why y la hipnótica cadencia que se vería en B´52 o en Talking Heads ya presente en Open your box -, juntos mostraron una forma de llevar el arte a la vida cotidiana, hacer de la vida el territorio a experimentar estéticamente. Esa conciencia fue un aporte fuerte de la entrega vital de Yoko hacia el arte, algo que no parecen entender aún los que en una lamentable conferencia de prensa seguían preguntándole si ella era la culpable de la separación de los Beatles. Para ellos Yoko no estuvo aquí.  O quizás sí, ¿cuál es la contradicción que no pueda ser superada?

Diego O. Ramos - 1998






25.6.19

Textos encontrados


Bocanada, de Gustavo Cerati





















Aunque en zonas artísticas diferentes y quizás hasta opuestas, Gustavo Cerati parece haber optado en “Bocanada” por un camino similar al de Manu Chao con “Clandestino”: la musicalidad calma e introspectiva. Ese punto parece un lugar inevitable al que llegaron después de haberse tomado su tiempo para exponerse frente a la disolución de los grupos que lideraban y con los que cambiaron la escena musical del continente, uno refugiado en la errancia exploradora y el otro en hipnóticos trances con beats electrónicos.

Más estético y glamoroso que el francés aunque con una misma carga nostálgica, Cerati también construye en su trabajo solista una unidad global que une las catorce canciones en una trama climática cargada de una melancolía que definió como eufórica. El género en boga internacionalmente que usa para vestir esas historias de amor contrastantes e intensas - siempre fue un oportuno traductor de las últimas tendencias musicales - es el trip hop, muy adecuado en sus beats quebrados, su búsqueda de asperezas tímbricas y su exploración de ritmos mentales para crear esos climas que parecen nutrirse de una mezcla de la acidez sonora de Portishead con el optimismo pop electrónico de Beck, también pacífico e instrospectivo en “Mutations”.

Lo que da un tono particular y un disfrute a la relectura es algo que el músico menciona como una necesidad aplicarle dulzura a la música, lo que parece estar haciendo desde que hiciera cada vez más explícito su reconocimiento a la herencia de Luis Alberto Spinetta. Cuesta entonces no asociar “Crisálida” del doble de Pescado Rabioso a la canción “Verbo carne”, centro emotivo del disco, donde su voz vuela épica sobre una orquesta de 48 músicos que le dan un marco dramático al texto de resonancias bíblicas: “desde que partió su verbo vive en mi carne”. Crooner wagneriano del dolor por la ausencia del otro, Cerati muestra con este experimento otro de sus referentes del trip hop, el director y primer violín de la orquesta trabajó con Massive Atack, grupo básico de la corriente.
Lo mejor de “Bocanada” está justamente en las canciones, que podrían ser casi todas tocadas en forma acústica sin perder su esencia, aunque sea ese tamiz electrónico que combina el dance con el ambient, el trip hop, el easy listening, los samplers de materias sonoras retro, los scratches, el drum & bass y las más variadas experimentaciones con ritmos y texturas lo que aporta un interés sonoro y estructural poco habitual en el pop argentino actual. 

Claro que, a pesar del tratamiento electrónico - donde lleva a un desarrollo mayor lo que ya venía trabajando en discos como “Confort y música para volar” o “Sueño Stereo” - hay una riqueza mayor en la lírica de las canciones, donde ya no le alcanza el esquema muy usado en la etapa inicial de su grupo de tomar las palabras para construir imágenes que resultaran modernas y estéticas. Una curiosidad se halla en “Aquí y ahora”, donde en un envoltorio ambient pop la letra se puebla de guiños al universo borgiano: “sé una gota en el jardín/ sigue el curso de agua/ que nos lleve donde nunca fuimos / por senderos que se bifurcan / por mundos paralelos”. La clave, quizás, para entender y disfrutar de “Bocanada” - tomado como mucho más que una compilación de singles, lo que sí sucedía con algunos discos de Soda de los ´80 - quizás esté en “Río Babel”, con su estructura circular y su lírica y musicalidad orientales en la idea del fluir de la conciencia: todas las canciones se dejan oír en un río fílmico que corre tomando distintos climas hasta llegar a la disolución en un largo instrumental techno ambiental que requiere del oyente una actitud relajada y sin prisa, la que el disco le exigió desde el inicio.


Comentario aparecido en revista La Contumancia. 1999

29.5.19

PENSAMIENTOS ANDANTES


Nicasio Díaz Llanos es pintor, ceramista, escultor y maestro acuarelista de Quequén, ciudad costera del sur de la provincia de Buenos Aires, de cuyo puerto ha hecho uno de los grandes temas de una creación estética expuesta a nivel nacional e internacional en prestigiosas galerías, museos y centros culturales. Conferencista y educador, nombrado embajador cultural del partido de Necochea, Díaz Llanos se presta en este encuentro reflexivo en su famosa Casa Museo del Faro, a un juego de asociaciones libres y pensamientos calmos, sobre temáticas como arte, vida, espiritualidad y creación. En sucesivos encuentros, el pintor ofrece su mirada sobre vínculos entre arte, religión y ciencia. También reflexiona sobre la originalidad de una obra o los cambios que el trabajo estético permanente traen en la percepción global, da cuenta del balance improvisación-cálculo en la creación estética. También diferencia aprendizaje de sabiduría y piensa el rol de la soledad en la vida del artista.








29.3.19

Motivaciones y aprendizajes



El investigador de fenómenos paranormales Juan Gimeno, da cuenta del sentido y trascendencia que tuvo para su trabajo el haber escrito, junto a Juan Corbetta y Fabiana Savall,  el libro "Cuando hablan los espíritus", donde se realiza un minucioso estudio de la historia en nuestro país del Espiritismo, movimiento que desde finales del siglo XIX propugna la posibilidad de tomar contacto con las almas de seres que han dejado este plano. Valga esta entrevista breve para iluminar la existencia de este libro, editado ya casi una década, de carácter indispensable para quienes tengan interés profundo en estas temáticas. Y posible de ser leído online. 

Diego O. Ramos



- ¿Cómo nació este libro?
- En realidad la redacción de este libro fue el final de un largo camino. Todo comenzó muchos años antes, cuando me empecé a interesar por una serie de fenómenos extraños, llamados paranormales por algunos, y por otros espiritistas. En el primer caso ligados a potencias extrañas muy profundas del hombre vivo. Y en el segundo caso a los espíritus de los muertos, que seguirían viviendo e interactuando con nosotros los vivos de alguna manera. Creo que la primera noticia sobre el espiritismo me la dio mi madre. Ella me contaba que cuando era muy joven había perdido a un hijo de 11 años, y como estaba muy triste una vecina del barrio de Urquiza la llevó a una sesión espiritista para tratar de comunicarse con él. Ella siempre me decía que había salido muy decepcionada. Pero yo había escuchado y leído grandes historias, así que me hice socio de una sociedad espiritista. Allí estuve con el corazón abierto a todas esas experiencias durante dos años. En ese lapso leí todo lo que pude de su biblioteca y también visité otras sociedades y hablé con todos los espiritistas que pude. Muchos años después, me propusieron un trabajo más organizado. Realizar una investigación de campo también de dos años, visitando sociedades espiritistas argentinas, entrevistando a sus socios, asistiendo a sus sesiones, etc. Era como volver a recorrer un camino, pero esta vez con otra profundidad y en compañía. Así que lo acepté. Luego de ese tiempo, junto a mis otros dos compañeros, Juan Manuel Corbetta y Fabiana Saval, con todo el material conseguido realizamos una gran muestra audiovisual en el Museo Roca y por último escribimos el libro “Cuando hablan los espíritus”.

- ¿Cuál fue la motivación esencial de estas investigaciones?
- El motivo de estas dos recorridas fue confirmar si las premisas del espiritismo eran ciertas. Si era verdad que seguimos viviendo como espíritus después de la muerte física, si nos comunicamos con otros seres que han muerto y si esos seres después de un tiempo vuelven a nacer en otro cuerpo. A eso fui yo, a quedarme allí trabajando con ellos para siempre si encontraba la misma verdad que habían encontrado ellos. El resultado final es muy complejo y abierto, y explicitarlo es uno de los objetivos del libro. También intentamos actualizar la historia del espiritismo argentino, que es muy rica y que sólo estaba escrita hasta 1930, y en la medida de lo posible integrarla con la cultura general del país.

- ¿Qué dirías que aprendiste globalmente con el proceso todo?
- Puedo ahora tener una idea más clara del estado final de la prueba espiritista con respecto a sus consignas. También conocí la calidad humana de los espiritistas, gente muy buena, al estilo de los primeros cristianos, muy desinteresada, muy poco apegada a los grandes medios de comunicación, muy antigua de alguna manera. Y luego, por supuesto, lo que uno va aprendiendo por añadidura cuando escribe un libro, o hace un viaje. Se aprende de historia, de matemáticas, de política, de literatura y hasta de análisis gramatical, cuando estás revisando tu manuscrito y un verbo no se lleva bien con un sustantivo.



Libro ONLINE


6.9.17

Alimentación ancestral


Cocina que cura


Para la cocinera boliviana Sacha Sawila la manera de preparar alimentos bajo tradiciones quechuas trae salud y reconecta al hombre con lo sagrado.



Diego Oscar Ramos - Foodie - 2013

Cuando la cocinera boliviana Sachasawila, nacida en la localidad de Calcha, habla por breves instantes en el idioma originario de sus ancestros, una corriente de dulzura nueva, más acentuada que la que venía mostrando a lo largo de la entrevista, envolvió de repente sus ideas acerca de la forma en que la alimentación de origen quechua traía a esta era una especie renacimiento de la cosmovisión andina originaria. Y es que a través del uso, cada vez más aceptados y difundidos, de alimentos como quinoa, amaranto, chuño, kiwicha, llulluch’a, maka, maíz, papa, ají o papines diversos se puede vivir una buena parte de ese contacto suave y sabio con que el hombre andino originario habitaba su tierra. Y toda esa espiritualidad que tiene en sus bases un respeto por los ciclos de la naturaleza, se vuelve muy cercana cuando vemos la devoción con que esta mujer convertida ya en referente de la gastronomía andina originaria en Buenos Aires trata cada uno de los elementos con que trabaja. Y también por la forma en que se referirá en su hablar aterciopelado a las plantas de donde brotan muchos de los alimentos como poseedoras de un espíritu que se transmite al ser humano cuando come sus frutos. Por esa visión trascendente, que mencionará al pasar, con absoluta naturalidad, es que debe comprenderse que esta tradición considere al acto de comer un momento que requiere de un cuerpo sereno y una mente que tiene como certeza la necesidad de usar siempre los productos que brinda cada estación.

- ¿Cómo llega el cocinar a su vida?
- Desde que nací tengo una conexión con los alimentos. En realidad, es parte de todos nuestros días. Solamente que al llegar a Bs. As. lo empecé a hacer como trabajo. Hace siete años, en un un curso de quichua a nivel universitario, me puse a hacer comidas para llevarle algo a mis compañeros.  Cuando me comentaban que era comida que aquí no se conocía les decía que eran preparaciones milenarias, precolombinas. Las autoridades de la universidad se dieron cuenta de que esto debía difundirse y me empezaron a pedir que cocinara en distintos eventos. Eso fue un despertar, porque para mí era algo para mi familia, nunca pensé compartirlo con los hermanos de aquí. Y me generó un interés por aggiornar estas comidas al paladar de este lugar.

- ¿Qué tuvo que modificar?
- Como a la gente acá le encantan los ravioles, los he rellenado con quinoa. Y voy simplificando algunas recestas propias de los lugares de altura, porqueaquí son un poco pesadas. Allá comemos una cazuela que contiene: verduras, papas, chunio, papines diferentes, distintos maíces. Y comemos sopas, salsas que por el clima y el trabajo corporal que realizamos se digiere de una manera diferente que aquí, donde la gente trabaja en oficinas. Entonces incorporo a una tartauna clase de papa, maíz o quinoa. O uso sólo alimentos de estación, algo que aquí no saben que es porque  tienen la cultura de ir al supermercado y traer todo. La cocina andina, que es universal en realidad por estar basada en el ritmo de la naturaleza, no cuestiona texturas o colores, porque aceptamos los alimentos como medicina que nos da Pachamama. Y respetamos mucho el lugar, si es alto, si es cálido, si es tropical.  Hacemos una investigación de excelencia y producimos con lo que se da en ese lugar en cada una de las estaciones. Es importante que nos comprendamos como hermanos de ese lugar.

- ¿Cómo define estas comidas?
- Son vivas, terapeuticas, preventivas de nuestras enfermedades.Son más que nada comidas del futuro, porque vienen de un lugar con poca agua. Y en el futuro no vamos a tenerla como ahora. Si hay tornados o apagones, el hombre de aquí no sabe cómo alimentarse o cómo sobrevivir. Nosotros venimos deuna cultura de miles de años, donde nunca tuvimos nada de lo que tienen acá. Y fue una cultura sana, sabia, organizada, de la que nos hemos perdido el florecimiento. Pero nosotros hemos guardado un poco de eso. Esta es la comida de la Pachamama, la única salida que tiene el hombre. Esta cultura de la que vengo acompaña al tiempo y la vida, sigue el ritmo de las cosas, sin poner nada delante ni detrás, sólo toma lo que es. Desde la comida tuvimos grandes médicos en la cultura andina, que han mejorado la quinoa respetando las semillas, por eso las ofrecían a los dioses. Son nutritivas y medicinales, por eso están ahora consumiendo tanto la quinoa y el amaranto. Y hay muchas otras cosas que el hombre blanco no está descubriendo. Pero cuando lo hagan, ahí se vienen (su voz de agita por primera vez, por leves instantes), como pasó con la hoja de la coca, que para nosotros es un elemento sagrado de nuestra espiritualidad que el hombre blanco hizo veneno. Cuando ve todo esto el hombre blanco piensa cómo cambiar las cosas, pero nosotros estamos tranquilos, usamos las cosas como son, no las tratamos de cambiar y hacemos las cosas con conciencia. Venimos a calmar al hombre de aquí, le ofrecemos calma con la comida, porque es algo muy necesario. En mi sangre y mi piel siento la memoria de miles de años de esa cultura, estoy en contacto con los mensajes que nos dejaron nuestros abuelos, nuestros sabios.

- ¿Hay un mensaje claro que sienta de tantas generaciones atras?
- Que se terminaron los días del tiempo de la oscuridad. Se acabó esa época del ayer, se terminó el sufrimiento, ahora es momento de hacer una vida nueva. Ya con el presidente que tenemos en Bolivia tenemos unamarca de tiempos de renacer, de conciencia, de volver a nuestras raíces de hombres universales, ni argentinos o bolivianos. Bolivia es usado por Dios o el universo, es una reserva. Si consumen estos productos, están dejando una generación mejor para sus nietos.

- ¿Los alimentos nos cambian?
- Cuando uno come los alimentos, en primer lugar también lo está haciendo desde la conciencia de la tierra que te lo da, porque cada alimento tiene su memoria. La planta tiene una energía, los alimentos tienen su espíritu, están entrando en comunicación con uno. Desde antes de que llegaran los europeos, nuestros abuelos tenían el poder y la sabiduría de conectarse con las plantas, entendían qué beneficios tenía cada planta. Y cuando llega la iglesia católica trajo muchos perjuicios, ya que con la transculturización hemos perdido muchas cosas que ahora armanos como rompecabezas. Prohibieron nuestros alimentos, muchas semillas, porque pensaban por entonces que eso nos daba poder. Pasaron ya varias generaciones. Y aunque nosotros por muchos años nos tuvimos que adaptar al sistema de las ciudades, ahora les toca a ustedes calmarse y escuchar con esa voz nuestra.

- ¿Cómo fue traer esa visión de vida a una ciudad como Bs.As?

- Para mí es algo natural, no me cuestiono esas cosas, tengo incorporada la filosofía de vida del respeto. Y nosotros, las mujeres andinas, nos dedicamos a cuidar nuestra familia desde la alimentación. Sabemos que cada alimento espara la prevención de una enfermedad. Y por todo esto, en el lugar de donde vengo no tenemos hospitales ni psicólogos porque si se seguís una ley desde el amor, si seguís un orden, todo está bien. Yo tengo una base que me dieron mis padres, con eso puedo estar en cualquier lado siendo siempre yo. Y ahora estoy aquí, compartiendo saberes milenarios.

13.3.17

Confluencias transformadoras




Revista THC 
Febrero 2017


14.2.17

Arte y trascendencia

La vida de las marionetas (*)

El Periférico de Objetos intenta transformar al espectador al mostrarle lo inesperado, la imagen que no espera ver. Lo irracional, para ellos, sirve de llave para trabajar con rigor artístico sobre aspectos conflictivos de la condición humana. 

 (*) Esta entrevista al Periférico de Objetos fue realizada en el año 1996 por una verdadera necesidad personal de conocer de cerca el ideario y las vivencias de una agrupación que siempre sentí como una de las pocas del ambiente realmente ligada a la búsqueda de valores trascendentes. Fue publicada parcialmente en un suplemento cultural del periódico regional El diario de Morón y posteriormente en la revista digital Temakel.


Diego Oscar Ramos     


        Desde la tragedia griega el teatro supo ubicarse vinculado a valores trascendentes. Las vanguardias teatrales de este siglo retomaron el concepto de catarsis para pensar que el espectador podía crecer como persona expuesta su mirada a la escena. La crueldad, la violencia o la oscuridad aparente de las escenificaciones servían a un propósito mayor de purificación. Nombres como Antonin Artaud, Ionesco, Tadeusz Kantor o Peter Brook se ocuparon de dejar de lado el naturalismo y trabajar sobre contenidos irracionales para llevar a cabo una gesta estética cuyos objetivos más profundos eran la transformación del hombre. En Buenos Aires El Periférico de Objetos parece recoger el espíritu esencial de esta búsqueda. La marca del grupo, conformado por Daniel Veronese, Emilio García Wehbi, Ana Albarado, Alejandro Tantanián y Román Lamas es la particular combinación del teatro de objetos con el de actores; generando una ritualística escénica única. Ganadores de múltiples premios e invitados permanentes de festivales internacionales, su lugar privilegiado al frente del teatro argentino más experimental justifica un acercamiento a la base teórica y vivencial de su estética.

El objeto y la realidad
   
      El rostro del muñeco exhibe angustia, encerrado en un hogar-prisión en el que van apareciendo puertas o ventanas. Un panteón de dioses crueles le ofrece estas salidas, las manos que lo mueven son las mismas que lo condenan. Las puertas desaparecen cuando van a ser abiertas, las ventanas retroceden cuando conducirían al escape. El rostro nos observa sin ojos, reclamando ayuda en su desesperación muda. Vemos a los manipuladores, pero no dudamos de la vida y sensaciones del muñeco. Los hilos los buscamos en nuestra espalda, temiendo sentir las manos desnudas e invisibles que nos dan movimiento. Es sólo teatro, sugiere la conciencia tranquilizadora, pero no podemos dejar de sentir que algo está sucediendo, algo nos está impactando.

- Siempre me impresionó en sus obras - pienso particularmente en la escena de "Variaciones sobre B." del pequeño hombre imposibilitado de escapar del encierro - la forma en que un muñeco con sus manipuladores a la vista puede conmover y hasta cargarnos de angustia. No es común encontrar puestas de teatro de objetos para adultos que provoquen estas reacciones ¿Cómo explican el vínculo que logran con el espectador?
- Daniel Veronese: El espectador deposita en el muñeco que cobra vida todos sus fantasmas y sus deseos. Uno siempre se identifica con el más sufrido. Cuando manejamos objetos pensamos que hay una víctima y un victimario y quien te da la posibilidad para acceder a algo es el que te lo puede sacar. El muñeco de esa escena está tomado con las manos, no hay guantes, ni otro efecto de ocultamiento; uno ve que el objeto en realidad está movido, pero por momentos cree que está vivo y eso produce una sensación siniestra. Un objeto inexplicable, escandaloso y perturbador, que por momentos está muerto y por momentos cobra vida. Invadimos algo que nos permitió entrar en otro terreno, que es el montaje del espacio corporal del actor con el espacio corporal del objeto. Hay una zona entre los dos cuerpos que no tiene representatividad en la cotidianeidad. Cuando esta relación está vivida como real, como posible, es cuando se produce esta ambigüedad, esta magia.
- Emilio García Wehbi: Nuestra búsqueda estética tiene que ver con la creación de un campo tenso dramático escénico que permita al actor y al objeto interpretar y generar un vínculo entre ellos y el espectador. Y así provocar diferentes corrientes de lectura y apreciación por parte del público. Que conformen una totalidad el objeto y el actor y al mismo tiempo tengan identidades separadas. Esto se logra generando un campo específico de tensión entre el objeto y el manipulador.

- La magia de esa zona nueva y contradictoria que se genera en la interacción del actor manipulador y el objeto, ¿no presenta un carácter ritual?
- Alejandro Tantanián: Sí, es algo ritual, es el aquí y ahora del objeto. Esa fascinación del espectador tiene que ver con los rituales de presentación. En el vínculo que establecemos estamos presentando un objeto, no representándolo. Aparece un objeto y tiene la contundencia de la presentación. Es una percepción inmediata y unívoca; independientemente de todos los significados que pueda tener después o las posibilidades de pensamiento que genere. El hecho de que se presente tiene un carácter ritual.
- EGW: Pero además tiene que ver con nuestra estética. Es un ritual previo al momento de escenificación, y se da específicamente en el vínculo que logramos con el objeto. El ritual que tenemos con ellos es muy fuerte y se ve en la escena. Hay un rito interno con un código muy específico, indescifrable para el que lo mira de afuera, que es lo que nos hace sobrevivir. Estos personajes tienen nombres y una historia con la que jugamos constantemente y esto forma parte de nuestro imaginario, de nuestra realidad. Trabajamos sobre un personaje fantástico, lo destacamos como tal, y lo presentamos; pero es real. Nuestro ritual se da cuando jugamos con los muñecos.
- Román Lamas: La base es jugar con lo que genera el muñeco en sí, que simplemente al verlo te da una sensación de inocencia, o despojo. Quizás un actor asumiendo un personaje te genera una distancia. El objeto te deja acercarte mucho, lo que te permite tenderle muchas trampas al espectador.

- ¿Cómo se combina ese ritual lúdico con la racionalización en la creación de sus puestas?
- EGW: Nuestra forma de construir espectáculos es muy inconsciente y muy lúdica. Tenemos un período de prueba, de experimento, de jugar con lo que se nos ocurre, lo que encontramos en la calle, lo que compramos. Todo este tipo de cosas se van juntando y van armando un rompecabezas que después se ordena. Pero el trabajo siempre es muy libre, el ordenamiento siempre se empieza a hacer sobre el final.
- RL: Hay mucha diferencia con lo que hacemos en los ensayos, hay una depuración que es lo que queda de todos los trabajos, pero en sí estamos haciendo un juego. Estamos jugando dentro del caos.

El objeto y la muerte

        Daniel Veronese acepta un antecedente en Tadeusz Kantor para su estética teatral, sobretodo en el uso de muñecos antropomórficos de tamaño real. El director teatral polaco, fue uno de los primeros en trabajar con actores y muñecos y explotar la sensación de muerte de las cosas. Para él un maniquí era "un objeto provocativo, irónico, una burla despiadada al hombre, que se asemeja a la muerte a través de la ausencia del alma." Este uso de lo ambiguo de los objetos, por lo que son, por lo que sugieren o lo que evocan parece clave en la estética de El Periférico.
        
- Hay unas estrellas permanentes en sus espectáculos, las muñecas de cerámica, que tienen una carga un tanto siniestra...
- RL: Lo inanimado es siniestro. Este tipo de muñecas de cerámica las veía en las casas antiguas arriba de las camas viejas. Tienen el peso de la muerte, es terrible. Hay toda una carga de fantasía que pone el espectador sobre el objeto y lo resignifica.

- ¿Puede verse en sus espectáculos un trasfondo de trascendencia, de búsqueda quizás metafísica?
- DV: En nuestra estética hay una trascendencia porque estamos trabajando sobre la muerte. Eso lo da principalmente el objeto, luego lo que uno pueda hacer él deviene del discurso periférico. Queremos expresar una situación de periferia, de zonas entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, la posibilidad de ser víctima o victimario. Alguien puede hacer un espectáculo totalmente optimista, que muestre que la vida en realidad es mucho más fácil de lo que es y otro puede tener otro tipo de optimismo, al mostrar el lado realmente peligroso de estos vínculos. Yo soy una persona optimista, si fuese pesimista no haría teatro. El teatro me permite por catarsis expulsar los fantasmas. Hay quienes ven en nuestros espectáculos una poética sobre lo trágico que les permite cierto aire nuevo que por momentos es más optimista que un espectáculo que se dice optimista. Que la gente salga movilizada, de una forma completamente distinta a la que entró al teatro es algo muy importante. Si una persona sale con dolor de estómago eso es bueno también.

 - ¿Cómo se vinculan personalmente con el trabajo sobre zonas oscuras y siniestras?
- EGW: Cada uno se vincula en formas diferentes con lo que le toca hacer en los espectáculos, con sus contenidos. En mí "Máquina Hamlet" funciona a niveles de catarsis. Si estoy deprimido o vengo mal, terminó el espectáculo y ya no estoy deprimido. Genero un espacio donde puedo volcar mi propia mierda en el espectáculo, que es lo que propone el autor mismo. A mí al menos me sirve a cierto nivel terapéutico.


El arte y la realidad

       
El arte pisa un terreno pantanoso. Sobre una contradicción esencial se basa la estética que se plantea un objetivo de cambio. Cómo un héroe trágico, el artista conoce su imposibilidad, pero no espera con quietud resignada; lucha hasta el final sabiendo que el destino tiene la última palabra.
        
- Pensar en la angustia como móvil de lo teatral habla de la posibilidad del arte de transformar al espectador y en un segundo sentido a la realidad. "Máquina Hamlet" en sí se plantea como una duda trágica sobre las posibilidades concretas de transformación. ¿Cómo sienten esta problemática del arte?
- DV: Se puede acabar el arte y lamentablemente el mundo no se acaba. Es otro golpe narcisista hacia nosotros, es una contradicción que llevamos adentro, y nos preguntamos como artistas qué hacemos para cambiar las cosas. Creo que lo que podemos hacer es cambiar nosotros, quizás alguien sale cambiado del espectáculo. Mostrar nuestras contradicciones, lo superfluo que puede ser nuestra profesión. Para nosotros Máquina Hamlet nos tocó desde el lado del intelectual, el que protesta desde la escena o desde un papel y es incapaz de accionar. Qué pasa, hasta cuando uno va a seguir aguantando. Es la pregunta de cómo uno se dedica al arte, mientras la gente se muere de hambre.
- EGW.: Es absurdo generar arte y tener la petulancia de que va a modificar cualquier cosa de los seres humanos. Es un poco ambicioso a través del teatro modificar lo que la historia de la humanidad no ha logrado modificar, que es el hombre. Esa es mi visión pesimista de la historia. Esto te lleva a un sinsentido que sin embargo te obliga a trabajar sobre él. Desde lo conceptual o desde lo profundo no puedo encontrar una respuesta a la pregunta de por qué hago arte, ni tampoco por qué no dejo de hacerlo. Elijo hacerlo en determinado contexto, dónde lo hago y con quién lo hago. Pero sirve que al menos se modifique el estado de ánimo del espectador. Como me pasa a mí, que el espectáculo para bien o para mal modifica mi estado de ánimo.
- AT: Es una situación muy incómoda, porque aquel que está haciendo teatro comercial no tiene contradicciones o las obvia. En algún punto lo que nosotros hacemos tiene un grado de contradicción muy alto. Es un grado de privilegio, porque estás subido a un lugar haciendo o diciendo algo totalmente innecesario, pero a su vez absolutamente imprescindible para uno. Y cómo se conjugan estas dos cosas es la temática más profunda del texto de "Máquina Hamlet" cuando en un momento dice "estoy a ambos lados del frente, entre los frentes, por encima". La pregunta es en qué lugar está el artista; y no hay respuesta.

La bala en el espectador

        El Periférico no busca un público complacido, juega con él, pretende perturbarlo. Incluso exhibe en la escena su conflictiva relación con él. En "Máquina Hamlet" un muñeco de tamaño real permanece en primera fila, entre la gente, es uno más de la audiencia. Casi al final un sorteo indica que ese espectador muñeco ha sido elegido para incluirse en la escena. Su suerte es fatal, el muñeco espectador es asesinado. Su cuerpo es sometido después a una lluvia de dardos. Símbolo oscuro, humor negro, burla de la relación que el teatro de lo irracional puede lograr con el espectador incauto. En "Circo negro", se suprime su participación a través de grabaciones que lo reemplaza o lo manipula, ellas imponen las reacciones adecuadas a los distintos estímulos de la escena.
        
- Sus obras están plagadas de juegos irónicos con el espectador, como si quisieran hacerle explícito que se trata de un teatro que no le hará grata la estadía, que no le entregará diversión gratuita, sino que se trata de una propuesta drásticamente diferente.
- DV: Todos esos son elementos irritables para un tipo de público, que puede ir a ver un teatro más convencional. Hay mucha gente, sobre todo jóvenes, que vienen a vernos pero no suelen ir al teatro. Esto habla de un público que quiere ver cosas distintas, y que puede reírse de la ironía. Paradojalmente estos dos espectáculos donde al público se lo toma, se lo fusila, se le clava dardos, o se lo maneja de alguna forma son los que la gente más ha seguido. Se quedan después del final minutos y minutos. Se da como una necesidad física, el atentar contra el sistema nervioso funciona hacia lo corporal.

- Una diferencia clara entre su trabajo y el de otras compañías experimentales se da en que el público nunca quiebra la distancia entre su cuerpo y la escena, no se mezcla en la acción teatral.
- DV: Es así, las expresiones que emergen del público están dirigidas y pautadas. En ese sentido el público siente que es manipulado y si así sucede debe reformular su situación de estar manipulado. En todos nuestros espectáculos siempre hubo la tendencia de convertir al espectador en activo pero sin que participe. Es una forma de involucrarlo físicamente, pero sin tocarlo, sin que deje de ser espectador. Está involucrado por alejamiento formal. La escena es un lugar ideal para movilizar a la gente de alguna manera. Por supuesto que de esa movilización no todo el mundo sale bien. Pero los que salen satisfechos salen muy agradecidos, y eso es muy difícil de encontrar en el teatro.

- ¿Cómo debe ser el teatro para la mirada periférica?
- DV: El teatro tiene que ser un disparador para quien lo hace y para quien lo ve. Planteando ambigüedades y soluciones irresolutas. No queremos un teatro de respuestas, queremos plasmar nuestras propias contradicciones y mostrar algo que la gente no quiere ver, lo inesperado. Eso que sobrevuela la escena, que es muy difícil de definir, es el elemento primordial del género teatral. Ver ahí lo que no puedo ver en otro lugar. Porque es en el escenario donde se concreta el fenómeno de la mirada, a partir del actor, su cuerpo y su muñeco.
- EGW: Uno de nuestros pilares es saber qué es lo que uno quiere expresar a través del teatro. Nuestra estética es periférica, no nos interesa estar en el centro, en el teatro de actores, en el de muñecos o la danza. Utilizamos los objetos expresivos que nos sean útiles para el momento. Estamos mirando siempre desde afuera, desde la periferia. Es una posición ideológica y estética.

Dos muñecos de cerámica luchan entre sí, se seducen, se acoplan. Las manos de los manipuladores ciegos dirigen las intenciones de la pareja, manejan el amor y la cólera. Los juegos amorosos se interrumpen. La cabeza de porcelana es tomada por una mano que la hace girar hacia nosotros. Los ojos huecos lanzan una irónica mirada difícil de evitar. El muñeco vuelve nuevamente la cabeza y se confunde en pasión y dolor con su pareja. Los dioses ciegos saben de nuestra sensación extraña y lo disfrutan. Nos llevaron a una dimensión diferente, a una zona misteriosa, sólo dejándonos ver.



Wikio – Top Blogs